Archive for the ‘cine bélico’ Tag

EL PUENTE (1959) de Bernhard Wicki

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En 1958 se publicaba en Alemania la novela El puente (Die Brücke), escrita por Gregor Dorfmeister bajo el seudónimo Manfred Gregor. En ella, el autor relataba los hechos ocurridos en abril de 1945, cuando la 2ª Guerra Mundial tocaba ya a su fin: tanto él como sus compañeros de escuela fueron reclutados como soldados para defender el puente sobre el río Isaar, a la entrada de su propio pueblo. Dorfmeister fue el único superviviente de la absurda matanza; tenía 16 años.

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Basándose en el libro, el director y actor Bernhard Wicki realizó su película más famosa, merecedora del Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera en 1960, una obra maestra del cine bélico en su vertiente pacifista y uno de los films que mejor han retratado la sinrazón de la guerra y el efecto de la manipulación ideológica sobre los más jóvenes.

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Wicki divide la película en dos partes muy diferenciadas tanto en el contenido como en el tono que emplea. En la primera, nos muestra el día a día de los muchachos con sus familias y en la escuela: las clases a las que ya no hacen demasiado caso, emocionados ante la posibilidad de ser llamados a filas y convertirse en héroes; los primeros amores, el primer acercamiento al sexo y los primeros desengaños; la preocupación del maestro y de algunas de las madres, y el absurdo orgullo de otras, al ser finalmente reclutados…Pequeños fragmentos cotidianos que van caracterizando a los personajes y que volverán a nuestra memoria al finalizar la película para adquirir todo su sentido e importancia.

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La segunda parte, la que sobre todo ha hecho de El puente una película imperecedera y que probablemente dejó huella en el Spielberg de Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), nos narra la cruenta defensa del puente frente a los tanques americanos tras el breve adiestramiento de los pequeños soldados. Wicki filma una larga secuencia en la que, al amparo de la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Gerd von Bonin, se mezclan la valentía y el miedo, la infancia y la repentina madurez, el compañerismo y el horror ante la muerte, el orgullo por defender el puente y la tardía certeza de que nada tiene sentido. Imágenes imborrables, una tras otra, que culminan con el lento regreso hacia su casa, dejando tras de sí el cuerpo del último de sus compañeros, del único superviviente de la batalla, el muchacho que años más tarde contará la historia.

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Editada en DVD por Avalon (Filmoteca FNAC).

LA BALADA DEL SOLDADO (1959) de Grigori Tchujrai

La balada del soldado (Ballada o soldate) cuenta el regreso del joven soldado Aliosha a casa para pasar unos días de permiso, tras haber abatido un par de tanques enemigos en una acción heroica. Durante el viaje, tras el cual podrá ver finalmente a su madre sólo por unos minutos, se cruzará con pequeñas historias anónimas que retrasarán su regreso y se enamorará de Shura, una joven que se oculta en los trenes del ejército para intentar volver a casa.

A partir de una pequeña anécdota dentro de la gran historia de la guerra, Grigori Tchujrai filma un espectáculo visual en el que la música, la fotografía, las interpretaciones y la planificación componen un mosaico de una belleza extraordinaria. Desde las escenas en que la madre espera en el camino el regreso de su hijo, que abren y cierran la película en una estructura de flash-back circular, pasando por los suaves y casi imperceptibles travellings que muestran la rutina de la guerra en las caras de soldados y campesinos, hasta los primeros planos en los que se refleja la alegría del reencuentro, el horror por la pérdida o el amor entre los dos jóvenes (la iluminación de sus rostros mirándose durante la última noche que pasan juntos en el tren es de las que dejan con la boca abierta), La balada del soldado es una de las grandes obras humanísticas del cine, a la altura de las que filmaron, en el mismo terreno, Ford, Ozu o De Sica.

Ni siquiera el ligero aroma patriotero que desprende la película, mostrado de manera nada estridente y personificado en la figura heroica y sin mácula de Aliosha, consigue distraernos y entorpecer la visita a esta maravilla. No cuesta nada pasar por alto algún que otro mensaje si a cambio nos regalan a la pequeña Shura alejándose por el andén, tras decir adiós a un joven soldado del que se ha enamorado y al que nunca volverá a ver.

Editada en DVD por Divisa.

TIEMPO DE AMAR, TIEMPO DE MORIR (1958) de Douglas Sirk

Nunca me ha parecido tan creíble la Alemania en guerra como viendo Tiempo de amar, tiempo de morir, filmada en tiempo de paz. (Jean-Luc Godard)

El cineasta Antonio Drove, responsable de llevar al cine la literatura de Eduardo Mendoza y Ernesto Sábato en La verdad sobre el caso Savolta (1979) y El túnel (1987), escribió uno de los más heterodoxos y apasionados libros sobre cine que conozco: Tiempo de vivir, tiempo de revivir. Conversaciones con Douglas Sirk (1994). Con prólogo de Víctor Erice y epílogo de Miguel Marías, el libro es una declaración de amor al cine de Sirk, pero también, y sobre todo, a las películas, los libros y la música que formaron parte de la vida de Drove y a las personas que los compartieron.

        El título del libro hace referencia a Tiempo de amar, tiempo de morir (A time to love and a time to die), uno de los grandes dramas de Sirk, denostados durante demasiado tiempo por sus argumentos imposibles, cercanos a los culebrones televisivos, que a muchos nos le permitió ver, entre otros logros, una puesta en escena elegante como pocas. Basada en la novela de Erich Maria Remarque (que en la película interpreta al profesor Pohlmann) Un tiempo para vivir, un tiempo para morir (Zeit zum leben, zeit zum sterben, 1954), la película está ambientada en un Berlín devastado por los bombardeos, en el que los supervivientes buscan a sus familiares desaparecidos y en el que la comida y un techo bajo el que vivir se convierten en un lujo. En medio de ese caos, similar al que rodó Roberto Rossellini en Alemania, año cero (Germania, anno zero, 1947), el soldado Ernst y Elizabeth se enamoran, pero han de separarse cuando a él se le acaba el permiso y tiene que volver al frente.

        El rostro del soldado congelado en la nieve, el agua llevándose la última carta de Elizabeth, la escena en la estación en la que Elizabeth no llega a tiempo de despedirse de Ernst y Sirk filma la despedida de otra pareja, mientras Elizabeth se queda mirando tras la valla en la que una cruz de madera anticipa la que veremos en la tumba de un soldado, son sólo algunos de los grandes momentos de esta joya del cine.  

                      Editada en DVD por Suevia.