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NOCHE Y NIEBLA (1955) de Alain Resnais

El documental Noche y niebla (Nuit et brouillard) no pide ningún análisis cinematográfico. Ni siquiera necesita gustarnos o no. Simplemente, ahí está como una de las pruebas más horribles y explícitas de lo ocurrido en los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial. Sus contundentes imágenes de archivo en blanco y negro, no aptas para estómagos sensibles, y el material filmado en color por Resnais años después en el desierto campo de concentración, igualmente terrorífico porque despierta sin dificultad nuestra imaginación, siguen resultando hoy casi insoportables, por lo que no cuesta imaginar la enorme polémica que causaron en su momento.

         Imprescindible para conocer hasta dónde pueden llegar la crueldad y la capacidad de sufrimiento de la raza humana.

     

            

                   Editada en DVD por Filmax.

LA PASAJERA (1963) de Andrzej Munk y Witold Lesiewicz

Andrzej Munk, uno de los cineastas polacos más prometedores de la generación a la que también pertenece Andrzej Wajda, falleció a los 39 años en un accidente de circulación. Su prematura muerte dejó inconclusa La pasajera (Pasazerka), una de las grandes obras sobre la vida y la muerte en los campos de exterminio nazis. Filmada en Auschwitz, cuenta la historia de Liza (Aleksandra Slaska), una de las encargadas de la vigilancia en el campo. Al regresar en barco a Alemania, años después de los hechos, cree descubrir en el rostro de otra pasajera a una de sus antiguas prisioneras, Marta (Anna Ciepielewska), a la que creía muerta. Liza recuerda entonces los días pasados en el campo de concentración y la inusual relación que entabló con Marta, a la que supuestamente ayudó y protegió. Ese recuerdo, ese flash-back que ocupa casi todo el metraje, nos muestra, por un lado, el escalofriante y vejatorio trato que se les daba a los prisioneros y, por otro, a una Liza en parte también víctima de las circunstancias, pero el hecho de que la película esté inconclusa nos impide terminar de saber cómo fue realmente la relación entre las dos mujeres, si la memoria de Liza es fiel a lo que ocurrió o es traicionada por la vergüenza e, incluso, si la pasajera es o no Marta.

        Para dotar a las imágenes filmadas por Munk de una cierta estructura, su amigo y colaborador Witold Lesiewicz recurrió al añadido de voces en off y, en los fragmentos que transcurren en el barco, de fotos fijas que el propio Munk había realizado, recurso que Chris Marker había explotado al máximo en su cortometraje de ciencia-ficción La jetée (1962) y que incluso Sidney Lumet utilizó para el terrible final de la estupenda Punto límite (Fail-Safe, 1963). 

        Los apenas 60 minutos del resultado final componen un film sobre la imposibilidad de librarse de los fantasmas del pasado imposible de valorar en su conjunto, pero que sin duda nos dejan la maravillosa interpretación de dos actrices superlativas y las estremecedoras imágenes de lo que podría haber sido una obra maestra.

              Editada en DVD por Versus.