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EL COMBATE DEL SIGLO de Norman Mailer / CUANDO ÉRAMOS REYES (1996) de Leon Gast

En el extenso volumen titulado América (The Time of Our Time, 1998) podemos encontrar una selección de los mejores artículos y crónicas que Norman Mailer escribió sobre multitud de temas y sucesos de la época que le tocó vivir, y que para mi gusto están entre lo mejor de su producción literaria. Entre ellos, una joya especialmente recomendable para los amantes del boxeo titulada El combate del siglo, publicada originalmente por la revista Playboy en 1975, en la que Mailer nos narra de primera mano la legendaria pelea por el título de los pesos pesados entre el campeón George Foreman y el aspirante Muhammad Ali, celebrada en Kinshasa en 1974.

     Amigo personal de Ali, Mailer nos hace una introducción del evento contándonos los últimos entrenamientos y las últimas impresiones del púgil más popular de todos los tiempos antes de un combate para el que no partía como favorito y que estuvo impregnado de connotaciones raciales y sociales. Tras ella, la vibrante pluma del gran escritor norteamericano nos traslada al mismo centro del cuadrilátero para describirnos de manera abrumadora el minuto a minuto del enfrentamiento, las tácticas de ambos boxeadores, los golpes demoledores de Foreman, la defensa de Ali contra las cuerdas y su sorprendente ataque final, que dio con el hasta entonces indestructible Foreman en la lona. Enorme literatura, que casi consigue que veamos el combate al leerla.

Cuando quedaban veinte segundos para que terminara el asalto, Alí atacó. De acuerdo con su cálculo, producto de veinte años de boxeo, y con todo lo que había aprendido acerca de lo que se podía y de lo que no se podía hacer en el ring en cada momento, escogió precisamente ese instante como la ocasión adecuada y, recostado contra las cuerdas, lanzó a Foreman un derechazo y un izquierdazo y luego se liberó de las cuerdas para asestarle un izquierdazo y un derechazo. En este último golpe hizo intervenir otra vez el guante y el antebrazo, un golpe demoledor en la cabeza que lanzó a Foreman hacia delante haciendo eses. Cuando pasó al lado de Alí, éste le pegó en un lado de la mandíbula con la derecha y se alejó de las cuerdas de tal manera que fuera Foreman quien quedara más cerca de ellas. Por primera vez en todo el combate, ponía a Foreman al borde del ring. Alí lo castigó con una combinación de golpes tan rápidos como los del primer asalto, pero más fuerte y más seguidos, tres derechazos capitales en serie dieron de lleno en Foreman, luego un izquierdazo, y por un instante asomó a la cara de Foreman el reconocimiento de que estaba en peligro y que debía empezar a buscar su última protección. Su adversario estaba atacando y detrás de él no había cuerdas. ¡Qué conmoción! ¡Se habían invertido los ejes de su existencia! ¡Ahora el que estaba contra las cuerdas era él! Luego un tremendo proyectil exactamente del tamaño de un puño dentro de un guante penetró hasta el centro mismo de la mente de Foreman, el mejor golpe de esa noche sorprendente, el golpe que Alí había guardado durante toda su trayectoria profesional. Los brazos de Foreman volaron hacia los lados. Doblado en dos, trató de alcanzar el centro del ring. Durante todo ese tiempo tenía los ojos puestos en Alí y lo miraba desde abajo, sin ira, como si Alí fuera en realidad el mejor hombre que conocía en el mundo y lo estuviera mirando el día de su muerte. El vértigo se apoderó de Foreman y lo hizo girar. Todavía doblado por la cintura en esa postura de incomprensión, manteniendo los ojos fijos en Mohamed Alí, empezó a tambalearse y a caer aun cuando no lo deseaba. Su mente quedaba sujeta por imanes en lo alto, mientras su título de campeón y su cuerpo buscaban el suelo. Cayó como un mayordomo de sesenta años y un metro ochenta de estatura que acaba de recibir  trágicas noticias, sí, fue un largo derrumbamiento de dos segundos durante los cuales el campeón caía por partes mientras Alí daba vueltas alrededor de él, formando un círculo estrecho y con la mano preparada para pegarle una vez más, pero no hubo necesidad; fue una escolta completamente íntima hasta el suelo.

          Traducción de Marco Aurelio Galmarini.

          Publicado por Anagrama.

        El propio Mailer es uno de los testigos de excepción que aparecen en la película de Leon Gast Cuando éramos reyes (When We Were Kings), un extraordinario documental ganador del Oscar que, centrándose en la figura de Muhammad Ali, en sus ideas políticas y sociales, en sus controvertidas e incendiarias manifestaciones como líder del movimiento negro, nos muestra, al ritmo de la música de, entre otros, B.B.King o James Brown, los preparativos de la pelea y el revuelo popular que ésta generó, para finalizar con las impresionantes imágenes de uno de los eventos deportivos más famosos de la historia. Un film más que recomendable para los amantes del boxeo, del cine y de los grandes acontecimientos de la historia del siglo XX.

          Editada en DVD por Universal.

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THIS IS SPINAL TAP (1984) de Rob Reiner

En mi opinión, Rob Reiner nos ofreció lo mejor de su filmografía en sus inicios como cineasta durante los años 80. En esa década realizó cuatro estupendas películas, tres de ellas, además, muy populares: Cuenta conmigo (Stand by Me, 1986), La princesa prometida (The Princess Bride, 1987) y Cuando Harry encontró a Sally (When Harry Met Sally, 1989). La cuarta en discordia, y la que supuso su debut en el largometraje, se titula This is Spinal Tap, una gamberrada divertidísima en clave de falso documental que nos cuenta las andanzas de los gañanes que forman la banda británica Spinal Tap y su catastrófica gira por los Estados Unidos.

        Alternando las típicas entrevistas, realizadas por el propio Reiner, en las que los miembros del grupo demuestran toda su cultura e inteligencia (impagables el relato de cómo han ido muriendo los anteriores baterias de la banda y la explicación de uno de los líderes sobre las influencias recibidas para su última y más delirante composición) con las actuaciones en vivo (las pocas que no son suspendidas), This is Spinal Tap le pega un repaso sin tregua a todos los tópicos que rodean al mundo de las estrellas de rock, representadas aquí por unos impresentables que rellenan sus leotardos con pepinos y que son capaces de perderse en el trayecto de los camerinos al escenario.

        Contraindicada para aficionados a este tipo de música con poco sentido del humor, This is Spinal Tap es lo más parecido a las grandes comedias de los Monty Python: humor inteligente, a menudo absurdo, y noventa minutos de carcajadas aseguradas.

               Editada en DVD por Avalon.

EL SUR de Adelaida García Morales

Que uno de los más grandes cineastas vivos lleve tanto tiempo fuera de los circuitos comerciales es un lujo inexplicable que nuestra cinematografía no debería permitirse, pero al menos, ya que este país no da para más, nos queda el consuelo de que la brevísima filmografía hasta la fecha de Víctor Erice nos ha dejado ya algunas de las mejores películas de las últimas décadas, a las que afortunadamente podemos volver una y otra vez.

        El sur (1983), su segundo largometraje, elegido por varias publicaciones como el mejor de todo el cine mundial de la década de los 80, es mi película española preferida, una obra maestra imprescindible que no necesita presentación pero que no habría sido posible sin el relato homónimo escrito por Adelaida García Morales, por entonces pareja sentimental de Erice. Publicado junto a otro estupendo relato titulado Bene en 1985, el texto no incluye algunas de las mejores escenas filmadas por Erice pero sí nos cuenta el viaje de Adriana (Estrella en la película, interpretada por Sonsoles Aranguren e Icíar Bollaín) a Sevilla tras el suicidio de su padre Rafael (en la película Agustín, al que da vida Omero Antonutti) y los días que pasa allí investigando su pasado, episodio que al parecer Erice no pudo llegar a rodar por falta de presupuesto. Lo que, desde luego, ambas obras comparten es la admiración y la curiosidad de una niña, el misterio y la tristeza de un hombre, y la soledad que une a ambos en una relación quizá enfermiza pero sin duda mágica e inolvidable.

        Este fragmento, presente en el relato y en la película, nos muestra a la pequeña Adriana/Estrella intentando llamar la atención de su padre, escondiéndose bajo una cama para que los adultos de la casa piensen que ha desaparecido y se esfuercen en buscarla. 

        A veces deseé escapar muy lejos de vosotros. Ensoñaba diferentes estilos de fugas siempre imposibles. Un día decidí escapar a tus ojos, aunque me quedara en casa. Quizás con mi fingida desaparición deseara descubrir en ti una necesidad desesperada de encontrarme. Así que me escondí debajo de una cama. Me armé de paciencia, dispuesta a no salir de allí en mucho tiempo. Al principio llegué a temer que ni siquiera advirtiérais mi ausencia. Al fin empecé a oír el rumor de pasos impacientes que me buscaban, la voz de mamá preguntando por mí y la de Agustina afirmando no haberme visto en toda la tarde. Mi propósito era alcanzar la noche allí abajo, pues sabía que la oscuridad agravaría vuestro susto. Mamá me acusaba: “Esta niña es capaz de cualquier cosa”. Y eso, más que preocuparla, parecía irritarla contra mí. Tú estabas en tu estudio pero no saliste a buscarme, aunque yo estaba convencida de que te habrían comunicado mi desaparición. La espera fue muy larga y, sin embargo, yo me sentía bien sabiéndome escondida de todos. Nunca llegué a conocer lo que tú pensaste o sentiste en aquellos momentos que, aparentemente, ni siquiera te inmutaron. Era ya de madrugada cuando me encontró mamá, que, pensando siempre mal de mí, esta vez acertó. “¡Cómo has podido hacernos esto!”, me gritó casi llorando. “Anda, vete a cenar”, me dijo después, casi con desprecio y, sin mediar ninguna otra palabra, se retiró a su habitación. Me sentí derrotada y llena de rabia. Pero cuando me senté a la mesa y te vi frente a mí, mirándome con indiferencia, percibí en tus ojos un sufrimiento inhumano. Entonces mi dolor se hizo banal y ridículo. Lo mío había sido sólo una mentira.

                           Publicado por Anagrama.