Archive for the ‘Cine canadiense’ Category

EL SECRETO de Junichiro Tanizaki / M. BUTTERFLY (1993) de David Cronenberg

Usted no está enamorado de mí, sino de una mujer misteriosa, la mujer de un sueño.

“El secreto” (Himitsu, 1911), uno de mis relatos preferidos de Junichiro Tanizaki, cuenta la historia de un hombre que, aburrido de su monótona vida y seducido por sus lecturas de novelas policiacas y de aventuras exóticas, busca el placer y el morbo de lo desconocido saliendo de noche por la ciudad disfrazado de mujer. Durante una de esas noches se encuentra con una mujer con la tuvo una relación efímera en el pasado durante la que ni siquiera intercambiaron sus nombres. Ambos deciden retomar esa relación con una condición pactada: el hombre accederá a ser trasladado a la residencia de la mujer con los ojos vendados para que no pueda descubrir dónde vive y cuál es su identidad.

Incluido en el volumen Cuentos de amor, es un perfecto ejemplo de la literatura de uno de los grandes escritores japoneses: el amor, el sexo, el erotismo y el fetichismo en sus vertientes más turbadoras, misteriosas y transgresoras; la búsqueda del lado oscuro de las relaciones humanas servida con sensualidad y elegancia.

Durante un buen rato estuve a merced de los tumbos del vehículo. Era evidente que la mujer sentada a mi lado era “ella”, la dama T, aunque no abrió los labios y permaneció todo el tiempo inmóvil. Su presencia probablemente se debía a que deseaba asegurarse de que llevaba los ojos bien tapados. Una precaución innecesaria, pues, aun sin vigilancia, no me habría quitado la venda. La joven conocida en alta mar, el refugio bajo la capota de un rikisha en una noche de lluvia feroz, el secreto de la ciudad nocturna, la ceguera, el silencio…, todos esos elementos se conjugaron para formar la bruma pura de misterio en cuya espesura yo decidí lanzarme de cabeza.

Traducción de Akihiro Yano y Twiggy Hirota.

Publicado por Alfaguara.

En una de esas relaciones entre las diversas artes que nos llegan de improviso, al releer el relato de Tanizaki me vino a la memoria la estupenda película de David Cronenberg M. Butterfly. No tienen nada que ver en su argumento y en su tono, pero sí comparten la huida por parte de sus protagonistas de una vida rutinaria y acomodada, atraídos por oscuras y desconocidas formas del amor y del sexo ajenas a las convenciones de su mundo y por “la mujer misteriosa, la mujer de un sueño”. Cómo no recordar a René Gallimard, encarnado por un portentoso Jeremy Irons, el diplomático en busca de su Butterfly particular que acaba convirtiéndose precisamente en la dama mitificada a la que buscaba en la secuencia en que, vestido de mujer, representa su tragedia ante los presos de la cárcel. En mi opinión, uno de los momentos más hermosos y tristes que nos haya dejado el cine.

Anuncios

AL FINAL DE LA ESCALERA (1980) de Peter Medak

Tras volver a comprobar el buen estado de salud de Al final de la escalera (The Changeling) y repasar la filmografía de su director, no es extraño que uno se pregunte si a Peter Medak se le apareció la Virgen o si su talento ha sido desaprovechado en proyectos que no le interesaban demasiado y en los que se limitaba a tirar de oficio y a pasar la minuta. Sea cual sea la respuesta, el caso es que este estupendo film es posiblemente la obra maestra del terrorífico subgénero de las casas encantadas.

        Medak se beneficia de un magnífico guión que nos ofrece una vuelta de tuerca distinta a lo que solemos ver en este tipo de historias, de la presencia de un actorazo como George C. Scott y de una banda sonora que contribuye a la ambientación sin estridencias ni burdos subrayados. Pero además su dirección está repleta de elegancia y sobriedad, sin acumular sustos y efectos facilones que habitualmente enmascaran la pobreza de la historia que nos cuentan o directamente hacen de ella una excusa. Aquí es el desarrollo de la propia historia y los estupendos actores (junto a Scott, Trish Van Devere y el veteranísimo Melvin Douglas) los que se encargan de mantener la tensión y el creciente interés, junto a una cámara que a menudo toma el punto de vista de la casa, ocultándose y observando desde lejos a los personajes y convirtiéndose en uno más, dispuesto a actuar.

        Entre sus puntos débiles, algunos escasos momentos en los que la cámara lenta me parece gratuita y una fotografía con pocos matices, casi más propia de un telefilm. Poco que tenerle en cuenta a una película de culto que poco a poco ha ido abriéndose paso entre las preferencias de los aficionados al género y que afortunadamente aún no ha conocido la típica actualización palomitera.

              Editada en DVD por Universal.

THE SADDEST MUSIC IN THE WORLD (2003) de Guy Maddin

Año tras año buena parte de la crítica y de los festivales de cine se empeña en descubrirnos a cineastas que, supuestamente, aportan un soplo de aire fresco al anquilosado séptimo arte y revolucionan el marchito lenguaje de la imagen y sus reglas narrativas: son los nuevos gurús del cine. Sus nombres son reverenciados en pedantes tertulias cinéfilas y, a juzgar por los elogios y los premios recibidos, parece que de haber nacido cincuenta años antes Orson Welles y John Ford habrían empeñado su cámara y se habrían dedicado a la fontanería o al asunto del andamio. ¿De verdad que no has visto aún sus películas? ¿A qué coño esperas? Si sigues siendo un ignorante durante unos meses más corres el grave riesgo de que estos genios caigan en el olvido sin que hayas citado ni una sola vez sus habitualmente impronunciables nombres. Tendrás entonces que seguir buscando ese remedio infalible contra tu habitual insomnio, mientras sigues escuchando las campanadas a medianoche y vuelves a recordar qué verde era tu valle.

        Pero como, parafraseando al Borges lector de Lovecraft, la curiosidad sigue pudiendo más que el miedo, uno acaba siempre por encontrar algo que vale la pena entre tanta mandanga disfrazada de innovación. Y no es que Guy Maddin vaya a engrosar la lista de mis cineastas de cabecera ni que me disponga a recomendar sus películas a diestro y siniestro, pero en el poco cine suyo que he visto, especialmente en The saddest music in the world, sí he encontrado lo suficiente como para creer que no estoy ante otra tomadura de pelo.

        Con la ayuda en el guión del gran escritor británico Kazuo Ishiguro, con unas gotas del David Lynch más extravagante y del Fellini más circense, recuperando buena parte de los recursos cinematográficos del cine mudo (incluyendo una preciosa pero voluntariamente desgastada fotografía en blanco y negro) y recordándonos el clásico de Tod Browning Garras humanas (The Unknown, 1927), Maddin nos narra (es un decir) la historia del concurso que convoca la reina de la cerveza de Winnipeg (interpretada por Isabella Rossellini, habitual en el cine del director canadiense) para encontrar la canción más triste del mundo. El género fantástico, el musical y las historias de amor más atormentadas se alían para ofrecernos algo que nos parece completamente nuevo pero que mira de reojo a los clásicos.

                  Editada en DVD por Cameo.