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LEAVING LAS VEGAS (1995) de Mike Figgis

En principio Leaving Las Vegas es una película que no debería atraerme demasiado. Varias de sus escenas parecen videoclips para poner en imágenes la última canción de moda, o anuncios de colonia maravillosamente ridículos. Además, y que conste que la banda sonora me gusta mucho, en algunos momentos parece como si el film estuviera ahí sólo para complementar a la música, en lugar de ser ésta la que aporte algo a las imágenes.

        Pero, mira tú por donde, resulta que es una película que me encanta, porque, ante todo, consigue ser una pequeña gran historia sobre dos personajes magníficamente construidos, cercanos, trágicos y conmovedores, que se imponen irremediablemente sobre todo lo demás y que, en sus mejores escenas, son filmados por Figgis de manera más realista, liberándolos del esteticismo. Y me encanta también porque -al menos así me gusta verlo- no es Ben (un Nicolas Cage mejor que de costumbre) el personaje principal de la película, sino Sera (enorme y guapísima Elisabeth Shue), la prostituta de lujo que le cuida durante sus últimos días. Ben ha ido a Las Vegas a matarse bebiendo, es un personaje acabado, sin vuelta atrás. En cambio Sera es un personaje mucho más complejo, una mujer que se aferra a Ben como al último pedazo de humanidad que la libere de la suciedad que la rodea. Apiadarse de alguien como él, guardar su muerte, quererle incluso, es la demostración de que, para ella, aún hay un camino de regreso. Es Sera quien más necesita a Ben, y no al revés.

        Leaving Las vegas guarda además uno de los momentos más sencillamente hermosos del cine de los noventa. Es la breve escena en la que Sera encuentra a Ben bebiendo en la calle y éste le propone ir a cenar. Figgis tiene el buen gusto de filmar un plano largo, sin ningún énfasis y sin dar protagonismo a los actores porque aquí la que interpreta es la cámara. Sera no acepta la invitación, llama a un taxi y desaparece del plano, mientras Ben continúa hablando sobre la cena. “Me encanta ese vestido”, termina diciéndole, pero Sera ya no está allí para escucharlo. Fundido en negro. Como diría Juan José Millás, la soledad era esto.

                                                           

                            Editada en DVD por Manga Films.