UN MARIDO RICO (1942) de Preston Sturges

The-Palm-Beach-StoryUno de los elementos característicos de la screwball comedy americana que tantas grandes películas nos dejó durante los años 30 y 40 es la presencia de una protagonista femenina dominante, inteligente y manipuladora, que impone su voluntad llegando hasta donde haga falta y trae de cabeza al personaje masculino, a menudo pasivo cuando no directamente bobalicón. Este intercambio de papeles -que de manera nada cómica y mucho más sibilina se da también en el cine negro- está en la base de algunas de las mejores comedias de Hawks, Leisen, Lubitsch o Preston Sturges.

La que maneja el cotarro en Un marido rico (The Palm Beach Story) es la gran Claudette Colbert. Es ella quien lleva los pantalones en casa-la que fuma y se emborracha, detalles de guion nada casuales- y quien decide poner fin a las penurias económicas de su matrimonio abandonando a su esposo y viajando a Palm Beach para casarse con algún millonario despistado que, de paso, sufrague el proyecto arquitectónico de su marido, a quien haría pasar por su hermano. El pobre esposo abandonado (Joel McCrea), cuya opinión, por supuesto, no cuenta un comino, la seguirá hasta Palm Beach para tratar de impedir sus planes.

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Este disparatado argumento le sirve como excusa a Sturges para escribir y dirigir una de las más divertidas, locas y vertiginosas películas del género, repleta de situaciones dominadas por una total ausencia de lógica y por un humor, a menudo, antológicamente absurdo. Aquí poco importan los personajes como individuos, cómo son y cómo evolucionan, ni siquiera sus relaciones sentimentales, sino lo que de ellos puede obtener Sturges para montar su fiesta, para alcanzar la pura comedia. No hay más que ver el delirante final para darnos cuenta de que todo vale si nos lo hemos pasado bien.

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Y no tenemos que esperar demasiado para percatarnos del absoluto despiporre que es Un marido rico. Ya antes de llegar a Palm Beach y conocer a Hackensacker III -a quien, por cierto, no me cuesta mucho imaginármelo, con unos cuantos años más, enamorándose de Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, 1959) de Billy Wilder- y a su hermana -la misma Mary Astor que lidiaba con Bogart/Spade en El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941) de John Huston-, nos encontramos con personajes inolvidables como el anciano magnate de las salchichas que va a conocer el piso del que van a echar a nuestros protagonistas o el grupo de cazadores gracias a los cuales la Colbert puede viajar de gorra en tren a Palm Beach y que protagonizan una de las mayores juergas etílicas de la historia del cine, convirtiendo el tren en su propio coto de caza, en un absoluto desmadre que podría rivalizar con el del camarote de los hermanos Marx en Una noche en la ópera (A Night at the Opera, 1935) de Sam Wood.

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Editada en DVD por Sherlock.

 

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