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RECUERDO DE UNA NOCHE (1940) de Mitchell Leisen

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Recuerdo de una noche (Remember the Night) nos cuenta la historia de una ladrona llamada Lee (Barbara Stanwyck) cuyo juicio se aplaza por las fiestas navideñas. El fiscal del distrito, Jack Sargent (Fred MacMurray) se apiada de ella y, tras pagar su fianza, la acompaña a casa de su madre. Ante el rechazo de esta, Jack decide llevarse a Lee a pasar la Navidad y la Nochevieja con su propia familia.

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Respondiendo a una de las características más reconocibles del cine de Leisen -la mezcla de diferentes géneros en una misma película con sorprendente fluidez-, Recuerdo de una noche comienza siendo, hasta la visita a la madre de Lee, una divertidísima comedia marca de la casa de su guionista Preston Sturges y en su último tercio, cuando Lee ha de pasar finalmente cuentas con la justicia, pasa a adquirir un tono más serio y oscuro de drama romántico, en el que brilla especialmente la fotografía de Ted Tetzlaff.

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En medio, las escenas junto a la madre y la tía de Jack (Beulah Bondi y Eizabeth Patterson), una pareja de ancianas entrañables que hacen pasar a Lee las mejores Navidades de su vida, y la fiesta de Nochevieja en el granero del pueblo, que acabará por unir para siempre al abogado y la ladrona rehabilitada gracias al espíritu navideño, acaban de redondear un film repleto de buenas intenciones hollywoodienses pero también de esa maravillosa inocencia recreada a base de talento cinematográfico a la que nunca nos cansamos de regresar.

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Editada por Impulso.

¡FELIZ 2016 PARA TODOS!

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DEJAD PASO AL MAÑANA (1937) de Leo McCarey

Una pareja de ancianos ha de separarse para irse a vivir con dos de sus hijos tras el embargo de su casa. Los problemas con las familias y la imposibilidad de volver a reunirlos forzarán la separación  definitiva, pero aún tendrán una última tarde para estar juntos.

        Dos actores prodigiosos (Victor Moore y Beulah Bondi), unos diálogos sencillísimos, una cámara que apenas se mueve y se limita a mostrar. En principio no parece gran cosa, pero el cine es uno de los pocos lugares donde son posibles los milagros, y Dejad paso al mañana (Make way for tomorrow), una de las películas preferidas de John Ford y de Orson Welles, es uno de los más grandes, la obra maestra que nos ha dado más con menos, la que en todas y cada una de sus escenas nos arranca una sonrisa o nos hace llorar, la que nos reserva uno de los planos finales más hermosamente tristes que nos haya regalado el cine. Imposible analizar esta lección de ternura, porque los milagros no pueden analizarse.

        El cineasta que ganó el Oscar de 1937 con otra película, la divertidísima La pícara puritana (The awful truth), que en 1933 realizó el mejor film de los Hnos. Marx, Sopa de ganso (Duck soup), y que hizo la mejor versión de Tú y yo (An affair to remember, 1957), consiguió con Dejad paso al mañana uno de los grandes retratos cinematográficos sobre el mundo de la tercera edad y, para quien esto escribe, sencillamente una de las mejores películas de la historia del cine. ¿Recomendable? No, obligatoria. Eso sí, tras procurarse un buen surtido de pañuelos.