EL REY DEL JUEGO (1965) de Norman Jewison

                                                                       197207_1020_A                                                                                                                                                                              Muchas son las películas americanas en las que el póquer aparece como parte de su argumento: El destino también juega (A big hand for the little lady, 1966) de Fielder Cook, es un divertimento en el que los engaños del póquer terminan en un engaño mucho mayor; El póquer de la muerte (Five card stud, 1968) de Henry Hathaway, es un magnífico film policiaco disfrazado de western, en el que una partida es el origen de una venganza; en House of games (1987) de David Mamet, el mundo del póquer sirve como telón de fondo para narrar una estafa; con Rounders (1998), John Dahl perdió la ocasión de hacer la gran película sobre el tema, en parte porque ni Matt Damon ni el personaje que interpreta dan la talla.

        Norman Jewison, que años más tarde lograría un gran éxito con En el calor de la noche (In the heat of the night, 1967) y El violinista en el tejado (Fiddler on the roof, 1971), dirigió la que hasta el momento sigue siendo la mejor película sobre el póquer: El rey del juego (The Cincinnati kid), según la novela de Richard Jessup. No es, ni mucho menos, una obra maestra, pero Jewison consigue  un magnífico entretenimiento y filma la mejor partida de póquer del cine, sobre todo en el espectacular mano a mano final entre el aspirante Steve McQueen y el maestro Edward G. Robinson. 

        Salvando las infinitas distancias, El rey del juego es al póquer en el cine lo que El buscavidas (The hustler, 1961) al mundo del billar. Ambas son historias de perdedores, pero funcionan de manera contraria. Mientras en el film de Jewison la historia sirve como excusa para mostrar la mayor y más tensa partida, en la película de Rossen- una de mis preferidas de la historia- los ambientes y desafíos del billar son el marco donde se desarrolla un argumento mucho más complejo, vivo y lleno de matices.

        Como curiosidad, la otra gran partida de cartas en el cine aparece en I giocatori, el cuarto episodio de El oro de Nápoles (L´oro di Napoli, 1954) de Vittorio De Sica. Un conde demasiado aficionado al juego, interpretado por el propio De Sica, al que su mujer ya no le da dinero para jugar, obliga al hijo de su portero a jugar a la escoba. En una delirante partida, en la que se juega hasta la casa, acabará simbólicamente desplumado por el niño.

                   Editada en DVD por Warner.

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