Archive for 25 julio 2010|Monthly archive page

UNA HISTORIA INMORTAL (1968) de Orson Welles

Orson Welles ya había intentado llevar al cine en diversas ocasiones algunos relatos de la baronesa Karen Blixen, conocida literariamente como Isak Dinesen, una de sus autoras preferidas y a quien llegó incluso a escribir una carta de admirador que aún se conserva pero que nunca le envió, aunque finalmente sólo pudo llegar a adaptar La historia inmortal (The immortal story), un extenso texto incluido en la colección Anécdotas del destino (Anecdotes of destiny, 1958). El proyecto que inicialmente querían llevar a cabo Welles y la productora francesa era adaptar varios cuentos de la escritora danesa para estrenarlos como serie de televisión, pero, como tantas veces le ocurrió a Welles, el asunto naufragó, aunque en esta ocasión sí consiguió terminar y estrenar simultáneamente en cine y televisión el primero de los episodios previstos, de apenas una hora de duración.

        El cuento y la fiel adaptación de Welles tienen como protagonista a Charles Clay, un rico y ambicioso comerciante de Macao (recreada sin ningún desfilfarro en el pueblo madrileño de Chinchón), quien tras escuchar una leyenda que va de boca en boca entre los marineros se propone, con la ayuda de su fiel criado, convertirla en realidad, pagando a una mujer (Jeanne Moreau) y a un joven marinero para que se conviertan en los personajes de la historia. Pero el destino le tendrá preparada una sorpresa que tiene que ver con su pasado.

        

     

        La película consiguió por fin unir a dos grandes artistas que tenían en común el gusto por las historias fantásticas (la primera parte de La historia inmortal, con el criado Elishama leyéndole a Clay en sus noches de insomnio, recuerda a Las mil y una noches), por la fábula y la leyenda. Welles le prestó su voz al narrador y su presencia al protagonista, un personaje que se cree todopoderoso y quiere llegar a ser Dios, manejando a las personas como marionetas para convertir la fantasía en realidad, y que pasa a engrosar la lista de personificaciones del poder, con Charles Foster Kane, Hank Quinlan y Gregory Arkadin a la cabeza, a las que dio vida uno de los grandes genios del siglo xx.

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AMIGOS APASIONADOS (1949) de David Lean

La historia del cine está repleta de grandes injusticias cinéfilas, de películas relegadas a un olvido tan grande como el talento de quienes las filmaron. Amigos apasionados (The passionate friends), una absoluta maravilla del cine romántico, es una de las muchas obras maestras que realizó David Lean a pesar de su corta filmografía y, a la vez, una de las menos vistas y aún menos citadas. Quizá la razón de ese olvido sea que tiene varios aspectos en común con su hermana mayor Breve encuentro (Brief encounter, 1946), una de las mejores películas de siempre y cuya mención, como ocurre demasiado a menudo con otros films, suele barrer de un plumazo todo el cine de Lean anterior a sus grandes superproducciones.

        Adaptación de la novela homónima de Herbert George Wells (sí, el mismo de La máquina del tiempo o El hombre invisible) a cargo del gran Eric Ambler, con Ann Todd y Trevor Howard como protagonistas, el film cuenta, al igual que hacía Breve encuentro y con el mismo actor, una historia de amor adúltero, aunque aquí cobra mucho mayor protagonismo la figura del marido (inmenso, como siempre, Claude Rains), hacia quien, curiosamente, irá dirigida nuestra simpatía, y su estructura es mucho más compleja, narrando el romance a través de varios años con continuos saltos en el tiempo. Repleta de pequeños detalles memorables y de escenas de una elegancia insuperable (Ann Todd despidiéndose de Trevor Howard desde el balcón, observada por nosotros y por Claude Rains a través de las cortinas, o el instante en que ella piensa en el suicidio en el andén del metro), con tiempo incluso para un momento de puro suspense, protagonizado por Claude Rains y unos prismáticos, que habría filmado sin dudar el mejor Hitchcock, Amigos apasionados demuestra de nuevo que, desde sus inicios hasta su testamento cinematográfico con Pasaje a la India (A passage to India, 1984), David Lean fue, sencillamente, uno de los más grandes.

        Quizá sólo el nuevo aficionado al cine que viera ahora Breve encuentro Amigos apasionados, sin tener ni idea del enorme prestigio de la primera y del absurdo olvido de la segunda, podría valorar realmente si existe tanta diferencia entre ambas y hasta qué punto se ha sido injusto con esta maravillosa película.

               Editada en DVD por Filmax.

Literatura con balón (y 2): ARQUEROS, ILUSIONISTAS Y GOLEADORES de Osvaldo Soriano

Periodista, novelista, escritor de cuentos, futbolista en su juventud y seguidor de San Lorenzo de Almagro, el argentino Osvaldo Soriano escribió a lo largo de su vida un buen puñado de relatos con el deporte rey como protagonista. Recopilados en el libro Arqueros, ilusionistas y goleadores (1996), nos ofrecen una visión del fútbol muy alejada de la que impera hoy en día, atendiendo siempre a su lado más humano, entre lo cómico y lo nostálgico, mostrando generalmente las dificultades, la derrota y el olvido por encima de las victorias y el éxito. Por sus páginas desfilan los recuerdos del niño que comenzaba a dar patadas a un balón, los inicios del club San Lorenzo, las alucinantes aventuras del hijo del forajido Butch Cassidy como árbitro aficionado a punta de pistola, la derrota de Brasil ante Uruguay en el Mundial de 1950 recordada por el jugador uruguayo Obdulio Varela, las divertidas memorias del Míster Peregrino Fernández, el gol de Maradona con la mano en el Mundial del 86 ante Inglaterra, la crónica del penalti más largo del mundo (relato adaptado al cine en 2005 por Roberto Santiago, con Fernando Tejero como protagonista), y un largo etcétera.

        Mi preferido de entre todos estos relatos posiblemente sea el titulado Arístides Reynoso, la historia del goleador que, en su último partido y antes de hacer definitivamente las maletas, le marca a Boca el gol inolvidable con el que había soñado. Aquí os dejo un fragmento.

        “Años después mostraba con orgullo la cicatriz y juraba no haber abierto la boca para quejarse. No hizo otra cosa que levantarse y seguir porque la pierna lo sostenía todavía y Musimessi, el Arquero Cantor, ya salía a enfrentarlo. Eran tiempos del Glostora Tango Club: tipos de traje y gomina Brancato que escuchaban las charlas de Discépolo; damas y damitas con pollera hasta abajo de la rodilla. Una década insulsa que preludiaba las tormentas que cantarían Beatles y Stones. Cine, radioteatro, salón de té, hipódromo, tango… ¡Cuánto había que esperar a que las chicas se decidieran! ¡Cuánto amor y cuánto odio despertaban Evita y Perón! Todo eso y Arístides Reynoso que pisa el área con las valijas hechas y el pasaje comprado. Viene medio desacomodado y Musimessi ya abre el tren de aterrizaje, cae a sus pies con la camiseta que le marca las costillas. A Arístides le queda una sola: frenar de golpe, tirarla con los talones por encima de la espalda e ir a buscarla, si llega, por la rendija que se abre detrás del arquero. Siente el golpe en la rodilla, sabe de qué se trata, pero escapa y antes de caer por última vez en un estadio porteño, le pega de punta y cierra la valija.”

               Publicado por Seix Barral.

Literatura con balón (1): EL FANTASISTA de Hernán Rivera Letelier

Aún con la futbolera resaca de la victoria en el mundial a cuestas, no es mal momento para rebatir el tópico según el cual literatura y fútbol nunca han hecho buenas migas. Afortunadamente muchos y buenos escritores se han encargado ya de llevar la contraria a los que siguen pensando que quien es capaz de apreciar una buena lectura no va a perder el tiempo viendo a unos tipos de corto disputándose un balón, e incluso algunos, como Nabokov o Camus (suya es la célebre frase “En una cancha de fútbol se juegan todos los dramas humanos”), no sólo apoyaron la pluma sobre el césped, sino que también hicieron sus pinitos en él, ambos como porteros.

        Ejemplos del cariño entre la literatura y el deporte rey los hay a montones. A bote pronto, y sin ser exhaustivo, los españoles Javier Marías, Manuel Vázquez Montalván, Gonzalo Suárez o José Luis Garci, el británico Nick Hornby, o los hispanoamericanos Mario Benedetti, Eduardo Galeano y Roberto Fontanarrosa, quien escribió algunos de los cuentos sobre fútbol (y sobre muchas otras cosas) más divertidos que uno haya leído. También entre los grandes, aunque quizá menos conocidos, están el chileno Hernán Rivera Letelier y su novela El Fantasista (2006), y el argentino Osvaldo Soriano, autor de un buen puñado de maravillosos relatos futboleros.

        El Fantasista cuenta la historia de la eterna rivalidad balompédica entre los pueblos vecinos de Coya Sur y de María Elena. A Coya Sur, cuyo equipo siempre pierde, llega cierto día un extraño personaje, acompañado de un balón y de una mujer tan extraña como él, llamado Expedito González y conocido por el sobrenombre de “Fantasista del balón”. El personaje en cuestión se dedica a ir de pueblo en pueblo realizando exhibiciones con su pelota, que parece formar parte de él, para ganarse unas monedas. Los vecinos del pueblo, ante tamaño talento futbolístico, ven en el visitante al salvador de su honor, e intentan convencerle para que se quede a disputar el gran y último partido contra sus vecinos. Pero el Fantasista, como todo personaje misterioso, lleva consigo un extraordinario secreto.

        Novela tragicómica, a caballo entre lo épico y lo cotidiano, El Fantasista, como gran parte de la literatura de su autor, guarda un enorme sentido religioso, identificando desde el principio la llegada del protagonista con la de un nuevo Jesucristo, un nuevo Mesías salvador y milagroso que les compense al fin por tantas penas deportivas, aunque también puede leerse como un western pampero, en el que el artista del balón vendría a ser el pistolero invencible que aparece para salvar a los lugareños, un Alan Ladd o un Clint Eastwood de rasgos chilenos.

“Todos coincidimos por igual cuando el Fantasista, con un dejo de amargura en su voz cavernosa, dijo que nadie podía decir lo que era el placer si nunca le hizo un gol olímpico al mejor arquero del año; que ninguno podía saber lo que era el júbilo más desatado si nunca gambeteó a tres rivales al hilo y anotó el gol del triunfo en los descuentos de una final del campeonato. Pero de igual modo, ningún cristiano conocía la derrota y la humillación más profunda si no caminó nunca hasta el fondo del arco a buscar la pelota después de hacer un autogol.

        Por último, rematamos todos de acuerdo: nadie había experimentado la angustia de sentirse solo en el universo, hasta haberse parado bajo los tres palos, esperando que lo fusilaran de un tiro penal en el último minuto de juego.

        Aquí hubo un instante de silencio. Un silencio profundo. Como si sobre el camposanto hubiese pasado un ángel con el dedo en los labios. Todos nos quedamos como ensimismados. El Fantasista entonces se incorporó y, en un gesto casi sacramental, se puso a acomodar la corona amorosamente en la cruz del mausoleo.”

              Publicada por Alfaguara.

SIGFRIDO de Harry Mulisch

Sigfrido (Siegfred. Een zwarte idylle, 2001), la última novela hasta la fecha de Harry Mulisch, tiene como protagonista a Rudolf Herter, un famoso escritor y conferenciante que prepara un libro sobre la figura de Hitler y que guarda bastantes paralelismos con el propio Mulisch. Durante uno de sus viajes para dar una serie de conferencias, Herter es reclamado por el matrimonio Falk (al parecer, ese era el apellido de la mujer que se ocupó de cuidar a Mulisch durante su infancia), dos ancianos que estuvieron al servicio de Hitler y Eva Braun durante la 2ª Guerra mundial y que le revelan el secreto que han estado guardando durante todos esos años: Eva Braun dio a luz un hijo de Hitler al que llamaron Sigfrido, y ellos fueron los encargados de cuidarle. 

        Novela sobre una obsesión de consecuencias trágicas, que en muchos momentos adquiere matices propios del género de misterio, y que en su parte final toma partido por lo fantástico al relacionar textos bíblicos y escritos proféticos de Nietzsche con la posterior aparición de Hitler,  Sigfrido es una novela imprescindible para los interesados en una de las figuras más enigmáticas y trístemente célebres de siglo XX, y muy recomendable para quienes hayan considerado leer algo de Harry Mulisch y no se hayan atrevido con la monumental El descubrimiento del cielo (De ontdekking van de hemel, 1992), su novela más reconocida y que en algunas listas de la mejor literatura de la historia ya ha ocupado lugares de privilegio.

“Con su elegante mano reposando sobre el cuello de Blomli -sentado junto al sillón con las orejas aguzadas, como una orgullosa criatura de un mundo más inocente-, Hitler se dirigió a los Falk para decirles que ése era el día más importante de sus vidas, dado que había tomado la decisión de encomendarles una tarea de trascendencia universal. Se quedó unos instantes callado mientra miraba a la jefa, que estaba sentada en el sofá con la cara pálida, entre los oficiales Brückner y Mittlstrasser. 

        -Señor Falk, señora- prosiguió Hitler en tono formal-, voy a revelarles un secreto de Estado: la señorita Braun espera un hijo.”

                  Traducción de Isabel-Clara Lorda Vidal.

                  Publicada por Tusquets.

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN de Antonio Orejudo

A pesar de su, hasta el momento, breve bibliografía, Antonio Orejudo me parece ya uno de los grandes narradores de nuestra literatura, sobre todo si identificamos al narrador como a un contador de historias, cosa que no siempre sucede.

        Ventajas de viajar en tren (2000), su segunda novela, ganadora del XV Premio Andalucía, nos presenta no una sino muchas historias entrelazadas, en un homenaje a la fantasía y a la invención, a la tradición oral de contar trasladada a la sociedad actual. A partir del aparentemente casual encuentro en un tren entre una mujer que acaba de ingresar a su marido y un hombre que se presenta como médico de la clínica, Orejudo despliega una serie de personajes estrambóticos que mienten más que hablan, que casi nunca son lo que parecen y que a su vez cuentan nuevas historias, en un juego de ficción dentro de la ficción, en un baile de máscaras que, página tras página, nos sorprende y nos desconcierta, hasta no saber qué hemos de creer y qué no. Original, divertida, irreverente y con diálogos y situaciones subidos de tono, lo cual hace que sea poco recomendable para el lector pacato, esta breve novela de algo más de cien páginas es ideal para un viaje en tren durante estas vacaciones, si no tenemos cerca algún viajero dormido a quien despertar con nuestras risas. Y aun así siempre podremos demostrarle que una de las ventajas de viajar en tren es que alguien, durante el trayecto, te cuente una fantástica historia.

        “Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda. Imaginemos que este hombre no regresa jamás de su ensimismamiento, y que ella tiene que internarlo en una clínica para enfermos mentales al norte del país. Nuestro libro comienza a la mañana siguiente, cuando esta mujer regresa en tren a su domicilio tras haber finalizado los trámites de ingreso, y el hombre que está sentado a su lado, un hombre joven, de nariz prominente, ojos saltones y alopecia prematura, que viste un traje azul marino y lleva sobre las rodillas una peculiar carpeta de color rojo, se dirige a ella con esta pregunta tan peregrina:

        -¿Le apetece que le cuente mi vida?”

                 Publicada por Alfaguara.