Archivo para la Etiqueta ‘Cine fantástico y de terror’

LA COSA (1982) de John Carpenter

No es nada habitual que un remake supere a la película original, y menos cuando ésta ya era tan buena como El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, 1951), dirigida por Christian Niby y producida por Howard Hawks, quien al parecer también colaboró en la dirección. John Carpenter lo consiguió con La cosa (The Thing), su mejor película junto a Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, 1976), que también actualizaba otro clásico de Hawks, Río Bravo (1959). Y es que el universo hawksiano ha estado muy a menudo presente en el cine de Carpenter, y La cosa no es una excepción. 

        La primera parte del film es un prodigio narrativo y de elipsis cinematográfica, una obra maestra por sí sola. Cada una de las escenas protagonizadas por ese perro que huye por la nieve de un helicóptero desde el que le disparan, que observa a través de una ventana a los humanos, que entra en una habitación en la que sólo vemos la sombra de una persona y un fundido en negro, y que, finalmente, es encerrado con los demás perros para mostrarse realmente tal y como es, produce mucho más desasosiego que los sangrientos fragmentos en los que aparece el monstruo alienígena.

        Aún así, el resto de la película sigue siendo un magnífico ejemplo de narrativa clásica al servicio del terror comercial, sin una sola concesión al susto palomitero y que encima se permite un final absolutamente singular. La alternancia de música y silencios claustrofóbicos, la impresionante utilización de la pantalla ancha (aspecto en el que Carpenter ha sido siempre un maestro), los pequeños homenajes al western, la dosificada tensión que va aumentando entre los componentes de la expedición (¿el montruo como metáfora?), nos muestran a un cineasta heredero de los grandes, que sabe sacar el mismo partido a cuatro paredes que a los grandes exteriores. A pesar de los muchos altibajos de su filmografía y de haberse dedicado casi por completo a un género no siempre bien visto por buena parte de la élite cinéfila, Carpenter me parece, junto a Eastwood, Erice, Aristarain o Shyamalan, uno de los últimos clásicos del cine.

        Editada en DVD de manera lamentable por Universal.

AMENAZA EN LA SOMBRA (1973) de Nicolas Roeg

El cineasta Nicolas Roeg, bastante olvidado a estas alturas, vivió su momento de gloria en los años 70 y 80, gracias especialmente a Amenaza en la sombra (Don´t Look Now), su película más popular, basada en una historia de Daphne du Maurier (la autora de Rebeca). Para hacernos una idea de hasta dónde llegó ese prestigio basta este dato: en la lista de las cien mejores películas de la historia confeccionada por la revista Time Out en 1989 a partir de las votaciones de profesionales del cine de todo el mundo, Amenaza en la sombra aparecía nada menos que en el puesto 27. La cosa puede sonarnos hoy a cachondeo, pero también nos da una idea de la novedad que supuso en su momento para el cine de terror y de su influencia posterior en el género.

        Venecia es el lugar donde transcurre el grueso de la historia, una ciudad que se muestra gris y triste, misteriosa y decadente, un laberinto de canales y callejuelas y esquinas tras las que una pequeña figura con capa roja acecha dispuesta a rebanarte el gaznate, y vaya si lo hace. Aunque suene a tópico, un personaje más de la trama (ninguna película se rueda en una ciudad como Venecia porque sí). Hasta allí se traslada el matrimonio Baxter (tras la escena de arranque de la película, crucial en todo su desarrollo, en la que vemos a su hija, vestida con un chubasquero rojo, morir ahogada), ya que John (Donald Sutherland) ha de encargarse de la restauración de una iglesia. Mientras John realiza su trabajo y la misteriosa figura de rojo sigue con sus correrías nocturnas, Laura (Julie Christie) conoce a dos extrañas hermanas que dicen poder comunicarse con su hija muerta y que la advierten de un gran peligro…

        A pesar de un par de escenas en las que la cámara lenta no aporta nada, de cierta influencia del giallo (es una coproducción británico- italiana) que no le sienta nada bien, y de algún que otro plano en el que Roeg quiere dejar clara su autoría de manera poco sutil, la historia es tan inteligente y desasosegante, y posee un final tan sorprendente, que no sólo te atrapa sin dificultad desde su inicio, sino que al poco tiempo deseas ya volver a verla. Un film de culto que no ha envejecido del todo bien en algunas de sus imágenes pero que en otras muchas sigue resultando fascinante y cuyo argumento mantiene intacto todo su atractivo.

                 Editada en DVD por NO .LIMITS .FILMS.

OJOS SIN ROSTRO (1959) de Georges Franju

Guste más o menos el cine de Alejandro Amenábar lo que es innegab199821_1020_Ale es su buen gusto a la hora de inspirarse en otras películas, principalmente europeas, del género fantástico y de una misma época. Si en Tesis (1995) tuvo presente la impresionante El fotógrafo del pánico (Peeping Tom, 1960) de Michael Powell, y en Los otros (2001) la no menos buena Suspense (The innocents, 1961) de Jack Clayton, en Abre los ojos (1997) algo hay de esa maravilla que dirigió Georges Franju y que se titula Ojos sin rostro (Les yeux sans visage), con música de Maurice Jarre, y guión de Claude Sautet (el director de, entre otras,Un corazón en invierno), Jean Redon, y Pierre Boileau y Thomas Narcejac (ambos autores de las novelas De entre los muertos y Las diabólicas, llevadas al cine por Hitchcock y Clouzot, respectivamente).

        La película narra la historia de un famoso cirujano (Pierre Brasseur) que intenta transplantar un nuevo rostro a su hija, desfigurada (excepto sus ojos) tras un accidente y a la que se ha dado por muerta. Con ayuda de otra antigua paciente a la que ya recontruyó la cara (Alida Valli, en un registro inusual que me recuerda a un monstruo de Frankenstein de apariencia humana pero inexpresivo), secuestra y asesina muchachas con cierto parecido a su hija para robarles el rostro y que ella pueda recuperar el suyo.

        Ojos sin rostro no es en absoluto un típico film de terror o de misterio. No tiene un ritmo trepidante, no depara grandes sustos, no intenta sacar gran partido de sus elementos góticos (el panteón y el cementerio), y la investigación policial apenas tiene presencia. Lo que hace que sea especial es la poesía y el desasosiego que transmiten sus imágenes en blanco y negro: la abnegada ayudante buscando a sus víctimas por la ciudad; las operaciones a las que somete el cirujano a las muchachas, extirpándoles el rostro; la última y simbólica escena, que confirma que nos acaban de contar una historia de amor asfixiante de un padre por su hija, cuya liberación ha de ser inevitablemente trágica; y, sobre todo, esa imagen recurrente e inolvidable de unos ojos que nos miran a través de una máscara, y que nunca volverán a tener un rostro.

LA SÉPTIMA VÍCTIMA (1943) de Mark Robson

Colaborador de Robert Wise en el montaje de Ciudadano Kane (458183_1020_ACitizen Kane, 1940), de Orson Welles, Mark Robson comienza poco después a trabajar, en el mismo seno de la RKO, para el productor Val Lewton, encargándose del montaje de, entre otras, La mujer pantera (Cat people, 1942) y Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, 1943), ambas dirigidas por Jacques Tourneur. Lewton le da la oportunidad de debutar en la dirección con La séptima víctima (The seventh victim), inicio de una irregular filmografía en la que destacan dos buenos films sobre el mundo del boxeo: El ídolo de barro (Champion,1949), con Kirk Douglas, y Más dura será la caída (The harder they fall, 1956), la última interpretación de Humphrey Bogart.

        La historia que narra La séptima víctima es lo de menos, de hecho el guión tiene momentos ilógicos, sin pies ni cabeza: una mujer desaparece y su hermana comienza a buscarla. En realidad está escondida porque la persigue una secta satánica que ya ha asesinado a seis personas.

        Aceptando que la historia es un mero soporte para realizar un ejercicio de estilo, influido por la novela romántica y gótica, lo destacable de la película, como del resto de proyectos de Val Lewton en el género, fuese quien fuese el director, es la sensación de irrealidad, de obsesión por lo desconocido, de pesadilla laberíntica que transmiten sus imágenes, insinuando más que mostrando, gracias en gran parte a la ambientación y a la fotografía en blanco y negro del habitual Nicholas Musuraka.

        En los apenas setenta minutos que dura la película abundan los momentos magníficos: el cuarto de hotel alquilado por la mujer perseguida, en el que sólo hay una silla y una soga colgando del techo; el asesinato del detective y la aparición del cadáver, sujetado por dos hombres, en el metro; la escena de la ducha, clarísimo antecedente de la que filmó Hitchcock en Psicosis (Psycho, 1960); la persecución por las calles, inundadas de luces y sombras… Y, como guinda para uno de los films más extraños y alucinantes, la aparición final de un personaje, entrevisto un par de veces anteriormente, que enlaza en el tiempo (un gran detalle, esta vez sí, de guión) la historia que acabamos de ver con la que narraba La mujer pantera.

                Editada en DVD por Manga Films.

SUSPENSE (1961) de Jack Clayton

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Pantalla en negro. Comienza a escucharse, en la voz inocente de una niña, la melodía O willow waly. Mientras sigue sonando la canción aparece el logotipo de la Fox, para dar paso a los títulos de crédito: Deborah Kerr, Jack Clayton, William Archibald y Truman Capote en el guión…y unas manos que se alzan en la oscuridad, como rezando o pidiendo perdón.

        Tras este impresionante inicio -el mejor que he visto, el que más 74308-largeme ha prometido estar a punto de ver una película única- se encuentra Suspense (The innocents, 1961), la gran obra maestra del género de terror, adaptación de la novela La vuelta de la tuerca (The turn of the screw, 1898) de Henry James, que ha servido de base para otras películas, entre ellas un telefilm de John Frankenheimer con Ingrid Bergman, que desconozco; Los últimos juegos prohibidos (The nightcomers, 1971), un engendro protagonizado por Marlon Brando y perpetrado por el infumable Michael Winner, precuela de lo narrado en el texto de James; y Otra vuelta de tuerca (1985), dirigida -es un decir- por Eloy de la Iglesia. 

        La historia de la institutriz que se traslada a la mansión de Bly para hacerse cargo de la educación de los niños Miles y Flora nos arrastra a un mundo poblado por fantasmas que nacen de la represión adulta y de la perversión infantil, en una atmósfera malsana que va en aumento a medida que se suceden las escenas (por citar sólo una de entre tantas maravillosas, aquella en la que Miles, disfrazado, a la luz de las velas, recita un enigmático poema y se acerca a la ventana como esperando una aparición), hasta alcanzar el trágico final ya anunciado, mediante la estructura circular, en el inicio del film. Y todo ello sobrevolado por la ominosa y omnipresente canción eninnocents los labios de Flora. Creo que ninguna melodía, ni siquiera la creada por Anton Karas para El tercer hombre o la que tararea Robert Mitchum en La noche del cazador, ha conseguido tal presencia en una película.

        Obra ambigua, aunque menos que la novela, Suspense se disfraza de película gótica de fantasmas para recrear los miedos ocultos que salen a la luz a través de la imaginación, consiguiendo una elegancia en sus imágenes nunca igualada dentro del género y que ha ejercido enorme influencia en películas recientes y muy populares como Los otros (The others, 2001) de Amenábar y El orfanato (2007) de Juan Antonio Bayona. Lástima que en este país algún animal al que no le sobraba  imaginación le colocara un título tan absurdo.

        Editada en DVD por Filmax (al parecer, maravillosamente coloreada por algún descendiente de quien le puso el título).

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