Archive for the ‘Cine italiano’ Category

LA ESCAPADA (1962) de Dino Risi

La colaboración entre el cineasta Dino Risi y el actor Vittorio Gassman nos dejó un buen puñado de películas que, con mayor o menor fortuna, radiografiaban la sociedad italiana satirizando muchos de sus estereotipos, algo que, por otro lado, han tenido a menudo en común la comedia italiana y la española. La escapada (Il sorpasso) es probablemente la mejor de todas, porque es divertidísima (sobre todo en su primera parte) y porque esa crítica está perfectamente integrada en la historia, sin un solo trazo grueso que la coloque por delante de los personajes y la convierta en panfletaria.

        Durante el par de días en que transcurre esta road movie a la italiana, Risi nos va mostrando la Roma de la época, sus guateques y la música que estaba de moda, las playas y los restaurantes, los turistas, los currantes y los vividores, e incluso el cine del momento, dándole tiempo, como quien no quiere la cosa, a gastar una broma sobre El eclipse (L´eclisse, 1962) que quizá a Antonioni no le hizo demasiada gracia pero a mí sí: “…eso que está de moda, la alienación. ¿Has visto El eclipse? Yo me dormí. Una buena siesta. Un buen director, Antonioni.” Y lo hace pasando paulatinamente y con una facilidad pasmosa de la comedia más delirante al drama más crudo, de la astracanada a la realidad en que la carcajada se transforma en mueca.

        Guión del propio Risi, Ruggero Maccari y Ettore Scola (que no tardaría en debutar como director con la película de episodios Con su permiso hablamos de mujeres (Se permettete parliamo di donne, 1964), otra divertida sátira en la que Gassman interpreta varios personajes) al servicio de dos actorazos como Jean-Louis Trintignat, que da vida al estudiante Roberto aunque ya había pasado de los treinta, y Vittorio Gassman. El Bruno al que interpreta (apostaría a que está detrás del taxista con el careto de Roberto Benigni que protagoniza uno de los episodios de Noche en la tierra (Night on Earth, 1991), de Jim Jarmusch) es una de sus más grandes creaciones, un divertido calavera encantado de haberse conocido, un seductor al que parece que la vida le ha sonreído pero que se nos irá revelando como un pobre bufón a la deriva, una máscara tras la que esconder el fracaso. Gassman dispara líneas de diálogo con una vitalidad y una espontaneidad apabullantes, demostrando por enésima vez que era un animal de la interpretación, uno de los más grandes. 

                 Editada en DVD por Regia Films.

CRÓNICA FAMILIAR (1962) de Valerio Zurlini

La triste mirada del joven Jacques Perrin -que un año antes se había enamorado de Claudia Cardinale en La chica con la maleta (La ragazza con la valigia, 1961), otra obra maestra de Zurlini- y el rostro de Marcello Mastroianni en la que para mí es una de sus mejores interpretaciones protagonizan absolutamente Crónica familiar (Cronaca familiare), basada en la novela autobiográfica de Vasco Pratolini publicada en 1947.

        Ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia, cuenta el reencuentro de Enrico y Lorenzo, dos hermanos que fueron separados siendo niños: Enrico, el mayor, fue educado por la abuela, mientras Lorenzo fue acogido por una familia acomodada. Su convivencia en la pobreza, los recuerdos compartidos que volverán a tener su importancia en el trágico desenlace, las visitas a la abuela (interpretada por una extraordinaria Sylvie) en el asilo son mostrados, a través de una oscura fotografía y una planificación que cuida cada detalle, con una contención poco frecuente en el drama italiano, incluyendo sus grandes obras maestras. Zurlini consigue conmovernos sin necesidad de forzar las situaciones, sin subrayados innecesarios, sin supeditar la película al posible exhibicionismo de los actores.

        No estamos ante un dramón desaforado, y quizá por ello pueda parecer fría, distante y demasiado pausada. En mi opinión es una de las grandes del género en el cine italiano, y que muchas de sus virtudes no aparezcan siempre en la superficie y se vayan descubriendo tras nuevos visionados habla claramente del talento de un cineasta y la elegancia de su estilo.

EL INOCENTE (1976) de Luchino Visconti

innocover1Cuando vuelvo a ver las últimas películas de algunos grandes cineastas -y pienso, por ejemplo, en Ford, Huston o Dreyer- me da la impresión de que alcanzan un punto álgido de mesura y serenidad, de sabiduría tanto en la mirada que lanzan hacia sus personajes como en la depuración de su puesta en escena, sin que esto suponga necesariamente que estemos ante sus mejores films.

Esto me ocurre también con El inocente (L´innocente), el testamento cinematográfico de Luchino Visconti, basado en la novela de Gabriele D´Annuncio. Posiblemente no nos proporcione la misma satisfacción inmediata que otras grandes obras de su autor, quizá no tenga la misma fuerza, la misma poesía y belleza, pero, a cambio, nos ahorra los defectos de, por ejemplo, la excesiva y desaforada Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli, 1960) o la demasiado esteticista y condescendiente con las modas cinematográficas de la época Muerte en Venecia (Morte a Venezia, 1970). Y que conste que, a pesar de todo, me parecen dos obras maestras.

El inocente es una historia sobre gran parte de las pasiones humanas, sobre el amor y el deseo, el egoísmo, los celos y el odio que pueden llevar incluso al crimen, al mayor de todos, pero Visconti nunca destapa la caja de los truenos, no agota visualmente las posibilidades de lo que muestra. En cambio, su mirada es siempre distante, escéptica y elegante, y no entra nunca a juzgar los actos de sus personajes, sino que, sencillamente, los expone sin regodearse en su monstruosidad. Ni siquiera un mal bicho como Tullio (excepcional Giancarlo Giannini) pierde del todo su humanidad, y acaba aceptando la última posibilidad de redención que le queda, en una escena que consolida la serenidad de que hace gala toda la película y que pone un bellísimo final a la filmografía de Visconti.

Editada en DVD por VellaVision.

Hasta siempre, Nadia

                                          Annie Girardot

               (París, 25 de octubre de 1931- 28 de febrero de 2011)

RUFUFÚ (1958) de Mario Monicelli

El pasado 29 de noviembre el cineasta italiano Mario Monicelli decidió que la comedia había terminado y, a los 89 años, enfermo de cáncer de próstata, se tiró por una ventana del hospital donde estaba ingresado. 

        La mejor manera de recordarle es volviendo a ver su obra maestra Rufufú (I soliti ignoti), la historia de un atraco servida por la banda más inepta y divertida del cine, una sucesión de escenas desternillantes a cargo de, entre otros, Marcello Mastroianni, Vittorio Gassman, Totò y el inolvidable Carlo Pisacane en el papel del anciano Capannelle. Y de propina, Claudia Cardinale. Una de las mejores comedias de todos los tiempos (quizás la película con la que más me he reído) a la que en nuestro país alguien, a saber en qué estado, decidió titularla así recordando el magnífico film de Jules Dassin Rififí (Du rififi chez les hommes, 1955), otra crónica de un atraco pero, esta vez, muy en serio.

                                        La peligrosa banda

                                     

                         El atraco, todo un éxito: potaje de garbanzos                     

              Editada en DVD por SAV.

UN MALDITO EMBROLLO (1959) de Pietro Germi

Al comienzo de Un maldito embrollo (Un maledetto imbroglio), mientras vemos pasar los títulos de crédito, escuchamos, en la maravillosa voz de Alida Chelli, la canción Sin no me moro. Entonces uno piensa, además de en lo hermosa que es, qué narices pinta ese tema en una película policiaca con culpable de robo y asesinato por descubrir. Sólo al final, cuando el personaje, hasta entonces muy secundario, que interpreta Claudia Cardinale adquiere toda su dimensión, descubrimos la razón y la importancia de la canción. Y lo que uno piensa esta vez, como tantas otras, es que ojalá algún gran cinesta hubiera tomado este personaje para contarnos toda su historia en otra película. Aunque quizá -sólo quizá- sea mejor, sencillamente, imaginarla.

        Es en este final y en la media hora anterior donde Un maldito embrollo nos ofrece sus mejores momentos, en parte porque vamos conociendo las pequeñas historias y misterios de cada personaje, y en parte, sobre todo, gracias a que Pietro Germi (que también interpreta al policía encargado del caso) abandona el ritmo vertiginoso -más apropiado para la comedia pero que, en mi opinión, no le hace ningún favor a un film policiaco- con que nos iba presentando escenas, personajes y diálogos, e introduce una pausa imprescindible para que la historia repose.

        De esta forma, el director de la divertidísima Divorcio a la italiana (Divorzio all´italiana, 1961) consigue una de las mejores muestras de un género que, en el cine italiano, no nos ha dejado demasiadas grandes obras.

                              Editada en DVD por Nacadih Video.

LA GRAN GUERRA (1959) de Mario Monicelli

1337581693-49-la-grande-guerraMientras el cine de Fellini, Visconti, Rossellini o De Sica acaparaba el prestigio -muchas veces merecido- y los puestos de honor en las listas de las grandes películas, la comedia italiana iba produciendo un sinfín de maravillosas historias. Magníficos directores, guionistas de inacabable imaginación, y una lista infinita de prodigiosos actores principales y secundarios consiguieron que desde hace ya tiempo la comedia -acompañada a menudo de una gran carga crítica más o menos obvia- sea considerada por muchos el género por antonomasia de la cinematografía italiana, con el gran Nanni Moretti como actual heredero.

Uno de los grandes cultivadores de este género fue Mario Monicelli, quien después de hacer la insuperable Rufufú (I soliti ignoti, 1958), consiguió con La gran guerra (La grande guerra), producida por Dino de Laurentiis, otra de sus mejores y más divertidas películas. Cuenta las andanzas de dos pícaros (Vittorio Gassman y Alberto Sordi, nada menos) que, a pesar de sus intentos por librarse, acaban enrolados en el ejército italiano durante la I Guerra Mundial. Su cobardía, sus engaños, sus escaqueos y sus peleas dan lugar a situaciones y diálogos absolutamente descacharrantes, sobre todo de parte de un Gassman que es capaz de ensombrecer a cualquier actor que le acompañe. Pero en el tramo final del film, y sin perder de vista la comicidad, ahora más ligera, los horrores de la guerra y la pérdida de los compañeros hacen que el drama pase a ocupar un primer plano, y les da la oportunidad a nuestros dos personajes de actuar con valor por primera vez y convertirse en anónimos héroes.

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Y si a alguien le apetece doble ración casera, puede continuar con Todos a casa (Tutti a casa, 1960) de Luigi Comencini, también producida por de Laurentiis. Ambientada ésta en la II Guerra Mundial, es otra magnífica película que combina la comedia y el drama, con Alberto Sordi acompañado esta vez por Serge Reggiani.

Editada en DVD por Sogemedia.

LOS INÚTILES (1953) de Federico Fellini / CALLE MAYOR (1956) de Juan Antonio Bardem

Considerada por el propio Fellini como la película que salvó su carrera de cineasta, tras los fracasos de Luces de variedades (Luci di varietà, 1950) y El jeque blanco (Lo sceiro bianco, 1951), Los inútiles (I vitelloni), con guión del propio Fellini y de Ennio Flaiano, describe la tranquila vida de una pequeña ciudad -la Rimini natal de Fellini- donde un grupo de jóvenes ve pasar los días sin mayor aspiración que ir medrando entre romances, fiestas y bromas. Sólo Moraldo, el personaje que actúa como observador y trasunto del cineasta, decide despertar y largarse a buscar otro futuro en la capital.

        En Calle Mayor, basada en la obra de Carlos Arniches La señorita de Trevélez (1916), el entonces prestigioso director Juan Antonio Bardem cuenta la triste historia de Isabel (impresionante Betsy Blair), una solterona de 35 años sin apenas vida social en una pequeña ciudad de provincias, que es víctima de una trágica broma por parte de Juan, quien, convencido por sus amigos (unos tipos sin aspiraciones, que pasan el tiempo de café en café y matan su aburrimiento gastando bromas pesadas, y que bien podría ser los inútiles del film de Fellini al cabo de unos años), le hace creer que está enamorado y quiere casarse con ella. Federico, el escritor amigo de Juan que viene de Madrid para ayudarle a salir del problema -y que, como Moraldo en Los inútiles, es el personaje que elige otra vida-, acaba confesándole el engaño a Isabel, ya definitivamente rota y sin esperanzas en su regreso a casa, bajo la lluvia y las miradas, por la Calle Mayor. 

        Con una mirada más amable y nostálgica en el caso de Fellini, y mucho más dramática y crítica en el de Bardem, ambos cineastas muestran la adormecida vida en dos grises ciudades de la Italia y la España de la época, a través de unos personajes cuyas ilusiones, si alguna vez las tuvieron, se han quedado en el camino. Vistas hoy, Los inútiles me parece una de las mejores películas de su autor, por encima de otras con mayor prestigio, y Calle Mayor es, además del mejor film de un cineasta que no llegó tan lejos como apuntaba, una de las cimas del cine español

            Los inútiles está editada en DVD por Suevia.

            Calle Mayor está editada en DVD por Divisa.

LA CHICA CON LA MALETA (1961) de Valerio Zurlini

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Con algunas actrices ocurre que son suplantadas para siempre en la memoria por uno de los personajes a los que interpretaron. Para mí, Audrey Hepburn siempre será  la Ariane del film de Billy Wilder; Joan Fontaine -cómo no-, la Lisa de ese monumento al cine que es Carta de una desconocida; Anna Karina, la prostituta Nana de Vivir su vida; Julie Christie -faltaría más-, la inolvidable Lara de Doctor Zhivago…Y Claudia Cardinale, la inocente y seductora Aida de La chica con la maleta (La ragazza con la valigia).

        Esta no demasiado conocida película del aún menos popular directolocandinar italiano Valerio Zurlini es la historia de una cantante de orquesta que es engañada por un tipo que le promete dinero y fama para luego dejarla tirada con su maleta. Siguiéndole la pista, conocerá a Lorenzo (Jacques Perrin), el hermano menor, que se enamora de ella e intenta ayudarla. Pero las circunstancias y las diferencias de edad y de clase social terminarán separándoles.

        Pocas veces una actriz y su personaje se han adueñado, como en esta película, de todos y cada uno de los planos: la escena en que Aida va bajando lentamente la escalera de la casa de Lorenzo mientras éste la observa; la pequeña fiesta en el hotel, en la que Aida se deja seducir por otro mientras Lorenzo se emborracha; la larga escena de la playa y la posterior despedida; y el momento final, con Aida ya completamente sola, sin saber qué va a ser de ella, caminando en la noche hasta salir del plano.

        Sin las estridencias propias de buena parte del cine romántico italiano, con una preciosa fotografía en blanco y negro y las notas del aria Celeste Aida de Verdi, Zurlini consiguió una triste y maravillosa película habitada por un personaje inolvidable, una obra maestra del cine italiano que merece ser revalorizada.

LA COSECHA DE DASHIELL HAMMETT (y II)

Sergio Leone inaugura su famosa Trilogía del dólar , en 1964 yeastwood-dolares con un semidesconocido entonces Clint Eastwood, filmando Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari), abanderada de lo que se conocería como spaguetti-western. El filme no se basa en la novela de Hammett sino que bebe directamente de la película de Kurosawa, con el mismo argumento y un pistolero sin nombre, hierático y silencioso, que hace las veces de samurai. Según Leone, su película quería homenajear a Yojimbo, pero la productora japonesa puso una denuncia por plagio. Durante los dos años siguientes el director italiano completaría la trilogía con las superiores La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in pìu, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), dos westerns que son, además, dos grandes comedias.

        En 1990, y con sólo dos películas en su haber, los hermanos Coen van y consigumuerte_entre_las_floresen el que para mí sigue siendo su mejor film, un pedazo de obra maestra titulada Muerte entre las flores (Miller´s crossing). Para ello elaboran una compleja trama que toma prestados elementos tanto de Cosecha roja como de La llave de cristal (The glass key, 1931), otra gran novela de Hammett que ya había sido llevada al cine con el mismo título en 1942, de la mano del director Stuart Heisler y con Alan Ladd de protagonista. Con una ejemplar recreación de la época, unos impresionantes actores con ese monstruo de la interpretación que lm02132es Albert Finney a la cabeza, y una sublime estilización de la violencia (la escena del tirotero con ametralladoras es pura coreografía), los Cohen realizan una tremenda recreación del universo hammettiano y una de las obras clave del cine de los 90. Años más tarde, con El gran Lebowski (The big Lebowski, 1998), logran una de las películas más originales y delirantes del cine americano, una divertidísima burrada que siempre me ha parecido un homenaje paródico a la obra de otro grande de la novela negra, Raymond Chandler. Lástima que lleven tiempo en baja forma. Ni siquiera con un material de primer orden como es la novela de Cormac McCarthy No es país para viejos (No country for old men, 2last_man_standing_ver13005) han conseguido volver a hacer un film a la altura de sus mejores logros de la anterior década. 

        El irregular Walter Hill retoma la historia, en esta ocasión convenientemente acreditada, para dirigir El último hombre (Last man standing, 1996), con un Bruce Willis en su salsa en el papel que interpretaron Eastwood y Mifune, y Cristopher Walken dándole la oportuna réplica. Una magnífica película, con un ritmo que no decae en ningún momento y unas escenas de acción soberbiamente filmadas por un director que demuestra lo gran narrador que es (a veces). 

          Cosecha roja, junto al resto de la obra de Dashiell Hammett, está publicada por Alianza Editorial.