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LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS (1978) de Philip Kaufman

Al adaptar la novela de Jack Finney Los ladrones de cuerpos (The body snatchers, 1955), Don Siegel realizó una de sus mejores películas: La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers, 1956), que se convertiría en uno de los grandes clásicos del cine de ciencia-ficción y que dio lugar a las más variadas interpretaciones, en ocasiones incluso contradictorias (algunos opinaron que era un ataque contra el macartismo y otros que atacaba al comunismo).

        El director y guionista Philip Kaufman -suyos son los guiones, al menos en parte, de las excepcionales El fuera de la ley (The outlaw Josey Wales, 1976) de Clint Eastwood, y En busca del arca perdida (Raiders of the lost ark, 1981) de Steven Spielberg- realizó una nueva adaptación de la novela de Finney -con el mismo título original que la de Siegel, aunque aquí se llamó La invasión de los ultracuerpos– y también dio en la diana: aunque sigue a la sombra de su predecesora, no tiene mucho que envidiarle.

        De la mano de Kaufman, la historia de las vainas gigantes llegadas del espacio que dan a luz réplicas exactas de los seres humanos, cuando éstos se quedan dormidos, para ocupar su lugar y dominar el planeta, se convierte en un film mucho más terrorífico, pero dando prioridad siempre a los personajes y a la visión de un mundo dominado por unos seres que, aunque iguales físicamente a nosotros, son incapaces de pensar y de tener sentimientos.

        Con un gran reparto en el que destaca, cómo no, Donald Sutherland, y con breves apariciones de Robert Duvall, del propio Don Siegel y de Kevin McCarthy (el protagonista de la primera adaptación), La invasión de los ultracuerpos nos guarda, además, uno de los más impactantes finales del género.

                  Editada en DVD por Metro Goldwyn Mayer.

AL ROJO VIVO (1949) de Raoul Walsh

Para algunos será la trilogía de El Padrino (The Godfather, 1972/74/90) de Coppola; para otros Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) de Scorsese; los más clásicos seguirán pensando que Scarface, el terror del hampa (Scarface, shame of a nation, 1932) de Hawks aún no ha sido superada. Para mí la mejor película de gángsters es Al rojo vivo (White heat), la historia de Cody Jarrett buscando por todos los medios la cima del mundo. Prohibido pestañear.

        En el film de Walsh no hay montajes paralelos, ni tiroteos coreografiados, ni lecturas shakesperianas ni planos congelados. El personaje principal no es un moderno Robin Hood, ni un tipo abocado al crimen por las circunstancias, ni un héroe de vuelta de todo con un halo romántico. Tampoco hay aquí moralina barata, ni mensaje a los ciudadanos honrados para que confíen en que la policía siempre gana a los malos. Y, desde luego, no hay asomo de típica historia de amor metida con calzador. En Al rojo vivo hay una banda de asesinos y atracadores al mando de un chalado enfermo, un niño con una pistola, dependiente de una madre tan despiadada como él, y casado con una Virginia Mayo que ronca y que se la pega con otro de la banda que aspira a ser el jefe. Cadáveres y traiciones a la orden del día. Y al otro lado los polis (Edmond O´Brien, enorme como siempre), que intentan por todos los medios borrar a Jarrett y a su banda del mapa. Muerto el perro se acabó la rabia. No hay más. Violenta, trepidante, y sin concesiones para la galería, Al rojo vivo abre nuevos caminos que pronto transitarán, entre otros, Robert Aldrich o Don Siegel. 

        Y aunque el guión, el montaje y el ritmo son absolutamente redondos, la película está en deuda con Cagney, dueño y señor de la función. Cagney metiéndole cuatro balazos al maletero de un coche, mientras se come una pata de pollo, porque dentro hay un tipo al que le falta el aire (¿se basaría Scorsese en esta escena para el inicio de Uno de los nuestros?); su careto y su mirada tras una puerta entreabierta, a punto de liquidar al traidor Ed; y, cómo no, Cagney gritando por fin: “¡Lo conseguí, Ma! ¡La cima del mundo!” antes de saltar por los aires, en uno de los mejores finales que se hayan visto.

        Cody Jarrett consigue, finalmente, alcanzar la cima del mundo -aunque no precisamente la que buscaba-, y Walsh, con esta película, la cima del cine.

              Editada en DVD por Warner.