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Recordando a Maureen O’Hara

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El día 24 de este mes nos dejaba, a los 95 años, la gran Maureen O’Hara, la pelirroja irlandesa vinculada inevitablemente a las cinco películas que interpretó para John Ford, las mejores de su carrera. Aunque pueda parecer extraño al tratarse de una actriz como ella, el resto de su filmografía no ofrece demasiados grandes títulos -tres o cuatro- e incluso sería recomendable que nadie viera cartones del tamaño de Perseguido (The Fallen Sparrow, 1943) de Richard Wallace, en la que ni siquiera ella se salva.

Por fortuna, siempre podremos volver a verla en películas como las que aquí recordamos: Esmeralda, la zíngara (The Hunchback of Notre Dame, 1939) de William Dieterle, junto a Charles Laughton; ¡Qué verde era mi valle! (How Green Was My Valley, 1941), la primera de sus colaboraciones con Ford; Esta tierra es mía (This Land is Mine, 1943), de nuevo con Laughton, a las órdenes de Jean Renoir; Río Grande (Rio Grande, 1950) y El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952), ambas de Ford y junto a John Wayne, y Nuestro hombre en La Habana (Our Man in Havana, 1959) de Carol Reed, en la que hizo pareja con Alec Guinness.

(GERMANY OUT) American movies in the 1930ies Charles Laughton and Maureen O'Hara in a scene of the movie 'The Hunchback of Notre Dame' Directed by: William Dieterle USA 1939 Produced by: RKO Pictures Vintage property of ullstein bild (Photo by ullstein bild/ullstein bild via Getty Images)

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This Land Is Mine (1943) Directed by Jean Renoir Shown from left: Charles Laughton, Maureen O'Hara, John Donat

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EL ESPÍA QUE SURGIÓ DEL FRÍO (1965) de Martin Ritt

Los más veteranillos del lugar quizá recuerden un par de magníficas series de televisión que tuvimos la suerte de ver en los años ochenta: Calderero, sastre, soldado, espía (Tinker, taylor, soldier, spy, 1979) y La gente de Smiley (Smiley´s people, 1981). Ambas adaptaban novelas de John le Carré, uno de los grandes de la literatura de espionaje, y estaban protagonizadas por Alec Guinness en el papel del espía George Smiley. A día de hoy me siguen pareciendo las mejores adaptaciones que se han hecho de la narrativa de le Carré.

        A poca distancia se sitúa El espía que surgió del frío (The spy who came in from the cold), basada en la espléndida novela del mismo título publicada en 1963 y que probablemente siga siendo la más popular de su autor. Aquí Smiley es un personaje secundario, y el protagonismo recae en Alec Leamas, otro espía al que presta su rostro y, sobre todo, su voz Richard Burton, al frente de un gran reparto de habituales secundarios. 

        La película, cuya acción transcurre durante la guerra fría, muestra algunas de sus mejores cartas, que no abandonará durante todo el metraje, ya desde la gran escena inicial que sirve de prólogo a la historia: la preciosa música de Sol Kaplan, la gélida fotografía en blanco y negro de Oswald Morris y el magnífico aprovechamiento de la pantalla ancha y de la profundidad de campo.

        Sirviéndose de estos elementos, a menudo secundarios pero que aquí me parece que cobran especial importancia, y de unos diálogos que ya querrían para sus novelas escritores de mayor prestigio literario y que dibujan de manera escueta y precisa a los personajes, Ritt consigue una película de espionaje que nos mantiene en todo momento en vilo incluso conociendo la novela, con un argumento que apenas recurre a escenas de acción (no estamos en territorio James Bond) y sí al aspecto más humano de unos protagonistas que, alejados de los típicos héroes con mil recursos, son utilizados como marionetas de una compleja trama que nos ofrece varias vueltas de tuerca.

            Editada en DVD por Paramount.