Archive for 31 marzo 2009|Monthly archive page

EN MEMORIA DE PAULINA de Adolfo Bioy Casares

En ocasiones sucede que el primer texto que leemos de un gran escritocure08030807ar, aquél que nos abre la puerta y nos anima a seguir descubriendo la obra de su autor, pasa a ser nuestro preferido, al que volvemos más asiduamente sin tener en cuenta ni importarnos si, en el fondo, es mejor o peor que otros. A mí me ocurre con el relato En memoria de Paulina, la historia de amor y celos que desemboca en un crimen escrita por el argentino Adolfo Bioy Casares, autor casi más conocido por ser el gran amigo de Borges -con quien realizó antologías de literatura policiaca y de literatura fantástica, a las que ambos eran tan aficionados-que por su propia obra. A partir de este cuento descubrí el estilo conciso, la palabra exacta, la frase ajena a innecesarios adornos, la forma genial de engancharte de unas historias que te suelen dejar, al terminarlas, perplejo durante un rato para luego reaccionar y volver a por más. Y, sobre todo, la manera como lo maravilloso y lo fantástico se adentran en lo real y cotidiano, confundiéndose, para dar una explicación de lo ocurrido, y cómo los personajes aceptan esa intrusión de la forma más natural, creyendo que es la opción más racional o la única posible. 

       Más adelante vendrían otros cuentos, y novelas como La invención de Morel (1940) o El sueño de los héroes (1954), para confirmar la grandeza de una de las narrativas más deslumbrantes de la literatura hispanoamericana, merecedora del premio Cervantes en 1990.

       En memoria de Paulina es el primer relato del libro La trama celeste (1948), publicado por Alianza Editorial.

ANATOMÍA DE UN ASESINATO (1959) de Otto Preminger

La película que suele llevarse todos los honores en la filmografía de Preming030620071052089573er, y la única que asoma de vez en cuando por las listas de las mejores de la historia, es esa maravilla del cine negro titulada Laura (1944). Aunque me parece una de las cimas de su género, el consenso me resulta excesivo y aburrido. Preminger realizó otras magníficas películas que no tienen mucho que envidiarle, como Cara de ángel (Angel face, 1952), otro film negrísimo con un Robert Mitchum perdido por los encantos de una fatal Jean Simmons, Tempestad sobre Washington (Advise and consent, 1962), posiblemente la mejor muestra que ha dado el cine sobre los entresijos de la política norteamericana, y, sobre todo, Anatomía de un asesinato (Anatomy of a murder, 1959), para mi gusto el mayor film del género judicial junto a Testigo de cargo (Witness for the prosecution, 1957) de Billy Wilder.

        Con un guión portentoso escrito por Robert Traver, autor de la novela, y Wendell Mayes, colaborador asiduo de Preminger y que ese mismo año escribiría para Delmer Daves El árbol del ahorcado (The hanging tree); con un extraordinario, como siempre, James Stewart como abogado defensor (el duelo que mantiene en el juicio con el fiscal interpretado por George C. Scott es antológico); con la banda sonora a ritmo de jazz de Duke Ellington (quien también aparece en la película) y los títulos de crédito del gran Saul Bass (su trono es, posiblemente, el único que no se discute en la historia del cine), Preminguer consigue el que para mí es su mejor film, una obra maestra ejemplo de narrativa y ritmo cinematográficos que tuvo la mala suerte de coincidir en la entrega de Oscars con Ben-Hur, de William Wyler. Al menos el póster de la película ha sido reconocido como el mejor de la historia por la revista Premiere. Algo es algo.

                   Editada en DVD por Columbia.

LA COSECHA DE DASHIELL HAMMETT (y II)

Sergio Leone inaugura su famosa Trilogía del dólar , en 1964 yeastwood-dolares con un semidesconocido entonces Clint Eastwood, filmando Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari), abanderada de lo que se conocería como spaguetti-western. El filme no se basa en la novela de Hammett sino que bebe directamente de la película de Kurosawa, con el mismo argumento y un pistolero sin nombre, hierático y silencioso, que hace las veces de samurai. Según Leone, su película quería homenajear a Yojimbo, pero la productora japonesa puso una denuncia por plagio. Durante los dos años siguientes el director italiano completaría la trilogía con las superiores La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in pìu, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), dos westerns que son, además, dos grandes comedias.

        En 1990, y con sólo dos películas en su haber, los hermanos Coen van y consigumuerte_entre_las_floresen el que para mí sigue siendo su mejor film, un pedazo de obra maestra titulada Muerte entre las flores (Miller´s crossing). Para ello elaboran una compleja trama que toma prestados elementos tanto de Cosecha roja como de La llave de cristal (The glass key, 1931), otra gran novela de Hammett que ya había sido llevada al cine con el mismo título en 1942, de la mano del director Stuart Heisler y con Alan Ladd de protagonista. Con una ejemplar recreación de la época, unos impresionantes actores con ese monstruo de la interpretación que lm02132es Albert Finney a la cabeza, y una sublime estilización de la violencia (la escena del tirotero con ametralladoras es pura coreografía), los Cohen realizan una tremenda recreación del universo hammettiano y una de las obras clave del cine de los 90. Años más tarde, con El gran Lebowski (The big Lebowski, 1998), logran una de las películas más originales y delirantes del cine americano, una divertidísima burrada que siempre me ha parecido un homenaje paródico a la obra de otro grande de la novela negra, Raymond Chandler. Lástima que lleven tiempo en baja forma. Ni siquiera con un material de primer orden como es la novela de Cormac McCarthy No es país para viejos (No country for old men, 2last_man_standing_ver13005) han conseguido volver a hacer un film a la altura de sus mejores logros de la anterior década. 

        El irregular Walter Hill retoma la historia, en esta ocasión convenientemente acreditada, para dirigir El último hombre (Last man standing, 1996), con un Bruce Willis en su salsa en el papel que interpretaron Eastwood y Mifune, y Cristopher Walken dándole la oportuna réplica. Una magnífica película, con un ritmo que no decae en ningún momento y unas escenas de acción soberbiamente filmadas por un director que demuestra lo gran narrador que es (a veces). 

          Cosecha roja, junto al resto de la obra de Dashiell Hammett, está publicada por Alianza Editorial.

LA COSECHA DE DASHIELL HAMMETT (I)

La novela de Dashiell Hammett El halcón maltés (The maltese falcon, 1_cosecha_roja__d_499c5a495a09e4930) fue llevada al cine de manera fiel y con el mismo título por John Huston, su debut como director en 1941. La película ha contribuido decisivamente a que sea ésta la obra más conocida del escritor norteamericano, al menos en nuestro país. El cine suele hacerle estos favores a la literatura y, sobre todo, a los editores.

        Cosecha roja (Red harvest, 1929), la primera obra de Hammett, pionera en sentar las bases de la novela negra con su enrevesada trama, su crítica social y sus diálogos vertiginosos, le ha servido al cine como fuente de inspiración en varias ocasiones, pero nunca, al menos que yo sepa, bajo el mismo título, y no siempre de manera reconocida, lo cual ha facilitado que sea menos popular. Las andanzas del agente de la Continental, que llega a la ciudad de Personville y consigue que los gangsters locales se enfrenten en una guerra hasta eliminarse, han sido recogidas por muy diversos cineastas y adaptadas bajo diferentes géneros y miradas: la gran literatura produciendo una magnífica cosecha cinematográfica.

        Yojimbo (1961) es una de las muchas obras maestras de Akira Kurosa144037_1010_a1wa. En ella el director japonés convierte al agente creado por Hammett en un ronin con los rasgos de Toshirô Mifune, un samurai sin dueño que ofrece sus servicios al mejor postor y que conseguirá engañar a dos bandas rivales hasta que se aniquilen. Con una sublime fotografía en blanco y negro y una impresionante utilización del cinemascope Kurosawa consigue algunas de las mejores escenas de su filmografía.  En 1962 recuperará al personaje, ahora ya sin Hammett, y al actor – la relación entre Kurosawa y Mifune y su colaboración en varias películas aparece detallada en el libro El emperador y el lobo (The emperor and the wolf, 2002), de Stuart Galbraith- para realizar Sanjuro (Tsubaki Sanjuro), otro magnífico film.

LOS PROFESIONALES (1966) de Richard Brooks

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Cineasta reconocido mayormente por sus adaptaciones de grandes obras literarias, entre las que destacan, en mi opinión, Lord Jim (1965), según la novela de Joseph Conrad, y A sangre fría (In cold blood, 1967), basada en el celebérrimo texto de Truman Capote, Richard Brooks visitó el género western en tres ocasiones con magníficos resultados: La última cacería (The last hunt, 1956), con un Robert Taylor de malo malísimo, en un papel que no frecuentaba, y con un final digno de un film de terror; la nostálgica y desenfadada Muerde la bala (Bite the bullet, 1975); y Los profesionales (The professionals, 1966), la mejor de las tres y una de las obras maestras de Brooks.

        Con Burt Lancaster, Lee Marvin, Robert Ryan y una Claudia Cardinale en todo su esplendor (palabras mayores) llenando la pantalla; con unos diálogos geniales puestos en boca de unos personajes desencantados y cínicos pero que conservan su idealismo, el film guarda una gran influencia del cine de aventuras, lo cual contribuye decisivamente a lograr un ritmo a prueba de balas y lo entronca con la magnífica Veracruz (1954), de Robert Aldrich.

        Sin abundar ni necesitar hacerlo en el aroma épico y romántico, en la complejidad extrema de los personajes, en el aire de leyenda o el tono crepuscular de algunas de las mejores aportaciones de Ford, Mann o Peckinpah, Los profesionales consigue ser una obra magna del género que se disfruta tantas veces como se vuelva a ella, lo cual no deja de ser lo más importante.

                        Editada en DVD por Columbia.

MOTEROS TRANQUILOS, TOROS SALVAJES de Peter Biskind

La obra de Peter Biskind Moteros tranquilos, toros salvajes (Easy rbiskin_pliders, raging bulls, 1998) es una guía imprescindible para conocer los profundos cambios en la industria cinematográfica de Hollywood durante los últimos años 60 y toda la década de los 70, dentro de un convulso clima social y político también presente en el libro.

        Con Francis Coppola a la cabeza, una nueva generación de directores y guionistas se propuso revolucionar el cine norteamericano y la política de producción de los grandes estudios. Querían realizar un nuevo cine de autor, tomando como modelo las nuevas corrientes cinematográficas europeas, en especial la nouvelle vague. No buscaban ser John Ford o Howard Hawks, sino los Godard y Antonioni de Sunset Boulevard, los profetas de una nueva ola en Hollywood. Por las páginas del libro van apareciendo Scorsese, Dennis Hopper, Michael Cimino, Spielberg, Lucas, Paul Schrader, y todos los que tuvieron un papel decisivo o lo intentaron en el cine de la época. Biskind nos narra sus amistades y desencuentros, sus proyectos, sus excesos con el alcohol, el sexo y las drogas, sus enfrentamientos con los productores, sus éxitos rotundos y sus sonoros fracasos, si llegaron a conseguir lo que pretendían o si acabaron formando parte del sistema clásico. Mención aparte merecen, en mi opinión, tres capítulos clave de la época y que no tienen desperdicio: la caótica realización de Apocalypse Now (1979); el desastre mayúsculo que supuso La puerta del cielo (Heaven´s gate, 1980), y que llevó a la ruina a la United Artists; y el absoluto bombazo que fue La guerra de las galaxias (Star wars, 1977), la película que consiguió cambiar, en gran medida, el futuro del cine estadounidense.

        De lectura vertiginosa, Moteros tranquilos… supone, en fin, la fascinante crónica de cómo se gestaron El padrino, Taxi driver, Easy rider, Tiburón, El cazador, y tantas otras grandes películas que han pasado a formar parte de la cultura popular y de la historia del cine.

                   Traducción de Daniel Najmías.

                   Publicado por Ed. Anagrama.

RETORNO AL PASADO (1947) de Jacques Tourneur

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El director francés afincado en Hollywood Jacques Tourneur manejó casi todos los géneros durante su carrera cinematográfica. Realizó buenos westerns, magníficas cintas de aventuras, y alcanzó popularidad principalmente gracias a la serie de películas de terror de bajo presupuesto que, junto al productor Val Lewton, dirigió para esa fábrica inagotable de obras maestras en blanco y negro que fue la RKO, con La mujer pantera (Cat people, 1942) -homenajeada en Cautivos del mal (The bad and the beautiful, 1952), de Vincente Minnelli- y Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, 1943) como citas ineludibles. Años más tarde, en Inglaterra, consiguió otra obra mayor del género con la menos popular (por menos vista) La noche del demonio (Night of the demon, 1958).

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Mientras se movía entre panteras y zombies, entre Wyatt Earp y halcones y flechas, va Tourneur y se saca de la manga Retorno al pasado (Out of the past, 1947), una de las obras capitales del cine negro, con un guión antológico firmado por Geoffrey Homes (seudónimo del escritor Daniel Mainwaring, autor también del guión  de La invasión de los ladrones de cuerpos (The invasion of the body snatchers, 1956), dirigida por Don Siegel), adaptación de su novela Eleven mi horca (Build my gallows high, 1946).

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La película contiene, cómo no, todos los elementos clásicos del cine negro, pero recreados esta vez dentro de ese clima de ensoñación, de irrealidad, tan característico del cine de Tourneur. En ese ambiente se mueve como pez en el agua Robert Mitchum, que encarna aquí al antihéroe descreído, socarrón, romántico y trágico tan querido por el género, que intenta iniciar una nueva vida, escapar del pasado, pero que vuelve a ser atrapado por él irremediablemente. En este sentido, Retorno al pasado compone, junto a Forajidos (The killers, 1946), de Robert Siodmak, y La jungla de asfalto (The asphalt jungle, 1950), de John Huston, un inconmensurable tríptico de luces y sombras.

Editada en DVD por Manga Films.

DE REPLICANTES CINÉFILOS

Pocas películas en la historia del séptimo arte han alcanzado el estatus de mito 84-8310-504-7_bigcinematográfico, de película de culto, de referencia artística, tan rápidamente como Blade Runner (1982), de Ridley Scott. Quizá sea la única que lo consiguió en tan poco tiempo tras pasar de puntillas por las salas de cine, fracasar en taquilla, y ser vapuleada por gran parte de la crítica.

        Ya en 1988, tan sólo seis años después de su estreno, cuando ya había sido revitalizada pero aún no gozaba de la inmunidad que lograría más tarde, fruto en gran parte del nuevo montaje estrenado en 1992, (que a muchos les gusta menos que el primero pero que, indudablemente, aporta elementos esenciales a la historia), se le dedicaban al film monográficos como el que llevó a cabo un grupo de escritores, críticos, diseñadores, arquitectos, etc, cinéfilos y admiradores de la película todos ellos, bajo el título Blade Runner AA.VV

        Lejo258318_1010_as de pretender ser un estudio exhaustivo, los artículos y piezas de ficción que, con la firma de Cabrera Infante, José Luis Guarner, Rafael Argullol, Fernando Savater, entre otros (presentándose a sí mismos como replicantes),componen la obra, suponen un personal homenaje que nos descubre muchas de la claves de la película: sus referencias mitológicas y religiosas; su filosofía sobre el tiempo y la inmortalidad, sobre la vida y la muerte; su concepción de la arquitectura y el diseño futuros; las influencias literarias y cinematográficas que recoge (la novela negra, el cine expresionista alemán de Fritz Lang), etcétera.

        Por supuesto, la posibilidad (o seguridad) de que Deckard sea un replicante, y la enorme huella que ha ido dejando el film posteriormente en el cine y la publicidad, son elementos que llegarían tiempo después para hacer correr más litros de tinta.

           Publicado por Ed. Tusquets (Fábula)

Dos grandes guiones de Scott Rosenberg: COSAS QUE HACER EN DENVER CUANDO ESTÁS MUERTO (1995) de Gary Fleder / BEAUTIFUL GIRLS (1996) de Ted Demme

A mediados de la década de los 90 se estrenaron sin hacer demasiadmv5bmti1mti0odu1ov5bml5banbnxkftztcwmdk5ntyxmg__v1__sx268_sy400_1o ruido dos magníficas películas norteamericanas, ambas con guión firmado por Scott Rosenberg: Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto (Things to do in Denver when you are dead) de Gary Fleder y Beautiful girls de Ted Demme. Si en un principio estos dos films pueden parecer totalmente distintos y sin nexos en común (la película de Fleder es cine negro habitado por matones que han conocido tiempos mejores; la de Ted Demme nos muestra el día a día de un grupo de jóvenes amigos en un pueblo), el hecho de que el autor de sus muy personales guiones sea el mismo puede ayudarnos a encontrar algunas similitudes.

        La reunión de una antigua banda de delincuentes ya retirados para realizar un último y, a priori, sencillo trabajo, y el reencuentro de un grupo de amigos a raíz del regreso de uno de ellos al pueblo, le sirven a Rosenberg para mostrarnos sendas galeríabeautifulgirlscine-300a2s de personajes  nostálgicos, que añoran los tiempos pasados. Los matones de Cosas que hacer…, capitaneados por Jimmy The Saint (un personaje impagable), echan de menos la época en que eran alguien, e intentan revivirla por última vez abandonando su fracasada vida actual durante unos días. Tan sólo Jimmy encontrará, al final, algo de lo que merezca la pena sentirse orgulloso. Los amigos de Beautiful girls han abandonado ya sus sueños para conformarse con lo que tienen, con sus trabajos, sus rutinas, sus aburridas vidas tan iguales a las de cualquiera, y sólo harán un paréntesis, durante la visita del amigo que se fue, para recordar los momentos en que anhelaban algo más, volviendo luego a su realidad. Ambas películas muestran  la cara amarga del sueño, el retrato del perdedor que no aprovechó sus ocasiones y ya sólo puede aferrarse a la memoria, a la amistad, a una última oportunidad. El cine clásico norteamericano es una fuente inagotable de grandes obras sobre el tema.  

        Ni Gary Fleder ni Ted Demme han hecho nada más que pueda compararse a estas dos grandes películas. Desde De Sica y Zavattini, pasando por Berlanga y Azcona, algunas obras pertenecen tanto o más al guionista que al director. He aquí dos claros ejemplos.

              Editadas en DVD por Lauren Films.