AVARICIA de Frank Norris

Frank_Norris_ReadingEl mayor proyecto cinematográfico del gran Erich von Stroheim, y uno de los más colosales de la historia del arte, se convirtió en una empresa mastodóntica e imposible para la época que en la sala de montaje se iba a las ocho o nueve horas de metraje. Finalmente, Avaricia (Greed, 1924) se estrenó en una versión censurada de algo más de dos horas y media -al parecer existe otra de unas cuatro horas- y aun así fue suficiente para que se la considere una de las más importantes películas de la historia, un compendio de la narrativa del cine, de las pasiones humanas del drama y de la integración de diversos escenarios y géneros a partir de la evolución de los personajes.

avariciaComo suele ocurrir en estos casos, la novela en que se basa es mucho menos conocida que el film de Stroheim. Traducida al español hace unos pocos años con su título cinematográfico, Avaricia (McTeague, 1899) es uno de los ejemplos maestros del naturalismo norteamericano, que proviene en buena parte de la literatura de Zola y que, junto a la novela de detectives, tanto influyó en la posterior aparición del género negro. Autores como, por ejemplo, James M. Cain tienen su escuela, sin duda, en la novela naturalista.

Plagada de simbología perfectamente integrada en el relato, Avaricia se desarrolla casi por completo en un espacio urbano y se traslada, en su parte final, a las minas de oro de las montañas y al desierto, donde la historia alcanza su clímax con situaciones próximas al wéstern. Entre ambos ambientes, la novela nos muestra cómo el deseo, la envidia, la pobreza y la codicia pueden llevar a las personas, incluso a las más bondadosas, al engaño, el robo y el crimen; cómo los instintos más primarios aparecen de repente para acabar con la amistad y el amor y desembocar en la muerte.

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Los dos hombres se abrazaron de repente y, a renglón seguido, empezaron a rodar y forcejear sobre la superficie caliente y blanca. McTeague empujó a Marcus hacia atrás, hasta que éste tropezó y cayó sobre el cuerpo del mulo muerto. La jaulita del pájaro se zafó de la silla con la violencia de la caída y rodó por el suelo; los sacos de harina se escurrieron. McTeague le quitó el revólver a Marcus y lo blandió a ciegas. Los dos luchadores quedaron envueltos en unas asfixiantes nubes de polvo de álcali, fino y penetrante.

McTeague no supo cómo mató a su enemigo, pero, de repente, Marcus quedó inmóvil bajo sus golpes. Después tuvo un último arrebato de energía. La muñeca derecha de McTeague quedó atrapada; algo se cerró con un clic en torno a ella; luego, el cuerpo que forcejeaba quedó mustio e inmóvil tras una expiración profunda.

Al ponerse de pie, McTeague sintió un tirón en la muñeca; estaba amarrada a algo. Cuando miró hacia abajo vio que Marcus, en es último forcejeo, había encontrado fuerzas para esposarle las muñecas. Marcus estaba muerto; McTeague estaba atado a su cuerpo. Todo lo que lo rodeaba, inmenso, interminable, desplegaba las leguas inconmensurables del Valle de la Muerte.

McTeague se quedó mirando a su alrededor con ojos estúpidos, primero al horizonte lejano, luego al suelo, luego al canario medio muerto que gorjeaba débilmente en su pequeña prisión dorada.

Traducción de Olga Martín Maldonado.

Publicada por La otra orilla.

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