LOS ZORROS VIENEN DE NOCHE de Cees Nooteboom

Cees Nooteboom

Algunos escritores, ya sea por su estilo literario, porque lo que nos cuentan tiene algo que ver con nuestra propia experiencia o, simplemente, por las fotografías que de ellos conocemos, nos parecen más cercanos que otros, tan merecedores de afecto y simpatía como dignos de admiración. En mi caso, uno de ellos es Cees Nooteboom, quizás la figura más relevante de las letras neerlandesas actuales junto a Harry Mulisch.

Cees Noteboom-Los zorros vienen de noche_tapaCandidato al Nobel desde hace ya varios años, periodista, poeta, novelista, autor de libros de viajes -algunos de ellos dedicados a España-, Nooteboom es además uno de los grandes cultivadores europeos del género breve, como demuestran, de nuevo, las ocho piezas que componen Los zorros vienen de noche (‘s Nachts komen de vossen, 2009), ocho relatos en los que la preciosa, elegante y depurada prosa característica del autor, tan sencilla en apariencia, nos habla sin dramatismos, con ternura y nostalgia, a menudo apoyándose en una fotografía pero también simplemente en un instante retenido, sobre la muerte y la memoria, sobre las huellas que deja en nosotros el pasado, sobre lo que vivimos y sentimos en cierta ocasión y el recuerdo que de ello guardamos, que no siempre coinciden.

Aquí os dejo un fragmento de Góndolas, el relato que da inicio al libro y uno de mis preferidos.

Todo comenzó de un modo muy simple. Una isla griega, la casa de los amigos de unos amigos, que le dejaron porque sentían pena por él debido a su reciente divorcio. No estaba acostumbrado a estar solo y anhelaba a todas horas compañía femenina. Un paseo marítimo pavimentado por donde caminaban o paseaban aquellas figuras femeninas a las que él deseaba abordar. Pero no se atrevía por temor a ser tachado de imbécil. “Engatusar a las mujeres”, llamaba a eso su amigo Wintrop. La expresión era bonita, pero él nunca fue capaz de hacerlo. ¿Cómo era aquel verso de Lucebert? Rondando barcas femeninas en la noche. Sí, eso sí que lo hacía. Pasear de un lado a otro y vuelta a empezar. Rondar, callejear, mirar. Hidra, barcas de pescadores, blancas en la noche oscura, meciéndose suavemente, iluminadas por la luz de neón de las altas farolas del muelle. Golondrinas, cipreses, ¿o acaso era todo ello producto de su imaginación? ¿Existían en aquella época las luces de neón? ¿Por qué iba a corresponder su recuerdo con la realidad? Transfórmalas en luces amarillas, escucha una lechuza, observa las formas oscuras de los pinos. El mar sigue siendo el mismo y bate suavemente contra el muro del muelle. Todo lo demás es reemplazable, el arsenal de objetos con los que se guarnece la memoria.

Traducción de Isabel-Clara Lorda Vidal.

Publicado por Ediciones Siruela.

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2 comments so far

  1. srsempere on
  2. orsonwelles on

    Gracias por tu comentario. Te añado a los blogs que sigo. Un saludo.


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