Archive for 31 enero 2010|Monthly archive page

AL ROJO VIVO (1949) de Raoul Walsh

Para algunos será la trilogía de El Padrino (The Godfather, 1972/74/90) de Coppola; para otros Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) de Scorsese; los más clásicos seguirán pensando que Scarface, el terror del hampa (Scarface, shame of a nation, 1932) de Hawks aún no ha sido superada. Para mí la mejor película de gángsters es Al rojo vivo (White heat), la historia de Cody Jarrett buscando por todos los medios la cima del mundo. Prohibido pestañear.

        En el film de Walsh no hay montajes paralelos, ni tiroteos coreografiados, ni lecturas shakesperianas ni planos congelados. El personaje principal no es un moderno Robin Hood, ni un tipo abocado al crimen por las circunstancias, ni un héroe de vuelta de todo con un halo romántico. Tampoco hay aquí moralina barata, ni mensaje a los ciudadanos honrados para que confíen en que la policía siempre gana a los malos. Y, desde luego, no hay asomo de típica historia de amor metida con calzador. En Al rojo vivo hay una banda de asesinos y atracadores al mando de un chalado enfermo, un niño con una pistola, dependiente de una madre tan despiadada como él, y casado con una Virginia Mayo que ronca y que se la pega con otro de la banda que aspira a ser el jefe. Cadáveres y traiciones a la orden del día. Y al otro lado los polis (Edmond O´Brien, enorme como siempre), que intentan por todos los medios borrar a Jarrett y a su banda del mapa. Muerto el perro se acabó la rabia. No hay más. Violenta, trepidante, y sin concesiones para la galería, Al rojo vivo abre nuevos caminos que pronto transitarán, entre otros, Robert Aldrich o Don Siegel. 

        Y aunque el guión, el montaje y el ritmo son absolutamente redondos, la película está en deuda con Cagney, dueño y señor de la función. Cagney metiéndole cuatro balazos al maletero de un coche, mientras se come una pata de pollo, porque dentro hay un tipo al que le falta el aire (¿se basaría Scorsese en esta escena para el inicio de Uno de los nuestros?); su careto y su mirada tras una puerta entreabierta, a punto de liquidar al traidor Ed; y, cómo no, Cagney gritando por fin: “¡Lo conseguí, Ma! ¡La cima del mundo!” antes de saltar por los aires, en uno de los mejores finales que se hayan visto.

        Cody Jarrett consigue, finalmente, alcanzar la cima del mundo -aunque no precisamente la que buscaba-, y Walsh, con esta película, la cima del cine.

              Editada en DVD por Warner.

Anuncios

MUERTE EN LA RECTORÍA de Michael Innes

Los que somos aficionados a la literatura criminal, o de misterio, o como se le quiera llamar, a menudo nos sentimos decepcionados con el desenlace de muchas novelas. Nos han obligado a robarle horas al sueño, a pasar una página más, y otra, buscando nuevas pistas y aceptando caer en nuevas trampas, deseosos de descubrir por fin el quién, el cómo y el porqué. Pero entonces llega la desilusión, porque el autor parece haber elegido al culpable al azar, eliminando al resto de personajes y escogiendo uno a dedo, sin una razón que nos satisfaga. La maquinaria perfecta que deberían ser las novelas y relatos del género comienza entonces a hacer aguas, y a los cinco minutos de haberla terminado nos olvidamos de esa historia que tanto prometía y del buen rato que nos ha hecho pasar.

        Uno de los autores a los que me refiero es la francesa Fred Vargas, una magnífica escritora que consigue mantenernos en vilo durante horas sin que tengamos que esforzarnos, pero a la que le suelen fallar las últimas quince páginas, el momento de redondear el círculo. Seguiré leyéndola, porque pocos escritores del género consiguen como ella hipnotizarte desde la primera página, pero sabiendo de antemano que no es oro todo lo que reluce.

        En la otra liga, en la que juegan los autores que hacen honor a lo que se ha llamado novela-problema y cuyos desenlaces acostumbran a ser la guinda que corona el entretenidísimo pastel, están mis autores preferidos. El imprescindible Chesterton, Gaston Leroux, o John Dickson Carr son algunos de ellos. Incluso la tantas veces subestimada Agatha Christie se cuela a veces en el equipo, sobre todo con la magnífica El asesinato de Roger Ackroyd (The murder of Roger Ackroyd, 1926).Y, desde luego, el escocés Michael Innes, profesor universitario, editor de Montaigne, y escritor de novelas y relatos en los que, como diría Gila, “aquí alguien ha matado a alguien”.

        La primera novela que escribió Michael Innes es Muerte en la rectoría (Death at the President´s lodging, 1944). El rector de la Facultad de San Antonio es asesinado en su habitación, cerrada con llave. Los demás profesores son los sospechosos, y todos pueden tener una razón para cometer el crimen, y todos tienen algo que ocultar. Se establece entonces, durante unos días y en un espacio cerrado, un juego de inteligencias, una batalla intelectual entre el detective Appleby y los profesores, que no se lo pondrán nada fácil al investigador. Entretenimiento asegurado y un final que responde a las espectativas.

        Y si alguien decide seguir la pista del crimen, en la selección realizada por Borges y Bioy Casares Los mejores cuentos policiales puede volver a encontrarse con Innes, esta vez con el magnífico relato La tragedia del pañuelo (Tragedy of a handkerchief).

              Traducción de María Celia Velasco.

              Publicada por Punto de Lectura.

LET´S GET LOST (1988) de Bruce Weber

Hacia el final de Let´s get lost un anciano y agotado Chet Baker le pide a su público, que hasta el momento no ha sido demasiado respetuoso con su música, que guarde silencio “because, you know, it´s one of those tunes”. Comienza entonces a acariciar la letra de Almost blue, almost doing things we used to do…almost you…almost me…Es un primer plano del rostro ajado de Chet Baker, blanco y negro, el micrófono casi pegado a la voz, la boquilla de la trompeta -esta vez no la hará sonar- muy cerca de los labios, como en un gesto del que ya no puede desprenderse, los ojos siempre cerrados…Al terminar la canción el público, respetuoso esta vez, comienza a aplaudir. Y nosotros con él. Es uno de los grandes momentos de jazz recogidos por una cámara.

        En Let´s get lost hay conciertos y grabaciones, mucho jazz, locales nocturnos en los que casi podemos oler el humo, muchas mujeres y mucha velocidad, mil anécdotas, playas sin sol. Las vidas en blanco y negro de Chet Baker, los éxitos y el fracaso, sus rostros y su sonrisa y su mirada. Casi tristes.

        Pocos meses después del estreno de la película, el hombre que susurraba canciones se tiraba por una ventana de un hotel de Amsterdam. Almost blue…almost me…

        Si os gusta el cine, el jazz, la mejor fotografía en blanco y negro, o simplemente cualquier noche os sorprende pelín tristones, no dejéis de verla, no dejéis que Chet Baker y Let´s get lost pasen de largo. Y escuchadla. En silencio.

               Editada en DVD por Avalon. 

       

       

PENNIES FROM HEAVEN (1981) de Herbert Ross

El musical, uno de los géneros de mayor éxito en la historia del cine norteamericano, ha sido casi totalmente borrado de las pantallas. Que yo recuerde, el último intento serio de realizar un gran film del género fue Chicago (2002) de Rob Marshall, pero no me entusiasmó demasiado. Todo lo contrario que Pennies from heaven (no confundir con la película de igual título de 1936, dirigida por Norman Z. McLeod y protagonizada por Bing Crosby), que me parece el último de los grandes musicales hasta la fecha.

       El film de Herbert Ross es además uno de los más originales y arriesgados, ya que, aunque tiene momentos cómicos, es un dramón ambientado en los tiempos de la Gran Depresión, en el que la pobreza, la desesperación, el crimen y la pena de muerte se condimentan con unas coreografías y una banda sonora de las que hacen época. Probablemente esa extrañeza que puede despertar a primera vista, unida a la presencia de actores y actrices poco habituales en el drama y el musical como Steve Martin y Bernadette Peters, fuera la causa de que más de uno se quedara desconcertado en su momento y la película resultara un fracaso, pero siempre ha tenido sus fieles defensores que la hemos considerado una obra maestra a reivindicar. Y es que ver a un Christopher Walken completamente desatado cantando, bailando, y haciendo un strip-tease sobre la barra de un local, o al pobre Vernel Vagneris que, tras abrirse las cristaleras de un bar como si fueran el telón de un escenario, interpreta el tema que da título al film mientras llueven monedas del cielo, es más que suficiente para que Pennies from heaven merezca más complicidades de las que obtuvo hace ya casi treinta años.

        There´s a world on both sides of the rainbow where songs come true

        and everytime it rains, it rains…pennies from heaven.

DAMAS DEL TEATRO (1937) de Gregory La Cava

La pensión Candilejas es la puerta al escenario, el sitio donde las muchachas que aspiran a convertirse en actrices esperan una ocasión de demostrar su talento, una oportunidad que las convierta en damas del teatro. Mientras la oportunidad llega subsisten actuando en locales nocturnos, fingen cariño como chicas de compañía, se dejan engatusar por empresarios sin escrúpulos, se critican y se ayudan, se odian y se quieren, y nos hacen reír con unos vertiginosos diálogos que son de lo mejor del género en los años 30. La última en llegar (Katharine Hepburn) será la primera en triunfar, pero involuntariamente provocará el suicidio de otra de las muchachas, una actriz que tuvo su efímero momento de gloria pero a la que ya no ofrecían ningún papel (el plano en el que sube las escaleras para tirarse por una ventana es impresionante). El drama interrumpiendo la comedia. La vida estropeando el guión, que diría Mankiewicz. Pero la rutina vuelve enseguida a la pensión Candilejas, y a ella siguen acudiendo las muchachas que sueñan con triunfar algún día.

        Damas del teatro (Stage door) es una de las grandes comedias del hoy demasiado olvidado Gregory La Cava, y uno de los mejores films sobre el mundo del teatro junto a Eva al desnudo (All about Eve, 1950) de Mankiewicz, Cómicos (1953) de Juan Antonio Bardem, y Opening Night (1977) de John Cassavetes, a los que habría que añadir las originales propuestas de Louis Malle en Vanya en la calle 42 (Vanya on 42nd Street, 1994) y de Al Pacino en Looking for Richard (1996), que proponen sacar el teatro a la calle y acercarlo al gran público.

            Editada en DVD por Manga Films.

BAY CITY BLUES de Raymond Chandler

Además de sus grandes novelas protagonizadas por el detective Philip Marlowe, capitaneadas por la imprescindible El largo adiós (The long goodbye, 1953), Raymond Chandler escribió numerosos relatos policiacos que publicaba en revistas como Black Mask o Dime Detective Magazine. Cuatro de ellos están reunidos en el volumen Asesino bajo la lluvia y otros relatos, entre los que destaca Bay City Blues (1938), una gozada protagonizada por el detective Johnny Dalmas, pero en la que secundarios como el patrullero corrupto Al De Spain, el poli de homicidios Violetas M´Gee, y el periodista Muñeco Kincaid le comen la merienda literaria.

        No importa demasiado si uno acaba perdiéndose en la trama (con Chandler no es extraño), porque lo que realmente deslumbra es la descripción de los ambientes, la caracterización de sus personajes, y los diálogos, que son joyas del humor más sarcástico. Y en cuanto a diálogos, a Bay City Blues hay que darle de comer aparte. Chandler está considerado como uno de los grandes de la novela negra, pero debería aparecer también en cualquier antología del humor en la literatura. Sin ir más lejos, la película El sueño eterno (The big sleep, 1946) siempre me ha parecido, antes que una gran obra del cine negro, una de las mejores comedias de Howard Hawks.

        “Apoyé un brazo en el mostrador, y un hombre de paisano sin chaqueta y con una sobaquera que parecía del tamaño de una pata de palo sujeta a las costillas apartó un ojo de su periódico, dijo “¿Sí?” y acertó de lleno en una escupidera sin mover la cabeza ni una pulgada.

        -Busco a un tipo que se llama Muñeco Kincaid -dije.

        -Ha salido a comer. Yo le guardo el sitio -dijo con voz firme y sin emociones.

        -Gracias. ¿Tienen aquí una sala de prensa?

        -Sí. También tenemos retrete. ¿Quiere verlo?

        -Tranquilo, hombre -dije-. No pretendo meterme con su ciudad.

        Hizo sonar de nuevo la escupidera.

        -La sala de prensa está al final del pasillo. No hay nadie. Muñeco estará a punto de volver, si no se ha ahogado en una gaseosa.”

           Traducción de Juan Manuel Ibeas.

           Asesino bajo la lluvia y otros relatos está publicado por Alianza Editorial.

UP (2009) de Pete Docter y Bob Peterson

Hace ya unos cuantos años que algunas de las mejores películas nos llegan desde un cine de animación que recupera los géneros tradicionales para enriquecer sus historias y que aprovecha al máximo las posibilidades del lenguaje cinematográfico, convirtiéndose en el mayor representante actual del cine clásico, de la narrativa clara y sencilla.

        Up es la última maravilla de este cine de animación. Con ella volvemos al cine mudo, cuando nos cuenta, sin un solo diálogo, la historia del matrimonio protagonista, en unos pocos minutos que son todo un curso de cine; recuperamos el western, en la escena en que los perros, como un grupo de indios, rodean a los protagonistas en las montañas; recuperamos también el cine de aventuras a lo Robin Hood, los abordajes de las películas de piratas, las aventuras exóticas tipo Indiana Jones, el cine jurásico, etc, etc. El film es todo un mosaico cinéfilo que se disfruta como si estuviéramos ante algo totalmente nuevo.

        Y Up es además un homenaje al cine del realizador japonés Hayao Miyazaki, admirado por los directores de Pixar. Los combates aéreos de Porco rosso (1992) y, por supuesto, la idea que da origen a El castillo ambulante (2004), están también presentes en esta obra maestra del cine de la última década.

             Editada en DVD por Disney-Pixar.