Archive for 25 febrero 2010|Monthly archive page

LAS DIABÓLICAS (1955) de Henri-Georges Clouzot

Nunca he entendido demasiado la persecución a la que fue sometido Clouzot en su momento por gran parte de la crítica, aunque es de suponer que el tipo de películas que realizaba en la Francia cinematográfica de los Renoir, Bresson, Becker y compañía, y el hecho de que se le comparara con Hitchcock, que para muchos críticos franceses era el sumo sacerdote del cine, no debió de beneficiarle mucho. Odiosas comparaciones aparte, Clouzot nos dejó un buen puñado de magníficas películas, con El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953) y Las diabólicas (Les diaboliques) a la cabeza.

        Las diabólicas es un film a caballo entre el policiaco y el terror, con magníficos detalles visuales que definen a los personajes o nos avanzan escenas posteriores, pero que contiene también grandes dosis de crítica social, mala leche y humor negro, y audacia en la presentación de las relaciones, características ya presentes en El cuervo (Le corbeau, 1943), su película más polémica, prohibida durante muchos años.

        En esta historia de crímenes y macabras alianzas, en la que nada es lo que parece y que guarda varias vueltas de tuerca, Clouzot es capaz de sacarle el máximo partido a los escenarios, a la ambientación, a una piscina en la que no aparece un cadáver que sí debería, a una fotografía en la que sí aparece alguien que no debería, a un traje que vuelve de entre los muertos, a un baúl que pesa demasiado y que logra que nos acordemos de La soga (Rope, 1948) de Hitchcock, y a un guiño final en el guión inesperado y genial. Y a pesar de que, una vez vista, ya conozcamos todas las sorpresas que nos depara, la película resiste perfectamente nuevas visitas, porque siempre aparece algún nuevo detalle en el que no habíamos reparado. Lástima que, para que los malos no se salgan con la suya, haya que meter al policía con calzador; no he leído la novela en que se basa la película, pero en ésta el personaje, tanto en su presentación como en sus posteriores apariciones, resulta completamente inverosímil.

        Al parecer Hitchcock se interesó por la novela de Boileau y Narcejac en que se basa el film, pero Clouzot se le adelantó. Resulta demasiado fácil asegurar que el cineasta inglés lo habría hecho aún mejor, pero viendo el desastre que llevó a cabo un tal Jeremiah S. Chechick en su versión de los noventa -con Chazz Palminteri, Sharon Stone e Isabelle Adjani en los papeles que habían interpretado Paul Meurisse, Simone Signoret y Vera Clouzot (esposa del director)- más nos valdría  limitarnos a apreciar el film de Clouzot en lo que se merece.

               Editada en DVD por Avalon (Filmoteca FNAC).

DE TAN SENZILL, NO T´AGRADARÀ de Salvador Espriu

Ayer se cumplía el 25 aniversario de la muerte de Salvador Espriu, uno de los más grandes poetas de la literatura catalana. Aquí os dejo el poema De tant senzill, no t´agradarà, que pertenece al libro de 1954 El caminant i el mur (Edicions 62).

Cansat de tants de versos que no fan companyia

-els admirables versos de savis excel-lents-,

i de mirar com passa l´emperador tot nu,

i del gran plany del vent, aquest vell adversari,

i de l´excés de mi, sense missatge,

ara us diré, amb paraules ben clares,

amb crit elemental, lluny d´artifici,

que vull només parar-me en el camí,

ja decantat amic de l´última injustícia,

i ajaçar-me per sempre, sempre recança, mort,

damunt la bona terra.

ME SOBRA EL CORAZÓN de Miguel Hernández

Para celebrar el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, Serrat ha vuelto a poner música y voz a varios de sus poemas, pero como sigue sin hacerlo con uno de mis preferidos lo dejo aquí por si alguien no lo conociera, ya que Hernández no lo incluyó en ninguno de sus libros y no figura en muchas de sus antologías. No es precisamente idóneo para alegrar el día, pero la mejor poesía no suele serlo.

Me sobra el corazón

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,

hoy estoy para penas solamente,

hoy no tengo amistad,

hoy sólo tengo ansias

de arrancarme de cuajo el corazón

y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,

hoy es día de llantos en mi reino,

hoy descarga en mi pecho el desaliento

plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.

Y me busco la muerte por las manos

mirando con cariño las navajas,

y recuerdo aquel hacha compañera,

y pienso en los más altos campanarios

para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?…no sé por qué,

mi corazón escribiría una postrera carta,

una carta que llevo allí metida,

haría un tintero de mi corazón,

una fuente de sílabas, de adioses y regalos,

y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.

Tengo la pena de una sola pena

que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos

y no puedo tenderlos hacia más.

¿No veis mi boca qué desengañada,

qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:

cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy

padeciendo por todo

mi corazón, pecera melancólica,

penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy descorazonarme,

yo el más corazonado de los hombres,

y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo

me perdono la vida cada día.

UN PEZ EN EL HIELO de Ricardo Piglia / VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS de Cesare Pavese

ricardo_pigliaEn el relato Un pez en el hielo, añadido posteriormente por Ricardo Piglia a su libro La invasión (1967), el personaje Emilio Renzi -protagonista de otros cuentos del autor y de la extraordinaria novela Respiración artificial (1980)- viaja a Turín para escapar de un desengaño amoroso, siguiendo los pasos del diario que dejó escrito el narrador y poeta Cesare Pavese, indagando en sus últimos días y en las causas que le llevaron al suicidio, en una habitación de hotel, el sábado 26 de agosto de 1950. La ficción y la historia más íntima de la literatura se unen en un gran cuento con el cual Ricardo Piglia nos recuerda al gran escritor italiano, cuyos últimos versos que conocemos fueron alguien que intentó / pero no supo.

        Aquí os dejo el poema Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, uno de los últimos que escribió Pavese en 1950.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos-                  

esta muerte que nos acompaña

de la mañana a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o un vicio absurdo. Tus ojos

serán una palabra vana,

un grito acallado, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando te inclinas sola ante el espejo.

¡Oh querida esperanza,

también nosotros aquel día

sabremos que eres la vida y la nada!

La muerte tiene una mirada para todos.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como abandonar un vicio,

como ver que emerge de nuevo

un rostro muerto en el espejo,

como escuchar un labio cerrado.

Descenderemos al remolino, mudos.

 

La invasión está publicada en Anagrama.

La poesía de Cesare Pavese está publicada en Visor.

AUTOBIOGRAFÍA, un poema de Luis Rosales

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Miembro de la generación del 36 junto a Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco o Miguel Hernández, y reconocido sobre todo por su extenso poema La casa encendida, el poeta granadino Luis Rosales siempre ha resultado una figura controvertida por su ideología política, cercana a la Falange. Pero como afortunadamente la política y la poesía tienen poco que ver, aquí os dejo un poema de su libro Rimas, por el que recibió el Premio Nacional de Literatura en 1951.

AUTOBIOGRAFÍA

COMO EL NÁUFRAGO METÓDICO QUE CONTASE LAS OLAS

QUE LE BASTAN PARA MORIR;

y las contase, y las volviese a contar, para evitar

errores,

hasta la última,

hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre

la frente,

así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de

cartón en el baño,

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería.

 

Publicado por Cátedra.

CAMELOT (1967) de Joshua Logan

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Los aficionados al cine a los que no les gusta demasiado Camelot suelen argumentar que la película es infantil, ingenua y en muchos momentos ridícula. Y en parte tienen razón. La historia del niño Arturo, al que apodan Verruga, que se convierte en rey sin pretenderlo, del rey Arturo que sigue siendo un niño y que subido a los árboles sueña con la utopía de un reino perfecto, en el que desaparezcan las guerras y los caballeros recojan flores junto a sus damas al son de las canciones de Lerner y Loewe, y donde los conflictos sean solucionados ante un tribunal y no a base de golpes, es maravillosamente infantil, maravillosamente ingenua y, por tanto, en absoluto ridícula. Y afortunadamente nunca abandona del todo ese traje de cuento imposible. Ni siquiera cuando la película se oscurece y se vuelve triste, y Arturo y Ginebra bailan y giran como dos críos hasta terminar mirándose sabiendo que su tiempo se acaba. El amor entre Lancelot y Ginebra y las intrigas de Mordret consiguen que los caballeros de la tabla redonda se rebelen y se levanten en armas. La Arcadia con que soñaba Arturo ya no será posible. Camelot se desmorona.

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Pero por suerte no todo está perdido. Antes de la batalla final aparece un chico que dice haber oído hablar de Camelot y de su tabla redonda, y que quiere servir al rey. Arturo le nombra caballero y le aleja del campo de batalla. Y le grita que corra y que cuente lo que una vez fue Camelot, y que nunca lo olvide. Arturo ha ganado su batalla. Y entonces, desde el mismo instante en que la música se eleva de nuevo sobre las imágenes, justo antes de que la magia desaparezca y volvamos al mundo real, sabemos ya que Camelot será para siempre una de las películas de nuestra vida.

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LA GRAN GUERRA (1959) de Mario Monicelli

1337581693-49-la-grande-guerraMientras el cine de Fellini, Visconti, Rossellini o De Sica acaparaba el prestigio -muchas veces merecido- y los puestos de honor en las listas de las grandes películas, la comedia italiana iba produciendo un sinfín de maravillosas historias. Magníficos directores, guionistas de inacabable imaginación, y una lista infinita de prodigiosos actores principales y secundarios consiguieron que desde hace ya tiempo la comedia -acompañada a menudo de una gran carga crítica más o menos obvia- sea considerada por muchos el género por antonomasia de la cinematografía italiana, con el gran Nanni Moretti como actual heredero.

Uno de los grandes cultivadores de este género fue Mario Monicelli, quien después de hacer la insuperable Rufufú (I soliti ignoti, 1958), consiguió con La gran guerra (La grande guerra), producida por Dino de Laurentiis, otra de sus mejores y más divertidas películas. Cuenta las andanzas de dos pícaros (Vittorio Gassman y Alberto Sordi, nada menos) que, a pesar de sus intentos por librarse, acaban enrolados en el ejército italiano durante la I Guerra Mundial. Su cobardía, sus engaños, sus escaqueos y sus peleas dan lugar a situaciones y diálogos absolutamente descacharrantes, sobre todo de parte de un Gassman que es capaz de ensombrecer a cualquier actor que le acompañe. Pero en el tramo final del film, y sin perder de vista la comicidad, ahora más ligera, los horrores de la guerra y la pérdida de los compañeros hacen que el drama pase a ocupar un primer plano, y les da la oportunidad a nuestros dos personajes de actuar con valor por primera vez y convertirse en anónimos héroes.

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Y si a alguien le apetece doble ración casera, puede continuar con Todos a casa (Tutti a casa, 1960) de Luigi Comencini, también producida por de Laurentiis. Ambientada ésta en la II Guerra Mundial, es otra magnífica película que combina la comedia y el drama, con Alberto Sordi acompañado esta vez por Serge Reggiani.

Editada en DVD por Sogemedia.

UN COUPLE PARFAIT (2005) de Nobuhiro Suwa

Apoyándose en el cuento de Joyce Los muertos (The dead), Roberto Rossellini contaba en Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1953) el viaje a Nápoles en plena crisis matrimonial de Alexander y Katherine Joyce (precisamente), interpretados por George Sanders y la por entonces esposa del cineasta Ingrid Bergman. Cuatro años después, Rossellini y Bergman se separaban.

        Supongo que el director japonés Nobuhiro Suwa tendría muy presente la película de Rossellini a la hora de realizar en Francia Un couple parfait, su visión sobre los problemas de pareja que bien podría haberse titulado Voyage à Paris. El film muestra la convivencia de un matrimonio a punto de divorciarse durante los días que pasa en la capital francesa, en una habitación de hotel en la que una puerta les separa aunque permanezca abierta, su relación con los amigos tras revelar la noticia, sus rencores y su cariño, sus peleas y reconciliaciones, sus conversaciones muchas veces absurdas pero, por eso mismo, tan reales, la contradicción tan humana de no poder seguir juntos pero, a la vez, no poder separarse. Con una cámara casi siempre fija que parece haberse colado en los lugares donde transcurre la historia y que contempla lo que ocurre como un testigo mudo, sin participar en el drama (me recuerda mucho a la manera de filmar de Jaime Rosales, sobre todo en La soledad (2007)), y que en contadas ocasiones invade la intimidad de los personajes con primerísimos planos, Nobuhiro Suwa consigue con Un couple parfait uno de los retratos más veraces sobre los momentos difíciles por los que pasa un matrimonio, y la mejor película de una filmografía todavía joven pero ya con un sello cinematográfico inconfundible.

              Editada en DVD por Intermedio.

SEVEN MEN FROM NOW (1956) de Budd Boetticher

El guionista Burt Kennedy y el cineasta Budd Boetticher reconocían que la mejor escena que habían escrito y dirigido respectivamente pertenecía a Seven men from now. Es la escena nocturna (maravillosamente iluminada) en que los cuatro protagonistas están tomando café dentro de una carreta. El pistolero Masters (Lee Marvin) explica una historia que, en realidad, es lo que les está ocurriendo a los otros tres personajes. Miradas y gestos que anticipan buena parte de lo que ocurrirá después, en uno de mis momentos preferidos del género.

        Budd Boetticher fue uno de los grandes directores de westerns, y en su filmografía destacan los siete que rodó con Randolph Scott como protagonista. Son films breves, pequeñas historias, itinerarios personales magníficamente narrados y dialogados. Seven men from now es el primero de ellos y uno de los mejores, y una buena muestra de cómo trabajaban Boetticher y Kennedy. El film comienza con una noche lluviosa y Randolph Scott entrando de espaldas en el plano. Se dirige al lugar donde dos hombres acampan alrededor de una fogata. Tras un café y un breve diálogo repleto de insinuaciones, que bien podría pertenecer al cine negro, Boetticher cambia a un plano de los caballos y entonces oímos los disparos. La película, a los amantes del género, ya nos ha atrapado. A partir de aquí iremos conociendo poco a poco -a través de las acciones de los personajes que van apareciendo, de lo que dicen y de lo que callan- el origen de la historia, lo que no se nos ha mostrado. Muchos cineastas habrían filmado una película de dos horas con la historia completa. Boetticher demuestra no sólo que no era necesario, sino que funciona mucho mejor así.

        Con un Lee Marvin que, como siempre, se sale, y una guapísima Gail Russell en el mejor papel de su corta carrera (la encontraron muerta en su cama, a los 36 años, rodeada de botellas de vodka), esta crónica sobre una venganza y sobre un cofre repleto de dinero es una pequeña obra maestra del western, y demuestra que con pocos medios y en poco más de una hora se puede contar una buena historia de la mejor manera posible.

                 Editada en DVD por Paramount.

LOS SIETE MENSAJEROS de Dino Buzzati

De Dino Buzzati se recuerda sobre todo El desierto de los tártaros (Il deserto dei Tartari, 1940), una de mis novelas preferidas, llevada al cine por Valerio Zurlini en 1976, y cuya influencia se puede seguir hasta una de las mejores novelas de Coetzee, Esperando a los bárbaros (Waiting for the barbarians, 1980).

        Además de extraordinario novelista, Buzzati es uno de los mejores escritores de relatos que conozco. Algunos son realistas y otros de corte más fantástico, pero en ellos siempre trata algún aspecto de la condición humana: el amor, el paso del tiempo, el miedo, las consecuencias de la guerra,…Varios de mis preferidos presentan a un personaje dominado por un destino del que, inexplicablemente, no puede liberarse, y que actúa de una manera que puede parecernos absurda. Quizá una de las frases del cuento El colombre pueda hacernos comprender mejor la naturaleza de sus acciones: “Grandes son las satisfacciones de una vida laboriosa, holgada y tranquila, pero aún mayor es la atracción del abismo.”

        Uno de esos textos cuyo eje central es el destino se titula Los siete mensajeros, apenas cinco páginas, pero he leído pocos relatos que me parezcan tan enigmáticos y atractivos, tan absolutamente perfectos. El protagonista parte a explorar el reino de su padre, a descubrir sus confines, acompañado de siete jinetes, siete mensajeros, que irán volviendo a la ciudad a llevar y a recoger las nuevas noticias. Pero pasan los años, los mensajeros van y vuelven cubriendo distancias cada vez más largas, pero nuestro personaje no encuentra el final de ese viaje que ha escogido como motivo de su vida. 

        “Volverá a marcharse por última vez. Con lápiz y papel he calculado que, si todo va bien, yo continuando el camino como he hecho hasta ahora y él haciendo el suyo, no podré volver a ver a Domingo hasta dentro de treinta y cuatro años. Para entonces yo tendré setenta y dos. Pero comienzo a sentirme cansado y es probable que la muerte se me lleve antes. Por tanto, no podré volver a verlo nunca más.

        Dentro de treinta y cuatro años (antes más bien, mucho antes) Domingo vislumbrará de forma inesperada las hogueras de mi campamento y se preguntará cómo es que entre tanto he recorrido tan poco camino. Igual que esta noche, el buen mensajero entrará en mi tienda con las cartas amarilleadas por los años, llenas de absurdas noticias de un tiempo ya sepultado; sin embargo, al verme inmóvil, tendido sobre el lecho, con dos soldados flanqueándome con antorchas, muerto, se detendrá en el umbral.”

        “Mañana por la mañana una esperanza nueva me arrastrará todavía más adelante, hacia esas montañas inexploradas que las sombras de la noche están ocultando. Una vez más levantaré el campamento mientras por la parte opuesta Domingo desaparece en el horizonte llevando a la ciudad remotísima mi inútil mensaje.”

             Traducción de Javier Setó.

             Publicado por Alianza Editorial.