Archive for 27 noviembre 2009|Monthly archive page

LA MUERTE DE BELLE de Georges Simenon

Afortunadamente la literatura de Georges Simenon -y la de otros compañeros de género como Patricia Highsmith, con quien tanto tiene que ver- ha ido revalorizándose en los últimos tiempos y colocándose en el lugar que le corresponde. Cada vez se le considera menos un escritor de novelitas policiacas y más un gran narrador con un universo propio que, adscrito a un género, no está tan lejos del tan valorado existencialismo, con Sartre y Camus a la cabeza. A riesgo de acabar en la hoguera por hereje, Simenon me parece mejor novelista que los dos grandes santones de la literatura existencialista, pero posiblemente no le benefició demasiado de cara a la crítica “seria” adoptar un género como disfraz para sus dramas humanos, ser carne constante de cinematógrafo (cuando el cine estaba mucho menos considerado que la literatura, cosa que no estoy muy seguro que haya cambiado), y ser capaz de escribir novela tras novela como quien hace churros.

        La muerte de Belle (La mort de Belle, 1951), llevada al cine por Édouard Molinaro en 1961, es una de sus novelas que más me gustan, y en ella aparecen varias de las constantes de la narrativa de su autor. Cuenta la historia de Spencer Ashby, un anodino profesor cuya vida acomodada y sin sobresaltos junto a su esposa se ve alterada al encontrarse en su propia casa el cadáver de la joven Belle, que se alojaba por unos días con el matrimonio. Ashby, el principal sospechoso, comienza a sentirse acosado por la comunidad y por recuerdos vergonzosos de su pasado, e incapaz de controlar la situación y sus propios pensamientos acaba cometiendo realmente un crimen.

        Como en otras de sus novelas, no es el asesinato de Belle ni la investigación que descubra al culpable lo que le interesa mostrar a Simenon, sino cómo la realidad de una persona, sedimentada e impermeable durante años, puede venirse abajo por la aparición de un elemento extraordinario que no se puede dominar. Y lo consigue con una de las prosas más serenas que conozco, capaz de describir de igual modo la rutina de un almuerzo y la violencia de un asesinato, pero transparentando toda la tensión que puede haber en ambas situaciones. Sólo un grande como Simenon puede mostrar desde el mismo inicio, y en sólo unas pocas líneas, el acoso que siente un personaje a lo largo de toda una novela:

“Ocurre que, en su casa, un hombre va y viene, hace los gestos familiares, los gestos de todos los días, distendiendo los rasgos para sí mismo, y que, alzando de pronto la vista, percibe que las cortinas no están corridas y que desde fuera le observa la gente.”

        La muerte de Belle me parece una de las más felices paradas en el descubrimiento de la novelística de Simenon, y que ésta sea inagotable, lejos de ser un obstáculo, nos ofrece la posibilidad de regresar, una y otra vez, a la escena del crimen.

               Traducción de Mauro Armiño.

               Publicada por Tusquets.

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AQUÍ EMPIEZA NUESTRA HISTORIA de Tobias Wolff

Hace pocos meses apareció traducida al español una antología de los mejores cuentos del gran narrador estadounidense Tobias Wolff, amigo del más popular entre nosotros Raymond Carver, y cuyos recuerdos de infancia y adolescencia fueron llevados al cine por Michael Caton-Jones en Vida de este chico (This boy´s life, 1993), con Leonardo Di Caprio. El relato que prestaba su título a la selección, Aquí empieza nuestra historia, formaba parte originalmente del libro De regreso al mundo (Back in the world, 1985), y ya destacaba entre el magnífico conjunto.

        Wolff nos propone en su cuento un juego literario, una historia en la que caben muchas otras, desde la que nos presenta el narrador hasta las que imagina el personaje principal, pasando por las que otros cuentan y que se mezclan y se transforman en las de sus propias vidas. Como si de muñecas rusas se tratase, tras una historia siempre puede aparecer otra, y otra más, porque los personajes de Aquí empieza nuestra historia son además creadores de ficciones, lo cual nos hace pensar a los lectores cuánto tenemos de ambas cosas y dónde comienza realmente nuestra historia.

        “Sabía que en alguna parte, allí fuera, un barco se dirigía a puerto a pesar del solemne aviso, y mientras caminaba Charlie se imaginaba arrodillado en la proa, con un farol en la mano, atento a la luz que brillaba justo ante él. Cualquier distracción desvanecida. Demasiado vigilante para tener miedo. La lengua humedeciendo los labios, los ojos muy abiertos, listo para avisar en esta niebla cambiante, que en cualquier momento podía revelar cualquier cosa.”

            Traducción de Maribel de Juan.

             Publicado por Alfaguara.

LOS INÚTILES (1953) de Federico Fellini / CALLE MAYOR (1956) de Juan Antonio Bardem

Considerada por el propio Fellini como la película que salvó su carrera de cineasta, tras los fracasos de Luces de variedades (Luci di varietà, 1950) y El jeque blanco (Lo sceiro bianco, 1951), Los inútiles (I vitelloni), con guión del propio Fellini y de Ennio Flaiano, describe la tranquila vida de una pequeña ciudad -la Rimini natal de Fellini- donde un grupo de jóvenes ve pasar los días sin mayor aspiración que ir medrando entre romances, fiestas y bromas. Sólo Moraldo, el personaje que actúa como observador y trasunto del cineasta, decide despertar y largarse a buscar otro futuro en la capital.

        En Calle Mayor, basada en la obra de Carlos Arniches La señorita de Trevélez (1916), el entonces prestigioso director Juan Antonio Bardem cuenta la triste historia de Isabel (impresionante Betsy Blair), una solterona de 35 años sin apenas vida social en una pequeña ciudad de provincias, que es víctima de una trágica broma por parte de Juan, quien, convencido por sus amigos (unos tipos sin aspiraciones, que pasan el tiempo de café en café y matan su aburrimiento gastando bromas pesadas, y que bien podría ser los inútiles del film de Fellini al cabo de unos años), le hace creer que está enamorado y quiere casarse con ella. Federico, el escritor amigo de Juan que viene de Madrid para ayudarle a salir del problema -y que, como Moraldo en Los inútiles, es el personaje que elige otra vida-, acaba confesándole el engaño a Isabel, ya definitivamente rota y sin esperanzas en su regreso a casa, bajo la lluvia y las miradas, por la Calle Mayor. 

        Con una mirada más amable y nostálgica en el caso de Fellini, y mucho más dramática y crítica en el de Bardem, ambos cineastas muestran la adormecida vida en dos grises ciudades de la Italia y la España de la época, a través de unos personajes cuyas ilusiones, si alguna vez las tuvieron, se han quedado en el camino. Vistas hoy, Los inútiles me parece una de las mejores películas de su autor, por encima de otras con mayor prestigio, y Calle Mayor es, además del mejor film de un cineasta que no llegó tan lejos como apuntaba, una de las cimas del cine español

            Los inútiles está editada en DVD por Suevia.

            Calle Mayor está editada en DVD por Divisa.

KUROSAWA. Un documental sobre la vida del maestro

Como complemento a la autobiografía de Kurosawa que desde hace ya varios años tenemos a nuestro alcance en su traducción al español, nada mejor que echarle un vistazo a este extenso documental, dirigido por Adam Low, que nos acerca aún más la vida y las películas de quien es considerado, junto a Mizoguchi, Ozu y Naruse, uno de los cuatro grandes del cine japonés, y el más accesible a la mirada occidental.

        A través de la narración de Sam Shepard y los testimonios del propio cineasta, su familia, y varios de sus colaboradores, las imágenes nos muestran los momentos más decisivos de la vida de Kurosawa -la estricta educación recibida, el suicidio de su hermano, la crisis tras el fracaso de su propia productora al estrenar Dodes´ka-Den (1970), que le lleva a no encontrar financiación en su propio país y a un intento de suicidio, etc- y de su trayectoria como director, desde sus inicios como guionista en films propagandísticos y los primeros trabajos como realizador durante la guerra y la ocupación estadounidense, pasando por sus grandes obras maestras -que descubren el cine japonés a gran parte de la crítica europea y que son, algunas de ellas, objeto de remakes-, hasta sus últimos films producidos en el extranjero, con capital soviético Dersu Uzala (1975) y con capital norteamericano (Lucas, Coppola y Spielberg) desde Kagemusha (1980) hasta Madadayo (1993), su testamento cinematográfico.

           Editado en DVD por Filmax.

EL CARNICERO (1969) de Claude Chabrol

Crítico de la revista cahiers du cinéma, cineasta de la nouvelle vague, amantbouchere de la buena comida y el buen vino, y admirador de Hitchcock y Lang, Claude Chabrol continúa hoy en día al pie del cañón, estrenando nueva película cada dos o tres años. Las dos últimas, Borrachera de poder (L´ivresse du pouvoir, 2006) y Una chica cortada en dos (La fille coupée en deux, 2007) -cuyo argumento, basado en un hecho real, ya había sido llevado al cine por Richard Fleischer en la magnífica La muchacha del trapecio rojo (The girl in the red velvet swing, 1955)-, no son de lo mejor de su filmografía, pero de uno de los grandes del cine que aún quedan en activo siempre se puede esperar que vuelva a sorprendernos.

        La que sí es realmente buena, y además muestra varias de las constantes del mejor cine de Chabrol, es El carnicero (Le boucher), retrato de la relación entre el carnicero (Jean Yanne) y la maestra (Stephane Audran) de un pequeño pueblo cuya rutinaria vida se ve alterada por el asesinato de varias chicas.

       A Chabrol no le interesa demasiado mostrar la violencia de los asesinatos ni la investigación policial (no es ésta una película de misterio, aunque en algunos momentos se recurra a él), sino el encuentro entre dos personas que tienen en común la soledad, la incomunicación, y el recuerdo de pasadas experiencias que les han dejado marcados, y que descubren el uno en el otro alguien en quien apoyarse. Como en la literatura de Georges Simenon -a quien Chabrol adaptó en Los fantasmas del sombrerero (Les fântomes du chapelier, 1982) y Betty (1992)- en El carnicero el crimen actúa como detonante, alterando la vida cotidiana de una comunidad, recuperando los fantasmas de un pasado que parecía olvidado, y mostrando la verdadera cara de las relaciones humanas.

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        Tras quince portentosos minutos en que pasamos por el terror y el drama sin que Chabrol apenas varíe el ritmo inicial tan característico de su cine, la película termina con uno de esos planos que hacen grande a un cineasta, y que muestra como pocos, a través del rostro de Stephane Audran, el desconcierto y la soledad de un personaje.

              Editada en DVD por Suevia.  

 

EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO (1960) de Michael Powell

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Cuenta la leyenda que Lady Godiva, allá por el siglo XI, se paseó por las calles de Coventry a lomos de su caballo con su larga cabellera rubia por toda vestimenta. Todos los vecinos debían cerrar sus ventanas para no verla, pero el sastre Tom no pudo evitar echar un vistazo, tras lo cual quedó ciego. A raíz de la leyenda, en Inglaterra a un mirón se le denomina Peeping Tom.

        El mirón y aspirante a director de cine Mark Lewis (Carl Boehm), creado por Michael Powell y el guionista Leo Marks en El fotógrafo del pánico (Peeping Tom), es bastante menos inofensivo que el pobre sastre de Coventry, ya que se dedica a inmortalizar con su cámara el miedo que provoca en el rostro de sus víctimas justo antes de asesinarlas. Pero como Powell y Marks tampoco tenían nada de inocentes, El fotógrafo del pánico no es sólo una película de miedo y sobre el miedo, sino también -y ante todo- una reflexión perversa sobre el cine, sobre los directores que, a través de una cámara, captan historias ajenas, y sobre nosotros que, como espectadores -representados por el personaje de Helen (Anna Massey)-, nos asomamos a ellas.

        Destrozado en su momento por una crítica que lo consideró demasiado enfermizo y escandaloso, el film queda hoy como una de las propuestas más singulares y controvertidas de la historia del cine, repleta de detalles impresionantes -los planos de Mark mirando a través de la ventana de su vecina, o el momento en que besa el objetivo de su cámara para que guarde el inocente beso de Helen-, y a la que ni siquiera el molesto psicoanálisis, que tanto daño hizo a muchas películas, consigue perjudicar demasiado.

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        Como en el caso de su prima-hermana La ventana indiscreta (Rear window, 1954), de Alfred Hitchcock -igual de venenosa, pero con filtro-, la influencia de El fotógrafo del pánico ha sido enorme, desde Blow up (1965) -uno de los habituales tostones de Antonioni- hasta Tesis (1995), de Amenábar, pasando por el cine de Brian De Palma. Y no me extrañaría que Almodóvar la hubiese tenido en cuenta cuando planificó la escena de Los abrazos rotos (2009) en que Penélope Cruz se despide de José Luis Gómez desde una pantalla.

             Editada en DVD por Universal.

ONIBABA (1964) de Kaneto Shindo

Ahora que el cine fantástico que nos llega de Asia está tan de moda, no estaría de más ronibaba_poster_jecuperar algunos clásicos como los del cineasta japonés Kaneto Shindo, que con films como Onibaba y Kuroneko (1968) le otorgó al género una mayoría de edad que se echa de menos en muchas producciones actuales.

        Onibaba cuenta la historia de una mujer y su nuera que sobreviven durante una guerra asesinando y saqueando a los samurais perdidos que aparecen por sus tierras. La llegada de un joven soldado, al que la muchacha comienza a visitar por las noches, hará que salgan a la luz los celos entre las dos mujeres. Para evitar los encuentros de los dos jóvenes, la mujer aterrorizará a su nuera haciéndose pasar por un demonio de la noche, gracias a la horrible máscara que llevaba uno de los samurais a los que asesina.

        Con una utilización maravillosa de la pantalla ancha y una espectacular fotografía en blanco y negro que consigue transformar en personajes la lluvia, el viento y la vegetación, el film de Shindo consigue aterrorizar mostrando, en un ambiente de pobreza y superstición, los más primarios instintos. El crimen, los celos, el deseo sexual, la desesperación y el miedo a lo desconocido llevan a las dos mujeres a olvidar su condición humana, y la maldición de la máscara de un samurai muerto será la portadora del castigo, en una escena final de una intensidad impresionante.

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        Film eminentemente físico y con una gran carga erótica, Onibaba recupera elementos tradicionales de la literatura fantástica. Como en el cuento de Jean Ray Josuah Güllick, prestamista (en este caso, un anillo), un objeto sobrenatural se introduce en la realidad para castigar la maldad; y como en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, el castigo marcará en el rostro del protagonista las huellas de su pecado.

             Editada en DVD por Filmax.

BILLY WILDER, UN HOMBRE PERFECTO AL 60%

El documental Billy Wilder, un hombre perfecto al 60% (Portrait of aunhombreperfecto_dvd “60% perfect” man: Billy Wilder, 1979), dirigido por Annie Tresgot, nos ofrece la entrevista que Michel Ciment realizó al cineasta en su oficina de Santa Monica Bulevard y en su apartamento de Westwood. La cosa no da para mucho, ya que apenas dura una hora, pero siempre es un placer escuchar a un tipo como Wilder contar anécdotas de su vida y su oficio.

        El cineasta que se definió a si mismo como “un hombre perfecto al 60 %” repasa ante la cámara su infancia, sus años en Berlín como periodista -entrevista frustrada a Freud incluida-, sus primeros guiones en Alemania, y su huída a París tras la llegada al poder de los nazis, donde dirige Curvas peligrosas (Mauvaise graine, 1934), con Danielle Darrieux. Una vez en Hollywood, Wilder se suma a la “cadena de montaje” de los guionistas y escribe, entre otras, La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard´s eighth wife, 1938) y Ninotchka (1939) para Lubitsch, Medianoche (Midnight, 1939) y Si no amaneciera (Hold back the down, 1941) para Mitchell Leisen, y Bola de fuego (Ball of fire, 1941) para Hawks. Pasa entonces a comentar su debut como director, sus relaciones con los actores, su colaboración con el director artístico Alexandre Trauner, o cómo nacieron algunos de sus proyectos, como El apartamento (The apartment, 1960), cuya idea original parte del film de David Lean Breve encuentro (Brief encounter, 1945). Y como regalo aparecen de vez en cuando Walter Matthau y Jack Lemmon contando anécdotas de su relación con Wilder y, de paso, haciendo un poco el ganso, lo cual siempre se agradece.

          Editado en DVD por Suevia.  

 

FILOSOFÍA A MANO ARMADA de Tibor Fischer

Si nos ciñéramos estrictamente a los cánones podríamos quedarnos con la sensacitibor_fischerón de que la buena literatura ha de ser necesariamente triste, como si el oficio de escritor llevara incorporado un unamuniano sentimiento trágico de la vida. Las novelas del británico Tibor Fischer se empeñan en llevarle la contraria a esta regla no escrita -como habrá comprobado quien haya leído su reciente última obra, Quién fuera Dios (Good to be God, 2008)-, y nos deparan a la vez el placer de la lectura y el sano ejercicio de echarnos unas risas.

        Filosofía a mano armada (The thought gang, 1994) cuenta las andanzas del ex profesor de filosofía Eddie Féretro (¿homenaje a los detectives “Ataúd” Johnson y “Sepulturero” Jones, creados por Chester Himes?), holgazán, borracho, pervertido, y ciudadano modelo, que ha de huir a Francia al ser perseguido por la policía. Allí conoce al estrafalario ex convicto Hubert, y juntos deciden dedicarse a robar bancos, aunque siempre de la manera más educada y divertida posible. Y entre atraco y atraco (llegan a robar tranquilamente en el mismo banco dos veces), Eddie nos va recordando su hilarante pasado -las semblanzas de sus abuelos no tienen desperdicio-, e intenta encontrarle explicaciones a los disparates que le ocurren mediante una filosofía de andar por casa.

        FisheFilosofia%20a%20mano%20armadar no deja en la novela títere con cabeza, y con las armas de la ironía, el absurdo y el humor más grueso -sobre todo en el descacharrente fragmento en que Eddie es objeto de las atenciones del pervertido camionero que le recoge cuando hace autostop, y en la sesión de espiritismo, con el espíritu del filósofo Hipónax despachándose a gusto a través de la médium Madame Lecercle-, y toda la tradición de la novela picaresca a las espaldas, arremete contra la educación universitaria, la policía, la banca, y demás estamentos que consiguen que cada vez sea más difícil encontrarle una explicación al mundo en que vivimos.

        “Tuve un instante de elevación y medité introspectivamente acerca de tantos otros grupos de deshonestidad y perjuicio que eluden la atención policial: agentes inmobiliarios, políticos, albañiles, presidentes de organizaciones internacionales, dentistas: los sospechosos más obvios. Es indudable que, por ejemplo, si reunidos en una pradera se acordonara a todos los vendedores de autos usados y se los ametrallara debidamente, el mundo sería un lugar más habitable. Una conducta como ésa está relativamente mal vista en los círculos académicos, pero no deja de ser un mejoramiento de lo más efectivo si uno ametralla a la gente apropiada.

        El robo de bancos, si se lleva adelante filosóficamente, no hace daño a nadie. Emocionamos. Entretenemos. Estimulamos la economía. Aceleramos los corazones. Provocamos pensamiento. Y además, incuestionablemente, es una mera ilusión. Uno se lleva el dinero, pero ¿dónde va a parar? A un banco. Como el agua, el dinero está atrapado en un ciclo, se mueve de banco en banco. Sólo lo sacamos fuera para que le dé un poco el aire fresco.”

        Pura filosofía.

                   Traducción de Cecilia Absatz.

                   Publicada por Tusquets Editores.

CHARADA (1963) de Stanley Donen

Es muy posible que una película como Charada (Charade) nunca ocupe un puesb70-9705to en ninguna lista de las mejores películas de la historia, y probablemente no lo merezca si nos atenemos a su importancia en el desarrollo del cine, su influencia posterior, la ausencia de interpretaciones intelectuales en su argumento, y demás razones que nos importan más bien poco cuando nos sentamos ante la pantalla. Aunque nos hagan disfrutar una y mil veces, este tipo de films seguirá viéndose desplazado por el prestigio de egregios castigos firmados por Resnais, Pasolini, Bertolucci, Antonioni o, incluso, Robert Altman. Y es que, a veces, el género humano merece todo el aburrimiento que le caiga encima.

        Charada es, sencillamente, un fiestón para los que buscan una buena historia que les mantenga clavados a la butaca durante un par de horas. Desde su inicio, con la escena que sirve de prólogo, los fantásticos títulos de crédito, la música de Henry Mancini, y el plano de una pistola apuntando a Audrey Hepburn, la película de Donen es como una montaña rusa que no da un momento de respiro. En el impresionante guión de Peter Stone -basado en una historia del propio Stone y de Marc Behm, autor de esa esa joya de la novela negra que es La mirada del observador (The eye of the beholder, 1980)- caben la intriga, la acción, el humor, el romanticismo, las sorpresas constantes y unos cuantos cadáveres, y el resultado, de la mano de Donen, es un manual de ritmo cinematográfico al que ni se acercan las películas actuales del género. Y, cómo no, al frente de un reparto de lujo (Walter Matthau, James Coburn, George Kennedy), Cary Grant y Audrey Hepburn, él veinticinco años mayor y qué más da.

        Donen intentó repetir la fiesta tres años después con Arabesco (Arabesque, 1966), pero la cosa no acabó de cuajar. Yo, desde luego, volveré de vez en cuando a repetirla.

              Editada en DVD por Universal.