Archivos de la categoría ‘Literatura colombiana’

LOS EJÉRCITOS de Evelio Rosero

Los que se pregunten si hay vida literaria en Colombia más allá de García Márquez pueden encontrar una respuesta irrechazable en la figura de Evelio Rosero y en novelas como Los ejércitos (2007), un texto en el que la mejor literatura, la belleza de las palabras más sencillas, asoma en cada frase, en cada fragmento, en cada uno de sus breves capítulos, que a menudo podrían pasar por relatos autónomos difícilmente superables. A medida que iba leyendo esta novela abrumadora y desconcertante, en la que Rosero nos abandona sin brújula a la que recurrir para arañarle un sentido a tanta sinrazón, me acordaba del Rulfo de Pedro Páramo y del Coetzee de Esperando a los bárbaros, porque, al igual que ocurre con estas dos novelas intocables, con Los ejércitos uno ha de soltarse y dejarse llevar aunque no sepa exactamente qué terreno está pisando, y disfrutar de la impagable  y poco frecuente sensación de que es casi imposible escribir mejor.

        Si sois de los que van rastreando hasta encontrar la mejor literatura de hoy en día, la breve parada que supone Los ejércitos no os defraudará: las obras maestras no suelen hacerlo. 

“Le diré que Otilia está enferma, que no puede escribir y manda sus saludos, será una mala noticia -pero con un resto de esperanza, mil veces mejor que decir que lo peor es cierto, que su madre está desaparecida-. Todavía no queremos irnos, le diré, ¿para qué irnos, a estas alturas?, serían tus propias palabras, Otilia: en todo caso gracias por el ofrecimiento y que Dios los bendiga, tendremos en cuenta lo que nos brindan, pero es de pensar: necesitamos tiempo para dejar esta casa, tiempo para dejar lo que tendremos que dejar, tiempo para guardar lo que tendremos que llevar, tiempo para despedirnos para siempre, tiempo para el tiempo. Si nos hemos quedado aquí toda una vida, ¿por qué no unas semanas?, nosotros aquí seguiremos esperando a que esto cambie, y si no cambia ya veremos, o nos vamos o nos morimos, así lo quiso Dios, que sea lo que Dios quiera, lo que se le antoje a Dios, lo que se le dé la gana.”

                Publicada por Tusquets.

EL AVIÓN DE LA BELLA DURMIENTE de Gabriel García Márquez / LA CASA DE LAS BELLAS DURMIENTES de Yasunari Kawabata

El origen de Memoria de mis putas tristes (2004), la última novela de García Márquez, está en otra novela corta escrita por Yasunari Kawabata, La casa de las bellas durmientes (Nemureru Bijo, 1961). Pero la influencia del Nobel japonés y de esta novela en la literatura del Nobel colombiano aparece ya en el relato El avión de la bella durmiente -uno de los mejores del libro Doce cuentos peregrinos (1992)-, en el que el narrador, durante un viaje en avión de ocho horas, observa a la mujer sentada a su lado, la más hermosa que ha visto nunca, dormida durante todo el trayecto:

“Me parecía increíble: en la primavera anterior había leído una hermosa novela de Yasunari Kawabata sobre los ancianos burgueses de Kyoto que pagaban sumas enormes para pasar la noche contemplando a las muchachas más bellas de la ciudad, desnudas y narcotizadas, mientras ellos agonizaban de amor en la misma cama. No podían despertarlas, ni tocarlas, y ni siquiera lo intentaban, porque la esencia del placer era verlas dormir. Aquella noche, velando el sueño de la bella, no sólo entendí aquel refinamiento senil, sino que lo viví a plenitud.”

La novela de Kawabata, mi preferida junto a País de nieve (Yuki Guni, 1947), es uno de los grandes textos sobre el sexo y el erotismo en relación con el paso del tiempo y la vejez, pero también sobre la incomunicación, el desconocimiento y la frialdad en las relaciones humanas. Ahora que Haruki Murakami se ha convertido en un fenómeno de ventas incluso en España, no estaría de más asomarse a la literatura del que probablemente fuera el mayor escritor japonés del siglo pasado.

        “La repelente senilidad de los tristes hombres que venían a esta casa no estaba a muchos años de distancia del propio Eguchi. La inconmensurable extensión del sexo, su insondable profundidad -¿qué parte de ella había conocido Eguchi en sus sesenta y siete años?-. Y en torno a aquellos ancianos nacía constantemente carne nueva, carne hermosa, carne joven. ¿Acaso la nostalgia de los tristes ancianos por el sueño inacabado, su pesar por los días perdidos sin haberlos tenido jamás, no estarían ocultos en el secreto de esta casa? Eguchi pensaba antes que las muchachas que no se despertaban eran una perpetua libertad para los ancianos. Dormidas y mudas, decían lo que los ancianos deseaban.”

               Doce cuentos peregrinos está publicado en Ed. Mondadori.

               La casa de las bellas durmientes en Ed. Caralt.

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