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LA NOCHE QUE NO ACABA (2010) de Isaki Lacuesta

Los pasos dobles, la última película de Isaki Lacuesta, se estrenó el viernes en las salas y ayer recibió, no sin cierta polémica,  la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Sin haberla visto aún, Lacuesta me parece uno de los cineastas que han hecho del documental un género tan atractivo como cualquier ficción, quizá el que goza de mayor salud en nuestro país.

        La anterior película de Lacuesta, también presentada en San Sebastián, fue La noche que no acaba, basada en el libro de Marcos Ordóñez Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), un recuerdo de la actriz y la mujer que se enamoró de España desde el rodaje en Tossa de Mar de la magnífica y extraña Pandora y el holandés errante (Pandora and the Flying Dutchman, 1951) de Albert Lewin. A través de imágenes de archivo, de escenas de sus películas, de intervenciones de personas que la conocieron, y apoyándose en las voces de Ariadna Gil y Charo López, Lacuesta nos propone un diálogo entre una Ava joven y otra más madura, humanizándola pero sin perder de vista el mito, en un ejercicio que tiene mucho más de evocador que de narrativo. Una fiesta para quien guste de los buenos documentales, de Ava Gardner, del cine de otras épocas…

        Estoy convencido de que la película me encantaría por sí misma, pero confieso que en esta ocasión -como en otras-  hay una razón por la que se me hace aún más cercana. Hace un par de años, pasando unos días en Tossa de Mar, en uno de mis pinitos literarios escribí un breve relato titulado Los rostros de Ava. En él imaginaba que Pandora Reynolds y María Vargas, la protagonista de La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954) -para mí, la mejor película de Ava Gardner y mi preferida de Mankiewicz, que no es decir poco-, eran la misma mujer, y que en realidad ambas eran la propia Ava. Al ver el documental, lógicamente, lo que escribí me venía una y otra vez a la cabeza. Y es que el cine, cuando hace buenas migas con una parte de nosotros, consigue pertenecernos todavía un poco más a todos.

 

 

LAS TRES DAMAS MISTERIOSAS de Pere Gimferrer

En este texto, incluido en la antología poética y narrativa Noche en el Ritz (1996), Pere Gimferrer recuerda a tres de los más fascinantes personajes femeninos que nos ha dejado el cine y a las actrices que les dieron vida. Ellas son Gene Tierney en Laura (1944) de Otto Preminger, Kim Novak en De entre los muertos (Vertigo, 1958) de Alfred Hitchcock, y Ava Gardner en La condesa descalza (The barefoot contessa, 1954) de Joseph Leo Mankiewicz.

LAS TRES DAMAS MISTERIOSAS

        Todo está oscuro. El cine ¿no es el arte de la imagen? Una pantalla negra, una pantalla en tinieblas, niega la imagen. O quizá, a veces, también puede anunciarla.

        La pantalla está a oscuras de la misma manera que la memoria prepara la venida de las imágenes del recuerdo. Y esta voz, en la negrura de la sábana de la pantalla, nos habla de un verano lejano, del bochorno de aquel verano, cuando murió aquella mujer. Ahora sí que todo puede empezar; ahora sí que ha sido pronunciado el nombre que abrirá el cerrojo pesadísimo, tenebroso y áureo del recuerdo. Podremos ver la pesadez encortinada de los salones y de las estancias, y los cuartos de baño de mármol negro, y las cenas en las terrazas bajo las estrellas que aclaran el relampagueo de la calígine. Podremos ver el reloj de pared, y el péndulo grave y ceremonioso como la guadaña del Tiempo.

        Podremos ver el retrato de Laura, que murió en aquel verano tan ardiente. Esos ojos nos miran. Laura no está muerta; Laura vuelve del reino de los muertos, en el cuerpo y en los ojos y en la voz de Gene Tierney.

        He aquí otra historia que comienza. La pantalla no está oscura; al contrario, está toda llena del rostro de una mujer, o, más exactamente, de una parte del rostro. No podemos llegar a discernir las facciones, pero hay un ojo que nos mira; todos nosotros somos ojos mirando a un ojo, como si la pantalla fuese un espejo retador. ¿El cine está hecho para mirar, el cine está hecho para que nos miren? Desde el fondo del ojo, nace una espiral. Y cuando pasen los minutos de proyección y veamos por primera vez a aquella mujer, sentiremos que hemos entrado dentro de la espiral, como el nauclero del relato de Poe, que bajaba hasta el fondo horripilante y exaltador de un remolino oceánico. Nada de turbión ni de viento mistral: claridad luciferina, tapizados rojizos, música suave. Un restaurante de lujo puede ser una metáfora del país de los muertos. Nosotros, espectadores, miramos cómo un hombre mira a una mujer; de lejos, pero sin perderla de vista. Ahora, ella se levanta de la mesa y pasa con un roce rápido y leve, el pelo rubio recogido en un moño en la nuca. ¿Una mujer muerta, una mujer viva? Para entrar en la espiral, basta con mirar, en la fastuosidad rojiza de un restaurante nocturno, los ojos de esfinge de una mujer que pasa. Es Kim Novak, en Vértigo.

        La mañana se ha alzado desapacible e impía. La lluvia es insidiosa y regular; tiene la claridad de bronce grisáceo de un escudo que oscurece el mundo. En el cementerio, hay estatuas solemnes y barrocas: la muerte como teatro. Simulacros del recuerdo, sólo. El otro recuerdo, el más profundo, lo podréis ver en la mente de este hombre. Un hombre como cualquier otro, quizá más flaco, quizá con un pliegue más amargo en sus labios: Humphrey Bogart. También él verá ahora la vida y la muerte de una mujer en la memoria herida y destrozada. ¿Estatuas? Hay algo de estatua, de esfinge imperial, en esta “condesa descalza”, en esta condesa con los pies desnudos que tiene resplandor de mármol y de cobre de Ava Gardner. Es así como el cine, como Orfeo, reclama, una y otra vez, las imágenes perdidas en Eurídice, que vive ya en comarcas más lejanas. Las imágenes que triunfan de la muerte.

            Publicado por Anagrama.

AMORES DEL MÁS ALLÁ: EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR (1947) de Joseph Leo Mankiewicz / JENNIE (1948) de William Dieterle / PANDORA Y EL HOLANDÉS ERRANTE (1951) de Albert Lewin

El arte del cine ha tenido a menudo la feliz idea de hacer coincidir sus historias románticas con el mundo irreal, mágico y fantasmagórico del género fantástico. Ejemplos de ello los hay a patadas y, como no sólo de Ghost vive el hombre, ahí van tres de las mejores muestras de lo bueno que puede ser el cine romántico cuando el amor llega desde el más allá.

        El fantasma y la señora Muir (The ghost and Mrs. Muir) MV5BMTI4Mjg5OTY5MF5BMl5BanBnXkFtZTYwNTI5OTk5__V1__SX281_SY400_de Joseph Leo Mankiewicz. La historia de amor entre una joven viuda (Gene Tierney) y el fantasma de un capitán de barco (Rex Harrison) que habita la casa que ella alquila es la película menos intelectual de su autor, la más cálida y cercana, una rareza en la filmografía de Mankiewicz a la altura de sus films más reconocidos. Una de las películas preferidas del escritor Javier Marías, como se puede comprobar en su libro Donde todo ha sucedido.

        Jennie (Portrait of Jennie) de William Dieterle. La película que más le gustaba a Buñuel narra la historia de un pintor sin éxito (Joseph Cotten) que recobrtt0040705_largeCovera la inspiracion al conocer en un parque a una niña (Jennifer Jones) que, en cada nuevo encuentro, se va transformando misteriosamente en una mujer. El pintor se enamora de ella, pero descubre que Jennie encierra una trágica historia.

        Con guión de Ben Hecht, música de Bernard Hermann y fotografía de Joseph H. August (impresionante la escena en que Jennie está patinando, que probablemente tuvo en cuenta Ted Demme para un momento similar, con Natalie Portman, de Beautiful girls), la película es una maravillosa obra maestra recuperada que no tuvo ningún éxito en su momento.

        Pandora y el holandés err01673ante (Pandora and the flying dutchman) de Albert Lewin. Producción británica rodada en Tossa de Mar, adapta la conocida leyenda del holandés castigado a vagar por el mar (James Mason) hasta que una mujer (Ava Gardner) se enamore de él  y le libre así de su maldición.

        Una de las pocas películas que realizó el no demasiado conocido Albert Lewin, con fotografía del gran Jack Cardiff, habitual colaborador del director Michael Powell. Obra de culto, quizá no tan redonda como las dos anteriormente citadas pero con una ambientación onírica y un aliento trágico que atraen irremediablemente.

            El fantasma y la señora Muir está editada en DVD por Fox.

            Jennie y Pandora y el holandés errante están editadas en DVD por

            Regia Films.