CONSPIRACIÓN DE SILENCIO (1954) de John Sturges

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BadDayatBlackRockEn la época del Hollywood clásico, cuando muchas películas apenas duraban hora y media, los guionistas sabían que no podían andarse por las ramas a la hora de escribir una historia, que debían agarrar por las solapas al espectador desde el primer segundo y no dejar que se soltara hasta que apareciera el the end de turno. El difícil arte de contar solo lo imprescindible, que tanto se ha perdido.

En este sentido, el inicio de Conspiración de silencio (Bad Day at Black Rock) resulta modélico: un tren que circula a toda velocidad, presentado como una amenaza gracias a la planificación de Sturges y al acompañamiento de la enérgica música de André Previn, termina parando en la estación de un pueblucho llamado Bad Rock por primera vez en cuatro años.  Del tren baja un único pasajero, un hombre con un solo brazo llamado John MacReedy (Spencer Tracy), observado por los lugareños con curiosidad o más bien con recelo, quizá simplemente por la novedad que supone su presencia. Pronto sabremos que el hombre manco no ha venido precisamente a admirar el paisaje, sino a rendir cuentas por un suceso ocurrido unos años antes en el que todos los habitantes del pueblo estuvieron implicados.

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Lo que nos espera a partir de ese inicio fulgurante son setenta y pico minutos de calma tensa, de violencia latente, de diálogos contundentes afilados por la pluma de Millard Kaufman e interpretados por un elenco de excepción: junto a Tracy, Rober Ryan, Walter Brennan, Lee Marvin, Ernest Borgnine y otros pocos estupendos secundarios. Un drama que bebe de las claves del wéstern y que en manos de Sturges se convierte en una lección magistral de puesta en escena, aprovechando al máximo las posibilidades de planificación que ofrece la pantalla ancha y logrando un ritmo interno que para sí quisieran muchas películas actuales cuyo montaje parece aquejado de párkinson.

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Posiblemente no sea Conspiración de silencio la película a la que más veces volvamos dentro de una filmografía en la que reinan joyas del entretenimiento como Los siete magníficos (The Magnificient Seven, 1960) y La gran evasión (The Great Escape, 1963), pero quizá sí la que demuestra de forma más clara y precisa la maestría narrativa de John Sturges, un cineasta al que demasiadas veces se le ha despachado sin miramientos con la peyorativa etiqueta de “artesano”.

Editada en DVD por Warner.

 

 

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