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RECUERDO DE UNA NOCHE (1940) de Mitchell Leisen

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Recuerdo de una noche (Remember the Night) nos cuenta la historia de una ladrona llamada Lee (Barbara Stanwyck) cuyo juicio se aplaza por las fiestas navideñas. El fiscal del distrito, Jack Sargent (Fred MacMurray) se apiada de ella y, tras pagar su fianza, la acompaña a casa de su madre. Ante el rechazo de esta, Jack decide llevarse a Lee a pasar la Navidad y la Nochevieja con su propia familia.

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Respondiendo a una de las características más reconocibles del cine de Leisen -la mezcla de diferentes géneros en una misma película con sorprendente fluidez-, Recuerdo de una noche comienza siendo, hasta la visita a la madre de Lee, una divertidísima comedia marca de la casa de su guionista Preston Sturges y en su último tercio, cuando Lee ha de pasar finalmente cuentas con la justicia, pasa a adquirir un tono más serio y oscuro de drama romántico, en el que brilla especialmente la fotografía de Ted Tetzlaff.

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En medio, las escenas junto a la madre y la tía de Jack (Beulah Bondi y Eizabeth Patterson), una pareja de ancianas entrañables que hacen pasar a Lee las mejores Navidades de su vida, y la fiesta de Nochevieja en el granero del pueblo, que acabará por unir para siempre al abogado y la ladrona rehabilitada gracias al espíritu navideño, acaban de redondear un film repleto de buenas intenciones hollywoodienses pero también de esa maravillosa inocencia recreada a base de talento cinematográfico a la que nunca nos cansamos de regresar.

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Editada por Impulso.

¡FELIZ 2016 PARA TODOS!

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HOMBRES VIOLENTOS (1955) de Rudolph Maté

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El cineasta de origen austro-húngaro Rudolph Maté comenzó su andadura en esto del cine como director de fotografía, primero en Europa y después, a partir de la segunda mitad de los años 30, en Hollywood. Entre las grandes películas en que colaboró, títulos imprescindibles como La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d’Arc, 1928) y Vampyr (1932) de Dreyer, Enviado especial (Foreign Correspondent, 1940) de Hitchcock, Ser o no ser (To Be or Not to Be, 1942) de Lubitsch, Gilda (1946) de Charles Vidor o La dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, 1948) de Welles, aunque en esta última no aparecía en los créditos.

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A partir de 1947 dio el salto a la dirección, convirtiéndose en un todoterreno más solvente que genial al servicio del drama, el noir, el cine de aventuras o el wéstern; nada comparable, desde luego, a las grandes obras que contribuyó a crear como camarógrafo, pero sí películas de género bien hechas, entre las que brilla con luz propia Hombre violentos (The Violent Men), un enérgico wéstern y un turbulento drama habitado por hombres -y mujeres- que no reparan en gastos a la hora de conseguir lo que quieren.

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El gran Glenn Ford interpreta a John Parrish, un capitán del ejército que vuelve a casa para casarse y cambiar de vida, decidido a malvender su rancho y sus tierras al mayor propietario de la zona, Lee Wilkenson, (Edward G. Robinson), un anciano ambicioso pero cuya invalidez le deja a merced de su manipuladora esposa Martha(Barbara Stanwyck). El asesinato de uno de sus trabajadores a manos de los pistoleros contratados por Wilkenson para amedrentar a todos los ganaderos de la zona provocará que Parrish cambie de opinión y decida defenderse.

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El extraordinario reparto, la música de Max Steiner y el magnífico guion de Harry Kleiner, basado en una novela de Donald Hamilton, contribuyen decisivamente a que Hombres violentos sea un wéstern destacable; pero por encima de todo ello sobresale la dirección de Maté. La planificación en panorámico, tanto en interiores (el duelo en el bar; el plano en que Martha demuestra el dominio que ejerce sobre su marido, agotado en un sillón, sin una palabra, tan solo pasándole los brazos sobre sus hombros) como en exteriores (la muerte del trabajador de Parrish; la escena en que este le comunica a Wilkenson su decisión de no vender y enfrentarse a él; la estampida de caballos, con un deslumbrante plano picado), y su capacidad para dotar de la fuerza, el nervio y el ritmo necesarios a esta historia febril, de pulsiones primitivas, repleta de hombres y mujeres dispuestos a matar o morir por justicia, venganza, ambición u amor, sitúan a este film por encima de la media de la ingente cantidad de obras poco conocidas que pueblan el género.

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Editada en DVD por Sony.

 

 

MENTIRA LATENTE (1950) de Mitchell Leisen

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Aunque fue en el drama y, sobre todo, en la comedia donde encontramos sus mejores películas, el no suficientemente reivindicado Mitchell Leisen prestó su habitual elegancia tras la cámara a otros géneros como el musical o el noir, demostrando casi siempre que era uno de esos profesionales capaces de llevar a buen puerto cualquier material que le pusieran delante.

En Mentira latente (No Man of Her Own) adapta una obra del gran Cornell Woolrich para contarnos la historia de Helen (insustituible Barbara Stanwyck), una mujer embarazada que, despreciada y abandonada por su novio, emprende viaje a San Francisco. En el tren conoce a una pareja que también espera un hijo y que se dirigen a casa de los padres de él, que aún no conocen a la novia. Tras el descarrilamiento del tren, la pareja muere y una serie de circunstancias llevan a Helen a suplantar la identidad de la joven.

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En esencia, y en buena parte de su metraje, la película es un drama salpicado de elementos de misterio en torno a una mujer desesperada por proteger la vida de su hijo, en el que brilla ante todo la interpretación de la Stanwyck y en el que chirrían algunos aspectos del guion, de esos que se pasan por alto si el asunto finalmente funciona y de los que resultan imperdonables si el film acaba siendo un pestiño. Hasta ahí, todo correcto, todo muy funcional, sin más.

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Será la reaparición del antiguo novio, que viene a aprovecharse de la situación acomodada de la nueva familia de Helen, la que servirá de detonante para que la tensión que sobrevolaba la historia acabe por estallar y para que la película se meta de lleno en las claves del género negro. A partir de aquí, Mitchell nos ofrece un vibrante tercio final de luces y sombras, codicia y crimen, servido mediante un buen puñado de escenas magistrales y algún plano, incluso, para las antologías del género, lo cual no hace de Mentira latente una obra maestra, pero sí una cita más que recomendable para los aficionados al cine negro.

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Editada en DVD por Cinema International Media.