DIES IRAE (1943) de Carl Theodor Dreyer

Hay determinadas novelas y películas que, dada su popularidad y relevancia, eclipsdiesan el resto de la obra de su autor. En literatura el caso más claro es El Quijote. En cine, uno de los films que, durante mucho tiempo, más ha tapado a sus hermanos ha sido La palabra (Ordet, 1955), el milagro -en todos los sentidos- filmado por Carl Theodor Dreyer, acaso la menos vista, la menos popular de las películas imprescindibles. Desde hace unos años, la última obra del genio danés, Gertrud (1964) -mi preferida de entre las suyas-, pasada a bayoneta por la crítica en el momento de su estreno, va haciéndose un hueco en las listas de los mejores films, pero sin llegar aún al prestigio de la anterior.

             Siempre a su sombra, Dies irae (Vredens dag, 1943) es otra obra maestra de Dreyer. Historia de amor y muerte, de adulterio, brujería y fanatismo religioso, enmarcada en una comunidad protestante de la Dinamarca del siglo XVI, guarda escenas imborrables, como la muerte de la anciana en la hoguera mientras un coro de niños entona el réquiem “El dia de la ira”, o la confesión final de Ana, mintiendo cuando reconoce su condición de bruja porque se ha quedado sola, porque ya no le importa morir, en uno de los suicidios más estremecedores del cine: “Te veo a través de mis lágrimas, pero ya nadie viene a secármelas”.

             Mientras en Europa el movimiento cinematográfico de moda era el neorrealismo italiano, hijo de su momento histórico, que nos ha legado algunas grandes obras y otras que no han aguantado bien el paso del tiempo, en Dinamarca el señor Dreyer construía este monumento fílmico atemporal, alejado de movimientos y modas, que aún hoy se mantiene firme porque no necesita de mensajes sociales o políticos explícitos para sostenerse: cine en estado puro.

             Desde luego que no es una película fácil para cualquier paladar, pero la emoción, la luz, la pintura que destilan sus imágenes -como pudo comprobar quien visitara la exposición del año pasado, organizada por el CCCB, en la que se relacionaba la obra del pintor danés Hammershoi con la de Dreyer- y, en fin, el acercamiento a un cine distinto al que nos han acostumbrado bien valen el esfuerzo de la visita.

             Editada en DVD por Filmax.

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