Archive for the ‘el humor en la literatura’ Tag

LA JUGUETERÍA ERRANTE de Edmund Crispin

Nadie, salvo los crédulos más obtusos, supondrá que los personajes y los acontecimientos de esta historia pueden ser otra cosa que ficticios. Es cierto que la vetusta y noble ciudad de Oxford es, de todas las poblaciones de Inglaterra, la progenitora más probable de acontecimientos y personajes improbables. Pero todo tiene sus límites.

E.C.

edmund crispinEdmund Crispin, cuyo nombre real era Bruce Montgomery, fue uno de los principales cultivadores de la novela detectivesca inglesa durante el siglo XX. Compaginando la literatura con su labor como crítico, escribió un total de nueve novelas y dos colecciones de cuentos que, por suerte para los aficionados al género, la editorial Impedimenta se ha propuesto reeditar. Hasta el momento han aparecido la tercera y la cuarta de la serie, tituladas La juguetería errante (The Moving Toyshop, 1946) y El canto del cisne (Swan Song, 1947), ambas protagonizadas por Gervase Fen, un excéntrico profesor universitario que suele tirar tanto de pistola y de whisky como de citas literarias.

la-jugueteria-errante-9788415130208En la nota introductoria a La juguetería errante, el propio Crispin nos pone sobre aviso ante una novela repleta de imaginación, una fantasía delirante narrada a un ritmo frenético en la que Fen une sus fuerzas con las de su amigo y poeta Richard Cadogan en pos de la solución de un crimen. Un cadáver que desaparece, una juguetería que cambia de lugar, una herencia extravagante, cuatro sospechosos con coartada perfecta, profesores y alumnos más aficionados a largas libaciones que a los libros, trepidantes persecuciones a lo largo y ancho de la ciudad de Oxford, luchas, tiroteos y el humor más canalla se dan cita en una novela que combina las aventuras y el misterio, recordándonos por momentos a Chesterton, y que resulta ideal para quienes gustan de la literatura de evasión pero maravillosamente bien escrita.

No fue una visión agradable, porque la piel había adquirido un color púrpura negruzco, como el de las uñas. Había una leve espumilla en la comisura de la boca,que permanecía abierta, mostrando un empaste de oro que brilló débilmente a la luz de la vela. Alrededor del cuello tenía incrustado un cordel fino, muy tirante por detrás. Se le había hundido tanto que la carne se había vuelto a cerrar sobre el cordel haciéndolo casi invisible. Había un charco de sangre seca en el suelo, junto a la cabeza, y Cadogan encontró una explicación en la feroz contusión que tenía justo debajo de la coronilla. Creyó adivinar el hueso del cráneo, pero si tuviera que decir algo al respecto, habría podido asegurar que no estaba fracturado.

Hasta ese momento, solo había experimentado la desapasionada curiosidad propia de un chiquillo, pero la acción de tocar a aquella mujer provocó en él una repentina sensación de repugnancia. Se limpió rápidamente la sangre de los dedos y se levantó. ¿Algo más que tuviera que observar? Ah, sí,  había unos quevedos dorados, rotos, en el suelo, junto a… Y entonces, de repente, se quedó rígido, con los nervios hormigueándole por todo el cuerpo como si estuvieran conectados a unos cables eléctricos.

Había oído un ruido en el pasillo.

Traducción de José C. Vales.

Publicada por Impedimenta.

PALABRAS INICIALES de Roberto Fontanarrosa

De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: “Me cagué de risa con tu libro.”

fontanarrosa

Aquí os dejo el inicio de uno de los relatos más divertidos de Roberto Fontanarrosa, un grande de la literatura cómica y de la literatura sin adjetivos. Quien quiera continuar riendo puede encontrar el relato en el libro Usted no me lo va a creer (2003) -uno de los últimos del autor, fallecido en 2007-, y de ahí pasar a cualquier otra de las obras del escritor argentino: diversión asegurada.

getcover3

PALABRAS INICIALES

“Puto el que lee esto.”

Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.

Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.”

Publicado por Ediciones de la Flor.