Archivo para la Etiqueta ‘cine documental’

NOCHE Y NIEBLA (1955) de Alain Resnais

El documental Noche y niebla (Nuit et brouillard) no pide ningún análisis cinematográfico. Ni siquiera necesita gustarnos o no. Simplemente, ahí está como una de las pruebas más horribles y explícitas de lo ocurrido en los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial. Sus contundentes imágenes de archivo en blanco y negro, no aptas para estómagos sensibles, y el material filmado en color por Resnais años después en el desierto campo de concentración, igualmente terrorífico porque despierta sin dificultad nuestra imaginación, siguen resultando hoy casi insoportables, por lo que no cuesta imaginar la enorme polémica que causaron en su momento.

         Imprescindible para conocer hasta dónde pueden llegar la crueldad y la capacidad de sufrimiento de la raza humana.

     

            

                   Editada en DVD por Filmax.

¡FRAUDE! de Clifford Irving / FRAUDE (1973) de Orson Welles

Clifford Irving, novelista nacido en New York, famoso en los años 70 por escribir una biografía falsa del magnate Howard Hugues. Tras reconocer su delito, pasó 17 meses en prisión. El caso fue llevado al cine por Lasse Hallström en La gran estafa (The Hoax, 2006), con Richard Gere en el papel de Irving.

        Elmyr de Hory, alias von Houry, alias Herzog, alias Dory-Boutin, alias etc, probablemente de origen húngaro, pintor, considerado como el mayor falsificador de obras de arte del siglo XX, perseguido durante buena parte de su vida por la policía de medio mundo, se jactaba de que las paredes de las más importantes pinacotecas están decoradas con sus falsificaciones. Al parecer se suicidó en 1976, cuando estaba a punto de ser detenido, pero ni siquiera su muerte, como otros muchos sucesos de su biografía, quedó del todo clara.Varios testigos que lo conocían afirmaron haberlo visto vivito y coleando en diversas partes del mundo durante los años posteriores. Irving escribió al respecto:

        “¿Murió Elmyr en 1976, o practicó su último y magnífico acto de falsificación? ¿Llegaron él, Robert y tal vez Ken Talbot, el corredor de apuestas de Londres, a algún acuerdo? ¿Permaneció el escurridizo húngaro durante diez o veinte años confortablemente sentado en una casa en Double Bay contemplando los botes del puerto de Sidney? ¿Temblaban sus dedos a causa de la edad cuando firmaba en el caballete sus nuevos cuadros?

        ¿Y con qué nombre, o nombres, los firmaba?

        Aún no conozco la respuesta, pero espero encontrarla algún día.”

        Irving y de Hory se conocieron en Ibiza en la década de los 60, y al parecer fue la influencia del pintor húngaro la que llevó al escritor a planear la estafa sobre la biografía de Hughes. De su amistad y de las largas veladas que compartieron en la isla surgió un libro maravilloso titulado ¡Fraude! (Fake! The Story of Helmyr de Hory, the Greatest Art Forger of Our Time, 1969), novela de aventuras repleta de humor y de anécdotas extraordinarias y también de desprecio hacia la gran mentira del arte, biografía de uno de los personajes más fascinantes del siglo pasado, un pícaro moderno que soñaba con llegar a ser un gran pintor y que sólo logró el reconocimiento copiando el estilo y la firma de otros.

        “Es absolutamente desproporcionado -dijo- el dinero que se paga en relación con el valor real de los cuadros. Ciertos sellos viejos o desfigurados tienen un valor inmenso, no por su belleza o valor artístico, sino por su escasez. Pero la pintura moderna, quiero decir las llamadas obras maestras del siglo XX francés, como Matisse, Dufy, etc., o los fauvistas no escasean en absoluto. Estos hombres eran pintores prolíficos. Sus obras están en todas las grandes galerías o museos del mundo. Y no alcanzan ese gran valor por ser obras maestras, en absoluto. Si pensamos en artistas muertos hace tiempo, fabulosos y maravillosos, como Franz Hals o Rembrandt, y los otros grandes pintores del Prerrenacimiento, y nos damos cuenta de que algunos de sus cuadros se cotizan bastante menos que algunos de Miró, Renoir o Picasso, por ejemplo, se le ponen a uno los pelos de punta como si se hubiera electrocutado. Realmente es increíble que alguien como Picasso, aún en vida, entre dos cigarrillos, hace un pequeño dibujo y eso se transforma inmediatamente en dinero, en oro. Se supone que John Paul Gemí es el hombre más rico del mundo, pero en un año, si quisiera, Picasso podría hacer más dinero que Gemí. Puede trazar una línea, firmarla y cobrar por ella en cinco segundos sólo con llamar por teléfono. ¡Fantástico! Es algo que nunca ha tenido comparación en el mundo del arte o el comercio. He oído una historia de Fernand Legros, que había enviado uno de mis Picassos a Picasso para que certificara su autenticidad, y Picasso, que no estaba totalmente seguro, preguntó al que lo llevó:

        -¿Cuánto pagó el marchante por él? -le dieron una cifra fabulosa, unos 100.000 dólares, y Picasso dijo:

        -Bueno, si han pagado tanto, debe de ser auténtico.”

        Orson Welles conoció a ambos personajes en Ibiza y estuvo presente en algunas de las veladas que organizaron. Fascinado por sus historias y aprovechando el material que el director francés François Reichenbach había filmado sobre Elmyr para un documental de la BBC, rodó Fraude (F for fake), una coproducción franco-alemana en la que, a partir de las estafas de Irving y de Hory y recreando incluso un episodio inventado de la vida de Picasso, el propio Welles, como maestro de ceremonias disfrazado de mago, reflexiona sobre lo real y lo ficticio, sobre los artistas reconocidos y los anónimos, sobre la maravillosa mentira que es el arte en todas sus variantes y lo maravilloso que es creérsela. Fraude fue, a la postre, su testamento cinematográfico, su última obra maestra, fruto del encuentro de tres grandes ilusionistas.

           ¡Fraude! está publicada por Norma Editorial.

           Traducción de Paulino Posada y Manel Domínguez.

           Fraude está editada en DVD por Manga Films y por Avalon.

EL DESENCANTO (1976) de Jaime Chávarri

A pesar de que, al parecer, la censura aún tuvo tiempo de actuar sobre algunos fragmentos en los que aparece Leopoldo María, Jaime Chávarri consiguió con El desencanto el documento más descarnado de nuestro cine, un álbum de fotos al desnudo en el que Juan Luis, Leopoldo María y José Moisés (apodado “Michi” por sus hermanos) Panero, junto a su madre Felicidad Blanc, pasan revista a los años negros de la época franquista que pasaron conviviendo con su autoritario padre Leopoldo, poeta cercano al Régimen y fallecido en 1962, con quien saldan cuentas alejándose de las falsas apariencias y la hipocresía, con una terrible sinceridad y una total ausencia de pudor que muestran sin tapujos sus particulares y enfrentadas personalidades.

        Poesía y autodestrucción como formas de vida, pornografía de los sentimientos, antecesora en cierta forma, y salvando las abismales distanciales, de las innumerables paradas de montruos que circulan por televisión, El desencanto es una película de culto con todas las letras, una rara avis de nuestro cine que tuvo su continuación, ya fallecida Felicidad Blanc, en Después de tantos años (1994), dirigida por Ricardo Franco.

              Editada en DVD por Manga Films.

LA NOCHE QUE NO ACABA (2010) de Isaki Lacuesta

Los pasos dobles, la última película de Isaki Lacuesta, se estrenó el viernes en las salas y ayer recibió, no sin cierta polémica,  la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Sin haberla visto aún, Lacuesta me parece uno de los cineastas que han hecho del documental un género tan atractivo como cualquier ficción, quizá el que goza de mayor salud en nuestro país.

        La anterior película de Lacuesta, también presentada en San Sebastián, fue La noche que no acaba, basada en el libro de Marcos Ordóñez Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), un recuerdo de la actriz y la mujer que se enamoró de España desde el rodaje en Tossa de Mar de la magnífica y extraña Pandora y el holandés errante (Pandora and the Flying Dutchman, 1951) de Albert Lewin. A través de imágenes de archivo, de escenas de sus películas, de intervenciones de personas que la conocieron, y apoyándose en las voces de Ariadna Gil y Charo López, Lacuesta nos propone un diálogo entre una Ava joven y otra más madura, humanizándola pero sin perder de vista el mito, en un ejercicio que tiene mucho más de evocador que de narrativo. Una fiesta para quien guste de los buenos documentales, de Ava Gardner, del cine de otras épocas…

        Estoy convencido de que la película me encantaría por sí misma, pero confieso que en esta ocasión -como en otras-  hay una razón por la que se me hace aún más cercana. Hace un par de años, pasando unos días en Tossa de Mar, en uno de mis pinitos literarios escribí un breve relato titulado Los rostros de Ava. En él imaginaba que Pandora Reynolds y María Vargas, la protagonista de La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954) -para mí, la mejor película de Ava Gardner y mi preferida de Mankiewicz, que no es decir poco-, eran la misma mujer, y que en realidad ambas eran la propia Ava. Al ver el documental, lógicamente, lo que escribí me venía una y otra vez a la cabeza. Y es que el cine, cuando hace buenas migas con una parte de nosotros, consigue pertenecernos todavía un poco más a todos.

 

 

EL ÚLTIMO VALS (1978) de Martin Scorsese

La afición de Martin Scorsese a la música popular ha sido puesta de manifiesto en varios documentales a lo largo de toda su filmografía, especialmente durante la última década: Nostalgia del hogar (Feel Like Going Home, 2003), dentro de la serie Martin Scorsese Presents The Blues, producida por él mismo; No Direction Home (2005), sobre la trayectoria de Bob Dylan; o Shine a Light (2008), sobre The Rolling Stones.

        Muchos años antes ya había realizado El último vals (The Last Waltz), la filmación de uno de los grandes conciertos de la historia, la despedida de los escenarios, el 25 de noviembre de 1976 en San Francisco, del mítico grupo The Band, liderado por Robbie Robertson, quien a raíz del encuentro hizo amistad con Scorsese y compuso la música de El rey de la comedia (The King of Comedy, 1982) y El color del dinero (The Color of Money, 1986).

        Al evento acudieron músicos de la talla de Van Morrison, Eric Clapton, Bob Dylan, Neil Young, Neil diamond, Muddy Waters y un largo etcétera, lo mejorcito de la música popular de la época. Junto a un par de actuaciones de The Band filmadas en estudio, que no desentonan en absoluto, y las entrevistas intercaladas a los miembros del grupo, la cámara de Scorsese es capaz de captar tanto la espectacularidad del momento como la emoción de la despedida, logrando un documento histórico que va mucho más allá de la mera filmación de un concierto. En mi opinión, una de sus mejores películas.

“Creo que tenemos algo muy especial, porque todo se ha centrado en la música, en la interacción entre los músicos. No he rodado secuencias del público enloquecido y exaltado con la música. Eso ya lo hemos visto en la película de Woodstock, que trataba, sobre todo, del público y del acontecimiento. Esto ha sido música pura.” (Martin Scorsese)

                Editada en DVD por Metro Goldwyn Mayer.

LET´S GET LOST (1988) de Bruce Weber

Hacia el final de Let´s get lost un anciano y agotado Chet Baker le pide a su público, que hasta el momento no ha sido demasiado respetuoso con su música, que guarde silencio “because, you know, it´s one of those tunes”. Comienza entonces a acariciar la letra de Almost blue, almost doing things we used to do…almost you…almost me…Es un primer plano del rostro ajado de Chet Baker, blanco y negro, el micrófono casi pegado a la voz, la boquilla de la trompeta -esta vez no la hará sonar- muy cerca de los labios, como en un gesto del que ya no puede desprenderse, los ojos siempre cerrados…Al terminar la canción el público, respetuoso esta vez, comienza a aplaudir. Y nosotros con él. Es uno de los grandes momentos de jazz recogidos por una cámara.

        En Let´s get lost hay conciertos y grabaciones, mucho jazz, locales nocturnos en los que casi podemos oler el humo, muchas mujeres y mucha velocidad, mil anécdotas, playas sin sol. Las vidas en blanco y negro de Chet Baker, los éxitos y el fracaso, sus rostros y su sonrisa y su mirada. Casi tristes.

        Pocos meses después del estreno de la película, el hombre que susurraba canciones se tiraba por una ventana de un hotel de Amsterdam. Almost blue…almost me…

        Si os gusta el cine, el jazz, la mejor fotografía en blanco y negro, o simplemente cualquier noche os sorprende pelín tristones, no dejéis de verla, no dejéis que Chet Baker y Let´s get lost pasen de largo. Y escuchadla. En silencio.

               Editada en DVD por Avalon. 

       

       

LA PIRÁMIDE HUMANA (1961) de Jean Rouch

Mientras en Francia se fragua la nouvelle vague el director Jean Rouch comienza a relizar en África sus documentales etnográficos. Uno de los más reconocidos es La pirámide humana (La pyramide humaine), rodado en Costa de Marfil, en el que documental y ficción se dan la mano.

         Al comienzo del film el propio Rouch propone a los estudiantes europeos y africanos de una clase del instituto de Abidjan, que no se relacionan por prejuicios, la recreación de un posible acercamiento entre ellos. Ante la cámara aparecen entonces la desconfianza, la diferencia de culturas, el racismo, pero también la amistad, la voluntad de romper barreras, el deseo sexual y la posibilidad del amor interracial. Y, finalmente, el realizador introduce un último elemento ficticio, el suicidio por amor, con el personaje de Nadine como desencadenante del drama.

        La pirámide humana funciona pues como una hermosa historia de amor y amistad, y como un valioso documento antropológico en una sociedad que intenta superar los prejuicios raciales.

                             Editada en DVD por Intermedio.

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