LA NOCHE SE MUEVE (1975) de Arthur Penn

Tras la reciente despedida del cineasta Arthur Penn, la mayoría de comentarios sobre su filmografía señalaba La jauría humana (The chase, 1965) y Bonnie and Clyde (1967) como sus dos películas más destacadas. Ambas están, desde luego, entre lo mejor de su irregular filmografía, y posiblemente sean las más importantes e innovadoras, sobre todo en cuanto al tratamiento de la violencia. Aun así, mi preferida siempre ha sido La noche se mueve (Night moves), un film medio perdido entre las obras más populares de su autor, que en algunos estudios sobre el mejor cine negro ni siquiera se cita, pero que a mí me parece una obra maestra mejor incluso que Chinatown, dirigida por Roman Polanski y estrenada un año antes, y que goza de mucho más prestigio.

        Un inmenso Gene Hackman interpreta al detective Harry Moseby -ex jugador de fútbol americano a quien su mujer engaña con otro-, encargado de realizar el, a priori, fácil trabajo de encontrar a una adolescente ligera de cascos (Melanie Griffith) que se ha escapado de casa. Como suele ser habitual en el género, la cosa se complica, los personajes no son lo que parecen y mienten más que hablan, y acaba muriendo hasta el apuntador en un último tercio del film absolutamente frenético y memorable. Pero La noche se mueve es una gran película, ante todo, porque Penn y el guionista Alan Sharp -quien ya había demostrado de lo que era capaz al escribir para Robert Aldrich La venganza de Ulzana (Ulzana´s raid, 1972), otra obra maestra- construyen, a través de unas miradas y unos diálogos impagables, y que nos recuerdan al cine más clásico, una galería de personajes complejos y perfectamente dibujados, perdedores que vagan a la deriva desconcertados porque sus vidas no han resultado ser lo que esperaban, y que probablemente representan, en gran medida, a la sociedad norteamericana de una época de grandes cambios y desengaños. En este sentido, Harry Moseby probablemente sea el detective más humano y frágil de la historia del cine, y el último plano de la película, con la embarcación en la que él se encuentra, agotado y herido, navegando en círculos sin encontrar su rumbo, resulta una perfecta metáfora final para un film que vuelve a demostrar que el cine es grande, sobre todo, en la medida en que lo son sus personajes.

                                  Editada en DVD por Warner.                              

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