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MONSTRUOS DE HOY (1963) de Dino Risi

i-mostri-di-dino-risi-L-241N6xDurante los años sesenta comenzaron a proliferar en la comedia italiana las películas divididas en breves episodios. Interpretadas por los más grandes actores del momento, generalmente dando vida a varios personajes cada uno, se servían de un humor bastante bestia e irreverente para poner patas arriba todos y cada uno de los estamentos de la sociedad de la época.

El film canónico de este subgénero es Monstruos de hoy (I mostri) de Dino Risi, escrito por el propio director en colaboración con Elio Petri y Ettore Scola, entre otros. Veinte episodios para sonreír, reír a carcajadas y algo más, que tuvieron su continuación en ¡Que viva Italia! (I nuovi mostri, 1973), dirigida por Risi, Scola y Mario Monicelli.

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Desde el pobre de solemnidad que en lugar de pagar al médico de sus hijos se gasta el dinero en el fútbol (impagable ver a Gassman celebrando un gol a grito pelado) o el pícaro que pide limosna engañando a la gente, hasta el clero, los políticos, la policía y los abogados, Monstruos de hoy no deja piedra sobre piedra. Su humor negro de trazo grueso se posa sobre la mentira, la hipocresía, la vagancia, la incultura, sobre cada una de las lacras presentes en las personas, sea cual sea su posición social.

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Y, de postre, un último episodio que deja huella, una pequeña obra maestra titulada El noble arte, una crítica feroz al negocio del boxeo en la que Gassman y Tognazzi, impresionantes, comienzan divirtiéndonos y terminan helándonos la sonrisa en la boca. Una comedia que termina en drama con la que Risi nos advierte de que, en el fondo, nos estamos riendo de cosas muy serias.

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Editada en DVD por Tribanda.

LOS CAMARADAS (1963) de Mario Monicelli

Unos pocos años después de que Berlanga hiciera aparecer en Fontecilla, perseguido por la guardia civil, a un San Dimas con el careto de Richard Basehart en Los jueves , milagro (1957), Monicelli, cuyo cine me parece emparentado con el del director valenciano, enviaba a una pequeña población turinesa, en la que los trabajadores de una fábrica textil comienzan a estar hartos de sus condiciones laborales y de la pobreza en la que viven, al mismísimo Jesucristo, a un mesías disfrazado de profesor acosado por la justicia y con los rasgos de Marcello Mastroianni. El hambriento y desharrapado maestro, acostumbrado a las luchas sociales contra los poderosos, consigue unir a los indecisos lugareños y llevarlos a la huelga, y entre sus arengas y sus escarceos con la policía aún tiene tiempo de meterse en la cama de la María Magdalena local, una prostituta de lujo y de buen corazón encarnada por la maravillosa Annie Girardot.

        En Los camaradas (I compagni), Monicelli nos muestra la lucha de los trabajadores italianos por unas condiciones de trabajo dignas en medio de un ambiente de analfabetismo y pobreza, las dificultades que conllevaba en la época la organización de una huelga, la lucha contra los piquetes desesperados por encontrar un empleo aunque sea temporal, la miseria en la que viven los inmigrantes dispuestos a enfrentarse a sus compañeros e ir al trabajo para poder comer (no me extrañaría que algunas escenas hubieran servido de punto de partida, exageradas hasta la caricatura, para la negrísima y salvaje Brutos, sucios y malos (Brutti, sporchi e cattivi, 1976) de Ettore Scola)…Las cosas, afortunadamente, han ido a mejor, pero el film sigue estando absolutamente de actualidad.

        Con Mastroianni, Girardot y Renato Salvatori a la cabeza de un reparto que incluye a una jovencísima y casi irreconocible Raffaella Carrá y a un impresionante elenco de secundarios de esos que el cine italiano parecía poder fabricar en serie, Los camaradas es una de las películas más dramáticas de Monicelli, aunque la comedia, claro, no podía faltar, pero en esta ocasión pidiéndonos más una sonrisa cómplice que una carcajada. Me parece además una de las obras técnicamente más conseguidas de su autor. Apoyándose en la preciosa fotografía en blanco y negro de Giuseppe Rotunno, Monicelli rueda de manera portentosa las siempre complejas escenas de masas, cuida la planificación de las escenas interiores hasta el mínimo detalle, y consigue algunos de los movimientos de cámara más sutiles y hermosos de una filmografía de la que, injustamente, pocas veces destacamos su brillantez visual.

LA ESCAPADA (1962) de Dino Risi

La colaboración entre el cineasta Dino Risi y el actor Vittorio Gassman nos dejó un buen puñado de películas que, con mayor o menor fortuna, radiografiaban la sociedad italiana satirizando muchos de sus estereotipos, algo que, por otro lado, han tenido a menudo en común la comedia italiana y la española. La escapada (Il sorpasso) es probablemente la mejor de todas, porque es divertidísima (sobre todo en su primera parte) y porque esa crítica está perfectamente integrada en la historia, sin un solo trazo grueso que la coloque por delante de los personajes y la convierta en panfletaria.

        Durante el par de días en que transcurre esta road movie a la italiana, Risi nos va mostrando la Roma de la época, sus guateques y la música que estaba de moda, las playas y los restaurantes, los turistas, los currantes y los vividores, e incluso el cine del momento, dándole tiempo, como quien no quiere la cosa, a gastar una broma sobre El eclipse (L´eclisse, 1962) que quizá a Antonioni no le hizo demasiada gracia pero a mí sí: “…eso que está de moda, la alienación. ¿Has visto El eclipse? Yo me dormí. Una buena siesta. Un buen director, Antonioni.” Y lo hace pasando paulatinamente y con una facilidad pasmosa de la comedia más delirante al drama más crudo, de la astracanada a la realidad en que la carcajada se transforma en mueca.

        Guión del propio Risi, Ruggero Maccari y Ettore Scola (que no tardaría en debutar como director con la película de episodios Con su permiso hablamos de mujeres (Se permettete parliamo di donne, 1964), otra divertida sátira en la que Gassman interpreta varios personajes) al servicio de dos actorazos como Jean-Louis Trintignat, que da vida al estudiante Roberto aunque ya había pasado de los treinta, y Vittorio Gassman. El Bruno al que interpreta (apostaría a que está detrás del taxista con el careto de Roberto Benigni que protagoniza uno de los episodios de Noche en la tierra (Night on Earth, 1991), de Jim Jarmusch) es una de sus más grandes creaciones, un divertido calavera encantado de haberse conocido, un seductor al que parece que la vida le ha sonreído pero que se nos irá revelando como un pobre bufón a la deriva, una máscara tras la que esconder el fracaso. Gassman dispara líneas de diálogo con una vitalidad y una espontaneidad apabullantes, demostrando por enésima vez que era un animal de la interpretación, uno de los más grandes. 

                 Editada en DVD por Regia Films.