Archive for the ‘Comedia’ Tag

RECUERDO DE UNA NOCHE (1940) de Mitchell Leisen

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Recuerdo de una noche (Remember the Night) nos cuenta la historia de una ladrona llamada Lee (Barbara Stanwyck) cuyo juicio se aplaza por las fiestas navideñas. El fiscal del distrito, Jack Sargent (Fred MacMurray) se apiada de ella y, tras pagar su fianza, la acompaña a casa de su madre. Ante el rechazo de esta, Jack decide llevarse a Lee a pasar la Navidad y la Nochevieja con su propia familia.

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Respondiendo a una de las características más reconocibles del cine de Leisen -la mezcla de diferentes géneros en una misma película con sorprendente fluidez-, Recuerdo de una noche comienza siendo, hasta la visita a la madre de Lee, una divertidísima comedia marca de la casa de su guionista Preston Sturges y en su último tercio, cuando Lee ha de pasar finalmente cuentas con la justicia, pasa a adquirir un tono más serio y oscuro de drama romántico, en el que brilla especialmente la fotografía de Ted Tetzlaff.

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En medio, las escenas junto a la madre y la tía de Jack (Beulah Bondi y Eizabeth Patterson), una pareja de ancianas entrañables que hacen pasar a Lee las mejores Navidades de su vida, y la fiesta de Nochevieja en el granero del pueblo, que acabará por unir para siempre al abogado y la ladrona rehabilitada gracias al espíritu navideño, acaban de redondear un film repleto de buenas intenciones hollywoodienses pero también de esa maravillosa inocencia recreada a base de talento cinematográfico a la que nunca nos cansamos de regresar.

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Editada por Impulso.

¡FELIZ 2016 PARA TODOS!

SEÑORAS Y SEÑORES (1966) de Pietro Germi

oY5PymxEn 1953, Fellini nos mostró en Los inútiles (I vitelloni) a un grupete de jóvenes atorrantes que entre risas, juergas y bromas se sentaban a ver la vida pasar; tres años después, Bardem adaptaba a Arniches en su impresionante Calle Mayor, en la que otros tipejos sin oficio ni beneficio no dudaban en dejar a la intemperie los sentimientos de una mujer si con ello podían matar el aburrimiento durante una temporada.

No es difícil imaginar a personajes como estos al cabo de unos años, ya con un trabajo y ciertas obligaciones que atender, y junto a sus respectivas esposas reconocerlos en Señoras y señores (Signore e signori), una de las más divertidas, salvajes y despiadadas críticas sociales que nos haya dejado el cine italiano, cortesía de Pietro Germi y de los guionistas Furio Scarpelli y Luciano Vincenzoni.

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Ganadora de la Palma de Oro en Cannes, Señoras y señores está compuesta de tres episodios habitados, con mayor o menor protagonismo en cada uno de ellos, por los mismos personajes, miembros de la floreciente burguesía del norte de Italia en los años 60, a los que Germi destroza sin compasión quitándoles las máscaras y sacando al aire sus vergüenzas.

Blindados tras las falsas apariencias y la hipocresía que los hacen respetables a ojos de los demás y recurriendo, cuando se les va la mano y se ven expuestos a algún escándalo, al poder que ejercen sobre la prensa y las autoridades y a su influencia sobre el clero, ganada a pulso con sus “limosnas”, estos personajillos no dudan en recurrir al engaño para ponerse los cuernos entre ellos -siempre y cuando, por supuesto, el resto del grupo no se entere-, en evitar por todos los medios que uno de ellos abandone a su familia para huir con una joven de la que se ha enamorado -el mejor episodio, con una maravillosa Virna Lisi y un impresionante Gastone Moschin- o en pasarse de uno a otro a una joven menor de edad para gozar de sus favores sexuales a cambio de dinero, episodio que aprovecha Germi para extender su inclemente sátira a las clases pobres: aquí nadie se libre del hacha del verdugo.

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A caballo entre el trazo grueso -para que no quepan dudas de la mala leche que desprende- y las situaciones y diálogos más geniales y delirantes, Señoras y señores se sitúa justo al lado de la mucho más conocida Divorcio a la italiana (Divorzio all´italiana, 1961) y, en mi opinión, muy por encima de Seducida y abandonada (Sedotta e abbandonata, 1964), y demuestra una vez más, por si hacía falta, que la commedia all´italiana es un pozo sin fondo de grandes películas y que debajo de cada piedra italiana se encuentra un actor excepcional.

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Editad en DVD por Regia Films.

 

 

UN MARIDO RICO (1942) de Preston Sturges

The-Palm-Beach-StoryUno de los elementos característicos de la screwball comedy americana que tantas grandes películas nos dejó durante los años 30 y 40 es la presencia de una protagonista femenina dominante, inteligente y manipuladora, que impone su voluntad llegando hasta donde haga falta y trae de cabeza al personaje masculino, a menudo pasivo cuando no directamente bobalicón. Este intercambio de papeles -que de manera nada cómica y mucho más sibilina se da también en el cine negro- está en la base de algunas de las mejores comedias de Hawks, Leisen, Lubitsch o Preston Sturges.

La que maneja el cotarro en Un marido rico (The Palm Beach Story) es la gran Claudette Colbert. Es ella quien lleva los pantalones en casa-la que fuma y se emborracha, detalles de guion nada casuales- y quien decide poner fin a las penurias económicas de su matrimonio abandonando a su esposo y viajando a Palm Beach para casarse con algún millonario despistado que, de paso, sufrague el proyecto arquitectónico de su marido, a quien haría pasar por su hermano. El pobre esposo abandonado (Joel McCrea), cuya opinión, por supuesto, no cuenta un comino, la seguirá hasta Palm Beach para tratar de impedir sus planes.

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Este disparatado argumento le sirve como excusa a Sturges para escribir y dirigir una de las más divertidas, locas y vertiginosas películas del género, repleta de situaciones dominadas por una total ausencia de lógica y por un humor, a menudo, antológicamente absurdo. Aquí poco importan los personajes como individuos, cómo son y cómo evolucionan, ni siquiera sus relaciones sentimentales, sino lo que de ellos puede obtener Sturges para montar su fiesta, para alcanzar la pura comedia. No hay más que ver el delirante final para darnos cuenta de que todo vale si nos lo hemos pasado bien.

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Y no tenemos que esperar demasiado para percatarnos del absoluto despiporre que es Un marido rico. Ya antes de llegar a Palm Beach y conocer a Hackensacker III -a quien, por cierto, no me cuesta mucho imaginármelo, con unos cuantos años más, enamorándose de Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, 1959) de Billy Wilder- y a su hermana -la misma Mary Astor que lidiaba con Bogart/Spade en El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1941) de John Huston-, nos encontramos con personajes inolvidables como el anciano magnate de las salchichas que va a conocer el piso del que van a echar a nuestros protagonistas o el grupo de cazadores gracias a los cuales la Colbert puede viajar de gorra en tren a Palm Beach y que protagonizan una de las mayores juergas etílicas de la historia del cine, convirtiendo el tren en su propio coto de caza, en un absoluto desmadre que podría rivalizar con el del camarote de los hermanos Marx en Una noche en la ópera (A Night at the Opera, 1935) de Sam Wood.

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Editada en DVD por Sherlock.

 

EL ESTAFADOR (1960) de Dino Risi

il_mattatore_cecchigori_olivetti_arDe nuevo por aquí el gran Dino Risi con otra de sus divertidísimas películas, con otra demostración de que la comedia italiana merece un capítulo aparte en la historia del cine y de que es uno de los remedios infalibles para olvidarse durante un rato de la que nos está cayendo, y más si al frente de la fiesta está, como tantas veces, el insustituible Vittorio Gassman.

En El estafador (Il Mattatore) Gassman interpreta a Gerardo, un actor de poca monta que de vez en cuando participa en pequeñas estafas para sobrevivir. Tras una de ellas acaba en la cárcel, donde conoce a unos cuantos profesionales de la vida fácil -entre ellos, el encarnado por Peppino de Filippo, otro monstruo de la comedia demasiado olvidado- con los cuales aprenderá el oficio, convirtiéndose con el tiempo en todo un experto en engañar al prójimo.

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El film es una sucesión de episodios desternillantes por los que va desfilando toda una galería de personajes de la sociedad italiana de la época, a los que Gassman despluma sin contemplaciones planeando sus estafas de manera cada vez más retorcida, imaginativa y sorprendente, aprovechando a menudo la propia avaricia y ambición de los engañados, lejos del modelo de ciudadano ejemplar.

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Aunque el El estafador es, de principio a fin, una comedia pura en la que no aparece la otra cara de la farsa, el contrapunto dramático al que recurre Risi en otras ocasiones, la crítica hacia una sociedad viciada y corrompida siempre está presente, aunque sea de manera más ligera, escondida tras las carcajadas y tras, esta vez, un final feliz.

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Editada en DVD por DeAPlaneta.

THE HEARTS OF AGE (1934) / TOO MUCH JOHNSON (1938) de Orson Welles

Corazones del tiempoEl miércoles de la semana pasada, la Filmoteca de Catalunya programó una sesión doble con las dos primeras filmaciones de Orson Welles que se conservan: The Hearts of Age Too Much Johnson. La proyección fue acompañada al piano por Joan Pineda y presentada y comentada por Esteve Riambau, que se centró, lógicamente, en la relevancia del estreno en España de Too Much Johnson, el film que se creía perdido tras el incendio, en 1970, de la casa que Welles tenía en Madrid y del que se encontró una copia en Italia que, tras su restauración a cargo de la George Eastman House, se estrenó a nivel mundial en las Jornadas de Cine Mudo de Pordedone en 2013.

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The Hearts of Age es un extraño cortometraje mudo amateur de unos seis minutos que Welles rodó junto a su amigo William Vance, un simple divertimento en el que el cineasta ya da muestras de su gusto por la caracterización, personificando a la Muerte, y en el que participa su novia Virginia Nicholson interpretando a una anciana. Según reconoció el propio Welles en sus conversaciones con Peter Bogdanovich, no era más que una parodia del cine surrealista, en especial de la primera película de Jean Cocteau La sangre de un poeta (Le Sang d’un Poète, 1932), y con su interpretación quería imitar a Werner Krauss en El gabinete del doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920) de Robert Wiene.

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Too Much Johnson, con 67 minutos de duración, ya representa algo más en la filmografía de Welles, aunque aún estamos ante una película, si podemos considerarla así, cuya importancia es mucho mayor desde el punto de vista histórico, como primera manifestación de algunas de las características de su cine, que desde el artístico, en parte porque lo que nos ha llegado es un trabajo inacabado, un montaje en bruto de imágenes mudas en el que, incluso, aparecen planos repetidos y cuya finalidad, en caso de haberse terminado, era servir de apoyo a una obra de teatro, la gran pasión de Welles por aquel entonces.

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El propósito de Welles era que cada una de las tres partes en que se dividía la película funcionara como introducción a los tres actos del montaje teatral que el Mercury Theatre iba a realizar sobre la obra homónima de William Gillette, un autor y actor famoso en la época sobre todo por sus interpretaciones, en la escena, de Sherlock Holmes. La obra, que a su vez se basaba en el libreto de Maurice Ordonneau titulado La Plantation Tomassin, ya había sido llevada al cine con anterioridad en 1900 y en 1919, esta última en adaptación dirigida por el también actor Donald Crisp. La versión del Mercury se estrenó sin que a Welles le diera tiempo a terminar la película, y su fracaso -solo estuvo en cartel durante dos semanas- hizo que ya no tuviera sentido continuar con el proyecto.

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La historia que nos cuentan las imágenes de Too Much Johnson es un vodevil, una comedia de enredo al estilo Mack Sennet o Harold Lloyd, en la que un marido engañado por su mujer persigue al amante, un tal Johnson (Joseph Cotten), por las calles y los tejados del mercado de aves de Nueva York. La frenética persecución les llevará ni más ni menos que hasta una Cuba recreada por Welles con cuatro palmeras y poco más, en la que el cornudo confundirá a un rico propietario, también llamado Johnson, con el amante, dando lugar a un duelo que Johnson-Cotten intentará impedir.

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Junto a algunos divertidos gags, lo más relevante del film son aquellos elementos o detalles argumentales a los que Welles recurrirá en sus películas posteriores y, sobre todo, algunas señas de identidad cinematográficas, como la profundidad de campo y los picados y contrapicados, que anticipan lo que será el estilo de un genio que comenzaba a cogerle el gusto a esto del cine.

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ATTACK THE BLOCK (2011) de Joe Cornish

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En uno de los tantas veces recordados diálogos de Casablanca (1942) de Michael Curtiz, el mayor Strasser le pregunta a Rick su opinión sobre la posibilidad de que el ejército alemán invada Nueva York, y Rick le contesta que hay barrios de Nueva York en los que no les aconsejaría que se metieran. A saber si Joe Cornish pensó en la desafiante respuesta a la hora de escribir y filmar su primera película, pero sin duda le viene como anillo al dedo.

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En Attack the Block no son los nazis sino un nutrido grupo de extraterrestres con malas pulgas y aspecto de mono peludo el que ataca a todo lo que se mueve en un barrio londinense. Pero a él se enfrenta una banda de duros adolescentes orgullo de cualquier madre: fuman droga, trafican con ella, atracan a jóvenes indefensas, tienen armas y saben qué hacer con ellas. Vamos, un ejemplo de corrección. Igualitos a los protagonistas de esa ñoñez -eso sí, estupendamente filmada- que J.J. Abrams estrenó también en 2011 y que responde al título de Super 8.

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Con muchos menos medios y poco ánimo de trascender, pero dispuesto a que nadie se aburra ni un instante, Cornish nos ofrece en 80 minutos un cóctel de acción, comedia, transgresión, mala baba y sentido del ritmo cinematográfico, aderezado todo ello con unas gotas de sangre y la influencia, perfectamente asimilada, de las pelis de bichos foráneos filmadas por Spielberg o Joe Dante  y de cualquier wéstern o policiaco en el que Hawks, su alumno aventajado Carpenter y algunos otros mostraban a un grupo de personas asediadas en un espacio cerrado. De momento, Cornish  sólo es un discípulo de todos ellos que ha realizado una estupenda ópera prima, pero apuesto a que será conveniente seguirle la pista.

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Editada en DVD por Avalon.

MONSTRUOS DE HOY (1963) de Dino Risi

i-mostri-di-dino-risi-L-241N6xDurante los años sesenta comenzaron a proliferar en la comedia italiana las películas divididas en breves episodios. Interpretadas por los más grandes actores del momento, generalmente dando vida a varios personajes cada uno, se servían de un humor bastante bestia e irreverente para poner patas arriba todos y cada uno de los estamentos de la sociedad de la época.

El film canónico de este subgénero es Monstruos de hoy (I mostri) de Dino Risi, escrito por el propio director en colaboración con Elio Petri y Ettore Scola, entre otros. Veinte episodios para sonreír, reír a carcajadas y algo más, que tuvieron su continuación en ¡Que viva Italia! (I nuovi mostri, 1973), dirigida por Risi, Scola y Mario Monicelli.

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Desde el pobre de solemnidad que en lugar de pagar al médico de sus hijos se gasta el dinero en el fútbol (impagable ver a Gassman celebrando un gol a grito pelado) o el pícaro que pide limosna engañando a la gente, hasta el clero, los políticos, la policía y los abogados, Monstruos de hoy no deja piedra sobre piedra. Su humor negro de trazo grueso se posa sobre la mentira, la hipocresía, la vagancia, la incultura, sobre cada una de las lacras presentes en las personas, sea cual sea su posición social.

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Y, de postre, un último episodio que deja huella, una pequeña obra maestra titulada El noble arte, una crítica feroz al negocio del boxeo en la que Gassman y Tognazzi, impresionantes, comienzan divirtiéndonos y terminan helándonos la sonrisa en la boca. Una comedia que termina en drama con la que Risi nos advierte de que, en el fondo, nos estamos riendo de cosas muy serias.

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Editada en DVD por Tribanda.

LA ISLA EN EL LAGO DE INNISFREE de William Butler Yeats / EL HOMBRE TRANQUILO (1952) de John Ford / INNISFREE (1990) de José Luis Guerín

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Los cines Verdi de Barcelona se vistieron ayer de gala para el reestreno de El hombre tranquilo (The Quiet Man) aquetaci—n 1de John Ford, dándonos una oportunidad única de volver a Innisfree con copia restaurada y en pantalla grande. Buen momento, pues, para recuperar el poema de Yeats, perteneciente al libro La rosa (The Rose, 1893), que prestó su nombre al hogar de Sean Thornton y Mary Kate Danaher, el pueblo irlandés que en realidad se llama Cong y está situado en el condado de Galway.

Y ya puestos a completar el trío de ases, no está de más recordar el precioso homenaje de José Luis Guerín titulado precisamente Innisfree, un documental filmado en Cong que va más allá de las reglas del género para rastrear las huellas dejadas por el film de Ford y devolvernos toda la magia de aquella maravillosa película.

La poesía y el cine, de la mano a través de un siglo.

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LA ISLA EN EL LAGO DE INNISFREE

Me levantaré ahora e iré, iré a Innisfree,

y haré allí una humilde cabaña de arcilla y zarzas;

nueve hileras de judías tendré allí, una colmena que me dé miel

y viviré solo en un claro entre el zumbar de las abejas.

 

Y allí tendré algo de paz, pues la paz viene gota a gota

y cae desde los velos matinales a donde canta el grillo;

allí la medianoche es una luz tenue, y un cárdeno brillo el mediodía,

y colman el atardecer las alas del pardillo.

 

Me levantaré ahora e iré, pues siempre, día y noche,

oigo el rumor del lago ante la orilla;

cuando estoy en la calzada, o en las grises aceras,

lo oigo en lo más hondo de mi corazón.

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THE LAKE ISLE OF INNISFREE

I will arise and go now, and go to Innisfree,

And a small cabin build there, of clay and wattles made;

Nine bean-rows will I have there, a hive for the honey-bee,

And live alone in the bee-loud glade.

 

And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,

Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;

There midnight´s all a glimmer, and noon a purple glow,

And evening full of the linnet´s wings.

 

I will arise and go now, for always night and day

I hear lake water lapping with low sounds by the shore;

While I stand on the roadway, or on the pavements grey,

I hear it in the deep heart´s core.

 

Traducción de Antonio Rivero Taravillo.

Publicado por Editorial Pre-Textos (2010).

THIS IS SPINAL TAP (1984) de Rob Reiner

En mi opinión, Rob Reiner nos ofreció lo mejor de su filmografía en sus inicios como cineasta durante los años 80. En esa década realizó cuatro estupendas películas, tres de ellas, además, muy populares: Cuenta conmigo (Stand by Me, 1986), La princesa prometida (The Princess Bride, 1987) y Cuando Harry encontró a Sally (When Harry Met Sally, 1989). La cuarta en discordia, y la que supuso su debut en el largometraje, se titula This is Spinal Tap, una gamberrada divertidísima en clave de falso documental que nos cuenta las andanzas de los gañanes que forman la banda británica Spinal Tap y su catastrófica gira por los Estados Unidos.

        Alternando las típicas entrevistas, realizadas por el propio Reiner, en las que los miembros del grupo demuestran toda su cultura e inteligencia (impagables el relato de cómo han ido muriendo los anteriores baterias de la banda y la explicación de uno de los líderes sobre las influencias recibidas para su última y más delirante composición) con las actuaciones en vivo (las pocas que no son suspendidas), This is Spinal Tap le pega un repaso sin tregua a todos los tópicos que rodean al mundo de las estrellas de rock, representadas aquí por unos impresentables que rellenan sus leotardos con pepinos y que son capaces de perderse en el trayecto de los camerinos al escenario.

        Contraindicada para aficionados a este tipo de música con poco sentido del humor, This is Spinal Tap es lo más parecido a las grandes comedias de los Monty Python: humor inteligente, a menudo absurdo, y noventa minutos de carcajadas aseguradas.

               Editada en DVD por Avalon.

LOS CAMARADAS (1963) de Mario Monicelli

Unos pocos años después de que Berlanga hiciera aparecer en Fontecilla, perseguido por la guardia civil, a un San Dimas con el careto de Richard Basehart en Los jueves , milagro (1957), Monicelli, cuyo cine me parece emparentado con el del director valenciano, enviaba a una pequeña población turinesa, en la que los trabajadores de una fábrica textil comienzan a estar hartos de sus condiciones laborales y de la pobreza en la que viven, al mismísimo Jesucristo, a un mesías disfrazado de profesor acosado por la justicia y con los rasgos de Marcello Mastroianni. El hambriento y desharrapado maestro, acostumbrado a las luchas sociales contra los poderosos, consigue unir a los indecisos lugareños y llevarlos a la huelga, y entre sus arengas y sus escarceos con la policía aún tiene tiempo de meterse en la cama de la María Magdalena local, una prostituta de lujo y de buen corazón encarnada por la maravillosa Annie Girardot.

        En Los camaradas (I compagni), Monicelli nos muestra la lucha de los trabajadores italianos por unas condiciones de trabajo dignas en medio de un ambiente de analfabetismo y pobreza, las dificultades que conllevaba en la época la organización de una huelga, la lucha contra los piquetes desesperados por encontrar un empleo aunque sea temporal, la miseria en la que viven los inmigrantes dispuestos a enfrentarse a sus compañeros e ir al trabajo para poder comer (no me extrañaría que algunas escenas hubieran servido de punto de partida, exageradas hasta la caricatura, para la negrísima y salvaje Brutos, sucios y malos (Brutti, sporchi e cattivi, 1976) de Ettore Scola)…Las cosas, afortunadamente, han ido a mejor, pero el film sigue estando absolutamente de actualidad.

        Con Mastroianni, Girardot y Renato Salvatori a la cabeza de un reparto que incluye a una jovencísima y casi irreconocible Raffaella Carrá y a un impresionante elenco de secundarios de esos que el cine italiano parecía poder fabricar en serie, Los camaradas es una de las películas más dramáticas de Monicelli, aunque la comedia, claro, no podía faltar, pero en esta ocasión pidiéndonos más una sonrisa cómplice que una carcajada. Me parece además una de las obras técnicamente más conseguidas de su autor. Apoyándose en la preciosa fotografía en blanco y negro de Giuseppe Rotunno, Monicelli rueda de manera portentosa las siempre complejas escenas de masas, cuida la planificación de las escenas interiores hasta el mínimo detalle, y consigue algunos de los movimientos de cámara más sutiles y hermosos de una filmografía de la que, injustamente, pocas veces destacamos su brillantez visual.