EL IMPERIO DEL TERROR (1955) de Phil Karlson

El cine de serie B norteamericano tuvo a menudo la ventaja de poder mostrar, de manera clara y rotunda, ideas y situaciones que en el cine de mayor presupuesto, más enfocado hacia la taquilla, sólo podían ser insinuadas. Algunos grandes cineastas aprovecharon el campo abierto para quitarle la careta a unos cuantos temas tabú y, siguiendo las reglas del cine de género, realizaron grandes películas que poco a poco van siendo redescubiertas y reconocidas. La obra maestra de Phil Karlson El imperio del terror (The Phenix City story), uno de los films física y moralmente más violentos que recuerdo, es uno de los grandes ejemplos.

        La película nos sitúa en una pequeña ciudad estadounidense donde la corrupción campa a sus anchas de la mano de los mafiosos que controlan el juego y la prostitución y que tienen atemorizados a los ciudadanos y sobornadas a las autoridades. La democracia aquí es papel mojado, las elecciones son un fraude, y la violencia como medida disuasoria está a la orden del día. Sólo un pequeño grupo de personas, liderado por un joven que vuelve del ejército, intenta oponerse, primero amparándose en la legalidad y la justicia y, después, viendo que es la única manera, utilizando la misma violencia que los mafiosos emplean contra ellos.

        Apoyándose en unas pocas imágenes de tono documental para señalar que la situación que se muestra ocurre realmente en muchas ciudades, y con una fuerza y una tensión narrativas desbordantes, El imperio del terror denuncia abiertamente la situación de un país en el que todo vale para conseguir enriquecerse y en el que la pasividad de los que gobiernan convierten el sistema en una farsa. Y lo hace recreando de manera cruda y directa la violencia y el racismo que imperan: los mafiosos no dudan en apalizar o matar a sangre fría y en plena calle a toda persona que se les opone o informa sobre sus actividades, e incluso, en una escena durísima y sorprendente, llegan a asesinar a una niña negra y a lanzar su cadáver por la ventanilla de un coche como si fuera basura en señal de advertencia, y los pocos ciudadanos que se enfrentan a ellos, impotentes ante los crímenes y el mutismo de las autoridades, acabarán tomándose la justicia por su mano.

        Ni siquiera el final conciliador y su discursito de cara a la galería consiguen empañar la fuerza transgresora de esta gran película que probablemente dejó huella, con su tratamiento de la violencia como último modo de expresión y su crítica social y política, en la obra de cineastas posteriores.

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1 comment so far

  1. Charlotte on

    Thanks for the useful insight reviews.

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