THE SADDEST MUSIC IN THE WORLD (2003) de Guy Maddin

Año tras año buena parte de la crítica y de los festivales de cine se empeña en descubrirnos a cineastas que, supuestamente, aportan un soplo de aire fresco al anquilosado séptimo arte y revolucionan el marchito lenguaje de la imagen y sus reglas narrativas: son los nuevos gurús del cine. Sus nombres son reverenciados en pedantes tertulias cinéfilas y, a juzgar por los elogios y los premios recibidos, parece que de haber nacido cincuenta años antes Orson Welles y John Ford habrían empeñado su cámara y se habrían dedicado a la fontanería o al asunto del andamio. ¿De verdad que no has visto aún sus películas? ¿A qué coño esperas? Si sigues siendo un ignorante durante unos meses más corres el grave riesgo de que estos genios caigan en el olvido sin que hayas citado ni una sola vez sus habitualmente impronunciables nombres. Tendrás entonces que seguir buscando ese remedio infalible contra tu habitual insomnio, mientras sigues escuchando las campanadas a medianoche y vuelves a recordar qué verde era tu valle.

        Pero como, parafraseando al Borges lector de Lovecraft, la curiosidad sigue pudiendo más que el miedo, uno acaba siempre por encontrar algo que vale la pena entre tanta mandanga disfrazada de innovación. Y no es que Guy Maddin vaya a engrosar la lista de mis cineastas de cabecera ni que me disponga a recomendar sus películas a diestro y siniestro, pero en el poco cine suyo que he visto, especialmente en The saddest music in the world, sí he encontrado lo suficiente como para creer que no estoy ante otra tomadura de pelo.

        Con la ayuda en el guión del gran escritor británico Kazuo Ishiguro, con unas gotas del David Lynch más extravagante y del Fellini más circense, recuperando buena parte de los recursos cinematográficos del cine mudo (incluyendo una preciosa pero voluntariamente desgastada fotografía en blanco y negro) y recordándonos el clásico de Tod Browning Garras humanas (The Unknown, 1927), Maddin nos narra (es un decir) la historia del concurso que convoca la reina de la cerveza de Winnipeg (interpretada por Isabella Rossellini, habitual en el cine del director canadiense) para encontrar la canción más triste del mundo. El género fantástico, el musical y las historias de amor más atormentadas se alían para ofrecernos algo que nos parece completamente nuevo pero que mira de reojo a los clásicos.

                  Editada en DVD por Cameo.

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