LOS CUENTOS DEL WHISKY de Jean Ray

Jean Ray es el seudónimo por el que más se conoce al escritor -además de marinerojean_ray_01 y contrabandista- Raymond de Kremer, que alcanzó cierta popularidad gracias a la serie de novelas policiacas protagonizadas por el detective Harry Dickson. Su obra de culto es la novela de terror Malpertuis (1943), llevada al cine en 1971 por un tal Harry Kümel, que para muchos es una joya oculta y que realmente da miedo pero de lo mala que es. En ella aparecía Orson Welles en una de esas breves interpretaciones en las que se limitaba a pasar el cepillo.

       La primera obra que Ray publicó fue Los cuentos del whisky (Les contes du whisky, 1925), una colección de breves relatos, casi anécdotas algunos, con la noche, la niebla y las sombras por escenario. Sus habitantes son marineros, usureros, prostitutas, taberneros, que conviven con seres de otro mundo, reales e imaginarios, demonios, fantasmas, y muertos que vuelven de la tumba para vengarse. Con el whisky como motivo recurrente e hilo conductor de los relatos, entre Los cuentos del whisky hay piezas magistrales como Una mano -que no me extrañaría que hubiese inspirado a Cortázar uno de sus primeros relatos, Estación de la mano (Cortázar, aunqray_1_previewue argentino, nació en Bélgica, como Ray)-, La venganza -que recuerda a El corazón delator de Poe-, o Mujercita amada, perfumada a verbena y El nombre del barco, dos maravillas que combinan el humor y la nostalgia, y que no cuesta imaginarlas filmadas por John Ford.

       En el primero de esos cuentos, una escena de taberna, la ofensa de la que son objeto dos amigos es perdonada porque en labios de una mujer escuchan una canción que les trae tristes recuerdos:

        “Si la artista hubiese cantado Werther, Lohengrin o cualquier otra cosa, la suerte de aquella pandilla de imbéciles, lo bastante incautos como para meterse en un antro de marineros, hubiera estado echada.

        Pero la artista cantó Butterfly, y ello le fue inspirado y ordenado por Dios.

        Y me explico la repentina mansedumbre de los dos granujas, insultados en su miseria por el lujo y por la alegría de los otros.

        El recuerdo de una geisha deshecha en lágrimas, empequeñeciéndose cada vez más en el embarcadero, mientras el vapor huye apresuradamente del puerto encantado, acudió en auxilio de la evocadora en aquel momento tan próximo al crimen.

        Y, con tanta firmeza como en Dios, creo en su gesto fantasmal de amante protegiendo a la bella joven de ojos color malva que cantó tan maravillosamente la inmensa piedad de las muchachas de puerto, una noche, en el Site enchanteur.”

        En el segundo, unos marineros cobran conciencia de su soledad al discutir el nombre que le quieren poner a su barco:

        “-¡Silencio! -dijo Hildesheim-. Este barco se llamará Loute.

        -¿Loute? -inquirí-. ¿Qué diablos significa eso?

        -Es el nombre de una niña -respondió Hildesheim.

        -¡Ah! ¿Qué niña?

        -Una niña rubia que le pide cuentos y céntimos a su padre, una niña que le convierte a uno en un hombre cuando no es más que una maldita mula, una niña por la cual se moriría de hambre cantando de placer, una niña por la cual se iría a robar las estrellas, la luna o el Gaurisankar… Una niña… ¡Ah, miseria divina!

        -Hildesheim, viejo amigo -dijo Bobby Moos en voz muy baja-. ¿Quién es esa Loute?

        -No exite -murmuró Hildesheim como en un soplo-. Es el nombre que hubiera dado a mi hija, si hubiese tenido una habitación con una estufa, y una mesa, y una cama, y una mujer a la que hubiese amado.

        -Somos… unos… vagabundos… -fraseó Bobby Moos-, unos… perros…

        -Loute -susurró Hildesheim.

        Un triple sollozo ascendió, en medio de la oscuridad nocturna, hacia la eterna indiferencia de las estrellas.”

                   Traducción de José Mª Roca.

                   Publicado por Editorial Acervo.

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5 comments so far

  1. Claudia Cortalezzi on

    Jean Ray, un gran autor.
    Me llevó más de diez años conseguir su libro de editorial Acervo. Mientras tanto, me encontré con otra antología suya y con su decective Harry Dickson.
    Me alegra compartir este gusto literario.
    Saludos.
    Claudia

  2. orsonwelles on

    Gracias, Claudia, por pasarte por aquí y por tu comentario. En Barcelona tampoco es fácil encontrar libros de Ray, ni siquiera en las librerías de viejo. Desde luego, sus obras merecen una reedición. Al tiempo. Un saludo.

  3. Antonio on

    Del mismo “Los cuentos del Wiskhy”, en la edición de Acervo -que leí en 1973- recomiendo encarecidamente también el cuento “A medianoche”, un prodigio de sensibilidad en tres páginas, donde el mismo marinero de “El nombre del barco” recibe una visita nocturna y, a la luz de una vela, rememora con tristeza su vida. Insuperable.
    Tengo también en mi biblioteca la versión original en francés, “Les contes du whisky”, de la editorial belga Marabout, pero aprecio más la precisión de la traducción española de José María Aroca (no “Roca”).
    Recomiendo igualmente el cuento de Jean Ray “El albergue de los espectros”, que salió en una revista de los años 60 que se titulaba Relatos de Angustia y Terror, de una editorial ya desaparecida llamada Petronio, cuento que tiene un final espeluznante, pese a que ocurre a plena luz del día.
    Saludos.

  4. orsonwelles on

    Hola, Antonio. En mi edición el apellido del traductor es Roca, supongo que se trata de una errata. Gracias por pasarte por aquí y por tu comentario. Saludos.

  5. beto on

    hola por aqui peru es tambien deficil encontrar sus obras, son buenasas y entretenidos,


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