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SOY LEYENDA de Richard Matheson
La gran novela de Richard Matheson Soy leyenda (I am legend, 1954) ha sido llevada al cine oficialmente en tres ocasiones: El último hombre sobre la tierra (The last man on earth, 1964), con Vincent Price y dirigida por Sidney Salkow y Ubaldo Ragona, El último hombre…vivo (The Omega man, 1971) de Boris Sagal, con Charlton Heston, y Soy leyenda (I am legend, 2007), dirigida por Francis Lawrence y con Will Smith como protagonista. Si las tres logran mantener el interés es básicamente gracias a la historia que adaptan y no por méritos propios. Por suerte, los que gustamos de la literatura de Matheson siempre podemos acudir a El increíble hombre menguante (The incredible shrinking man, 1956) de Jack Arnold y a El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) de Steven Spielberg, sin olvidar los episodios que recreaban sus historias de La dimensión desconocida (Twilight zone).
Soy leyenda nos sitúa en un futuro en el que, tras una guerra bacteriológica, los supervivientes se han convertido en vampiros. Todos, excepto Robert Neville, cuya vida se reduce a buscar y asesinar durante el día a todos los vampiros que puede y a defenderse de sus ataques durante la noche. A caballo, pues, entre el terror y la ciencia-ficción, la novela de Matheson no se limita a ser un mero entretenimiento de género, sino que nos muestra la delgada línea que separa el bien del mal y lo que es normal de lo que no cuando sólo una persona representa las ideas convencionales, cuando esa persona es vista como un monstruo por todos los demás. Por otro lado, la soledad del hombre en su lucha contra una situación que le supera -posiblemente el gran tema de la literatura de Matheson- está también presente en esta novela cuya influencia se ha dejado notar en la literatura posterior. Sin ir más lejos, y aunque quizás sea aventurar demasiado, la lectura de La carretera (The road, 2006) de Cormac McCarthy me recordó algunas de las ideas ya presentes en Soy leyenda.
“Pero luego el silencio cubrió las cabezas, como una manta pesada. Todos volvieron hacia Neville unos rostros pálidos. Neville los observó serenamente. Y de pronto comprendió. Yo soy el anormal ahora. La normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de un solo hombre.
Y comprendió, también, la expresión de aquellos rostros: angustia, miedo, horror. Tenían miedo, sí. Era para ellos un monstruo terrible y desconocido, una malignidad más espantosa aún que la plaga. Un espectro invisible que había dejado como prueba de su existencia los cadáveres desangrados de sus seres queridos. Y Neville los comprendió, y dejó de odiarlos. La mano derecha apretó el paquetito de píldoras. Por lo menos el fin no llegaría con violencia, por lo menos no habría una carnicería…
Neville miró los nuevos habitantes de la Tierra. No era como ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían destruir. Y de pronto, nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.
Tosió atragantándose. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se metía las píldoras en la boca. Se cierra el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo.
Soy leyenda.”
Traducción de Manuel Figueroa.
Publicada por Ediciones Minotauro.
ENVIADO ESPECIAL (1940) de Alfred Hitchcock
Este film era una fantasía y, como en cada ocasión en que realizo una fantasía, no permití a la verosimilitud que hiciera su desdichada aparición. (Alfred Hitchcock a François Truffaut)
Tras el gran éxito conseguido con Rebeca (Rebecca, 1940) Hitchcock se hace cargo de un proyecto de bajo presupuesto titulado Enviado especial (Foreign correspondent), una película de espías ambientada en Holanda que se parece más a las de su etapa inglesa que a las que posteriormente rodaría en Hollywood, con Joel McCrea (de quien Hitchcock no tenía demasiado buena opinión) como protagonista y George Sanders y Herbert Marshall de secundarios de lujo.
El periodista encarnado por McCrea es enviado a Europa como corresponsal para informar sobre la marcha de la guerra pero, como no podía ser de otro modo, se ve inmerso en una trama de espionaje con los nazis de por medio, con lo cual ya tenemos al típico héroe inocente metido de repente en un montón de líos, una de esas ideas argumentales tan queridas por el cineasta británico.
A menudo tachada de obra menor, cuando no de simple producto propagandístico de la intervención americana en la 2ª Guerra Mundial, Enviado especial es una magnífica película que brillaría mucho más si no estuviera rodeada de tantas obras maestras, y sólo por dos fragmentos, que podrían aparecer en cualquier antología del cine de Hitchcock, ya sería obligada la visita: la escena en que el periodista se da cuenta de que las aspas de un molino se mueven en dirección contraria al viento, con lo cual sospecha que el tipo al que perseguían puede estar dentro emitiendo señales para que aterrice un avión, y el asesinato bajo la lluvia, con la multitud protegida por los paraguas, un momento de gran cine que sólo podía venir de Hitchcock y que ha sido imitado en varias ocasiones, sin ir más lejos por Spielberg en Minority Report (2002).
Editada en DVD por Vella Visión.
LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS (1978) de Philip Kaufman
Al adaptar la novela de Jack Finney Los ladrones de cuerpos (The body snatchers, 1955), Don Siegel realizó una de sus mejores películas: La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers, 1956), que se convertiría en uno de los grandes clásicos del cine de ciencia-ficción y que dio lugar a las más variadas interpretaciones, en ocasiones incluso contradictorias (algunos opinaron que era un ataque contra el macartismo y otros que atacaba al comunismo).
El director y guionista Philip Kaufman -suyos son los guiones, al menos en parte, de las excepcionales El fuera de la ley (The outlaw Josey Wales, 1976) de Clint Eastwood, y En busca del arca perdida (Raiders of the lost ark, 1981) de Steven Spielberg- realizó una nueva adaptación de la novela de Finney -con el mismo título original que la de Siegel, aunque aquí se llamó La invasión de los ultracuerpos- y también dio en la diana: aunque sigue a la sombra de su predecesora, no tiene mucho que envidiarle.
De la mano de Kaufman, la historia de las vainas gigantes llegadas del espacio que dan a luz réplicas exactas de los seres humanos, cuando éstos se quedan dormidos, para ocupar su lugar y dominar el planeta, se convierte en un film mucho más terrorífico, pero dando prioridad siempre a los personajes y a la visión de un mundo dominado por unos seres que, aunque iguales físicamente a nosotros, son incapaces de pensar y de tener sentimientos.
Con un gran reparto en el que destaca, cómo no, Donald Sutherland, y con breves apariciones de Robert Duvall, del propio Don Siegel y de Kevin McCarthy (el protagonista de la primera adaptación), La invasión de los ultracuerpos nos guarda, además, uno de los más impactantes finales del género.
Editada en DVD por Metro Goldwyn Mayer.
KUROSAWA. Un documental sobre la vida del maestro
Como complemento a la autobiografía de Kurosawa que desde hace ya varios años t
enemos a nuestro alcance en su traducción al español, nada mejor que echarle un vistazo a este extenso documental, dirigido por Adam Low, que nos acerca aún más la vida y las películas de quien es considerado, junto a Mizoguchi, Ozu y Naruse, uno de los cuatro grandes del cine japonés, y el más accesible a la mirada occidental.
A través de la narración de Sam Shepard y los testimonios del propio cineasta, su familia, y varios de sus colaboradores, las imágenes nos muestran los momentos más decisivos de la vida de Kurosawa -la estricta educación recibida, el suicidio de su hermano, la crisis tras el fracaso de su propia productora al estrenar Dodes´ka-Den (1970), que le lleva a no encontrar financiación en su propio país y a un intento de suicidio, etc- y de su trayectoria como director, desde sus inicios como guionista en films propagandísticos y los primeros trabajos como realizador durante la guerra y la ocupación estadounidense, pasando por sus grandes obras maestras -que descubren el cine japonés a gran parte de la crítica europea y que son, algunas de ellas, objeto de remakes-, hasta sus últimos films producidos en el extranjero, con capital soviético Dersu Uzala (1975) y con capital norteamericano (Lucas, Coppola y Spielberg) desde Kagemusha (1980) hasta Madadayo (1993), su testamento cinematográfico.
Editado en DVD por Filmax.
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