CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE (1973) de Richard Fleischer

Richard Fleischer representa uno de los casos más claros de cineasta cuya popular190982_1020_Aidad siempre ha estado muy por debajo de la de sus películas. Muchísimos espectadores han visto y disfrutado sus grandes obras, pero son muchos menos los que podrían relacionarlas con su autor. Nunca ha sido un director-estrella, al estilo de Hitchcock, Welles, Almodóvar o, en su momento, Frank Capra, el primer director cuyo nombre apareció en los créditos por delante del título de la película.

         Fleischer es el responsable de Los vikingos (The vikings, 1958) y El estrangulador de Boston (The Boston strangler, 1968), dos portentosas obras maestras, y de un buen puñado más de magníficas películas. Una de mis preferidas es Cuando el destino nos alcance (Soylent green), una historia a medio camino entre la ciencia-ficción y el policiaco, que si no está a la altura de las dos citadas es en parte porque el argumento detectivesco y su desarrollo no se plasman con la suficiente fuerza en la pantalla, y en parte por esa estética pop que contaminó gran parte del cine norteamericano de los 70 y que aquí aún molesta más que en otras ocasiones, ya que la película pretende mostrar la ciudad de Nueva York en el año 2022.  

        A pesar de todo, el film me parece uno de los más importantes de la filmografía de Fleischer básicamente por dos motivos: la visión del futuro que nos muestra -supongo que presente ya en la novela de Harry Harrison que sirve de base a la película-, con una población hacinada que se alimenta a base de galletas de plancton distribuidas por el gobierno, llamadas soylent green, y donde sólo unos pocos con recursos pueden conseguir en el mercado negro frutas, hortalizas o un trozo de carne que sepan a algo, situación a la que, al paso que vamos, conseguiremos llegar; y la inolvidable escena en que Sol (Edward G.Robinson ya muy enfermo, en el que sería su último papel) se dirige a lo que llaman El Hogar, el edificio donde reciben a la gente que decide morir. Allí, tumbado en una camilla y escuchando música clásica, pasa sus últimos minutos de vida viendo en una gigantesca pantalla las imágenes de cómo era la tierra que el conoció y que ha sido destruida, mientras Thorn (Charlton Heston), impresionado,desde una habitación contigua y a través de un cristal contempla llorando las mismas imágenes por primera vez. Un momento cinematográfico impresionante, que resulta aún más conmovedor por ser el último que interpretó Edward G.Robinson, y que resultaría mucho más efectivo que cualquier documental ecologista.

                          Editada en DVD por Warner.

Anuncios

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: