Archive for the ‘el teatro en el cine’ Tag

LA VENGANZA DE UN ACTOR (1963) de Kon Ichikawa

Ninguna de las películas que he visto de Kon Ichikawa ha conseguido que le haga un hueco entre mis cineastas japoneses preferidos. Quizás el problema es que, en mi opinión, el estilo en sus obras siempre está un par de peldaños por encima de lo que cuenta, que domina la puesta en escena pero no es un maestro en el arte de contar historias. Como ejemplo de esto, probablemente el mayor de su filmografía, valga La venganza de un actor (Yukinojo henge), remake del film homónimo de 1935 escrito y dirigido por Teinosuke Kinugasa, uno de los primeros directores nipones (re) conocidos en occidente, la historia de un samurái y actor especializado en papeles femeninos (Kazuo Hasegawa, que hace un doble papel interpretando también a un delincuente y que, curiosamente, protagonizó con 28 años menos la primera versión) que, de gira con su compañía, llega a la ciudad donde viven los tres hombres responsables de la muerte de sus padres, a los que juró vengar.

Tras un estupendo inicio, el guion firmado por el también director Daisuke Itô y por Natto Wada -y en el que se mantiene el nombre de Kinugasa- comienza a divagar y a extender el foco de atención en personajes secundarios que poco aportan y en secuencias que desdramatizan un relato que apuntaba a cotas más trágicamente altas, a lo que hay que añadir alguna elipsis que, más que talento narrativo, muestra cierta prisa por acabar o tijeretazo en la sala de montaje. Hasta aquí, lo menos bueno, lo que echará para atrás al espectador interesado solo en historias que lo mantengan en vilo. ¿Qué nos queda? Mucho, muchísimo: una puesta en escena que deja con la boca abierta y un uso de la pantalla ancha como pocas veces he visto.

Ichikawa establece una clara relación dramática y estética entre el cine y el teatro, lo cual no significa, ni mucho menos, que la acción resulte teatral. Terminada la primera y magistral secuencia, en la que vemos al protagonista actuando ante el público, enseguida observamos cómo en las siguientes aprovecha el ancho de la pantalla para colocar a sus personajes como si de un escenario se tratara, como si los espectadores continuásemos en el teatro y la historia de la película fuese también una representación, lo cual se hace aún más obvio en varias escenas ambientadas en exteriores, filmadas como coreografías y en las que la iluminación y el decorado son claramente artificiales. Y por si fuera poco, el tratamiento de los dos personajes a los que da vida Hasegawa contribuye a reforzar esta idea: por un lado, el protagonista, que fuera del escenario continúa vestido y maquillado como una mujer, continúa “interpretando”; por otro, el delincuente, personaje secundario que además realiza apartes, comentarios sobre lo que ocurre, como a veces se da en una obra de teatro.

Ideas, ideas y más ideas magníficas que hacen de La venganza de un actor todo un espectáculo visual; lástima, como decía, que el desarrollo narrativo no esté a la altura del deslumbrante envoltorio para haber conseguido una absoluta obra maestra.

 

 

 

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CÉSAR DEBE MORIR (2012) de Paolo y Vittorio Taviani

CaesarCuando has visto unas cuantas películas de determinado director y no has encontrado en ellas nada que te entusiasme, lo normal es que deje de interesarte, perderle la pista, más aún cuando no se prodiga demasiado y sus nuevos trabajos no se anuncian precisamente a bombo y platillo.

De los hermanos Taviani, como de muchos otros, ya ni me acordaba, entre otras razones porque andaban bastante desaparecidos y porque ni siquiera las que pasan por ser sus obras más prestigiosas, como Padre padrone (1977) o La noche de San Lorenzo (La notte di San Lorenzo, 1982), me gustaron demasiado en su día. Pero en 2012 una estupenda y premiada película volvió a colocarlos a la cabeza de un cine italiano que no se da demasiadas alegrías.

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En César debe morir (Cesare deve morire), la cámara de los Taviani filma de manera sencilla y austera, intensa y emocionante, los ensayos y la representación del Julio César de Shakespeare, interpretado por un grupo de presos de la cárcel Rebibbia de Roma que, en algunos casos, no parecen en absoluto actores aficionados. Con la ayuda de la magnífica fotografía, alternando el blanco y negro y el color, de Simone Zampagni, el film nos recuerda, por si hacía falta, la vigencia del teatro de Shakespeare, al relacionar las tensiones que aparecen entre los personajes de la obra con las que ocurren entre los presos a diario, y pone énfasis en la fuerza del arte como método educativo, de libertad intelectual, de reinserción social y de tantas otras cosas. En apenas una hora y cuarto, una lección de cine que mezcla el drama y el documental como pocas veces.

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Editada en dvd por Cameo.

MATAR O NO MATAR, ÉSTE ES EL PROBLEMA (1973) de Douglas Hickox

Matar_o_no_matar_este_es_el_problema-224978060-largeAdaptaciones más o menos fieles de sus obras; películas que las incluyen como parte importante de su argumento (ahí están, por ejemplo, dos joyas como Ser o no ser (To Be or Not To Be, 1942) de Lubitsch y Doble vida (A Double Life, 1947) de Cukor); guiones de género que recurren a ellas como disimulada fuente de inspiración… El cine de todas las épocas ha tenido siempre en el teatro de Shakespeare un clavo al que agarrarse, un inagotable seguro de vida al que los guionistas continúan acudiendo.

Una de las más originales y disparatadas películas de las que han recuperado al dramaturgo inglés es Matar o no matar, éste es el problema (Theatre of Blood) de Douglas Hickox, un cineasta cuya filmografía no da motivos, precisamente, para montar una fiesta y que consigue aquí su mejor trabajo, aunque en manos de otro director más avezado la cosa habría dado aún para mucho más.

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La historia que nos cuenta es la de Edward Lionheart (Vincent Price), un veterano actor teatral especializado en Shakespeare que se suicida tras ser injustamente ignorado en la entrega de los premios anuales que conceden los críticos londinenses. Dos años más tarde, esos críticos van apareciendo asesinados, emulando los crímenes de las tragedias shakesperianas.

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El film es una mezcla del género de terror con la comedia negra de trazo grueso, y en ambas líneas nos ofrece momentos estupendos: el primer asesinato, representando la muerte de Julio César; la aparición en un cementerio de un caballo al galope arrastrando el cadáver sanguinolento de uno de los críticos (posiblemente la imagen más perdurable); la divertida escena en que Lionheart/Price se hace pasar por peluquero afeminado para acabar con la única mujer del grupo, o la recreación de una de las muertes de Tito Andrónico, en la que uno de los críticos, amante de la buena mesa, termina siendo obligado a comer hasta ahogarse, y que vete a saber si no la tuvo en cuenta el gran David Fincher para el primero de los crímenes de Seven (1995).

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Sin ser ninguna obra maestra, Matar o no matar… es una rareza ideal para pasar un rato estupendo y una película imprescindible para los fans de un Vincent Price que disfruta como un niño en una juguetería con un papel que guarda bastante parecido con el que interpretó para Robert Fuest en El abominable Doctor Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971).

Editada en DVD por Metro Goldwyn Mayer.

OPENING NIGHT (1977) de John Cassavetes

El día tres nos dejó Ben Gazzara, uno de esos grandes actores a los que no suelen llegar los focos pero que mejoraba con su presencia y su sonrisa socarrona cada película en la que participaba. Su primer gran papel fue a las órdenes de Otto Preminger en su obra maestra Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, 1959) y más adelante destacó sobre todo en sus trabajos para Peter Bogdanovich y para su amigo y compañero de juergas John Cassavetes.

        Opening Night me parece la mejor película que rodaron juntos y, ante todo, la gran obra maestra que nos ha dejado el cine sobre el mundo del teatro junto a Eva al desnudo (All About Eve, 1950) de Mankiewicz. Pedro Almodóvar, a quien le encantan ambas películas, las homenajeó en Todo sobre mi madre (1999), llegando a recrear por completo una de las mejores escenas del film de Cassavetes, aquella en que una joven, tras conocer a la gran actriz a la que admira, es atropellada bajo la lluvia. Uno de esos fragmentos que dejan con la boca abierta y que, por sí solo, debería animar a conocer la filmografía de su autor. 

        Junto a Gazzara y Cassavetes, que interpretan, respectivamente, al director y a uno de los actores de una obra de teatro titulada significativamente The Second Woman, la gran estrella de la función es Gena Rowlands, esposa de Cassavetes en la vida real y una de mis actrices preferidas. Ella es en la ficción Myrtle Gordon, una famosa actriz alcoholizada y que no puede aceptar la pérdida de la juventud, incapaz de separar su propia vida de la del personaje al que interpreta, y menos aún tras la muerte de su admiradora. La cámara de Cassavetes la persigue, la abraza, se pega a su mirada y a su piel consciente de lo que la actriz puede darle, como si quisiera unir para siempre a Myrtle con Gena, haciéndolas inseparables, un solo personaje y una sola actriz, mientras nos muestra los entresijos del teatro, la otra cara oculta tras el telón.

        Deudora, claro, de Eva al desnudo, pero también, me parece, de buena parte del cine de Bergman, Opening Night, como casi toda la filmografía de Cassavetes, en su homenaje al teatro y al oficio de actuar destila sinceridad, pasión y verdad como pocas veces hemos visto en una pantalla.

                 Editada en DVD por Avalon-Filmoteca FNAC.

DAMAS DEL TEATRO (1937) de Gregory La Cava

La pensión Candilejas es la puerta al escenario, el sitio donde las muchachas que aspiran a convertirse en actrices esperan una ocasión de demostrar su talento, una oportunidad que las convierta en damas del teatro. Mientras la oportunidad llega subsisten actuando en locales nocturnos, fingen cariño como chicas de compañía, se dejan engatusar por empresarios sin escrúpulos, se critican y se ayudan, se odian y se quieren, y nos hacen reír con unos vertiginosos diálogos que son de lo mejor del género en los años 30. La última en llegar (Katharine Hepburn) será la primera en triunfar, pero involuntariamente provocará el suicidio de otra de las muchachas, una actriz que tuvo su efímero momento de gloria pero a la que ya no ofrecían ningún papel (el plano en el que sube las escaleras para tirarse por una ventana es impresionante). El drama interrumpiendo la comedia. La vida estropeando el guión, que diría Mankiewicz. Pero la rutina vuelve enseguida a la pensión Candilejas, y a ella siguen acudiendo las muchachas que sueñan con triunfar algún día.

        Damas del teatro (Stage door) es una de las grandes comedias del hoy demasiado olvidado Gregory La Cava, y uno de los mejores films sobre el mundo del teatro junto a Eva al desnudo (All about Eve, 1950) de Mankiewicz, Cómicos (1953) de Juan Antonio Bardem, y Opening Night (1977) de John Cassavetes, a los que habría que añadir las originales propuestas de Louis Malle en Vanya en la calle 42 (Vanya on 42nd Street, 1994) y de Al Pacino en Looking for Richard (1996), que proponen sacar el teatro a la calle y acercarlo al gran público.

            Editada en DVD por Manga Films.