Archive for the ‘cine romántico’ Tag

HÔTEL DU NORD (1938) de Marcel Carné

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hotel-du-nord-movie-poster-1938-1020242400Dos jóvenes amantes, Renée (Annabella) y Pierre (Jean Pierre Aumont), alquilan una habitación en el Hôtel du Nord con la intención de suicidarse. Según lo previsto, Pierre dispara a su novia, pero después es incapaz de seguir con el plan y huye ante la presencia de Edmond (Louis Jouvet), un matón y proxeneta que se aloja en el hotel y que ha acudido al oír el disparo. Arrepentido de su cobardía, acaba entregándose a la policía.

Trasladada a un hospital, Renée sobrevive y es contratada como camarera en el hotel. Su presencia altera la rutina de los clientes y pronto empiezan a surgirle pretendientes, pero ella sigue enamorada de Pierre y comienza a visitarlo en la cárcel, aunque este, en un principio, la rechaza. Este hecho hace que Renée se plantee cambiar de vida por completo y acceda a huir con Edmond, a quien buscan unos antiguos socios para eliminarlo por haberlos traicionado, pero en el último momento se arrepiente y decide esperar a Pierre, lo que significará el fin para Edmond.

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Film coral basado en la novela de Eugène Davit, Hôtel du Nord supuso en su momento una de la muestras más populares del realismo poético que abanderó Marcel Carné y del romanticismo exacerbado en el cine gracias a la historia de los amantes protagonistas. Vista hoy, es una buena película en la que el interés por las figuras de los dos jóvenes se desplaza hacia dos personajes aparentemente secundarios que se van adueñando paulatinamente de la escena y a los que el guionista Henri Jeanson dedica las mejores líneas de diálogo: la prostituta interpretada por la enorme actriz Arletty y, sobre todo, el proxeneta al que da vida Louis Jouvet, uno de los grandes del cine europeo. Su confesión a Renée, sentado en un banco del parque, entre las sombras nocturnas, de cuál es su verdadera identidad y de que, tras haberla conocido, está dispuesto a renunciar a su pasado y cambiar de vida, y su entrega voluntaria para morir a manos de quienes lo persiguen tras entender que su amada sigue queriendo a Pierre son los dos momentos más hermosos de la película, y hacen de Edmond uno de los grandes paradigmas del antihéroe trágico, que tantos grandes personajes dará más adelante al noir norteamericano.

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Editada por Cameo.

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RECUERDO DE UNA NOCHE (1940) de Mitchell Leisen

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Recuerdo de una noche (Remember the Night) nos cuenta la historia de una ladrona llamada Lee (Barbara Stanwyck) cuyo juicio se aplaza por las fiestas navideñas. El fiscal del distrito, Jack Sargent (Fred MacMurray) se apiada de ella y, tras pagar su fianza, la acompaña a casa de su madre. Ante el rechazo de esta, Jack decide llevarse a Lee a pasar la Navidad y la Nochevieja con su propia familia.

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Respondiendo a una de las características más reconocibles del cine de Leisen -la mezcla de diferentes géneros en una misma película con sorprendente fluidez-, Recuerdo de una noche comienza siendo, hasta la visita a la madre de Lee, una divertidísima comedia marca de la casa de su guionista Preston Sturges y en su último tercio, cuando Lee ha de pasar finalmente cuentas con la justicia, pasa a adquirir un tono más serio y oscuro de drama romántico, en el que brilla especialmente la fotografía de Ted Tetzlaff.

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En medio, las escenas junto a la madre y la tía de Jack (Beulah Bondi y Eizabeth Patterson), una pareja de ancianas entrañables que hacen pasar a Lee las mejores Navidades de su vida, y la fiesta de Nochevieja en el granero del pueblo, que acabará por unir para siempre al abogado y la ladrona rehabilitada gracias al espíritu navideño, acaban de redondear un film repleto de buenas intenciones hollywoodienses pero también de esa maravillosa inocencia recreada a base de talento cinematográfico a la que nunca nos cansamos de regresar.

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Editada por Impulso.

¡FELIZ 2016 PARA TODOS!

MUCHACHAS DE UNIFORME (1931) de Leontine Sagan / CORRUPCIÓN EN EL INTERNADO (1958) de Géza Von Radványi

tumblr_mr2nsr0hXf1sspwr0o1_500Christa Winsloe fue una escritora húngara que vivió los años de libertades individuales y esplendor cultural de la República de Weimar en Alemania. Activista política y declarada abiertamente homosexual, tuvo que huir de los nazis a Francia, donde fue ejecutada en 1944.

Pasó parte de su adolescencia en un internado donde sufrió la estricta disciplina prusiana, que educaba a las jóvenes para ser abnegadas esposas y madres de futuros soldados al servicio de la patria. Esa experiencia la revivió en la obra de teatro Ayer y hoy Gestern und Heute, 1930), que sirvió de base para las películas Muchachas de uniforme y Corrupción en el internado, ambas tituladas originalmente Mädchen in Uniform.  En 1933, Winsloe publicó la novela sobre el mismo tema La muchacha Manuela (Das Mädchen Manuela).

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Aunque el lesbianismo ya había estado presente de manera tangencial en películas anteriores, Muchachas de uniforme pasa por ser la primera que trata el tema de manera directa como parte crucial del argumento. Fue, lógicamente, censurada en muchos países, pero gozó de una gran acogida en los que pudo estrenarse.

Dirigida por Leontine Sagan, discípula de Max Reinhardt, la historia nos sitúa en el año 1910, en un colegio de la ciudad de Potsdam en el que las internas son educadas en la obediencia y el miedo y solo encuentran consuelo en la relación entre ellas y en la comprensión de la profesora Von Bernburg (Dorothea Wieck), a la que admiran y quieren. Una nueva alumna llamada Manuela (Hertha Thiele), a la que le cuesta adaptarse a esa nueva vida de restricciones, se sentirá atraída por ella de manera dramática.

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El film de Sagan trata de manera seria y sensible, sin efectismos, tanto el tema de la educación retrógrada e inhumana como el de la atracción física y sentimental entre mujeres, vista quizá en parte como tabla de salvación ante la situación e incluso se diría que aceptada tácitamente por la dirección del centro. Su elegante puesta en escena nunca nos evoca su origen teatral, y la espiritualidad y desnudez de algunos momentos -la maravillosa escena en que Von Bernburg da las buenas noches a sus alumnas besándolas en la frente y acaba besando en los labios a Manuela; la casi fantasmal secuencia en que la muchacha sube las escaleras rezando un Padre Nuestro mientras sus compañeras la buscan atemorizadas, o cualquiera de los primeros planos de la actriz Hertha Thiele- consiguen en su maestría incluso recordarnos el cine de Dreyer.

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maedchen-in-uniform-movie-poster-1958-1020429124En 1958, el cineasta húngaro Géza Von Radványi, hermano del gran escritor Sándor Márai, realizó un remake en color al que en nuestro bendito país se le colgó el comercial y lamentable título Corrupción en el internado. Esta adaptación, protagonizada por Lilli Palmer y una jovencísima Romy Schneider, introduce pequeñas variantes sin demasiada importancia en el argumento, pero en lo esencial sigue fielmente el modelo filmado por Sagan. Nominada al Oso de Oro en el Festival de Berlín, aunque carece de la belleza de los mejores momentos de su predecesora es una buena película que vale la pena ver como un más que digno complemento de la original.

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Y como curiosidad final, la muy probable influencia, sobre todo de la segunda versión, en el estupendo film español La residencia (1969), dirigido por Narciso Ibáñez Serrador y escrito por Juan Tébar, una historia de terror con gotas de erotismo ambientado en una institución para señoritas y protagonizado, precisamente, por Lilli Palmer.

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Editadas por Regia Films.

 

 

LA RAGAZZA DI BUBE (1963) de Luigi Comencini

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La_ragazza_di_BubeNo siempre es imprescindible que las películas que forman parte de nuestra memoria cinéfila sean absolutas maravillas. A veces basta un solo plano, un diálogo, un tema musical o una interpretación para que a algunas les hagamos un pequeño sitio en nuestros recuerdos. En mi caso, una de ellas es La ragazza di Bube, adaptación de la novela de Carlo Cassola dirigida por Luigi Comencini, la historia de una muchacha llamada Mara a la que presta alma, corazón y vida Claudia Cardinale: un personaje, una actriz y un rostro que, como pocas veces, son toda una película, empezando por su título. Y no quiero decir con esto que Comencini -un buen director con alguna estupenda cinta en su filmografía como Todos a casa (Tutti a casa, 1960)- no pinte nada; pero sí creo que a la historia y al resto de personajes les falta fuerza y acaban diluyéndose ante la presencia de Mara/Claudia.

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La alegre Mara, la muchacha de pelo corto traviesa y rebelde que se enamora de un forastero al que llaman Bube (un George Chakiris que dos años antes daba el pego bailando al ritmo de Shakespeare, pero al que aquí se le ven las costuras); la que lo mira mientras duerme aguardando pacientemente a que despierte; la que lo acompaña en su huida tras ser acusado de asesinar a un policía fascista…

La triste Mara, la que espera durante años que Bube salga de la cárcel; la que pasea de noche, bajo la luz de las farolas, junto a Stefano (Marc Michel), un escritor enamorado de ella al que acabará rechazando; la que, mientras viaja en tren para visitar a Bube, recuerda su historia al inicio del film…

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A ambas, y a cómo las ilumina la espléndida fotografía de Gianni Di Venanzo, pertenecen todos y cada uno de los grandes momentos de la película, hasta el punto de que si hay en ella una historia de amor que realmente nos conmueve es la que vive la cámara con Claudia Cardinale.

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Editada en DVD por Mon Inter Comerz.

 

 

 

SOLEDAD (1928) de Paul Fejos

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En 1923, un cineasta húngaro llamado Pál Fejós huyó de su país a Estados Unidos, donde realizó parte de su no demasiado extensa filmografía bajo el nombre de Paul Fejos. Entre las películas que dirigió en Hollywood, una obra maestra absoluta y perfecta de una hora de duración titulada Soledad (Lonesome), tan extrañamente poco conocida como el resto de sus obras.

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El film de Fejos comienza mostrándonos, de forma paralela, la rutina diaria de Mary y Jim, un par de almas solitarias entre la multitud de la gran ciudad: el despertar para ir a ganarse la vida, el metro repleto de gente, la monotonía del trabajo en una centralita y en una fábrica, la despedida de los compañeros que van a pasárselo bien con sus parejas mientras ellos se retiran aburridos a sus casas…

Ese día, la casualidad hace que ambos cambien de planes y se unan a una excursión para pasar la tarde en la playa y en un parque de atracciones durante la cual se conocen y se enamoran; pero un accidente en el que se ve envuelta Mary y una gran tormenta que provoca el pánico entre la multitud consiguen separarlos, quizá para siempre.

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Con algunas similitudes con la obra maestra de King Vidor Y el mundo marcha (The Crowd) -curiosamente, estrenada también en 1928-, tanto en la visión que ofrece de la ciudad y de sus habitantes como un ente que se mueve constantemente al mismo ritmo y que nos impide pararnos a conocer, incluso, al vecino de al lado, como, más concretamente, en ciertos momentos de la larga secuencia del parque de atracciones, Soledad es uno de esos mayúsculos ejemplos del cine mudo que aún hoy siguen sorprendiéndonos por sus efectos visuales y por su imaginación para contar una historia sin la ayuda de la palabra. Desde las sobreimpresiones de la gente que llama a la centralita en que trabaja Mary y del reloj en el que va reflejándose el paso de las horas, hasta la impresionante escena del caos durante la tormenta que parece querer devolver a nuestros protagonistas a su soledad, pasando por los planos que aíslan momentáneamente a los enamorados de todo lo que los rodea, nos encontramos ante un film increíblemente moderno con un ritmo más propio de un cine muy posterior que para sí quisieran muchas películas sonoras de los años treinta.

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Al parecer, existe más de una copia de Soledad. A la que está disponible en dvd se le añadieron algunos breves diálogos -cosas de la experimentación en los albores del cine sonoro- y se le colorearon a mano algunos fotogramas muy bien escogidos, aquellos que muestran los mayores momentos de felicidad de los dos enamorados separados de la multitud, lo que, en lugar de molestar, creo que incluso contribuye a la belleza de esta maravilla que seguro sorprenderá a quienes no la conozcan.

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Editada en DVD por Feel Films.

 

 

 

THE DEEP BLUE SEA (2011) de Terence Davies

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Aunque la breve y poco conocida filmografía de Terence Davies se ha ido labrando poco a poco cierto prestigio, buena parte de la crítica acostumbra a tachar sus películas de excesivamente frías y preciosistas, de preocuparse más por la estética de sus imágenes que por hacer partícipe al espectador de la pasión, el drama, los sentimientos que guardan sus historias. The Deep Blue Sea, su último estreno hasta la fecha y una de mis películas favoritas de los últimos años, no solo no ha sido una excepción sino que, probablemente, es el film de Davies que ha encontrado una mayor división de opiniones, desde los que piensan que es una obra maestra hasta los que ven en ella el mayor compendio de los defectos de su cine.

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Basada en la obra teatral de 1952 escrita por Terence Rattigan, que ya fue llevada al cine en 1955 por Anatole Litvak con Vivien Leigh como protagonista, la película -cuyo título, si no me equivoco, proviene del dicho between the devil and the deep blue sea, algo así como “entre la espada y la pared”- cuenta la historia de Hester (memorable Rachel Weisz), una joven que renuncia a su posición acomodada junto a su marido, a todo lo que tiene, por el amor que siente hacia otro hombre, desafiando a la sociedad puritana de la época. Estamos, pues, ante un triángulo amoroso que, como veremos más adelante, puede traernos a la memoria otras obras maestras.

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Apoyándose en una fotografía, una música y una ambientación extraordinarias, como suele ser habitual en su cine, la puesta en escena de Davies renuncia a la representación melodramática, a la exposición desnuda y desaforada de los sentimientos, y opta por la austeridad de los diálogos y los silencios, por observar a sus personajes a menudo en la distancia, a través de los cristales o en sus reflejos, como si los espiara (en algunos momentos, me recuerda al cine de Ophüls), por la mirada de una heroína que interioriza todo lo que siente y que es el centro absoluto de la película, como lo era también Lily Bart (Gillian Anderson) en La casa de la alegría (The House of Mirth, 2000), la anterior y minusvalorada película de Davies. Esa aparente frialdad, esa pasión retenida, me parece que se presta perfectamente para contarnos lo que en realidad es el film: no la historia de una relación amorosa, sino la del amor de una mujer y lo que por él es capaz de hacer; la historia de su elección, su renuncia y su soledad.

Para encarnarla, nadie mejor que Rachel Weisz, una de las más grandes actrices de la última década. Consciente de lo que es capaz de darle, Davies le entrega en bandeja la película y entre ambos hacen de Hester uno de esos personajes femeninos que se guardan en la memoria. Cómo no hacerlo, por ejemplo, en la maravillosa escena del andén, homenaje a una muy similar protagonizada por Ann Todd y filmada por David Lean en aquella joya -otro triángulo amoroso- titulada Amigos apasionados (The Passionate Friends, 1949).

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Y continuando con los triángulos amorosos, la película a la que más me recuerda The Deep Blue Sea, salvando todas las distancias que se quiera, no es otra que la obra maestra de Dreyer Gertrud (1964). A saber si Rattigan leyó la obra teatral, de 1906, escrita por Hjalmar Söderberg en la que se basó el cineasta danés, pero ¿no era aquella también la historia de una mujer que abandonaba a su marido por un amor finalmente no correspondido? ¿No era la historia de una mujer que renunciaba a todo cuanto tenía, a toda su vida, por seguir el camino en el que creía y que acababa recluida en su propia soledad? ¿Nos parece fría la película de Dreyer, una de las obras capitales del cine, porque sus personajes apenas dan rienda suelta a sus sentimientos y dicen, más que interpretan, sus líneas de diálogo sin casi mirarse?

Particularmente, la Hester que interpreta Rachel Weisz me ha devuelto, siquiera en parte, a la Gertrud que encarnó Nina Pens Rode, a uno de los más grandes personajes femeninos que he visto en una pantalla, como si el director británico hubiera querido regalarse -y regalarnos- su propia Gertrud particular. El film de Dreyer es hoy en día intocable; veremos qué le depara el futuro al de Davies.

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Editada en DVD por Avalon.

LOS NIÑOS LOBO (2012) de Mamoru Hosoda

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ookami-kodomo-no-ame-to-yukiA pesar de su todavía breve filmografía, Mamoru Hosoda es ya el gran candidato para suceder a Hayao Miyazaki en el trono de la animación japonesa, y buena prueba de ello es esta pequeña joya titulada Los niños lobo (Ôkami Kodomo no Ame to Yuki), su última película hasta la fecha, la cual tiene, como La princesa Mononoke (Mononoke-hime, 1997) de Miyazaki, un punto ecologista que apuesta por la recuperación de la vida en contacto con la naturaleza y una mirada sobre la realidad combinada con elementos fantásticos, aunque presentes de manera menos exuberante y abrumadora.

Los niños lobo cuenta la historia de Hana, una muchacha que se casa con un joven y solitario hombre lobo con el que tiene dos hijos, Ame y Yuki, que heredan la facultad de transformarse en lobos. Tras la muerte del padre, Hana decide llevarse a sus hijos a vivir en el campo para alejarlos de las miradas de los humanos. Allí saldrá adelante cultivando la tierra mientras Ame y Yuki crecen y ven acercarse el momento en que deberán decidir si quieren vivir entre los humanos o entre los lobos.

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Sin guiños hacia el cine de terror ni escenas violentas, a pesar del componente fantástico de la licantropía, y filmada de manera serena, poética y contemplativa, con mayor influencia, en mi opinión, del cine clásico japonés que la mayoría de films de animación -sin ir más lejos, la escena en que Yuki, cubierta de heridas, tiembla en la bañera me recuerda, tanto en su forma como en su significado, a uno de los momentos más dramáticos y decisivos de Lluvia negra (Kuroi ame, 1989) de Imamura-, Los niños lobo es una preciosa fábula educativa, destinada a mayores y niños por igual, sobre la aceptación de los que son diferentes y sobre las decisiones importantes que hemos de tomar a lo largo de nuestra vida.

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Editada en DVD por Selecta Visión.

 

EL CAMINO A CASA (1999) de Zhang Yimou

Con el retraso que ya parece costumbre por estos lares cuando se trata de cine que no viene de Hollywood, se estrenó en España hace unos cuantos días Amor bajo el espino blanco (Shan zha shu zhi lian, 2010). Sin ser uno de los mejores trabajos de Zhang Yimou, al menos en parte recupera un tipo de cine con el que el director chino, adaptando una novela del escritor Shi Bao, consiguió una maravilla titulada El camino a casa (Wo de fu qin mu qin), la historia de amor eterno entre un joven maestro y una de las muchachas de la aldea a la que es enviado, recordada muchos años después durante los preparativos del funeral del profesor.

        Apoyándose en una impresionante fotografía, en una preciosa música y, sobre todo, en la conmovedora composición que de su personaje realiza la actriz Zhang Ziyi (su sola presencia ya hace recomendable la visita), Yimou nos emociona de la manera menos artificiosa, más sencilla y contemplativa y, a la vez, más difícil. Nos muestra las largas esperas de la muchacha en el camino para ver regresar al maestro; los paseos hasta la escuela para, simplemente, escuchar su voz mientras da clase; las largas horas tejiendo y cocinando para su enamorado, deseando que se fije en ella y aprecie lo que hace por él…

        Ni diálogos grandilocuentes ni escenas de pasión desbordada; de hecho, los dos personajes prácticamente ni se hablan ni se tocan durante toda la película. Silencios y miradas, y pequeños detalles cotidianos, para un film que, como toda obra maestra, consigue que veamos la historia más antigua como si fuera la primera vez.

          Editada en DVD por Columbia.

LA JETÉE (1962) de Chris Marker

En un muelle de París, un niño ve por un instante a una mujer y ese recuerdo le acompañará el resto de su vida. En ese mismo momento, un hombre que aparece corriendo cae muerto. Años más tarde, la tierra ha sido devastada por la III Guerra Mundial y aquel niño, ya adulto, es utilizado en experimentos para viajar en el tiempo. Al regresar al pasado, entablará una relación con aquella mujer que vio en el muelle.

        En uno de los momentos más hermosos del film, la protagonista (Hélène Chatelain) se despierta en su cama y mueve los párpados. Es el único plano en que Chris Marker filma brevemente el movimiento. El resto de los apenas treinta minutos de La Jetée está montado con fotos fijas acompañadas de música y de la voz en off de un narrador, pero esto no debería echar para atrás a ningún aficionado al mejor cine: probablemente nunca el séptimo arte nos haya dado tanto en tan poco tiempo. Maravillosa historia de amor y de ciencia-ficción, La Jetée es literatura ilustrada, un relato fotografiado, una obra maestra sobre los breves momentos que se fijan en nuestra memoria para no abandonarnos nunca. Y, de regalo, su sorprendente final nos deja (al menos a mí) con la boca abierta.

        Influida, como tantas otras películas, por De entre los muertos (Vertigo, 1958) de Hitchcock, su huella no ha dejado de notarse en el posterior cine de ciencia-ficción, y Terry Gilliam la homenajeó en 12 monos (12 Monkeys, 1995).

               Editada en DVD por Intermedio.

TRES CAMARADAS (1938) de Frank Borzage

En su última novela Aire de Dylan (2012), Enrique Vila-Matas cita la frase “Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien”, una de las incontables líneas de diálogo maravillosas de Tres camaradas (Three Comrades), dirigida por Frank Borzage, producida por Joseph Mankiewicz y escrita, a partir de la novela de Erich Maria Remarque, por Edward E. Paramore Jr. y Francis Scott Fitgerald, en la que, si no me equivoco, fue la única vez que el autor de El gran Gatsby apareció acreditado como guionista en una película.

        Tres camaradas, ambientada en la Alemania de 1920, nos cuenta la amistad entre Erich, Otto y Gottfried (espléndidos Robert Taylor, Franchot Tone y Robert Young), tres compañeros del ejército que intentan salir adelante como pueden tras la guerra. Durante una tarde de juerga conocen a Patricia (Margaret Sullavan), quien reforzará aún más la amistad entre los tres y acabará casándose con Erich. A lo largo de su historia tendrán cabida la comedia y el drama, la venganza y la muerte, logrando el que para mí supone uno de los grandes homenajes del cine al amor y la lealtad, a las ganas de vivir. Quizá eche para atrás a los espectadores que no traguen con su ingenuidad, pero los que aún conserven ante el cine una mirada inocente pueden encontrarse ante una de las películas que más le haya emocionado. En mi opinión, es el mejor film del hoy tan olvidado Borzage y uno de los mejor escritos del cine nortemericano de los 30.

        A pesar de ser una película no demasiado conocida, posiblemente haya que tomarla como referencia de otras más prestigiosas como Los mejores años de nuestra vida (The Best Years of Our Lives, 1946) de William Wyler y, sobre todo, Siempre hace buen tiempo (It´s Always Fair Weather, 1955) de Stanley Donen y Gene Kelly. Y quién sabe si Mankiewicz, productor del film, no tuvo en cuenta su inolvidable escena final a la hora de ponerle rúbrica a su obra maestra El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, 1947).

              Editada en DVD por Art House media.