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MATAR O NO MATAR, ÉSTE ES EL PROBLEMA (1973) de Douglas Hickox

Matar_o_no_matar_este_es_el_problema-224978060-largeAdaptaciones más o menos fieles de sus obras; películas que las incluyen como parte importante de su argumento (ahí están, por ejemplo, dos joyas como Ser o no ser (To Be or Not To Be, 1942) de Lubitsch y Doble vida (A Double Life, 1947) de Cukor); guiones de género que recurren a ellas como disimulada fuente de inspiración… El cine de todas las épocas ha tenido siempre en el teatro de Shakespeare un clavo al que agarrarse, un inagotable seguro de vida al que los guionistas continúan acudiendo.

Una de las más originales y disparatadas películas de las que han recuperado al dramaturgo inglés es Matar o no matar, éste es el problema (Theatre of Blood) de Douglas Hickox, un cineasta cuya filmografía no da motivos, precisamente, para montar una fiesta y que consigue aquí su mejor trabajo, aunque en manos de otro director más avezado la cosa habría dado aún para mucho más.

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La historia que nos cuenta es la de Edward Lionheart (Vincent Price), un veterano actor teatral especializado en Shakespeare que se suicida tras ser injustamente ignorado en la entrega de los premios anuales que conceden los críticos londinenses. Dos años más tarde, esos críticos van apareciendo asesinados, emulando los crímenes de las tragedias shakesperianas.

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El film es una mezcla del género de terror con la comedia negra de trazo grueso, y en ambas líneas nos ofrece momentos estupendos: el primer asesinato, representando la muerte de Julio César; la aparición en un cementerio de un caballo al galope arrastrando el cadáver sanguinolento de uno de los críticos (posiblemente la imagen más perdurable); la divertida escena en que Lionheart/Price se hace pasar por peluquero afeminado para acabar con la única mujer del grupo, o la recreación de una de las muertes de Tito Andrónico, en la que uno de los críticos, amante de la buena mesa, termina siendo obligado a comer hasta ahogarse, y que vete a saber si no la tuvo en cuenta el gran David Fincher para el primero de los crímenes de Seven (1995).

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Sin ser ninguna obra maestra, Matar o no matar… es una rareza ideal para pasar un rato estupendo y una película imprescindible para los fans de un Vincent Price que disfruta como un niño en una juguetería con un papel que guarda bastante parecido con el que interpretó para Robert Fuest en El abominable Doctor Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971).

Editada en DVD por Metro Goldwyn Mayer.

EL ESQUELETO DE LA SEÑORA MORALES (1959) de Rogelio A. González

643-el-esqueleto-de-la-senora-moralesLa señora Gloria Morales (estupenda Amparo Rivelles) podría estar sin mayores problemas en cualquier antología de los peores bichos que en el cine han sido, de los personajes perfectamente odiosos sin un atisbo de bondad que pudiera redimirlos. Acomplejada por su cojera, frígida y beata como ella sola, generosa con la Iglesia si el dinero es ajeno, falsa y mentirosa hasta llegar a golpearse para fingir malos tratos de su esposo ante sus amigas, su familia y el párroco (tan insoportables como ella), simula ser un alma cándida cuando en realidad es una mala pécora que le hace la vida imposible a su marido Pablo (el gran Arturo de Córdoba), un hombre tranquilo y bonachón que jamás ha roto un plato, que disfruta de la compañía de sus amigos y de los niños del barrio y que ya sólo aspira a que su mujer le deje vivir en paz. Pero como toda paciencia tiene un límite, el pobre Don Pablo tomará una decisión drástica, para la que su oficio de taxidermista le irá al pelo.

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Escrita por Luis Alcoriza (guionista de algunas de las obras maestras de la etapa mejicana de Buñuel) a partir de un relato de Arthur Machen titulado El misterio de Islington (The Islington Mistery, 1927), El esqueleto de la señora Morales es una sucesión de situaciones y diálogos delirantes, un festín del humor más crítico y negro que pone patas arriba la hipocresía de una sociedad puritana, machista y eclesiástica a golpe de caricatura y carcajada. Una película imprescindible para los amantes del cine de Buñuel, de la literatura de Jardiel o Azcona, de la sorna televisiva de Ibáñez Serrador e incluso Hitchcock, para todos aquellos que disfrutan del arte a base de inteligencia y sosa cáustica.

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Editada en DVD por Cinema International Media.

OCHO SENTENCIAS DE MUERTE (1949) de Robert Hamer

En la literatura británica el asesinato y el humor han ido frecuentemente de la mano. Son muchas las novelas de misterio en las que la comedia aparece para aligerar las situaciones dramáticas y, sin ir más lejos, un grande del género como Chesterton siempre recurría a la ironía y a la paradoja para sazonar sus crímenes. El mayor ejemplo que podemos encontrar al respecto probablemente sean los dos primeros textos (el tercero ya no tiene nada de divertido), escritos en 1827 y 1829,  incluidos en Del asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas De Quincey. El título ya da una idea de por dónde van los tiros, pero valga también como ejemplo uno de sus fragmentos más populares:

“Si uno comienza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a no tener presente el Día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.”

        Los estudios Ealing, abanderados de la comedia británica en loa años 40 y 50, dieron su particular versión del crimen con humor en Ocho sentencias de muerte (Kind hearts and coronets), la historia del repudiado Louis Mazzini, quien decidirá convertirse en el décimo Duque de Chalfont llevándose por delante a los ocho parientes de su difunta madre con mayor derecho que él al título.

        Lejos del tipo de comedia que no da tregua al espectador, de las persecuciones alocadas y los gags que invitan a la carcajada, los diálogos y las situaciones de la película buscan la sonrisa y la complicidad del espectador mediante la ironía y la doble lectura no exenta de crítica. Aquí los personajes mienten, chantajean, buscan su propio interés y hacen gala de su hipocresía sin ningún tipo de vergüenza, pero siempre con una tranquilidad, un buen gusto y una educación exquisitos. Louis Mazzini, ayudado por la providencia, consigue su propósito sin que se sospeche de él, y sólo las paradojas del destino consiguen ponerle en aprietos, pero sin dejar nunca de lado los buenos modales. Ambición y crimen, pero con estilo y guardando las apariencias.

        Y por encima de todo ahí está Alec Guinnes, uno de los más grandes actores de la historia, interpretando a los ocho miembros de la familia D´Ascoyne sentenciados a muerte. Un tour de force al alcance de muy pocos. 

                Editada en DVD por Universal.