CARTA DE UNA DESCONOCIDA de Stefan Zweig

Hace unos veinte años vi por primera vez, en la Filmoteca de Barcelona, Carta de una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), la obra maestra del gran Max Ophüls. Recuerdo que al terminar la película los espectadores continuaron en silencio durante unos instantes para, de repente, levantarse de sus asientos y comenzar a aplaudir, en una ovación que duró varios minutos y que supuso el mayor homenaje espontáneo que he visto en una sala de cine. Siempre me he alegrado especialmente de asistir a ese momento, ya que tras volver a verla varias veces en dvd, tras haber visto otras muchas obras maestras, Carta de una desconocida sigue siendo mi película preferida de la historia del cine.

        La breve novela en que se basa el film de Ophüls, publicada en 1927 por Stefan Zweig, no me parece, ni mucho menos, a la altura de su adaptación cinematográfica (al contrario de lo que suele decirse, muchísimas películas superan con creces a sus originales literarios), pero sin sus personajes y situaciones, sin sus preciosas palabras, no habría existido la insuperable puesta en escena de Ophüls, el carrusel de imágenes deslumbrantes que ilustran la trágica historia de amor entre Lisa y Stefan (Joan Fontaine y Louis Jourdan en los papeles de su vida), razón más que suficiente para que ocupe un lugar de privilegio en la biblioteca.

        El fragmento que os dejo es el inicio de la carta que Lisa le escribe a Stefan. Mientras lo transcribo, ya me dan ganas de ver de nuevo la película, de volver a Viena, en el 1900…

        “Mi hijo murió ayer. Durante tres días y tres noches estuve luchando con la muerte, tratando de salvar su frágil vida. Durante cuarenta horas consecutivas, mientras la fiebre abrasaba su pobre cuerpo, le velé al pie de su cama. Le puse compresas fría sobre la frente; día y noche, noche y día. Sostuve sus manitas inquietas. La tercera noche, mis fuerzas se quebraron. Se me cerraron los ojos sin darme cuenta y debí de dormir tres o cuatro horas en aquella dura silla. Mientras tanto, me lo arrebató la muerte. Y ahí yace mi pobre, mi querido pequeño, en su estrecha cama, tal como murió. Sólo sus ojos, sus inteligentes ojos oscuros, han sido cerrados; sus manos están cruzadas sobre el pecho, sobre su blanca camisa. Arden cuatro cirios, uno en cada esquina de la cama.

        No me atrevo a mirarle, tengo miedo de moverme. Las llamas, al oscilar, hacen vagar sombras extrañas sobre su rostro y sus labios cerrados. Se diría que sus rasgos se animan y, por un momento, casi llego a imaginar que en realidad no está muerto, que va a despertar y a decirme con su clara voz algo adorablemente infantil.

        Pero sé que está muerto; no quiero volver a mirarle, para no sentir, una vez más, esta loca esperanza y una vez más sufrir el desengaño. Mi hijo murió ayer, ahora lo sé. Ya no me queda nadie en el mundo más que tú; sólo tú, que no me conoces; tú, que vives alegre jugando con los hombres y las cosas. Sólo tú, que nunca me has conocido y a quien yo nunca he dejado de amar.”

            Publicada por Editorial Juventud.

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4 comments so far

  1. plared on

    El libro no lo he leído, pero la pelicula es magnifica y el fotograma que has puesto en ultimo lugar…Pues de los que han pasado a la historia. Saludos

  2. orsonwelles on

    Mi película preferida, la que veo más a menudo, la que mejor reúne cine, pintura, música y literatura, la que más me emociona y, a la vez (que no siempre ocurre), la perfección cinematográfica.

    Gracias por seguir ahí. Un saludo.

  3. Fe Delvahe on

    Stefan Zweig ha sido y será uno de los mejores escritores de toda la Historia, no sólo del siglo XIX y XX. No hay nada más que ver que dos de sus muchas obras, por ejemplo, “Los ojos del hermano eterno” y “Castellio contra Calvino” están enjuiciadas por los expertos en Literatura y por cualquier inexperto que las lea, como dos de los mejores libros que ha sido escrito y pueden leerse en cualquier época de la historia, porque son universales y hacen que el lector que tenga la fortuna de leerlos quede auténticamente cautivado por su profundidad, por su trascendencia, por su consciencia, dado que lo que en ellos se expone es de tan elevadísimo nivel educativo de lo trascendente-humano que quien haya tenido de leerlos inmediatamente los incorporará a su alma como unos de los más valiosos tesoros formativos que haya podido tener ante sí a lo largo de la vida terrestre. En consecuencia, el pequeño libro “Carta de una desconocida”, en la misma línea también merece gran consideración por estar en sintonía con la genialidad habitual del autor y su creación de contenidos maravilloso y universales para cualquier tiempo y lectores.

    Fej Delvahe

  4. orsonwelles on

    Hola, Fe. Gracias por pasarte por aquí y por tu comentario. Un saludo.


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