Archive for the ‘Literatura danesa’ Category

MEMORIAS DE ÁFRICA de Isak Dinesen

Aunque yo sé una canción sobre África -pensaba-, de la jirafa y de la luna nueva africana tendida de espaldas, de los arados en los campos y de los rostros sudorosos de los recolectores de café, ¿sabrá África una canción sobre mí? ¿Vibrará el aire en la llanura con un color que yo he llevado, o los niños inventarán un juego en el cual esté mi nombre, la luna llena proyectará una sombra sobre la grava del camino que era como yo, o me buscarán las águilas de Ngong?

Nos contó sobre un príncipe que salía de noche disfrazado de mendigo, sobre una anciana lapona capaz de transformarse en halcón, sobre un inigualable banquete francés en tierras danesas o sobre un rico comerciante que jugó a ser Dios dando vida a una leyenda. Escribió historias que recuperan la tradición oral, de las que comienzan «Érase una vez…», de las que uno espera que acepten variaciones a lo largo del tiempo, de las que nos gustaría escuchar junto al fuego en noches de invierno.

En Memorias de África (Out of Africa, 1937), Isak Dinesen nos habló con nostalgia sobre sus años pasados en una granja, al pie de las colinas de Ngong. Todo, en principio, real; nada, en principio, ficticio. Pero la voz con que nos llegan sus recuerdos es la misma con que lo hace su imaginación, el mismo susurro con que, en sus otros libros, nos leyó mil y un cuentos maravillosos. Y, aunque se centre en una relación sentimental, la de la autora con el cazador Denys Finch-Hatton, que al parecer existió pero que en el libro ni se insinúa, mucho de ese susurro, de esa ensoñación, queda en la bellísima y libérrima adaptación al cine que realizó Sidney Pollack. Érase una vez… en África.

Había un rasgo en el carácter de Denys que para mí lo hacía especialmente precioso, y era que le gustaba que le contaran historias. Porque yo siempre he pensado que hubiera destacado en Florencia durante la peste. Las costumbres han cambiado y el arte de escuchar un relato se ha perdido en Europa. Los nativos de África, que no saben leer, lo siguen teniendo; si empiezas a contarles: «Una vez un hombre caminaba por las praderas y se encontró con otro hombre», estarán pendientes de ti, sus mentes seguirán a los dos hombres de la pradera por sus sendas desconocidas. Pero los blancos, aunque piensen que deben hacerlo, son incapaces de escuchar un relato. Si no se ponen intranquilos y recuerdan cosas que deberían estar haciendo, se quedan dormidos. Esa misma gente os puede pedir algo para leer y se pueden sentar absortos durante toda una noche con cualquier cosa impresa que les des, hasta un discurso. Están acostumbrados a recibir sus impresiones a través de los ojos.

Denys, que vivía principalmente a través del oído, prefería escuchar un cuento a leerlo; cuando llegaba a la granja me preguntaba:

-¿Tienes algún cuento?

Durante sus ausencia yo preparaba muchos. Por las noches se ponía cómodo tendiendo cojines hasta formar como un sofá junto al fuego y yo me sentaba en el suelo, las piernas cruzadas como la propia Scherezade, y él escuchaba, atento, un largo cuento desde el principio hasta el fin. Llevaba mejor la cuenta que yo misma y ante la dramática aparición de uno de los personajes, me paraba para decirme:

-Ese hombre murió al principio de la historia, pero no te preocupes.

Traducción de Barbara McShane y Javier Alfaya para Alfaguara.

UNA HISTORIA INMORTAL (1968) de Orson Welles

Orson Welles ya había intentado llevar al cine en diversas ocasiones algunos relatos de la baronesa Karen Blixen, conocida literariamente como Isak Dinesen, una de sus autoras preferidas y a quien llegó incluso a escribir una carta de admirador que aún se conserva pero que nunca le envió, aunque finalmente sólo pudo llegar a adaptar La historia inmortal (The immortal story), un extenso texto incluido en la colección Anécdotas del destino (Anecdotes of destiny, 1958). El proyecto que inicialmente querían llevar a cabo Welles y la productora francesa era adaptar varios cuentos de la escritora danesa para estrenarlos como serie de televisión, pero, como tantas veces le ocurrió a Welles, el asunto naufragó, aunque en esta ocasión sí consiguió terminar y estrenar simultáneamente en cine y televisión el primero de los episodios previstos, de apenas una hora de duración.

        El cuento y la fiel adaptación de Welles tienen como protagonista a Charles Clay, un rico y ambicioso comerciante de Macao (recreada sin ningún desfilfarro en el pueblo madrileño de Chinchón), quien tras escuchar una leyenda que va de boca en boca entre los marineros se propone, con la ayuda de su fiel criado, convertirla en realidad, pagando a una mujer (Jeanne Moreau) y a un joven marinero para que se conviertan en los personajes de la historia. Pero el destino le tendrá preparada una sorpresa que tiene que ver con su pasado.

        

     

        La película consiguió por fin unir a dos grandes artistas que tenían en común el gusto por las historias fantásticas (la primera parte de La historia inmortal, con el criado Elishama leyéndole a Clay en sus noches de insomnio, recuerda a Las mil y una noches), por la fábula y la leyenda. Welles le prestó su voz al narrador y su presencia al protagonista, un personaje que se cree todopoderoso y quiere llegar a ser Dios, manejando a las personas como marionetas para convertir la fantasía en realidad, y que pasa a engrosar la lista de personificaciones del poder, con Charles Foster Kane, Hank Quinlan y Gregory Arkadin a la cabeza, a las que dio vida uno de los grandes genios del siglo xx.