Archive for the ‘Cine norteamericano’ Category

LA CALLE SIN NOMBRE (1948) de William Keighley

maxresdefault

Es comprensible que al encontrarnos ante cierto tipo de cine cuya principal finalidad es hacer propaganda de la infalibilidad del F.B.I se nos disparen las alarmas y optemos por pasar de largo; pero, como por encima de los dudosos propósitos siempre está el talento de los que hacen las películas, una vez superados los prejuicios podemos encontrarnos con obras más que dignas e incluso estupendas que, de paso, pueden ayudarnos a ver la evolución del policiaco americano a lo largo de los años, desde el cine de gánsters en que se situaría G Men contra el imperio del crimen (G Men, 1935) de William Keighley, pasando por el cine de espías en lucha contra los nazis de La casa de la calle 92 (The House of 92nd Street, 1945) de Henry Hathaway, hasta la adopción de ciertos elementos del cine negro que podemos observar en La calle sin nombre (The Street with no Name), también dirigida por Keighley.

15092610111914562013610516

La calle sin nombre, mi preferida, comparte con las otras dos, además de la exaltación de la labor del F.B.I, ciertos aspectos documentales con los que se pretende hacer más reales y creíbles la historia y la propaganda, la presencia del secundario Lloyd Nolan en el papel de uno de los agentes y el elemento argumentativo de la infiltración de un “topo” de los servicios secretos en la banda criminal de turno, aquí interpretado por Mark Stevens. Pero, por otro lado, en ella coinciden determinados elementos que la enriquecen hasta situarla muy por encima de lo que suele ser habitual en este cine al servicio de la causa.

mark-stevens

Tanto la planificación de un Keighley especialmente inspirado que no se conforma con el encuadre más sencillo como la fotografía de puro cine negro a cargo de Joseph MacDonald, que deslumbra en las abundantes escenas donde la oscuridad se rompe solo al encenderse una cerilla o una linterna, y el complejo guion original de Harry Kleiner, que se preocupa de que los malos no sean meras caricaturas y de dar empaque a los estupendos secundarios, hacen de La calle sin nombre un film repleto de una ambigüedad ante la que la mera lucha de las autoridades contra el crimen se va difuminando. Y como guinda del pastel, un Richard Widmark que llena la pantalla interpretando a Stiles, el jefe de los criminales, un tipo inteligente y cruel de tintes homosexuales sutilmente mostrados que supone una evolución a partir del tarado que empujaba ancianas inválidas por las escaleras en El beso de la muerte (Kiss of Death, 1947) de Hathaway.

street_with_no_name_widmark_21cig

Editada por Fox.

 

 

 

 

RECUERDO DE UNA NOCHE (1940) de Mitchell Leisen

Remember-the-Night-Movie-Poster

Recuerdo de una noche (Remember the Night) nos cuenta la historia de una ladrona llamada Lee (Barbara Stanwyck) cuyo juicio se aplaza por las fiestas navideñas. El fiscal del distrito, Jack Sargent (Fred MacMurray) se apiada de ella y, tras pagar su fianza, la acompaña a casa de su madre. Ante el rechazo de esta, Jack decide llevarse a Lee a pasar la Navidad y la Nochevieja con su propia familia.

remember-the-night-barbara-stanwyck-fred-macmurray-1940

Respondiendo a una de las características más reconocibles del cine de Leisen -la mezcla de diferentes géneros en una misma película con sorprendente fluidez-, Recuerdo de una noche comienza siendo, hasta la visita a la madre de Lee, una divertidísima comedia marca de la casa de su guionista Preston Sturges y en su último tercio, cuando Lee ha de pasar finalmente cuentas con la justicia, pasa a adquirir un tono más serio y oscuro de drama romántico, en el que brilla especialmente la fotografía de Ted Tetzlaff.

780149ddfa09fbd86eb140fe6810d770_XL

En medio, las escenas junto a la madre y la tía de Jack (Beulah Bondi y Eizabeth Patterson), una pareja de ancianas entrañables que hacen pasar a Lee las mejores Navidades de su vida, y la fiesta de Nochevieja en el granero del pueblo, que acabará por unir para siempre al abogado y la ladrona rehabilitada gracias al espíritu navideño, acaban de redondear un film repleto de buenas intenciones hollywoodienses pero también de esa maravillosa inocencia recreada a base de talento cinematográfico a la que nunca nos cansamos de regresar.

rememberthenight_1940_ss_29_1200_1024x803_062320110343532

Editada por Impulso.

¡FELIZ 2016 PARA TODOS!

THE PRIVATE AFFAIRS OF BEL AMI (1947) de Albert Lewin

LOBBYCARD321-2

La gran novela de Guy de Maupassant Bel Ami (1885) ha sido llevada al cine y a la televisión en muchas ocasiones; la última, en 2012 con el título Bel Ami, historia de un seductor (Bel Ami), dirigida por Nick Ormerod y Declan Donnellan. De todas esas adaptaciones, la mejor considerada con diferencia es The Private Affairs of Bel Ami -conocida actualmente en español como La vida privada de Bel Ami o como Los asuntos privados de Bel Ami-, de Albert Lewin, director de solo seis películas cuyo refinado gusto por los textos bien escritos se hacía extensible a las imágenes con que los ilustraba.

801733vlcsnap2013010703h31m23s34

El protagonista de la historia es Georges Duroy -personaje hecho a la medida de George Sanders y en el que solo me imagino, a la misma altura, a James Mason-, un caradura con gran éxito entre el sexo femenino que está pasando una mala racha económica. Durante un paseo por París, se encuentra en una terraza con su antiguo amigo Charles Forestier, quien le ofrece un puesto de redactor en el periódico en que trabaja y le presenta en sociedad. A partir de aquí, Duroy -a quien en adelante se le conocerá como Bel Ami, el protagonista de una popular canción de la época- vislumbra la posibilidad de ir ascendiendo en el escalafón manipulando y destruyendo a las mujeres que se sienten atraídas por él, con el objetivo final de lograr un matrimonio de conveniencia y hacer carrera política.

657531vlcsnap2013010703h32m54s66

Ante un texto enorme como el de Maupassant y con un elenco impresionante de actores y actrices -junto a Sanders, John Carradine, Ann Dvorak, Angela Lansbury, Warren William y Susan Douglas, a cual mejor-, un cineasta con estilo propio no podía contentarse con poner la cámara de manera impersonal y que el diálogo y los intérpretes lograran por sí solos un film entretenido pero plano en su puesta en escena. El talento de Lewin como escritor -suyo es el guion, como el de sus otras cinco películas- y como director deja su huella a lo largo de todo el metraje, consiguiendo una adaptación ejemplar con momentos sublimes, en los que brilla especialmente la fotografía de Russell Metty, como la escena en la que, junto al lecho de un agonizante Forestier, su todavía esposa y Bel Ami planean su futuro juntos o la larga secuencia final con el duelo bajo la lluvia, uno de los más bellos jamás rodado.

critique-bel-ami-lewin3

Editada por Feel Films.

 

LAS MANOS DE ORLAC (1935) de Karl Freund

Mad-Love-lobby-card

La novela de Maurice Renard Les Mains d’Orlac (1920) -la historia de un pianista al que tras perder las manos en un accidente le trasplantan las de un asesino ajusticiado, con las previsibles consecuencias- ha sido adaptada al cine en tres ocasiones, todas ellas conocidas en España con el título Las manos de Orlac: la alemana Orlacs Hände (1924), realizada por Robert Wiene -el director de El gabinete del Dr. Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920)-; la americana Mad Love (1935), de Karl Freund, y la inglesa The Hands of Orlac (1960), dirigida por Edmund T. Gréville. Pero el partido que el cine le ha sacado a la novela de Renard no se queda aquí, ya que es bastante probable que sea la fuente de la que han bebido otros films con manos u otras partes del cuerpo de las que es recomendable no fiarse, desde la estupenda La bestia con cinco dedos (The Beast with Five Fingers, 1946) de Robert Florey hasta el tercer episodio de Bolsa de cadáveres (Body Bags, 1993) de John Carpenter y Tobe Hooper -aquí es el ojo de un asesino el que es trasplantado a un jugador de béisbol-, pasando por La mano (The Hand, 1981), el segundo largometraje de Oliver Stone, y tantas otras.

eZFUv3SxzuUW0Ms4TZFNM0Ye4xq

En la adaptación dirigida por Freund, Orlac y sus nuevas manos ceden el protagonismo al doctor Gogol (Peter Lorre), el cirujano que accede a realizar el trasplante al pedírselo la esposa del pianista, una actriz llamada Yvonne de la que Gogol está enamorado en secreto hasta el punto de hacerse con su figura de cera, expuesta en un museo, y llevársela a casa para adorarla e imaginar que pasa sus días con la auténtica. Tras ser rechazado por la joven, en el colmo de su locura amorosa ideará un plan para asesinar al padre de Orlac de manera que este, guiado por las manos del asesino que ahora son suyas, parezca el culpable.

Mad Love_1

Estamos pues ante una historia de corte fantástico y, sobre todo, de amour fou, un absoluto delirio que se disfruta al máximo solo si no se toma demasiado en serio, con reminiscencias del expresionismo del que procedía Freund -presentes sobre todo en las escenas desarrolladas en el edificio donde vive Gogol-, y que gira en torno de un mad doctor -otro de los iconos a los que acude a menudo el género- enamorado de manera malsana y fetichista, al que Lorre presta la más alucinada de sus interpretaciones, lo cual no es decir poco.

tumblr_nqgf50swQP1tsfe4so3_1280

Y como punto álgido de lo delirante que llega a ser la película, ahí queda para el recuerdo el momento en que Gogol, disfrazado de manera indescriptible, se cita con Orlac haciéndose pasar por Rollo, el asesino al que guillotinaron, y, antes de convencerle de que esas manos que una vez fueron suyas son las causantes de la muerte de su padre, le dice: “Sí, me cortaron la cabeza; pero el doctor Gogol me la volvió a poner”. Un puro dislate y, a la vez, una escena inolvidable.

hqdefault

Editada por Feel Films.

 

ACTO DE VIOLENCIA (1948) de Fred Zinnemann

act-of-violenceUn hombre que cojea cruza la calle con prisa en dirección al bloque de apartamentos donde vive. Al entrar en el suyo, saca una pistola de un cajón y le introduce un cargador, prepara una bolsa de viaje y se va a la estación de autobuses. Tras un largo viaje, llega a Santa Lisa, en California. Se registra en un hotel y lo primero que hace en su habitación es buscar un nombre en la guía. Cuando lo encuentra, lo rodea con varios círculos a lápiz. En el siguiente plano vemos a un hombre feliz junto a su mujer y su hijo: la comunidad le está ofreciendo un homenaje. Aunque no sea ya necesario, cuando dicen su nombre sabemos que es a quien busca el forastero.

En cinco minutos magistrales conocemos al protagonista, a su antagonista y el conflicto, marca de fábrica de cierto cine americano que contaba con pocos medios y en el que el guionista y el director disponían de poco metraje para contar una historia y contarla bien.

Robert Ryan Act of Violence

Tras este vertiginoso inicio iremos enterándonos de por qué Joe Parkson (Robert Ryan) lleva años siguiendo la pista de Frank Enley (Van Heflin), y junto a nosotros la abnegada esposa de Enley (una jovencísima Janet Leigh) descubrirá ciertos detalles del pasado de su esposo no precisamente honrosos. Perseguidor y perseguido irán convirtiéndose en personajes cada vez más ambiguos, rodeados por las sombras de la fotografía del gran Robert Surtees, y la soleada California dejará paso a un mundo oculto bajo el American Way of Life en el que habitan prostitutas de buen corazón (maravillosa Mary Astor) y matones a sueldo a los que recurrir si tu maravilloso estatus se ve amenazado.

ActOfViolence_leighscared2

Estupendo guion de Robert L. Richards para una de mis películas preferidas de Zinnemann, en la que brillan especialmente dos momentos: el inicio antes comentado y un detalle de dirección impresionante en una de las escenas finales. Con una gran profundidad de campo, en primer término vemos a Enley caminando, a punto de salir de cuadro; a su derecha, a lo lejos, se acerca Parkson, y a su izquierda aparece un coche conducido por el matón que ha contratado Enley: la llegada de los tres personajes al punto de encuentro en el que se resolverá el conflicto mostrada de manera antológica mediante un solo plano.

Act of Violence 8

Editada en DVD por Cine Club Channel.

ILEGAL (1955) de Lewis Allen

 

72992417

Lewis Allen fue un cineasta inglés que desarrolló la práctica totalidad de su carrera en Estados Unidos, alternando la dirección de películas de bajo presupuesto con sus muchos trabajos para la televisión. Entre sus films, un poco de todo y casi nada para tirar cohetes, desde el drama al cine de misterio pasando por el de aventuras o el policíaco.

74847330

Ilegal (Illegal) –remake de The Mouthpiece (1932), dirigida por James Flood y Elliott Nugent- es uno de sus mejores trabajos, un híbrido entre el género de gánsteres y el judicial -por aquí no asoman en absoluto las luces y sombras del noir– dominado a lo largo y a lo ancho por la presencia de Edward G. Robinson en la piel de Victor Scott, un fiscal famoso por ganar todos sus casos que presenta su dimisión al descubrir que el último acusado para el que consiguió la pena de muerte era, en realidad, inocente.

Tras una temporada de depresión y de darle al frasco, Scott decide pasarse al otro lado y ejercer de abogado defensor, pero entrará en conflicto con gente poco recomendable y con su antigua ayudante y protegida, que sigue trabajando para el estado.

Illegal 1

A pesar de un final demasiado condescendiente y a mayor gloria de Robinson y de su personaje, Ilegal se beneficia de una puesta en escena vigorosa -las contadas secuencias de acción están maravillosamente filmadas- y con un magnífico ritmo interno nada teatral, de unos estupendos secundarios entre los que destaca la gran Nina Foch y de un guion perfectamente armado y con algunas frases lapidarias para el recuerdo, cortesía de James R. Webb y W. R. Burnett -este último, el autor de la novela que adaptó John Huston en su obra maestra La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950)-. Suficientes elementos para un film que, sin ser redondo, vale la pena descubrir.

74847349

Editada en DVD por Feel Films.

 

 

HOMBRES VIOLENTOS (1955) de Rudolph Maté

1342960367

El cineasta de origen austro-húngaro Rudolph Maté comenzó su andadura en esto del cine como director de fotografía, primero en Europa y después, a partir de la segunda mitad de los años 30, en Hollywood. Entre las grandes películas en que colaboró, títulos imprescindibles como La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d’Arc, 1928) y Vampyr (1932) de Dreyer, Enviado especial (Foreign Correspondent, 1940) de Hitchcock, Ser o no ser (To Be or Not to Be, 1942) de Lubitsch, Gilda (1946) de Charles Vidor o La dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, 1948) de Welles, aunque en esta última no aparecía en los créditos.

vlcsnap-18584

A partir de 1947 dio el salto a la dirección, convirtiéndose en un todoterreno más solvente que genial al servicio del drama, el noir, el cine de aventuras o el wéstern; nada comparable, desde luego, a las grandes obras que contribuyó a crear como camarógrafo, pero sí películas de género bien hechas, entre las que brilla con luz propia Hombre violentos (The Violent Men), un enérgico wéstern y un turbulento drama habitado por hombres -y mujeres- que no reparan en gastos a la hora de conseguir lo que quieren.

vlcsnap-19347

El gran Glenn Ford interpreta a John Parrish, un capitán del ejército que vuelve a casa para casarse y cambiar de vida, decidido a malvender su rancho y sus tierras al mayor propietario de la zona, Lee Wilkenson, (Edward G. Robinson), un anciano ambicioso pero cuya invalidez le deja a merced de su manipuladora esposa Martha(Barbara Stanwyck). El asesinato de uno de sus trabajadores a manos de los pistoleros contratados por Wilkenson para amedrentar a todos los ganaderos de la zona provocará que Parrish cambie de opinión y decida defenderse.

the violent men glenn ford

El extraordinario reparto, la música de Max Steiner y el magnífico guion de Harry Kleiner, basado en una novela de Donald Hamilton, contribuyen decisivamente a que Hombres violentos sea un wéstern destacable; pero por encima de todo ello sobresale la dirección de Maté. La planificación en panorámico, tanto en interiores (el duelo en el bar; el plano en que Martha demuestra el dominio que ejerce sobre su marido, agotado en un sillón, sin una palabra, tan solo pasándole los brazos sobre sus hombros) como en exteriores (la muerte del trabajador de Parrish; la escena en que este le comunica a Wilkenson su decisión de no vender y enfrentarse a él; la estampida de caballos, con un deslumbrante plano picado), y su capacidad para dotar de la fuerza, el nervio y el ritmo necesarios a esta historia febril, de pulsiones primitivas, repleta de hombres y mujeres dispuestos a matar o morir por justicia, venganza, ambición u amor, sitúan a este film por encima de la media de la ingente cantidad de obras poco conocidas que pueblan el género.

the violent men glenn ford horse

Editada en DVD por Sony.

 

 

SOLEDAD (1928) de Paul Fejos

FEJOS-1928-Lonesome-Soledad-2

En 1923, un cineasta húngaro llamado Pál Fejós huyó de su país a Estados Unidos, donde realizó parte de su no demasiado extensa filmografía bajo el nombre de Paul Fejos. Entre las películas que dirigió en Hollywood, una obra maestra absoluta y perfecta de una hora de duración titulada Soledad (Lonesome), tan extrañamente poco conocida como el resto de sus obras.

lonesome2big

El film de Fejos comienza mostrándonos, de forma paralela, la rutina diaria de Mary y Jim, un par de almas solitarias entre la multitud de la gran ciudad: el despertar para ir a ganarse la vida, el metro repleto de gente, la monotonía del trabajo en una centralita y en una fábrica, la despedida de los compañeros que van a pasárselo bien con sus parejas mientras ellos se retiran aburridos a sus casas…

Ese día, la casualidad hace que ambos cambien de planes y se unan a una excursión para pasar la tarde en la playa y en un parque de atracciones durante la cual se conocen y se enamoran; pero un accidente en el que se ve envuelta Mary y una gran tormenta que provoca el pánico entre la multitud consiguen separarlos, quizá para siempre.

b5693-lonesome3

Con algunas similitudes con la obra maestra de King Vidor Y el mundo marcha (The Crowd) -curiosamente, estrenada también en 1928-, tanto en la visión que ofrece de la ciudad y de sus habitantes como un ente que se mueve constantemente al mismo ritmo y que nos impide pararnos a conocer, incluso, al vecino de al lado, como, más concretamente, en ciertos momentos de la larga secuencia del parque de atracciones, Soledad es uno de esos mayúsculos ejemplos del cine mudo que aún hoy siguen sorprendiéndonos por sus efectos visuales y por su imaginación para contar una historia sin la ayuda de la palabra. Desde las sobreimpresiones de la gente que llama a la centralita en que trabaja Mary y del reloj en el que va reflejándose el paso de las horas, hasta la impresionante escena del caos durante la tormenta que parece querer devolver a nuestros protagonistas a su soledad, pasando por los planos que aíslan momentáneamente a los enamorados de todo lo que los rodea, nos encontramos ante un film increíblemente moderno con un ritmo más propio de un cine muy posterior que para sí quisieran muchas películas sonoras de los años treinta.

lonesome

Al parecer, existe más de una copia de Soledad. A la que está disponible en dvd se le añadieron algunos breves diálogos -cosas de la experimentación en los albores del cine sonoro- y se le colorearon a mano algunos fotogramas muy bien escogidos, aquellos que muestran los mayores momentos de felicidad de los dos enamorados separados de la multitud, lo que, en lugar de molestar, creo que incluso contribuye a la belleza de esta maravilla que seguro sorprenderá a quienes no la conozcan.

soledad

Editada en DVD por Feel Films.

 

 

 

RÍO SALVAJE (1960) de Elia Kazan

No había que sobrecargar Wild River, no había que atiborrarla de efectos (…) es la primera película en la que yo quería ser tan lírico como fuese capaz, incluso hasta parar la acción.

(Del libro Elia Kazan por Elia Kazan (Kazan par Kazan, 1973) de Michel Ciment.

76aAunque me parece innegable que muchas de sus películas contienen un buen montón de escenas inolvidables repletas de fuerza y personalidad, lo cierto es que Kazan no ha sido nunca uno de mis directores preferidos. Creo que, en líneas generales, su puesta en escena es excesivamente crispada y recargada y que busca el efecto fácil y el subrayado innecesario para que al espectador le quede muy claro su mensaje, apoyándose para ello en las exuberantes interpretaciones de sus actores y actrices. En resumen, Kazan no me parece precisamente un maestro de la sutileza y la elegancia cinematográficas, y es muy probable que en ello influya el hecho de ser un cineasta que proviene del teatro.

Wild-River-1960-2

Por lo que se deduce de sus conversaciones con el crítico Michel Ciment, parece que el propio Kazan era consciente de que a su cine no le sobraban ni la fluidez ni la serenidad de que hacían gala los grandes clásicos americanos, y se propuso dárselas a partir de Río Salvaje (Wild River), que es, lógicamente, mi película de Kazan preferida junto a la inmediatamente posterior Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass, 1961): en ambas, Kazan consigue abrir una ventana para que entre el aire, para que su puesta en escena respire y repose.

Ambientada en los años treinta, en la época del New Deal establecido por Roosevelt, la historia que nos cuenta Río salvaje nos traslada a las tierras situadas en la ribera del río Tennessee, que han de ser expropiadas para construir una presa hidroeléctrica en beneficio de la región. El encargado de desalojar a los lugareños, Chuck Glover (Montgomery Clift, un gran actor pero, ya muy enfermo y alcoholizado, una mala elección para este papel), se encuentra con la férrea oposición de la anciana Ella (enorme interpretación de Jo Van Fleet), que se niega a abandonar la tierra de sus antepasados. Mientras intenta convencerla de que ha de doblegarse ante el bien común, Chuck se enamora de su nieta Carol (una deslumbrante Lee Remick que ilumina cada plano en el que aparece).

tumblr_m9zs1hfbCw1qzsuffo2_1280

Film sencillo y hermoso sobre una formas de vida que se acaban, sobre las raíces y la memoria de un pasado que ha de dejar espacio al progreso y a quienes están a tiempo de subirse a su tren, Río salvaje deja hablar a la tierra y a los paisajes, permite que sean los objetos, las miradas y los silencios, más que las palabras, quienes nos cuenten la historia. Kazan es consciente aquí de que una mecedora vacía puede decirnos mucho más que cualquier discurso grandilocuente y se acerca así, más que nunca, al cine de los grandes maestros como Ford, al que tanto admiraba.

kazan1

Editada en DVD por Impulso.

 

THE NARROW MARGIN (1952) de Richard Fleischer

the-narrow-margin-posterSalvo en contadas ocasiones, los remakes no aportan gran cosa con relación a sus modelos originales; pero sí suelen resultar útiles para que recordemos películas que teníamos demasiado olvidadas o, incluso, para que algunas que eran prácticamente desconocidas salgan a la luz y gocen de una segunda vida entre la cinefilia más curiosa.

Este es el caso de The Narrow Margin, uno de los mejores films de serie B de los realizados por Richard Fleischer antes de meterse en proyectos de mayor envergadura económica, recuperado gracias a la versión que dirigió Peter Hyams en 1990, titulada Testigo accidental (Narrow Margin) y protagonizada por Gene Hackman.

xneahkalpaeybig

El inicio de The Narrow Margin es difícilmente superable: el agente Brown (estupendo, como siempre, Charles McGraw) y su compañero acuden al piso en que se esconde la atemorizada viuda de un mafioso para custodiarla en el viaje que la llevará a testificar contra una organización criminal. Al salir al pasillo, el collar que lleva la mujer se rompe y las perlas caen por el hueco de las escaleras hasta llegar frente a los pies de alguien escondido en las sombras. La cámara sube lentamente para descubrirnos a un asesino que espera para liquidar a la testigo.

Tras el tiroteo en el que muere el compañero de Brown, con el que culmina esta modélica secuencia, la película se desarrolla casi totalmente en el interior del tren en el que Brown ha de esconder y proteger a la viuda de los gánsteres que intentan acabar con ella, lo que la convierte en un desafío narrativo repleto de posibilidades que Fleischer explota a la perfección.

Narrow Margin 3

La aparición de varios personajes de identidad poco clara, algunos de los cuales resultarán determinantes en la conclusión de la historia; sus encuentros en los estrechos pasillos y en los pequeños compartimentos del tren; la ambigüedad de algunos diálogos, y el aprovechamiento de los reflejos en los cristales de las ventanillas -sobre todo, en la espléndida escena del tiroteo final- consiguen dotar a esta breve película de una gran sensación de asfixia y claustrofobia, de tensión y violencia latente, que se lleva sin dificultad todo el protagonismo frente al sencillo argumento y la emparentan, al menos en parte, con Berlin Express (1948), un film de Jacques Tourneur que rayaba a gran altura en sus momentos más cercanos al género negro pero que perdía fuelle cuando se metía en el terreno del espionaje con mensaje propagandístico.

vlcsnap121456

Editada en DVD por Manga Films.