ESCÁNDALO EN PARÍS (1946) de Douglas Sirk

Antes de filmar los grandes melodramas por los que consiguió un tardío e insuficiente reconocimiento, el cine de Douglas Sirk recorrió toda clase de géneros, pasando del western a las aventuras, del policiaco a la comedia. Entre estos dos últimos se sitúa la única película de Sirk que creo que aguanta la comparación con las obras maestras del final de su carrera: Escándalo en París (A Scandal in Paris), basada en las memorias de François Eugène Vidocq, un ladrón francés del siglo XVIII que abandonó su carrera al margen de la ley para convertirse en jefe de la policía, personaje que retomó muchos años después el director Pitof en Vidocq (2001), un film estéticamente abrumador pero vacío de todo lo demás, protagonizado por Gérard Depardieu. 

        Aquí es George Sanders, con su elegancia a prueba de bomba y su eterno gesto imperturbable (Javier Marías lo calificó en cierta ocasión como “el hombre que parecía no querer nada”), quien interpreta al granuja Vidocq, secundado por el gran Akim Tamiroff en el papel de su ayudante Èmile, una suerte de Sancho Panza más rebelde y ambicioso que el que recreó para su amigo Orson Welles, cuya familia, un variopinto grupo de ladrones que anticipan en cierto modo los que poblaron más adelante muchas comedias españolas e italianas, se les unirá para llevar a cabo el atraco a un banco. Pero entonces el amor se cruzará en el camino de Vidocq…

        Elegantísima y desbordante de ingenio en todas y cada una de sus escenas, repleta de situaciones y diálogos en los que el doble sentido y la ironía campan a sus anchas buscando continuamente la complicidad del espectador, Escándalo en París es una de esas películas en las que la palabra y la puesta en escena van absolutamente de la mano, logrando una perfecta comunión que hasta el mismísimo Lubitsch habría firmado. Sin renunciar a muchos de los temas que desarrollaría definitivamente en sus melodramas (la tradición, las apariencias, la suplantación de identidad, los giros del destino…), Sirk nos demostró, con esta pequeña maravilla, que también sabía hacernos sonreír.

               Editada en DVD por Regia Films.

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2 comments so far

  1. Father Caprio on

    El blog de los buenos consejos. Así empiezo a llamar a tu blog. Tus recomendaciones no me decepcionan.
    Y desde luego tu referencia a Lubitsch, unida a la categoría de Sirk y a un George Sanders siempre truhán y siempre señor, hay que tomarla en consideración.
    Saludos

  2. orsonwelles on

    El propio Sirk decía que era una de sus mejores películas, así que espero que ésta tampoco te decepcione. Lo de truhán y señor es una manera inmejorable de definir a Sanders, desde luego.
    Un saludo.


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