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JEAN-LUC GODARD, EL PODER DE LA PALABRA

Bajo este título se han editado recientemente tres documentales en torno a la figura del cineasta francés que nos descubren diferentes aspectos sobre su concepción del cine y sobre su persona durante los primeros años de su carrera.

        El primero de ellos, titulado El dinosaurio y el bebé, es una extensa conversación entre Godard y Fritz Lang, perteneciente a la colección Cinéastes de notre temps, en la que ambos exponen sus ideas, a veces enfrentadas, sobre diferentes aspectos cinematográficos: las películas que perdurarán, la puesta en escena, la censura, la improvisación a la hora de filmar, etc. Para ilustrar el diálogo, varias escenas de M, el vampiro de Düsseldorf (M-eine stadt einen mörder, 1931) y de El desprecio (Le mépris, 1963), el film de Godard en el que Lang se interpretaba a sí mismo.

        El segundo documental, Jean-Luc según Luc, de apenas ocho minutos, nos llega de la mano del cineasta y crítico Luc Moullet, amigo y colaborador de Godard para más señas, quien nos revela, mediante una especie de juego, las claves para conocer y entender le cinema selon Godard

        Godard, el amor, la poesía es un precioso documento sobre los cinco años de relación entre Godard y Anna Karina, durante los cuales hicieron películas “como la vida misma” y vivieron “como en una película”. En él se nos muestra cómo cada una de las etapas por las que fue pasando su relación personal quedó reflejada en las películas que hicieron juntos y en la forma en que el cineasta filmaba a la mujer que amaba, e incluso destaca de qué modo Godard transformó a Brigitte Bardot en Anna Karina para algunas escenas de El desprecio.  Un documental imprescindible sobre una de las relaciones más fructíferas y apasionantes que nos haya dejado el cine. 

                    Editado en DVD por Universal.

VIVIR SU VIDA (1962) de Jean-Luc Godard

A sus escandalosas opiniones sobre cualquier tema que se le plantee ha añadido ahora Godard el plante al festival de Cannes el día del estreno de su última película: más material inflamable para los debates entre quienes le aman y quienes le detestan. Godard, octogenario y aún en plena forma.

        Particularmente, algunas de sus películas me parecen muy apropiadas para curar el insomnio. Ni buenas ni malas, simplemente películas-godard, que parecen realizadas para su propio disfrute y que son casi un género en sí mismas. Por otro lado, desde que la vi en el cine Casablanca de Barcelona hace unos veinte años, Al final de la escapada sigue estando en la lista de mis películas preferidas, lo cual me parece razón suficiente para situarme más cerca de sus defensores que de sus detractores.

         Sentada a la derecha de Al final de la escapada está Vivir su vida (Vivre sa vie), quizás el film más triste, duro y realista de Godard, a ratos casi un documental de original y literaria estructura. Para contarnos la historia de Nana (Anna Karina), la muchacha que deja su trabajo en una tienda de discos para hacerse prostituta, Godard, como no podía ser menos, no renuncia a ningún recurso a su alcance, por extraño y poco cinematográfico que parezca. Lo mismo inicia el film con un diálogo en el que los personajes dan la espalda a la cámara (como tantas veces ocurre en la vida real), como lo termina con uno de los finales más abruptos que se hayan visto: sobran las palabras, la muerte de Nana es una más de las muchas que ocurren todos los días, apenas un par de frases en la prensa del día siguiente.

        Por el camino, las calles de la ciudad abriendo sus bares, sus habitaciones en hoteles baratos, sus cines con los últimos estrenos…, Nana bailando sola la canción que ha puesto en la máquina de un bar (y que anticipa el extraordinario baile de los protagonistas de Banda aparte (Bande à part, 1964), otra de las grandes películas del cineasta) o manteniendo un improbable diálogo sobre la vida con un filósofo, la lectura del relato de Edgar Allan Poe El retrato oval por la voz en off del propio Godard, mientras la cámara de Raoul Coutard se enamora, en un extenso primer plano, del rostro de Anna Karina (por entonces, esposa de Godard, lo que hace que la elección de ese relato no tenga nada de casual)…Y, sobre todo, esa escena inolvidable en que Godard rinde homenaje a Dreyer: Nana entra en un cine en el que se proyecta La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne D´Arc, 1928), y mientras se nos muestra el fragmento del film en el que Juana es condenada a la hoguera y acepta la muerte como una liberación, Godard establece un paralelismo entre las dos protagonistas, entre los rostros y las lágrimas de Renée Falconetti y de Anna Karina.

        Quien haya visto este conmovedor momento de cine sin palabras, que reúne casi todo lo que es capaz de expresar una imagen, ¿podrá seguir afirmando que el cine de Godard es insoportable?

                 Editada en DVD por Avalon (Filmoteca Fnac).