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LAS FUENTES DEL AFECTO de Maeve Brennan

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La estupenda noticia del Nobel de Literatura concedido a la gran Alice Munro me pilló, casualmente, leyendo y descubriendo a una de sus escritoras preferidas, la irlandesa Maeve Brennan, una de las grandes cronistas de la ciudad de New York, donde vivió la mayor parte de su vida, y autora de un puñado de magníficos relatos. Varios de ellos, ambientados en su Dublín natal, fueron recuperados del olvido en 1997 gracias a la recopilación titulada Las fuentes del afecto. Cuentos dublineses. (The Springs of Affection: Stories of Dublin).

El extenso relato que da título al volumen, publicado en The New Yorker el 18 de marzo de 1972, es una feroz obra maestra sobre las relaciones familiares, un ajuste de cuentas por parte de la protagonista con sus parientes muertos, en el que el apego a las costumbres y al decoro y el sacrificio personal intentan disfrazar y justificar el rencor y la amargura, el egoísmo y la envidia de quien ha malgastado su vida y ha sido una mera espectadora de la de los demás.

Su madre y sus dos hermanas habían desaparecido, y ahora también Martin. Min pensó en las tumbas, una por una -la tumba de una hermana, la de la otra, la de su madre, la de su hermano-, todos muertos y a la vez presentes, como medallas en la tierra. Y pensó que era muy justo que fuese ella la que permaneciera viva, porque de todos ellos había sido la única fiel a la familia. Era la única que no se había ido para casarse. Nunca había deseado afirmarse de ese modo, nunca lo había necesitado. Se asombró de la desvergüenza con que se habían exhibido Clare y Polly con sus maridos y Martin con la pobre Delia, pobre criatura. No parecía importarles lo que pensaran de ellos cuando se veían atrapados en aquella excitación, como animales. Era desagradable, y ellas parecían saberlo, mientras fingían que solo les importaba la ropa nueva que se comprarían y las flores que cultivarían en sus jardines. Y ahora todo había terminado para ellos; para lo que habían conseguido, podrían haberse controlado. Y ella, sola como siempre, había vivido para hacer el balance de todos. Era una gran satisfacción ver el final elevándose como el sol de la mañana. Min pensó que no mucha gente podía experimentar aquella satisfacción. Ver el final no era tan distinto de ver el principio de las cosas, y si de todas formas uno no iba a tomar parte, entonces ver el final era muchísimo mejor. Uno podía sentir celos de la gente que empezaba, pero era casi imposible sentir celos de los muertos.

Traducción de Isabel Núñez.

Publicado por Ediciones Alfabia.

PICNIC EN HANGING ROCK (1975) de Peter Weir

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Adaptación de la novela homónima de Joan Lindsay, que a su vez se basa en unos supuestos hechos reales ocurridos el día de San Valentín del año 1900, Picnic en Hanging Rock  (Picnic at Hanging Rock) narra la desaparición de tres alumnas y una maestra de un internado durante una excursión a la montaña, la posterior aparición de una de las alumnas, que no recuerda nada de lo sucedido, y la repercusión del suceso en las personas involucradas, especialmente otra de las alumnas y la directora del colegio.

        Cada plano de esta película, especialmente los que muestran la excursi15219ón y la desaparición de las muchachas, son como pinturas puestas en movimiento por una cámara que se desliza sin que apenas lo notemos, con una iluminación y una fotografía que resaltan su tono onírico y misterioso -como el bellísimo momento en que Miranda, una de las chicas que desaparecen y eje central de la historia, se gira para despedirse y no volver jamás-, y una visión de la naturaleza desconocida y atrayente que simboliza el despertar de las muchachas a la sexualidad, presente de forma reprimida y oculta en casi todos los personajes.

        Recuperando al Renoir de Una partida de campo (Une partie de campagne, 1936) y llevándolo al terreno de lo fantástico, Peter Weir realiza su obra maestra, una película plena de sensualidad y belleza que posiblemente tuvo muy presente Sofia Coppola al realizar Las vírgenes suicidas (The virgin suicides, 1999), y que quizás pueda incluso relacionarse con el cuento de Alice Munro Secretos a voces (Open secrets), que también narra la desaparición de una chica, a la que nunca se encontrará, durante una excursión. Como si la voz en off que abre el film fuese premonitoria, de sus imágenes se sale como de algún lugar que hubiesemos soñado.

        “Lo que vemos y lo que parecemos no es más que un sueño. Un sueño dentro de un sueño.”

        Así pues, pasen…y sueñen.

                  Editada en DVD por Avalon (Filmoteca Fnac).