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LAS MANOS DE ORLAC (1935) de Karl Freund

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La novela de Maurice Renard Les Mains d’Orlac (1920) -la historia de un pianista al que tras perder las manos en un accidente le trasplantan las de un asesino ajusticiado, con las previsibles consecuencias- ha sido adaptada al cine en tres ocasiones, todas ellas conocidas en España con el título Las manos de Orlac: la alemana Orlacs Hände (1924), realizada por Robert Wiene -el director de El gabinete del Dr. Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920)-; la americana Mad Love (1935), de Karl Freund, y la inglesa The Hands of Orlac (1960), dirigida por Edmund T. Gréville. Pero el partido que el cine le ha sacado a la novela de Renard no se queda aquí, ya que es bastante probable que sea la fuente de la que han bebido otros films con manos u otras partes del cuerpo de las que es recomendable no fiarse, desde la estupenda La bestia con cinco dedos (The Beast with Five Fingers, 1946) de Robert Florey hasta el tercer episodio de Bolsa de cadáveres (Body Bags, 1993) de John Carpenter y Tobe Hooper -aquí es el ojo de un asesino el que es trasplantado a un jugador de béisbol-, pasando por La mano (The Hand, 1981), el segundo largometraje de Oliver Stone, y tantas otras.

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En la adaptación dirigida por Freund, Orlac y sus nuevas manos ceden el protagonismo al doctor Gogol (Peter Lorre), el cirujano que accede a realizar el trasplante al pedírselo la esposa del pianista, una actriz llamada Yvonne de la que Gogol está enamorado en secreto hasta el punto de hacerse con su figura de cera, expuesta en un museo, y llevársela a casa para adorarla e imaginar que pasa sus días con la auténtica. Tras ser rechazado por la joven, en el colmo de su locura amorosa ideará un plan para asesinar al padre de Orlac de manera que este, guiado por las manos del asesino que ahora son suyas, parezca el culpable.

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Estamos pues ante una historia de corte fantástico y, sobre todo, de amour fou, un absoluto delirio que se disfruta al máximo solo si no se toma demasiado en serio, con reminiscencias del expresionismo del que procedía Freund -presentes sobre todo en las escenas desarrolladas en el edificio donde vive Gogol-, y que gira en torno de un mad doctor -otro de los iconos a los que acude a menudo el género- enamorado de manera malsana y fetichista, al que Lorre presta la más alucinada de sus interpretaciones, lo cual no es decir poco.

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Y como punto álgido de lo delirante que llega a ser la película, ahí queda para el recuerdo el momento en que Gogol, disfrazado de manera indescriptible, se cita con Orlac haciéndose pasar por Rollo, el asesino al que guillotinaron, y, antes de convencerle de que esas manos que una vez fueron suyas son las causantes de la muerte de su padre, le dice: “Sí, me cortaron la cabeza; pero el doctor Gogol me la volvió a poner”. Un puro dislate y, a la vez, una escena inolvidable.

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Editada por Feel Films.

 

LA CARRETA FANTASMA (1921) de Victor Sjöström

Körkarlen (1921) Filmografinr 1921/01A Victor Sjöström se le recuerda sobre todo por su interpretación del profesor Isak Borg en Fresas salvajes (Smultronstället, 1957), pero, además de un estupendo actor, fue también, junto a su compatriota y amigo Mauritz Stiller, uno de los más importantes directores europeos en los inicios del cine. De filmografías paralelas, ambos crearon las grandes obras maestras del cine mudo sueco antes de irse a trabajar a Hollywood -Sjöström le dejó al cine americano una de sus películas capitales, El viento (The Wind, 1928)- y ambos tuvieron entre sus referentes la literatura de la escritora sueca Selma Lagerlöf, la primera mujer en ganar el Nobel de literatura, en 1909. Dos de sus mejores films, La carreta fantasma (Körkarlen) y El viejo castillo (Gunnar Hedes saga, 1923), basados en novelas de Lagerlöf, tienen incluso similitudes argumentales y pueden considerarse precedentes de otra obra maestra de Bergman, El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1956).

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La historia que nos cuenta La carreta fantasma recupera una antigua leyenda según la cual si el último fallecido en Nochevieja, antes de que las campanas den las doce, es un gran pecador, deberá conducir durante el año siguiente la carreta que recoge las almas de los muertos. En esta ocasión le toca el turno a David Holm, un tipo de la peor calaña al que el cochero de la carreta le muestra hasta qué punto su vida fue un infierno que perjudicó a quienes le rodeaban, lo cual puede hacernos recordar el relato de Dickens Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843).

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De estructura compleja a base de flashbacks, con una fotografía que alterna los matices terrosos en las escenas diurnas e interiores con los fríos azules en las escenas nocturnas, el film de Sjöström, como tantas otras grandes obras del período mudo, nos sorprende aún hoy por su influencia -¿tuvo en cuenta Kubrick la escena en que David hace pedazos una puerta con un hacha al filmar la famosa y muy similar escena de El resplandor (The Shining, 1980)?-, su planificación, su imaginería y sus impresionantes efectos visuales. Casi un siglo después, ese icono del cine que es la figura del cochero con su guadaña, que atraviesa las puertas y los muros para cargar con las almas, continúa resultando impresionante.

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¡FELIZ 2015 PARA TODOS!

 

LOS NIÑOS LOBO (2012) de Mamoru Hosoda

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ookami-kodomo-no-ame-to-yukiA pesar de su todavía breve filmografía, Mamoru Hosoda es ya el gran candidato para suceder a Hayao Miyazaki en el trono de la animación japonesa, y buena prueba de ello es esta pequeña joya titulada Los niños lobo (Ôkami Kodomo no Ame to Yuki), su última película hasta la fecha, la cual tiene, como La princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997) de Miyazaki, un punto ecologista que apuesta por la recuperación de la vida en contacto con la naturaleza y una mirada sobre la realidad combinada con elementos fantásticos, aunque presentes de manera menos exuberante y abrumadora.

Los niños lobo cuenta la historia de Hana, una muchacha que se casa con un joven y solitario hombre lobo con el que tiene dos hijos, Ame y Yuki, que heredan la facultad de transformarse en lobos. Tras la muerte del padre, Hana decide llevarse a sus hijos a vivir en el campo para alejarlos de las miradas de los humanos. Allí saldrá adelante cultivando la tierra mientras Ame y Yuki crecen y ven acercarse el momento en que deberán decidir si quieren vivir entre los humanos o entre los lobos.

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Sin guiños hacia el cine de terror ni escenas violentas, a pesar del componente fantástico de la licantropía, y filmada de manera serena, poética y contemplativa, con mayor influencia, en mi opinión, del cine clásico japonés que la mayoría de films de animación -sin ir más lejos, la escena en que Yuki, cubierta de heridas, tiembla en la bañera me recuerda, tanto en su forma como en su significado, a uno de los momentos más dramáticos y decisivos de Lluvia negra (Kuroi ame, 1989) de Imamura-, Los niños lobo es una preciosa fábula educativa, destinada a mayores y niños por igual, sobre la aceptación de los que son diferentes y sobre las decisiones importantes que hemos de tomar a lo largo de nuestra vida.

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Editada en DVD por Selecta Visión.

 

EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE (1957) de Jack Arnold

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Tanto James Whale en su obra maestra La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935) como Tod Browning en Muñecos infernales (The Devil-Doll, 1936) nos mostraron, cuando el cine aún echaba mano mucho más del talento y la imaginación que de los medios tecnológicos, lo fascinantes que pueden resultar para el espectador los seres humanos diminutos en una película. Posiblemente inspirándose en esas dos joyas del cine, y añadiendo unas gotas de la tremenda La parada de los monstruos (Freaks, 1932), también de Browning, el gran Richard Matheson publicó en 1956 su novela El hombre menguante (The Shrinking Man), un incontestable clásico del género fantástico.

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Al año siguiente, el guión escrito por el propio Matheson fue llevado a imágenes por Jack Arnold, un cineasta todoterreno acostumbrado a manejarse con bajos presupuestos, que ya había hecho sus pinitos en el género y cuya filmografía probablemente dormiría el sueño de los justos de no ser por El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man).

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Entre Arnold y Matheson dieron a luz una cumbre de la fantasía, una obra maestra de la ciencia-ficción, del cine de aventuras, del cine en general y con mayúsculas. Pero no se quedaron ahí. Sobre todo en su extensa parte final, en la que el pobre Scott, el pequeñísimo Scott que ya apenas es más grande que una cerilla, ha de luchar contra toda clase de peligros domésticos que ponen en peligro su vida y procurarse alimento y agua utilizando para ello toda su inteligencia e imaginación, demostraron que el cine de género, además de entretenernos, también sabe hablarnos de manera profunda de temas como el miedo, la libertad (ahí queda esa imagen para la historia: Scott ofreciendo un pedazo de comida, a través de una reja que para él es como su jaula, a un pájaro mucho más grande que él y que disfruta de su libertad), la soledad de los que son diferentes o lo que supone nuestra existencia en relación con el universo, algo tan ínfimo y tan único a la vez.

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Editada en DVD por Universal.

 

AL MORIR LA NOCHE (1945) de Basil Dearden, Alberto Cavalcanti, Robert Hamer y Charles Crichton

La productora británica Ealing ha pasado a la historia del cine por ser la responsable de un buen puñado de extraordinarias comedias -varias de ellas, obras maestras- dotadas de un sello inconfundible. Con Al morir la noche (Dead of Night) hizo un alto en el camino para adentrarse en el terreno fantástico del terror psicológico, a través de un film de episodios -formato que tan de moda se pondría años más tarde- dirigidos por Basil Dearden, Alberto Cavalcanti (dos de ellos), Robert Hamer y Charles Crichton, cuatro de los habituales cineastas de la productora.

        El hilo conductor de las historias es una reunión en una casa de campo en la que uno de los invitados afirma haber soñado varias veces con la situación en que se encuentran, explicando cosas que van a suceder a continuación. A partir de esta premisa, cada uno de los invitados cuenta un suceso sobrenatural del que fueron partícipes. Espejos encantados, visitas fantasmales, avisos que previenen de una muerte cercana…nos ilustran sobre los límites entre la realidad y las pesadillas, sobre la vida como “un sueño dentro de otro sueño”, como escribió Poe en uno de sus más célebres poemas. 

        Entre el estupendo tono general, para mí destaca especialmente el episodio del ventrílocuo poseído por la personalidad de su muñeco Hugo, con un argumento que el cine nos ha mostrado en un montón de películas: desde El gran Gabbo (The Great Gabbo, 1929) de Erich von Stroheim y James Cruze, hasta una de las mejores Historias para no dormir de Narciso Ibáñez Serrador, pasando por Magic (1978) de Richard Attenborough y cien ejemplos más. Dirigido por Cavalcanti y protagonizado por Michael Redgrave, es una gozada presente en cualquier antología del fantástico, cuyo final apostaría a que influyó en Hitchcock para el de Norman Bates en Psicosis (Psycho, 1960).

               Editada en DVD por Regia Films.

EDUARDO MANOSTIJERAS (1990) de Tim Burton

Para terminar el año, una maravilla que nos regalaron Tim Burton, Johnny Depp y Winona Ryder hace ya -parece mentira- más de veinte años. Entre el gótico y los cuentos de hadas, entre el monstruo de Frankenstein y La Bella y La Bestia, una historia de amor y aceptación a los que son diferentes en un lugar en el que nunca nieva, hasta que Eduardo extrae la nieve de sus esculturas de hielo. Uno de los más hermosos cuentos navideños de la historia del cine.

 

                              Editada en DVD por Fox.

                             ¡FELIZ 2012 PARA TODOS!

THE SADDEST MUSIC IN THE WORLD (2003) de Guy Maddin

Año tras año buena parte de la crítica y de los festivales de cine se empeña en descubrirnos a cineastas que, supuestamente, aportan un soplo de aire fresco al anquilosado séptimo arte y revolucionan el marchito lenguaje de la imagen y sus reglas narrativas: son los nuevos gurús del cine. Sus nombres son reverenciados en pedantes tertulias cinéfilas y, a juzgar por los elogios y los premios recibidos, parece que de haber nacido cincuenta años antes Orson Welles y John Ford habrían empeñado su cámara y se habrían dedicado a la fontanería o al asunto del andamio. ¿De verdad que no has visto aún sus películas? ¿A qué coño esperas? Si sigues siendo un ignorante durante unos meses más corres el grave riesgo de que estos genios caigan en el olvido sin que hayas citado ni una sola vez sus habitualmente impronunciables nombres. Tendrás entonces que seguir buscando ese remedio infalible contra tu habitual insomnio, mientras sigues escuchando las campanadas a medianoche y vuelves a recordar qué verde era tu valle.

        Pero como, parafraseando al Borges lector de Lovecraft, la curiosidad sigue pudiendo más que el miedo, uno acaba siempre por encontrar algo que vale la pena entre tanta mandanga disfrazada de innovación. Y no es que Guy Maddin vaya a engrosar la lista de mis cineastas de cabecera ni que me disponga a recomendar sus películas a diestro y siniestro, pero en el poco cine suyo que he visto, especialmente en The saddest music in the world, sí he encontrado lo suficiente como para creer que no estoy ante otra tomadura de pelo.

        Con la ayuda en el guión del gran escritor británico Kazuo Ishiguro, con unas gotas del David Lynch más extravagante y del Fellini más circense, recuperando buena parte de los recursos cinematográficos del cine mudo (incluyendo una preciosa pero voluntariamente desgastada fotografía en blanco y negro) y recordándonos el clásico de Tod Browning Garras humanas (The Unknown, 1927), Maddin nos narra (es un decir) la historia del concurso que convoca la reina de la cerveza de Winnipeg (interpretada por Isabella Rossellini, habitual en el cine del director canadiense) para encontrar la canción más triste del mundo. El género fantástico, el musical y las historias de amor más atormentadas se alían para ofrecernos algo que nos parece completamente nuevo pero que mira de reojo a los clásicos.

                  Editada en DVD por Cameo.

THE BESPOKE OVERCOAT (1956) de Jack Clayton

Antes de dirigir la magnífica Un lugar en la cumbre (Room at the Top, 1959) -película que inauguró el Free Cinema y que, a día de hoy, me sigue pareciendo la mejor de ese movimiento cinematográfico tan olvidado-, Jack Clayton ya había realizado una pequeña maravilla titulada The Bespoke Overcoat, basada en la obra teatral de 1953 escrita por Wolf Mankowitz, que a su vez adaptaba un relato de Nikolai Gogol. Entre sus numerosos premios, el Oscar de 1957 al mejor cortometraje.

        El film cuenta la historia del fantasma de Fender, un pobre anciano que ha muerto de frío tras ser despedido de su trabajo, precisamente en el almacén de una fábrica de abrigos. Fender vuelve del más allá para, con la ayuda de su amigo Morrie, llevarse con él a la tumba lo que considera justo: uno de los abrigos de la fábrica como compensación a tantos años de sacrifio mal pagado.

         A caballo entre el cine de denuncia nada panfletario y el cine fantástico que tanto atrajo a Clayton a lo largo de su carrera, The Bespoke Overcoat nos ofrece, en apenas media hora, una tierna y nada crispada historia sobre las diferencias de clase y la justicia para los más desfavorecidos a través de escenas magistrales como la solitaria muerte de Fender en la cama o el regreso definitivo del fantasma a su morada, ya con su nuevo abrigo, despidiéndose de su amigo en la oscuridad del almacén.

              Editada en DVD por Manga Films.

EL FANTASMA DEL PARAÍSO (1974) de Brian De Palma

Vi por primera vez El fantasma del paraíso (Phantom of the Paradise) hace una pila de años en Televisión Española, cuando el ente público aún no era tan terrorífico como el que acosaba a Barbara Hershey en el film de Sidney J. Furie y, además de películas, solía ofrecer buen cine. Recientemente tuve ocasión de volver a verla en un pase de la Filmoteca, temiendo que uno de los dos hubiese envejecido mal y que no respondiese al buen recuerdo que me dejó. Nada de eso.Volví a pasármelo como el enano que era en nuestra primera cita.

        Tomando elementos prestados de El fantasma de la ópera de Gaston Leroux, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, y el Fausto de Goethe, y con algunos recursos propios del cine mudo y del cómic, De Palma se cocina una gamberrada poblada por personajes extravagantes y caricaturescos, un film originalísimo a caballo entre el terror, la comedia salvaje y el musical que arremete contra el mundo de la popularidad, los fans y el éxito a cualquier precio. Y, como no podía ser de otro modo tratándose de un film de De Palma, aparece también el consabido homenaje a Hitchcock, esta vez en una divertida parodia del asesinato en la ducha de Psicosis.

        ¿La mejor película de su director? Siendo un poco rigurosos quizás habría que acudir a las imágenes de Fascinación (Obsession, 1976), Atrapado por su pasado (Carlito´s way, 1993), o La Dalia Negra (The Black Dahlia, 2006), los tres films donde, en mi opinión, mejor aprovecha Brian De Palma lo asimilado desde el cine de Hitchcock, Scorsese y Orson Welles. Pero, para los que no siempre tragamos con el virtuosismo y la brillantez visual tantas veces hueca de este cineasta, El fantasma del Paraíso supone un soplo de aire fresco entre tanto fuego de artificio.

            Editada en DVD por Fox

EL PUEBLO DE LOS MALDITOS (1960) de Wolf Rilla

Con cuatro duros y mucho talento, el guionista y director alemán Wolf Rilla adapta la novela de John Wyndham The Midwich cuckoos (1957). El resultado es El pueblo de los malditos (Village of the damned), un pequeño clásico entre el terror y la ciencia-ficción, la historia de un pueblo en el que sus habitantes pierden el conocimiento durante unas horas, las mujeres en edad de procrear quedan misteriosamente embarazadas, y los niños que nacen resultan todos rubios, de ojos misteriosos, con una inteligencia superior y ajenos a los sentimientos. Y claro, primero los lugareños y luego las autoridades comienzan a preocuparse…

        Con el gran George Sanders llenando la pantalla sin esforzarse mucho, el niño Martin Stephens casi tan enigmático como dando vida a Miles en Suspense, varias interpretaciones a elegir (el rechazo a lo diferente, las teorías filosóficas del ser superior, la amenaza de la raza aria), y un plano final que nos deja la mosca tras la oreja, El pueblo de los malditos es una de las grandes contribuciones a un género que en Europa gozó de inmejorable salud durante los años 50 y 60.

        Y si a alguien le apetece una triple sesión, la secuela de Anton Leader Los hijos de los malditos (Children of the damned, 1963) y el remake de 1995 dirigido por John Carpenter son también muy recomendables. Pero a partir de ahora, tened cuidado si un niño de pelo rubio se os queda mirando fijamente.

            Editada en DVD por Warner.