Archive for 31 julio 2009|Monthly archive page

Un poema de Edward Estlin Cummings

En una escena de Hannah y sus hermanas (Hannah and her sisters, 1986), eecummingsuna de las grandes películas de Woody Allen, de las que últimamente ya no acostumbra a hacer, el personaje de Lee (Barbara Hershey) lee un fragmento de un poema de e.e.cummings (1894-1962), escritor individualista y a contracorriente, narrador, autor teatral y pintor además de poeta, tan atacado como admirado, y que gustaba de escribir los nombres propios, incluido el suyo, en minúsculas.

El fragmento que se lee en el film de Allen corresponde al poema nº LVII de su libro W (ViVa), publicado en 1931. En España se puede encontrar en la antología  de 1996 titulada Buffalo Bill ha muerto (Ediciones Hiperión).

Aquí dejo el poema íntegro, en traducción de José Casas.

en algún lugar adonde nunca he ido, gozosamente más allá

de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:

en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,

o que no puedo tocar porque están demasiado cerca

tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo

aunque me haya cerrado como unos dedos,

tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera

(tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa

o si tu deseo fuera cerrarme, yo y mi vida

nos cerraremos muy delicadamente, de repente,

como cuando el corazón de esta flor imagina

la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;

nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala

el poder de tu intensa fragilidad: su textura

me domina con el color de sus países,

produciendo muerte y eternidad a cada latido

(no sé qué hay en ti que se cierra

y se abre; pero algo en mí comprende

que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)

nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas

EL BUSCAVIDAS de Walter Tevis

Algunos grandes novelistas norteamericanos han visto sus obras transformadas Walter-Tevisen películas que, en ocasiones, han pasado a formar parte de la gran historia del cine e incluso de la cultura popular. Pero muchos de esos autores son poco o nada conocidos en nuestro país, ya sea porque sus novelas llevan mucho tiempo descatalogadas o porque no se habían traducido a nuestra lengua. Afortunadamente, ahora ya podemos disfrutar de Laura (1946) de Vera Caspary, La noche del cazador (The night of the hunter, 1953) de Davis Grubb, Warlock (1958) de Oakley Hall, o El buscavidas (The hustler, 1959) de Walter Tevis.

        Otra novela de Tevis, El hombre que cayó a la Tierra (The man who fell to earth, 1963) fue llevada al cine por Nicholas Roeg en 1976, en una adaptación bastante popular en su momento con David Bowie en el papel del extraterrestre protagonista. Pero sin duda la adaptación que ha pasado a la historia del cine es la que hizo Robert Rossen de El buscavidas, con Paul Newman en el papel del genio del billar Eddie Felson.

        Ros978-84-9889-026-6sen adapta magistralmente el texto de Tevis llevándolo a su terreno, dándole mayor importancia a los personajes de Sarah y Bert y acentuando el aspecto dramático (mientras la novela es más una historia de aprendizaje, la película se decanta por el retrato de la derrota), pero toda la fuerza de los personajes, las míticas partidas entre Eddie y Minnesota Fats, su aroma de leyenda, y la ambientación de los tugurios y las salas de billar se encuentran ya presentes en la gran prosa de Walter Tevis.

        “Y luego, por la tarde, cuando empezaban a llegar en serio los jugadores, y empezaba el humo del tabaco y los sonidos de las bolas duras y brillantes golpeando entre sí y el chirrido de la tiza contra las duras flechas de cuero de los tacos, entonces comenzaba la fase final de la metamorfosis que ascendía hasta el máximo cuando, ya bien entrada la noche, los jugadores casuales y los borrachos se marchaban, dejando sólo a los concentrados y los furtivos, que observaban y apostaban, mientras otros (un grupo pequeño y diverso de hombres, vestidos de oscuro o de colores vivos, que se conocían todos pero rara vez hablaban) jugaban partidas silenciosas de brillante e intenso billar en las mesas del fondo de la sala. En esos momentos, este salón, el Bennington, cobraba vida de una manera clara”.

               Traducción de Rafael Marín.

               Publicada por Editorial Alamut.

       

OJOS SIN ROSTRO (1959) de Georges Franju

Guste más o menos el cine de Alejandro Amenábar lo que es innegab199821_1020_Ale es su buen gusto a la hora de inspirarse en otras películas, principalmente europeas, del género fantástico y de una misma época. Si en Tesis (1995) tuvo presente la impresionante El fotógrafo del pánico (Peeping Tom, 1960) de Michael Powell, y en Los otros (2001) la no menos buena Suspense (The innocents, 1961) de Jack Clayton, en Abre los ojos (1997) algo hay de esa maravilla que dirigió Georges Franju y que se titula Ojos sin rostro (Les yeux sans visage), con música de Maurice Jarre, y guión de Claude Sautet (el director de, entre otras,Un corazón en invierno), Jean Redon, y Pierre Boileau y Thomas Narcejac (ambos autores de las novelas De entre los muertos y Las diabólicas, llevadas al cine por Hitchcock y Clouzot, respectivamente).

        La película narra la historia de un famoso cirujano (Pierre Brasseur) que intenta transplantar un nuevo rostro a su hija, desfigurada (excepto sus ojos) tras un accidente y a la que se ha dado por muerta. Con ayuda de otra antigua paciente a la que ya recontruyó la cara (Alida Valli, en un registro inusual que me recuerda a un monstruo de Frankenstein de apariencia humana pero inexpresivo), secuestra y asesina muchachas con cierto parecido a su hija para robarles el rostro y que ella pueda recuperar el suyo.

        Ojos sin rostro no es en absoluto un típico film de terror o de misterio. No tiene un ritmo trepidante, no depara grandes sustos, no intenta sacar gran partido de sus elementos góticos (el panteón y el cementerio), y la investigación policial apenas tiene presencia. Lo que hace que sea especial es la poesía y el desasosiego que transmiten sus imágenes en blanco y negro: la abnegada ayudante buscando a sus víctimas por la ciudad; las operaciones a las que somete el cirujano a las muchachas, extirpándoles el rostro; la última y simbólica escena, que confirma que nos acaban de contar una historia de amor asfixiante de un padre por su hija, cuya liberación ha de ser inevitablemente trágica; y, sobre todo, esa imagen recurrente e inolvidable de unos ojos que nos miran a través de una máscara, y que nunca volverán a tener un rostro.

LAS MENTIRAS DE LA NOCHE de Gesualdo Bufalino

Contemporáneo de Leonardo Sciascia y de Italo Calvino, el esbufalino1critor italiano Gesualdo Bufalino no goza de tanta popularidad en nuestro país en parte porque comenzó a publicar a los sesenta años, y sólo gracias a la insistencia de Sciascia. En 1981 vio la luz Perorata del apestado (Diceria dell´untore), a la que siguieron otras cinco novelas y un volumen de relatos, que colocarían a Bufalino en primera línea de las letras italianas hasta su muerte en 1996.

        Una de esas magníficas novelas es Las mentiras de la noche (Le menzogne della notte, 1988), cuyo planteamiento podría hacerla pasar por una novela histórica de misterio de las que tanto abundan hoy, pero ahí se acaban las comparaciones: cuatro condenados a muerte por intentar asesinar al rey (un soldado, un poeta, un estudiante y un aristócrata)  pasan su última noche antes de la ejecución en una fortaleza sobre una isla. Se les ofrece la posibilidad de salvarse si uno de ellos deposita en una urna el nombre real del jefe de la conspiración, apodado Padreterno, y ninguno de ellos sabrá quién le ha delatado. Para pasar las largas horas de esa última noche, cada uno contará la mejor historia de sus vidas.

        Co966229534n una larga tradición a sus espaldas (se pueden encontrar influencias de Las mil y una noches, El Decamerón, o del Calderón de La vida es sueño y El gran teatro del mundo), Bufalino teje una novela sobre verdades y mentiras, realidades y ficciones, sobre el hombre y Dios y la vida como una gran mascarada. Pero lejos de ser un aburrimiento filosófico, Las mentiras de la noche es una maravilla del entretenimiento y de la elegancia narrativa:

        “Si es así, nada es cierto. Peor aún: nada es, cualquier hecho es un cero que sólo puede salir de sí mismo. Apócrifos todos nosotros, pero también apócrifo quien nos dirige y refrena, quien nos mal junta o divide: metafísicas nadas, nosotros y él, mezclados a capricho por un reincidente extravío; narizotas de carnaval sobre cráneos llenos de agujeros y de ausencia…”

        “Lo sabré dentro de un instante y en el mismo instante ya no sabré que lo sé. Cuando, ceñido entre las piernas el fusil, con el pie en el gatillo y entre los labios el cañón, la frente envuelta en la blanca bandera, oiga como un grito de Dios el fragor del disparo en el silencio del universo.”

        Traducción de Joaquín Jordá.         

        Publicado por Editorial Anagrama.

DESGRACIA de John Maxwell Coetzee

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A finales de mes se estrena la adaptación cinematográfica, protagonizada por John Malkovich, de la novela Desgracia (Disgrace, 1999) de J.M.Coetzee, para mí su mejor obra junto a Esperando a los bárbaros (Waiting for the barbarians, 1980) y la que le reportaría su segundo Booker Prize. El Nobel, probablemente uno de los menos discutidos, le llegaría en 2003.

        Desgracia nos cuenta la historia de David Lurie, un profesor de cincu9780099284826enta y dos años que se ha dejado llevar por una vida que no le satisface. Tras una aventura con una alumna deja la universidad, abandona Ciudad del Cabo y se va a visitar a su hija Lucy, que vive en una granja y con la cual ha perdido el contacto. Al poco de llegar es agredido y su hija violada por tres hombres, y este violento suceso hará que David choque con una realidad que no conocía. A partir de aquí conocerá mejor la esencia de su país y de las personas, comenzará a encontrarse a sí mismo y a su memoria, y comprenderá que a veces es necesario desprenderse de todo tu equipaje material e intelectual para comenzar de nuevo.

        Recuerdo que leí Desgracia de un tirón en una noche, como si fuera una buena novela de misterio con asesino dentro al que descubrir. Pero aquí no había asesino. Lo que hay es una prosa adictiva, que te agarra y no te suelta, que consigue que vivas con los personajes en lugar de sólo leer lo que les ocurre, y que te deja planchado en la última frase. Muchos son los autores que escriben bien, pero no tantos los que consiguen eso.

                 Traducción de Miguel Martínez-Lage.

                 Publicado por Ed. Mondadori.

LA CHICA CON LA MALETA (1961) de Valerio Zurlini

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Con algunas actrices ocurre que son suplantadas para siempre en la memoria por uno de los personajes a los que interpretaron. Para mí, Audrey Hepburn siempre será  la Ariane del film de Billy Wilder; Joan Fontaine -cómo no-, la Lisa de ese monumento al cine que es Carta de una desconocida; Anna Karina, la prostituta Nana de Vivir su vida; Julie Christie -faltaría más-, la inolvidable Lara de Doctor Zhivago…Y Claudia Cardinale, la inocente y seductora Aida de La chica con la maleta (La ragazza con la valigia).

        Esta no demasiado conocida película del aún menos popular directolocandinar italiano Valerio Zurlini es la historia de una cantante de orquesta que es engañada por un tipo que le promete dinero y fama para luego dejarla tirada con su maleta. Siguiéndole la pista, conocerá a Lorenzo (Jacques Perrin), el hermano menor, que se enamora de ella e intenta ayudarla. Pero las circunstancias y las diferencias de edad y de clase social terminarán separándoles.

        Pocas veces una actriz y su personaje se han adueñado, como en esta película, de todos y cada uno de los planos: la escena en que Aida va bajando lentamente la escalera de la casa de Lorenzo mientras éste la observa; la pequeña fiesta en el hotel, en la que Aida se deja seducir por otro mientras Lorenzo se emborracha; la larga escena de la playa y la posterior despedida; y el momento final, con Aida ya completamente sola, sin saber qué va a ser de ella, caminando en la noche hasta salir del plano.

        Sin las estridencias propias de buena parte del cine romántico italiano, con una preciosa fotografía en blanco y negro y las notas del aria Celeste Aida de Verdi, Zurlini consiguió una triste y maravillosa película habitada por un personaje inolvidable, una obra maestra del cine italiano que merece ser revalorizada.

EL CINE SEGÚN HITCHCOCK de François Truffaut

En la actualidad Alfred Hitchcock es considerado, prácticamente por unanimiuser_size_1386dad, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, lo que equivale a ser uno de los mayores artistas del siglo xx. Pero no siempre fue así. Durante la mayor parte de su carrera la crítica norteamericana no lo tomó en serio, tachándolo de artesano, de creador de meros vehículos de entretenimiento de gran éxito popular, pero sin sustancia.

Los cineastas y críticos de la revista francesa Cahiers du cinema fueron los primeros en considerar a Hitchcock como un autor, a la altura del reconocimiento que tenían Renoir, Bergman o Buñuel; Truffaut llegó a decir: “Si el cine fuese una religión, Hitchcock sería el sumo sacerdote”.

A raíz el-cine-seg%C3%BAn-hitchcockde esa admiración, Truffaut y Hitchcock mantuvieron una larga serie de conversaciones que se convirtieron en uno de los libros clásicos sobre cine, revisado y aumentado en diferentes ediciones: El cine según Hitchcock (Le cinema selon Hitchcock, 1966). La edición definitiva repasa toda su filmografía, y trata exhaustivamente las circunstancias de cada película, cómo se elaboraron los guiones, las mejores anécdotas, los aspectos técnicos, el significado del termino “suspense”…Y, sobre todo, ambos realizadores dialogan sobre estética cinematográfica, sobre cómo expresar ideas y sentimientos valiéndose de una cámara.

        El cine según Hitchcock es, además del mejor estudio sobre la obra del director inglés, uno de los grandes homenajes que nacen de la admiración de un cineasta por la obra de otro, en la línea de Nicholas Ray y su tiempo (1986) de Víctor Erice y Jos Oliver, y de Tiempo de vivir, tiempo de revivir (1994), las conversaciones que mantuvo Antonio Drove con Douglas Sirk.

Traducción de Ramón G. Redondo.

Publicado por Alianza Editorial.

AMORES DEL MÁS ALLÁ: EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR (1947) de Joseph Leo Mankiewicz / JENNIE (1948) de William Dieterle / PANDORA Y EL HOLANDÉS ERRANTE (1951) de Albert Lewin

El arte del cine ha tenido a menudo la feliz idea de hacer coincidir sus historias románticas con el mundo irreal, mágico y fantasmagórico del género fantástico. Ejemplos de ello los hay a patadas y, como no sólo de Ghost vive el hombre, ahí van tres de las mejores muestras de lo bueno que puede ser el cine romántico cuando el amor llega desde el más allá.

        El fantasma y la señora Muir (The ghost and Mrs. Muir) MV5BMTI4Mjg5OTY5MF5BMl5BanBnXkFtZTYwNTI5OTk5__V1__SX281_SY400_de Joseph Leo Mankiewicz. La historia de amor entre una joven viuda (Gene Tierney) y el fantasma de un capitán de barco (Rex Harrison) que habita la casa que ella alquila es la película menos intelectual de su autor, la más cálida y cercana, una rareza en la filmografía de Mankiewicz a la altura de sus films más reconocidos. Una de las películas preferidas del escritor Javier Marías, como se puede comprobar en su libro Donde todo ha sucedido.

        Jennie (Portrait of Jennie) de William Dieterle. La película que más le gustaba a Buñuel narra la historia de un pintor sin éxito (Joseph Cotten) que recobrtt0040705_largeCovera la inspiracion al conocer en un parque a una niña (Jennifer Jones) que, en cada nuevo encuentro, se va transformando misteriosamente en una mujer. El pintor se enamora de ella, pero descubre que Jennie encierra una trágica historia.

        Con guión de Ben Hecht, música de Bernard Hermann y fotografía de Joseph H. August (impresionante la escena en que Jennie está patinando, que probablemente tuvo en cuenta Ted Demme para un momento similar, con Natalie Portman, de Beautiful girls), la película es una maravillosa obra maestra recuperada que no tuvo ningún éxito en su momento.

        Pandora y el holandés err01673ante (Pandora and the flying dutchman) de Albert Lewin. Producción británica rodada en Tossa de Mar, adapta la conocida leyenda del holandés castigado a vagar por el mar (James Mason) hasta que una mujer (Ava Gardner) se enamore de él  y le libre así de su maldición.

        Una de las pocas películas que realizó el no demasiado conocido Albert Lewin, con fotografía del gran Jack Cardiff, habitual colaborador del director Michael Powell. Obra de culto, quizá no tan redonda como las dos anteriormente citadas pero con una ambientación onírica y un aliento trágico que atraen irremediablemente.

            El fantasma y la señora Muir está editada en DVD por Fox.

            Jennie y Pandora y el holandés errante están editadas en DVD por

            Regia Films.

BESOS DE MARIPOSA (1994) de Michael Winterbottom

Autor, como Woody Allen, de prácticamente una película al año429114_1020_A, el británico Michael Winterbottom -tachado muchas veces de impersonal por tocar todos los géneros, desde la comedia al cine político, pasando por el western, la ciencia ficción y el cine erótico- es uno de los realizadores más interesantes de la actualidad, aclamado por la crítica sobre todo a raíz de Wonderland (1999). Su primer film, Besos de mariposa (Butterfly kiss), me sigue pareciendo su propuesta más radical y arriesgada, y la mejor junto a la divertidísima 24 hour party people (2003).

         La película cuenta la historia de Eunice, una mujer desequilibrada que busca a una desconocida Judit por bares y estaciones de servicio mientras va dejando un rastro de cadáveres a su paso. En una de las estaciones conoce a Miriam, una inocente chica que se sentirá atraída por ella y lo dejará todo para seguirla en su desquiciada búsqueda.

        Historia de amor criminal y road movie (en algunas críticas negativas se llegó a decir que era una copia de Thelma y Louise o un Asesinos natos lésbico), Besos de mariposa es, por encima de etiquetas, un film sobre el pecado y la redención, plagado de referencias religiosas: la Judit bíblica que decapitó a Holofernes y a la que Eunice busca para que la sacrifique y libre al mundo de su maldad; las cadenas que rodean el cuerpo de Eunice como castigo, y de las que se liberará en el momento del perdón; las referencias a los besos de los ángeles y de las mariposas; Miriam arrastrando el cadáver por el bosque como un Cristo cargando con la cruz y con los pecados de los demás, en una escena maravillosa…

        Afortunadamente Winterbottom consigue una narración y unos personajes que, aunque cargados de simbología, se conservan absolutamente llenos de vida y desasosiego, sin aparecer nunca como meros vehículos para una diarrea ideológica, y logra, en la escena final, uno de esos momentos de cine difíciles de olvidar: Eunice dejándose ahogar por Miriam en el mar, bautizándola para el perdón de sus pecados.

                     Editada en DVD por Karma Films.