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NUNCA APUESTES TU CABEZA AL DIABLO de Edgar Allan Poe / TOBY DAMMIT (1968) de Federico Fellini

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En el relato cómico Nunca apuestes tu cabeza al diablo (Never Bet the Devil your Head, 1841), el narrador nos cuenta la historia de su amigo Toby Dammit (nótese que el apellido proviene de damm it!), un tipo indeseable que tiene la mala costumbre de, a la mínima ocasión, apostar su cabeza al diablo. Cierto día, en el transcurso de un paseo campestre, ambos cruzan un puente cubierto en el que hay colocado un molinete que, simplemente, hay que hacer girar para poder continuar; pero el tozudo de Dammit pretende sortearlo saltando por encima y, por supuesto, se apuesta su cabeza al diablo a que lo consigue. En ese momento, el diablo acude a su llamada.

Por último, cuando ya habíamos cruzado casi todo el puente y nos acercábamos al final, un molinete de cierta altura nos impidió seguir. Calladamente lo sorteé como suele hacerse, es decir, haciéndolo girar. Pero esto no convenía al señor Dammit, quien insistió en saltarlo por arriba y afirmó que era capaz de realizar también una pirueta en el aire. Ahora bien, en conciencia no me parecía que pudiera hacerlo. El que mejor piruetas hacía era mi amigo Carlyle, y como yo sabía que él no podía hacerlo, tampoco creía que lo pudiera hacer Toby Dammit. Por consiguiente se lo dije con todas las letras, agregando que lo consideraba un fanfarrón que no podía cumplir lo que decía. Esto que dije lo lamenté posteriormente, pues en el acto él apostó su cabeza al diablo a que lo hacía.

Estaba yo a punto de responderle, pese a mi anterior resolución, reprochándole su impiedad, cuando oí muy cerca una tos muy parecida a la exclamación «¡Ejem!». Me sobresalté y miré asombrado en derredor. Mis ojos cayeron por fin en un nicho que había en la estructura del puente, y repararon en la figura de un diminuto y anciano caballero cojo, de venerable aspecto. Nada podía ser más excelso que su apariencia, pues no sólo iba vestido todo de negro, sino que llevaba una camisa muy limpia, con cuello que se doblaba prolijamente sobre una corbata blanca, y usaba el pelo con raya al medio como una muchacha. Tenía las manos entrelazadas en gesto pensativo sobre el vientre, y había puesto los ojos en blanco.
 
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Toby_Dammit-268251849-mmedLa historia escrita por Edgar Allan Poe fue llevada al cine por Federico Fellini en uno de los tres episodios que adaptaban sendos relatos del escritor estadounidense bajo el título Historias extraordinarias (Histoires extraordinaires, 1968). El primero de ellos, «Metzengerstein», protagonizado por Jane Fonda, tiene como (ir)responsable a Roger Vadim, lo cual nos ahorra tiempo y espacio. Para el segundo, «William Wilson», con Alain Delon y Brigitte Bardot, al parecer se decidió que era conveniente contar con un cineasta. Y no es que lo que consigue Louis Malle sea para como para organizar una fiesta, pero el espanto perpetrado por Vadim se lo pone a huevo. El de Fellini, «Toby Dammit», ya es harina de otro costal: a diferencia de sus colegas franceses, que parecen conformarse con adaptar libre y rutinariamente el material literario original, Fellini se lo lleva a su terreno, se sirve de él para entregarnos otro capítulo de su universo tan reconocible.

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Su Toby Dammit particular (portentoso Terence Stamp) es un actor shakesperiano de aspecto vampírico, consumido por el alcohol y las drogas, que acude a Roma para protagonizar nada menos que el primer wéstern católico de la historia, producido por la Iglesia. Tras una gala de entrega de premios en la que se emborracha, exige el Ferrari que le han prometido y se lanza con él a toda velocidad a través de la noche, en un trayecto delirante que lo lleva hasta un puente cortado por obras en el que le espera una niña de aspecto nada inocente.

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Fotografiado por Giuseppe Rotunno como si de una pesadilla o de una alucinación se tratase, el film parte del relato de Poe para recrear al ritmo de la música, cómo no, de Nino Rota una suerte de dolce vita fáustica y terrorífica, cuya lectura puede estar relacionada con la fama y el éxito logrados por medio de pactos diabólicos a los que en algún momento hay que rendir cuentas. Aunque, al fin y cabo, eso qué más da. Como ocurre con algunas películas de David Lynch, al que no me extrañaría que encantase «Toby Dammit», lo recomendable es dejarse llevar por las ambiguas y fascinantes imágenes de esta breve maravilla, una de las obras maestras de Fellini.

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DOBLE SESIÓN CON TOM RIPLEY: A PLENO SOL (1959) de René Clément / EL AMIGO AMERICANO (1977) de Wim Wenders

En 1955 aparece publicada la novela El talento de Mr. Ripley (The t1780801778alented Mr. Ripley), la carta de presentación del personaje seductor, culto, amante del buen vino, estafador y asesino creado por la magnífica escritora Patricia Highsmith, y que últimamente va apareciendo en alguna lista de las mejores novelas del siglo xx. Tras ella, otras cuatro obras, todas buenísimas, tienen a Tom Ripley como protagonista: La máscara de Ripley (Ripley under ground, 1970), El juego de Ripley (Ripley´s game, 1974), Tras los pasos de Ripley (The boy who followed Ripley, 1980) y Ripley en peligro (Ripley under water, 1991), todas ellas publicadas por Ed. Anagrama. Sólo la primera y la tercera han sido llevadas al cine.

        El realizador francés René Clément adapta la primera de las novelas en A pleno sol (Plein soleil), con Alain Delon en el papel de Ripley. Valiéndose de una fotografía (en color y muy pictórica, obra de Henri Decae), una música (Nino Rota), y un ritmo nada propios, a priori, de un film de intriga, y cambiando el final, que en la novela propicia la continuidad del ciclo, Clément consigue una obra maestra y su película más conocida junto a Juegos prohidos (Jeux interdits, 1951). La propia Patricia Highsmith dijo que era la mejor adaptación de una de sus obras, por encima incluso de Extraños en un tren (Strangers on a train, 1951), de Hitchcock.

        En 1999 se estrenó una versión homónima de la novela dirigida por Anthony Minghella, absolutamente plana e insulsa, en parte por contar con un imposible Matt Damon dando vida (o muerte) a Tom Ripley.

        La teamigoamericanorcera de las novelas del ciclo es adaptada por el alemán Wim Wenders en El amigo americano (Der amerikanische freund), uno de sus mejores films, en el que consigue aunar lo mejor del cine de género americano (p.e. la escena del asesinato en el tren) con el ritmo más pausado característico del cine europeo. Junto a un sorprendente Dennis Hopper interpretando a Ripley con sombrero vaquero, y a un, como siempre, magnífico Bruno Ganz, en la película aparecen en papeles secundarios Sam Fuller y Nicholas Ray, como homenaje de Wenders a unos cineastas a los que admiraba.

        Liliana Cavani dirigió una nueva adaptación de la historia, con el mismo título que la novela, estrenada en 2002. Vale la pena verla por la interpretación de John Malkovich y porque es bastante mejor que los horrores a los que nos tenía acostumbrados la directora de Portero de noche.

               A pleno sol está editada en DVD por Manga Films.

               El amigo americano está editada en DVD por Filmax.