Archive for the ‘Cine soviético’ Category

SOY CUBA (1964) de Mikhail Kalatozov

Tras el triunfo de la Revolución Cubana y el bloqueo por parte de los Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba comenzaron un período de colaboración que llegó también al cine, utilizado como vehículo para difundir las ideas comunistas. De ahí surgió el proyecto de Soy Cuba (Soy Cuba / Ya Cuba), una enorme coproducción puesta en manos del gran Mikhail Kalatozov, cuya gestación se nos revela en el estupendo documental brasileño de Vicente Ferraz Soy Cuba, el Mamut Siberiano (Soy Cuba, O Mamute Siberiano, 2005). El film no dejó contentos ni a soviéticos ni a cubanos al no responder a sus expectativas propagandísticas y fue relegado al olvido, hasta su redescubrimiento en los años 90 y su presentación oficial al mundo, en 1995, a cargo de Martin Scorsese y Francis Ford Coppola. Gracias a ello, hoy podemos deslumbrarnos con algunas de las imágenes más portentosas que nos haya legado el arte cinematográfico.

Desde la visión de una Habana inmersa en la pobreza y prostituida, literal y metafóricamente, a la riqueza del turismo estadounidense, hasta el enfrentamiento en Sierra Maestra y la victoria revolucionaria, pasando por la pérdida de las tierras de los campesinos en favor de las multinacionales y por la represión militar de las revueltas estudiantiles, los cuatro episodios en que se divide el film, punteados por una femenina voz en off, nos sitúan aún en la Cuba de Batista y pasan factura tanto a las consecuencias de su dictadura como a la cara más feroz del capitalismo, aspectos sociales, políticos e históricos que pueden resultar de interés, pero que pasan a un segundo plano, y más en la actualidad, ante la catarata inacabable de genialidad que puebla cada una de sus escenas. El arte, por encima de la propaganda. Probablemente fue esa la razón por la que se sintieron decepcionados los que pusieron la pasta.

Desconozco si a Kalatozov le interesaban los aspectos ideológicos del asunto o si realmente le importaban una higa y simplemente vio una ocasión incomparable de explayarse a gusto y desarrollar todo su talento como cineasta, aprovechando el amplio presupuesto y la gran libertad que le otorgaron; pero lo que sí tengo claro es que consiguió crear el que quizás sea el espectáculo visual más apabullante de la historia del cine, una sinfonía de belleza visual ininterrumpida repleta de proezas técnicas frente a la que el cine actual creado con un ordenador parece una broma. Quizá sea precisamente ese el único “pero” que se le pueda poner: que sus casi dos horas y media de duración no dan apenas tregua al hipnotizado espectador.

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LA BALADA DEL SOLDADO (1959) de Grigori Tchujrai

La balada del soldado (Ballada o soldate) cuenta el regreso del joven soldado Aliosha a casa para pasar unos días de permiso, tras haber abatido un par de tanques enemigos en una acción heroica. Durante el viaje, tras el cual podrá ver finalmente a su madre sólo por unos minutos, se cruzará con pequeñas historias anónimas que retrasarán su regreso y se enamorará de Shura, una joven que se oculta en los trenes del ejército para intentar volver a casa.

A partir de una pequeña anécdota dentro de la gran historia de la guerra, Grigori Tchujrai filma un espectáculo visual en el que la música, la fotografía, las interpretaciones y la planificación componen un mosaico de una belleza extraordinaria. Desde las escenas en que la madre espera en el camino el regreso de su hijo, que abren y cierran la película en una estructura de flash-back circular, pasando por los suaves y casi imperceptibles travellings que muestran la rutina de la guerra en las caras de soldados y campesinos, hasta los primeros planos en los que se refleja la alegría del reencuentro, el horror por la pérdida o el amor entre los dos jóvenes (la iluminación de sus rostros mirándose durante la última noche que pasan juntos en el tren es de las que dejan con la boca abierta), La balada del soldado es una de las grandes obras humanísticas del cine, a la altura de las que filmaron, en el mismo terreno, Ford, Ozu o De Sica.

Ni siquiera el ligero aroma patriotero que desprende la película, mostrado de manera nada estridente y personificado en la figura heroica y sin mácula de Aliosha, consigue distraernos y entorpecer la visita a esta maravilla. No cuesta nada pasar por alto algún que otro mensaje si a cambio nos regalan a la pequeña Shura alejándose por el andén, tras decir adiós a un joven soldado del que se ha enamorado y al que nunca volverá a ver.

Editada en DVD por Divisa.

CUANDO PASAN LAS CIGÜEÑAS (1957) de Mikhail Kalatozov

Aunque pueda parecer mentira, el cine de Orson Welles ha sido tachado a menudo de pura pirotecnia exhibicionista y vacía de contenido, de tomar como excusa la historia que nos cuenta para entregarse al culto del más difícil todavía. Si bien es cierto que Welles siempre buscó -y así lo afirma en varias entrevistas- explotar al máximo las posibilidades del lenguaje cinematográfico, a mí no me cabe duda no sólo de que siempre las puso al servicio de lo que quería contar, sino que en los personajes que habitan sus películas radica gran parte de la fuerza de su cine y que muchas de las mejores escenas que filmó les pertenecen enteramente a ellos, a sus palabras, sus silencios y sus miradas.

        Si pongo como ejemplo a Welles es porque el cine del mucho menos conocido Mikhail Kalatozov es susceptible de recibir las mismas críticas, y buena muestra de ello es Cuando pasan las cigüeñas (Letyat zhuravli) -como este país is different pa to, las grullas del título original se convirtieron en cigüeñas a su paso por España-, la maravillosa historia de amor entre Veronica y Boris, los dos amantes que han de separarse al alistarse Boris como voluntario para ir al frente.

        Kalatozov nos muestra esta triste y romántica historia a través de una sucesión de planos, escenas y secuencias enteras de una increíble belleza visual, que en ocasiones posiblemente hagan que el drama nos resulte menos cercano y no nos emocione tanto como debería, distraídos por la exuberancia de las imágenes, pero que en absoluto son meras fotografías en las que recrear la vista: todos y cada uno de esos momentos nos cuentan algo sobre los personajes y contribuyen a la principal finalidad de que la historia avance. Junto a ellos, el rostro que domina toda la película y del que la cámara se enamora, el de la actriz Tatiana Samoilova. Kalatozov es consciente de que esta historia le pertenece a ella, y sabe entregarle el film y reposarlo en cada uno de sus primeros planos, en su expresión al ver destruída su casa tras el bombardeo en el que mueren sus padres, en su soledad entre la alegre multitud que recibe a los soldados que vuelven del frente, mientras reparte entre los supervivientes las flores que estaban destinadas a Boris.

        Quizá esta película sería aún más impresionante si Kalatozov hubiese alcanzado una mayor comunión entre su riqueza formal y la emoción que nos transmite, pero si el cine es, entre otras cosas, un espectáculo visual, Cuando pasan las cigüeñas es una parada imprescindible.

                   Editada en DVD por Divisa.