EL CARNICERO (1969) de Claude Chabrol

Crítico de la revista cahiers du cinéma, cineasta de la nouvelle vague, amantbouchere de la buena comida y el buen vino, y admirador de Hitchcock y Lang, Claude Chabrol continúa hoy en día al pie del cañón, estrenando nueva película cada dos o tres años. Las dos últimas, Borrachera de poder (L´ivresse du pouvoir, 2006) y Una chica cortada en dos (La fille coupée en deux, 2007) -cuyo argumento, basado en un hecho real, ya había sido llevado al cine por Richard Fleischer en la magnífica La muchacha del trapecio rojo (The girl in the red velvet swing, 1955)-, no son de lo mejor de su filmografía, pero de uno de los grandes del cine que aún quedan en activo siempre se puede esperar que vuelva a sorprendernos.

        La que sí es realmente buena, y además muestra varias de las constantes del mejor cine de Chabrol, es El carnicero (Le boucher), retrato de la relación entre el carnicero (Jean Yanne) y la maestra (Stephane Audran) de un pequeño pueblo cuya rutinaria vida se ve alterada por el asesinato de varias chicas.

       A Chabrol no le interesa demasiado mostrar la violencia de los asesinatos ni la investigación policial (no es ésta una película de misterio, aunque en algunos momentos se recurra a él), sino el encuentro entre dos personas que tienen en común la soledad, la incomunicación, y el recuerdo de pasadas experiencias que les han dejado marcados, y que descubren el uno en el otro alguien en quien apoyarse. Como en la literatura de Georges Simenon -a quien Chabrol adaptó en Los fantasmas del sombrerero (Les fântomes du chapelier, 1982) y Betty (1992)- en El carnicero el crimen actúa como detonante, alterando la vida cotidiana de una comunidad, recuperando los fantasmas de un pasado que parecía olvidado, y mostrando la verdadera cara de las relaciones humanas.

boucher07

        Tras quince portentosos minutos en que pasamos por el terror y el drama sin que Chabrol apenas varíe el ritmo inicial tan característico de su cine, la película termina con uno de esos planos que hacen grande a un cineasta, y que muestra como pocos, a través del rostro de Stephane Audran, el desconcierto y la soledad de un personaje.

              Editada en DVD por Suevia.  

 

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2 comments so far

  1. FATHER CAPRIO on

    Lo que me impactó del film es como Chabrol integra el asesinato en la existencia cotidiana de una comunidad y también como renuncia a ser Dios y juzgar al asesino. Quizás sea, como apuntas, porque en el fondo lo importante no es el crimen sino las soledades existenciales y sus consecuencias.
    Es una película motable, sin ninguna duda.
    Saludos

  2. orsonwelles on

    Los elementos que apuntas están muy presentes en las obras de Simenon, al que parece que ya se le empieza a reconocer lo gran novelista que fue. Saludos, y gracias por volver por aquí.


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