VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN de Antonio Orejudo

A pesar de su, hasta el momento, breve bibliografía, Antonio Orejudo me parece ya uno de los grandes narradores de nuestra literatura, sobre todo si identificamos al narrador como a un contador de historias, cosa que no siempre sucede.

        Ventajas de viajar en tren (2000), su segunda novela, ganadora del XV Premio Andalucía, nos presenta no una sino muchas historias entrelazadas, en un homenaje a la fantasía y a la invención, a la tradición oral de contar trasladada a la sociedad actual. A partir del aparentemente casual encuentro en un tren entre una mujer que acaba de ingresar a su marido y un hombre que se presenta como médico de la clínica, Orejudo despliega una serie de personajes estrambóticos que mienten más que hablan, que casi nunca son lo que parecen y que a su vez cuentan nuevas historias, en un juego de ficción dentro de la ficción, en un baile de máscaras que, página tras página, nos sorprende y nos desconcierta, hasta no saber qué hemos de creer y qué no. Original, divertida, irreverente y con diálogos y situaciones subidos de tono, lo cual hace que sea poco recomendable para el lector pacato, esta breve novela de algo más de cien páginas es ideal para un viaje en tren durante estas vacaciones, si no tenemos cerca algún viajero dormido a quien despertar con nuestras risas. Y aun así siempre podremos demostrarle que una de las ventajas de viajar en tren es que alguien, durante el trayecto, te cuente una fantástica historia.

        “Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda. Imaginemos que este hombre no regresa jamás de su ensimismamiento, y que ella tiene que internarlo en una clínica para enfermos mentales al norte del país. Nuestro libro comienza a la mañana siguiente, cuando esta mujer regresa en tren a su domicilio tras haber finalizado los trámites de ingreso, y el hombre que está sentado a su lado, un hombre joven, de nariz prominente, ojos saltones y alopecia prematura, que viste un traje azul marino y lleva sobre las rodillas una peculiar carpeta de color rojo, se dirige a ella con esta pregunta tan peregrina:

        -¿Le apetece que le cuente mi vida?”

                 Publicada por Alfaguara.

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