Archive for the ‘cine documental’ Tag

MENSCHEN AM SONNTAG (1930) de Robert Siodmak y Edgar G. Ulmer

Los_hombres_del_domingo-691848423-largeUnos años antes de abandonar Alemania a causa de la llegada al poder del partido nazi, Fred Zinnemann, Robert y Curt Siodmak, Edgar G. Ulmer y Billie (Billy) Wilder colaboraron en la realización de una película muda difícilmente clasificable que mostraba, a caballo entre la realidad y la ficción, la vida cotidiana de los berlineses de la época. Titulada Menschen am Sonntag, es conocida actualmente en español como Gente en domingoHombres en domingoLos hombres del domingo. Oficialmente, Robert Siodmak y Ulmer se encargaron de la dirección, Wilder y Curt Siodmak del guion y Zinnemann de la fotografía, aunque resulta imposible, como es lógico, dilucidar dónde empezaban y acababan las funciones de cada uno.

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Interpretada por actores y actrices no profesionales, la película se desmarca del trágico pesimismo expresionista que aún imperaba en el cine alemán y recurre a un nuevo realismo luminoso y humanista para mostrarnos cómo pasan un caluroso domingo de verano los habitantes de Berlín, centrándose en la ficticia historia de dos chicos y dos chicas que hacen una excursión a un lago durante la que los coqueteos, las bromas y la alegría por sentirse aún lejos de la rutina del lunes van dando paso al deseo, los celos y la tristeza.

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Estamos pues ante un film que probablemente estaba llamado a abrir nuevas vías en la cinematografía de su país, un eslabón por fortuna no perdido del cine europeo que descubrió a un grupo de grandes cineastas y cuya influencia, si no en el cine alemán posterior, quizá sí se pueda rastrear en el cine francés de los años 30 -por ejemplo, en la breve filmografía de Jean Vigo o en la obra maestra de Jean Renoir Una partida de campo (Une partie de campagne, 1936)- y, aunque sin su carga dramática y de denuncia social, en el neorrealismo italiano.

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Editada por Feel Films.

 

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LA CASA ES NEGRA (1963) de Forugh Farrokhzad

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                              Recuerda que mi vida es viento

ffopenerForugh Farrokhzad, una de las poetisas más importantes de la literatura iraní, fallecida a los 32 años, realizó una sola incursión en el cine durante su breve vida. Aun así, los apenas 22 minutos que dura La casa es negra (Khaneh siah ast) fueron suficientes para situarla en un lugar de privilegio en el género documental y, sobre todo, en su fusión con la poesía.

La película nos muestra el día a día de uno de los grupos humanos más desfavorecidos de la Tierra, el compuesto por los hombres, mujeres y niños de una comunidad de leprosos. Y lo hace con total naturalidad, por lo que sus imágenes pueden herir ciertas sensibilidades. Resultan, sin duda, impactantes, pero necesarias si queremos asomarnos a un fragmento del mundo desterrado de nuestra blanca realidad.

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Mientras escuchamos la voz de la autora recitando pasajes del Antiguo Testamento y del Corán y versos de su propia poesía, mediante los que accedemos a los pensamientos y sentimientos de los leprosos, la cámara nos acerca sus rostros y sus cuerpos, su sufrimiento y las curas que reciben, también sus sonrisas, y nos enseña sus juegos, sus bailes, sus pequeñas fiestas y la escuela donde los niños se educan y, a pesar de todo, se les enseña a dar gracias a Dios por haberlos creado. En una de estas escenas, cuando el maestro pide a uno de los alumnos que escriba en la pizarra una oración con la palabra “casa”, el niño, tras pensar un rato, escribe “La casa es negra”.

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CÉSAR DEBE MORIR (2012) de Paolo y Vittorio Taviani

CaesarCuando has visto unas cuantas películas de determinado director y no has encontrado en ellas nada que te entusiasme, lo normal es que deje de interesarte, perderle la pista, más aún cuando no se prodiga demasiado y sus nuevos trabajos no se anuncian precisamente a bombo y platillo.

De los hermanos Taviani, como de muchos otros, ya ni me acordaba, entre otras razones porque andaban bastante desaparecidos y porque ni siquiera las que pasan por ser sus obras más prestigiosas, como Padre padrone (1977) o La noche de San Lorenzo (La notte di San Lorenzo, 1982), me gustaron demasiado en su día. Pero en 2012 una estupenda y premiada película volvió a colocarlos a la cabeza de un cine italiano que no se da demasiadas alegrías.

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En César debe morir (Cesare deve morire), la cámara de los Taviani filma de manera sencilla y austera, intensa y emocionante, los ensayos y la representación del Julio César de Shakespeare, interpretado por un grupo de presos de la cárcel Rebibbia de Roma que, en algunos casos, no parecen en absoluto actores aficionados. Con la ayuda de la magnífica fotografía, alternando el blanco y negro y el color, de Simone Zampagni, el film nos recuerda, por si hacía falta, la vigencia del teatro de Shakespeare, al relacionar las tensiones que aparecen entre los personajes de la obra con las que ocurren entre los presos a diario, y pone énfasis en la fuerza del arte como método educativo, de libertad intelectual, de reinserción social y de tantas otras cosas. En apenas una hora y cuarto, una lección de cine que mezcla el drama y el documental como pocas veces.

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Editada en dvd por Cameo.

LA ISLA EN EL LAGO DE INNISFREE de William Butler Yeats / EL HOMBRE TRANQUILO (1952) de John Ford / INNISFREE (1990) de José Luis Guerín

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Los cines Verdi de Barcelona se vistieron ayer de gala para el reestreno de El hombre tranquilo (The Quiet Man) aquetaci—n 1de John Ford, dándonos una oportunidad única de volver a Innisfree con copia restaurada y en pantalla grande. Buen momento, pues, para recuperar el poema de Yeats, perteneciente al libro La rosa (The Rose, 1893), que prestó su nombre al hogar de Sean Thornton y Mary Kate Danaher, el pueblo irlandés que en realidad se llama Cong y está situado en el condado de Galway.

Y ya puestos a completar el trío de ases, no está de más recordar el precioso homenaje de José Luis Guerín titulado precisamente Innisfree, un documental filmado en Cong que va más allá de las reglas del género para rastrear las huellas dejadas por el film de Ford y devolvernos toda la magia de aquella maravillosa película.

La poesía y el cine, de la mano a través de un siglo.

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LA ISLA EN EL LAGO DE INNISFREE

Me levantaré ahora e iré, iré a Innisfree,

y haré allí una humilde cabaña de arcilla y zarzas;

nueve hileras de judías tendré allí, una colmena que me dé miel

y viviré solo en un claro entre el zumbar de las abejas.

 

Y allí tendré algo de paz, pues la paz viene gota a gota

y cae desde los velos matinales a donde canta el grillo;

allí la medianoche es una luz tenue, y un cárdeno brillo el mediodía,

y colman el atardecer las alas del pardillo.

 

Me levantaré ahora e iré, pues siempre, día y noche,

oigo el rumor del lago ante la orilla;

cuando estoy en la calzada, o en las grises aceras,

lo oigo en lo más hondo de mi corazón.

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THE LAKE ISLE OF INNISFREE

I will arise and go now, and go to Innisfree,

And a small cabin build there, of clay and wattles made;

Nine bean-rows will I have there, a hive for the honey-bee,

And live alone in the bee-loud glade.

 

And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,

Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;

There midnight´s all a glimmer, and noon a purple glow,

And evening full of the linnet´s wings.

 

I will arise and go now, for always night and day

I hear lake water lapping with low sounds by the shore;

While I stand on the roadway, or on the pavements grey,

I hear it in the deep heart´s core.

 

Traducción de Antonio Rivero Taravillo.

Publicado por Editorial Pre-Textos (2010).

EL COMBATE DEL SIGLO de Norman Mailer / CUANDO ÉRAMOS REYES (1996) de Leon Gast

En el extenso volumen titulado América (The Time of Our Time, 1998) podemos encontrar una selección de los mejores artículos y crónicas que Norman Mailer escribió sobre multitud de temas y sucesos de la época que le tocó vivir, y que para mi gusto están entre lo mejor de su producción literaria. Entre ellos, una joya especialmente recomendable para los amantes del boxeo titulada El combate del siglo, publicada originalmente por la revista Playboy en 1975, en la que Mailer nos narra de primera mano la legendaria pelea por el título de los pesos pesados entre el campeón George Foreman y el aspirante Muhammad Ali, celebrada en Kinshasa en 1974.

     Amigo personal de Ali, Mailer nos hace una introducción del evento contándonos los últimos entrenamientos y las últimas impresiones del púgil más popular de todos los tiempos antes de un combate para el que no partía como favorito y que estuvo impregnado de connotaciones raciales y sociales. Tras ella, la vibrante pluma del gran escritor norteamericano nos traslada al mismo centro del cuadrilátero para describirnos de manera abrumadora el minuto a minuto del enfrentamiento, las tácticas de ambos boxeadores, los golpes demoledores de Foreman, la defensa de Ali contra las cuerdas y su sorprendente ataque final, que dio con el hasta entonces indestructible Foreman en la lona. Enorme literatura, que casi consigue que veamos el combate al leerla.

Cuando quedaban veinte segundos para que terminara el asalto, Alí atacó. De acuerdo con su cálculo, producto de veinte años de boxeo, y con todo lo que había aprendido acerca de lo que se podía y de lo que no se podía hacer en el ring en cada momento, escogió precisamente ese instante como la ocasión adecuada y, recostado contra las cuerdas, lanzó a Foreman un derechazo y un izquierdazo y luego se liberó de las cuerdas para asestarle un izquierdazo y un derechazo. En este último golpe hizo intervenir otra vez el guante y el antebrazo, un golpe demoledor en la cabeza que lanzó a Foreman hacia delante haciendo eses. Cuando pasó al lado de Alí, éste le pegó en un lado de la mandíbula con la derecha y se alejó de las cuerdas de tal manera que fuera Foreman quien quedara más cerca de ellas. Por primera vez en todo el combate, ponía a Foreman al borde del ring. Alí lo castigó con una combinación de golpes tan rápidos como los del primer asalto, pero más fuerte y más seguidos, tres derechazos capitales en serie dieron de lleno en Foreman, luego un izquierdazo, y por un instante asomó a la cara de Foreman el reconocimiento de que estaba en peligro y que debía empezar a buscar su última protección. Su adversario estaba atacando y detrás de él no había cuerdas. ¡Qué conmoción! ¡Se habían invertido los ejes de su existencia! ¡Ahora el que estaba contra las cuerdas era él! Luego un tremendo proyectil exactamente del tamaño de un puño dentro de un guante penetró hasta el centro mismo de la mente de Foreman, el mejor golpe de esa noche sorprendente, el golpe que Alí había guardado durante toda su trayectoria profesional. Los brazos de Foreman volaron hacia los lados. Doblado en dos, trató de alcanzar el centro del ring. Durante todo ese tiempo tenía los ojos puestos en Alí y lo miraba desde abajo, sin ira, como si Alí fuera en realidad el mejor hombre que conocía en el mundo y lo estuviera mirando el día de su muerte. El vértigo se apoderó de Foreman y lo hizo girar. Todavía doblado por la cintura en esa postura de incomprensión, manteniendo los ojos fijos en Mohamed Alí, empezó a tambalearse y a caer aun cuando no lo deseaba. Su mente quedaba sujeta por imanes en lo alto, mientras su título de campeón y su cuerpo buscaban el suelo. Cayó como un mayordomo de sesenta años y un metro ochenta de estatura que acaba de recibir  trágicas noticias, sí, fue un largo derrumbamiento de dos segundos durante los cuales el campeón caía por partes mientras Alí daba vueltas alrededor de él, formando un círculo estrecho y con la mano preparada para pegarle una vez más, pero no hubo necesidad; fue una escolta completamente íntima hasta el suelo.

          Traducción de Marco Aurelio Galmarini.

          Publicado por Anagrama.

        El propio Mailer es uno de los testigos de excepción que aparecen en la película de Leon Gast Cuando éramos reyes (When We Were Kings), un extraordinario documental ganador del Oscar que, centrándose en la figura de Muhammad Ali, en sus ideas políticas y sociales, en sus controvertidas e incendiarias manifestaciones como líder del movimiento negro, nos muestra, al ritmo de la música de, entre otros, B.B.King o James Brown, los preparativos de la pelea y el revuelo popular que ésta generó, para finalizar con las impresionantes imágenes de uno de los eventos deportivos más famosos de la historia. Un film más que recomendable para los amantes del boxeo, del cine y de los grandes acontecimientos de la historia del siglo XX.

          Editada en DVD por Universal.

NOCHE Y NIEBLA (1955) de Alain Resnais

El documental Noche y niebla (Nuit et brouillard) no pide ningún análisis cinematográfico. Ni siquiera necesita gustarnos o no. Simplemente, ahí está como una de las pruebas más horribles y explícitas de lo ocurrido en los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial. Sus contundentes imágenes de archivo en blanco y negro, no aptas para estómagos sensibles, y el material filmado en color por Resnais años después en el desierto campo de concentración, igualmente terrorífico porque despierta sin dificultad nuestra imaginación, siguen resultando hoy casi insoportables, por lo que no cuesta imaginar la enorme polémica que causaron en su momento.

         Imprescindible para conocer hasta dónde pueden llegar la crueldad y la capacidad de sufrimiento de la raza humana.

     

            

                   Editada en DVD por Filmax.

¡FRAUDE! de Clifford Irving / FRAUDE (1973) de Orson Welles

Clifford Irving, novelista nacido en New York, famoso en los años 70 por escribir una biografía falsa del magnate Howard Hugues. Tras reconocer su delito, pasó 17 meses en prisión. El caso fue llevado al cine por Lasse Hallström en La gran estafa (The Hoax, 2006), con Richard Gere en el papel de Irving.

        Elmyr de Hory, alias von Houry, alias Herzog, alias Dory-Boutin, alias etc, probablemente de origen húngaro, pintor, considerado como el mayor falsificador de obras de arte del siglo XX, perseguido durante buena parte de su vida por la policía de medio mundo, se jactaba de que las paredes de las más importantes pinacotecas están decoradas con sus falsificaciones. Al parecer se suicidó en 1976, cuando estaba a punto de ser detenido, pero ni siquiera su muerte, como otros muchos sucesos de su biografía, quedó del todo clara.Varios testigos que lo conocían afirmaron haberlo visto vivito y coleando en diversas partes del mundo durante los años posteriores. Irving escribió al respecto:

        “¿Murió Elmyr en 1976, o practicó su último y magnífico acto de falsificación? ¿Llegaron él, Robert y tal vez Ken Talbot, el corredor de apuestas de Londres, a algún acuerdo? ¿Permaneció el escurridizo húngaro durante diez o veinte años confortablemente sentado en una casa en Double Bay contemplando los botes del puerto de Sidney? ¿Temblaban sus dedos a causa de la edad cuando firmaba en el caballete sus nuevos cuadros?

        ¿Y con qué nombre, o nombres, los firmaba?

        Aún no conozco la respuesta, pero espero encontrarla algún día.”

        Irving y de Hory se conocieron en Ibiza en la década de los 60, y al parecer fue la influencia del pintor húngaro la que llevó al escritor a planear la estafa sobre la biografía de Hughes. De su amistad y de las largas veladas que compartieron en la isla surgió un libro maravilloso titulado ¡Fraude! (Fake! The Story of Helmyr de Hory, the Greatest Art Forger of Our Time, 1969), novela de aventuras repleta de humor y de anécdotas extraordinarias y también de desprecio hacia la gran mentira del arte, biografía de uno de los personajes más fascinantes del siglo pasado, un pícaro moderno que soñaba con llegar a ser un gran pintor y que sólo logró el reconocimiento copiando el estilo y la firma de otros.

        “Es absolutamente desproporcionado -dijo- el dinero que se paga en relación con el valor real de los cuadros. Ciertos sellos viejos o desfigurados tienen un valor inmenso, no por su belleza o valor artístico, sino por su escasez. Pero la pintura moderna, quiero decir las llamadas obras maestras del siglo XX francés, como Matisse, Dufy, etc., o los fauvistas no escasean en absoluto. Estos hombres eran pintores prolíficos. Sus obras están en todas las grandes galerías o museos del mundo. Y no alcanzan ese gran valor por ser obras maestras, en absoluto. Si pensamos en artistas muertos hace tiempo, fabulosos y maravillosos, como Franz Hals o Rembrandt, y los otros grandes pintores del Prerrenacimiento, y nos damos cuenta de que algunos de sus cuadros se cotizan bastante menos que algunos de Miró, Renoir o Picasso, por ejemplo, se le ponen a uno los pelos de punta como si se hubiera electrocutado. Realmente es increíble que alguien como Picasso, aún en vida, entre dos cigarrillos, hace un pequeño dibujo y eso se transforma inmediatamente en dinero, en oro. Se supone que John Paul Gemí es el hombre más rico del mundo, pero en un año, si quisiera, Picasso podría hacer más dinero que Gemí. Puede trazar una línea, firmarla y cobrar por ella en cinco segundos sólo con llamar por teléfono. ¡Fantástico! Es algo que nunca ha tenido comparación en el mundo del arte o el comercio. He oído una historia de Fernand Legros, que había enviado uno de mis Picassos a Picasso para que certificara su autenticidad, y Picasso, que no estaba totalmente seguro, preguntó al que lo llevó:

        -¿Cuánto pagó el marchante por él? -le dieron una cifra fabulosa, unos 100.000 dólares, y Picasso dijo:

        -Bueno, si han pagado tanto, debe de ser auténtico.”

        Orson Welles conoció a ambos personajes en Ibiza y estuvo presente en algunas de las veladas que organizaron. Fascinado por sus historias y aprovechando el material que el director francés François Reichenbach había filmado sobre Elmyr para un documental de la BBC, rodó Fraude (F for fake), una coproducción franco-alemana en la que, a partir de las estafas de Irving y de Hory y recreando incluso un episodio inventado de la vida de Picasso, el propio Welles, como maestro de ceremonias disfrazado de mago, reflexiona sobre lo real y lo ficticio, sobre los artistas reconocidos y los anónimos, sobre la maravillosa mentira que es el arte en todas sus variantes y lo maravilloso que es creérsela. Fraude fue, a la postre, su testamento cinematográfico, su última obra maestra, fruto del encuentro de tres grandes ilusionistas.

           ¡Fraude! está publicada por Norma Editorial.

           Traducción de Paulino Posada y Manel Domínguez.

           Fraude está editada en DVD por Manga Films y por Avalon.

EL DESENCANTO (1976) de Jaime Chávarri

A pesar de que, al parecer, la censura aún tuvo tiempo de actuar sobre algunos fragmentos en los que aparece Leopoldo María, Jaime Chávarri consiguió con El desencanto el documento más descarnado de nuestro cine, un álbum de fotos al desnudo en el que Juan Luis, Leopoldo María y José Moisés (apodado “Michi” por sus hermanos) Panero, junto a su madre Felicidad Blanc, pasan revista a los años negros de la época franquista que pasaron conviviendo con su autoritario padre Leopoldo, poeta cercano al Régimen y fallecido en 1962, con quien saldan cuentas alejándose de las falsas apariencias y la hipocresía, con una terrible sinceridad y una total ausencia de pudor que muestran sin tapujos sus particulares y enfrentadas personalidades.

        Poesía y autodestrucción como formas de vida, pornografía de los sentimientos, antecesora en cierta forma, y salvando las abismales distanciales, de las innumerables paradas de montruos que circulan por televisión, El desencanto es una película de culto con todas las letras, una rara avis de nuestro cine que tuvo su continuación, ya fallecida Felicidad Blanc, en Después de tantos años (1994), dirigida por Ricardo Franco.

              Editada en DVD por Manga Films.

LA NOCHE QUE NO ACABA (2010) de Isaki Lacuesta

Los pasos dobles, la última película de Isaki Lacuesta, se estrenó el viernes en las salas y ayer recibió, no sin cierta polémica,  la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Sin haberla visto aún, Lacuesta me parece uno de los cineastas que han hecho del documental un género tan atractivo como cualquier ficción, quizá el que goza de mayor salud en nuestro país.

        La anterior película de Lacuesta, también presentada en San Sebastián, fue La noche que no acaba, basada en el libro de Marcos Ordóñez Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), un recuerdo de la actriz y la mujer que se enamoró de España desde el rodaje en Tossa de Mar de la magnífica y extraña Pandora y el holandés errante (Pandora and the Flying Dutchman, 1951) de Albert Lewin. A través de imágenes de archivo, de escenas de sus películas, de intervenciones de personas que la conocieron, y apoyándose en las voces de Ariadna Gil y Charo López, Lacuesta nos propone un diálogo entre una Ava joven y otra más madura, humanizándola pero sin perder de vista el mito, en un ejercicio que tiene mucho más de evocador que de narrativo. Una fiesta para quien guste de los buenos documentales, de Ava Gardner, del cine de otras épocas…

        Estoy convencido de que la película me encantaría por sí misma, pero confieso que en esta ocasión -como en otras-  hay una razón por la que se me hace aún más cercana. Hace un par de años, pasando unos días en Tossa de Mar, en uno de mis pinitos literarios escribí un breve relato titulado Los rostros de Ava. En él imaginaba que Pandora Reynolds y María Vargas, la protagonista de La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954) -para mí, la mejor película de Ava Gardner y mi preferida de Mankiewicz, que no es decir poco-, eran la misma mujer, y que en realidad ambas eran la propia Ava. Al ver el documental, lógicamente, lo que escribí me venía una y otra vez a la cabeza. Y es que el cine, cuando hace buenas migas con una parte de nosotros, consigue pertenecernos todavía un poco más a todos.

 

 

EL ÚLTIMO VALS (1978) de Martin Scorsese

La afición de Martin Scorsese a la música popular ha sido puesta de manifiesto en varios documentales a lo largo de toda su filmografía, especialmente durante la última década: Nostalgia del hogar (Feel Like Going Home, 2003), dentro de la serie Martin Scorsese Presents The Blues, producida por él mismo; No Direction Home (2005), sobre la trayectoria de Bob Dylan; o Shine a Light (2008), sobre The Rolling Stones.

        Muchos años antes ya había realizado El último vals (The Last Waltz), la filmación de uno de los grandes conciertos de la historia, la despedida de los escenarios, el 25 de noviembre de 1976 en San Francisco, del mítico grupo The Band, liderado por Robbie Robertson, quien a raíz del encuentro hizo amistad con Scorsese y compuso la música de El rey de la comedia (The King of Comedy, 1982) y El color del dinero (The Color of Money, 1986).

        Al evento acudieron músicos de la talla de Van Morrison, Eric Clapton, Bob Dylan, Neil Young, Neil diamond, Muddy Waters y un largo etcétera, lo mejorcito de la música popular de la época. Junto a un par de actuaciones de The Band filmadas en estudio, que no desentonan en absoluto, y las entrevistas intercaladas a los miembros del grupo, la cámara de Scorsese es capaz de captar tanto la espectacularidad del momento como la emoción de la despedida, logrando un documento histórico que va mucho más allá de la mera filmación de un concierto. En mi opinión, una de sus mejores películas.

“Creo que tenemos algo muy especial, porque todo se ha centrado en la música, en la interacción entre los músicos. No he rodado secuencias del público enloquecido y exaltado con la música. Eso ya lo hemos visto en la película de Woodstock, que trataba, sobre todo, del público y del acontecimiento. Esto ha sido música pura.” (Martin Scorsese)

                Editada en DVD por Metro Goldwyn Mayer.